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Mí Guardaespaldas, Mi Enemigo, Mí Prometido

Mí Guardaespaldas, Mi Enemigo, Mí Prometido

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:8k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Tras seis años en Estados Unidos forjándose en finanzas, leyes y artes marciales para no ser jamás una presa fácil ni un adorno mafioso, Martina regresa a Europa lista para blindar el imperio de su familia. No busca romance ni piensa acatar imposiciones, mucho menos tolerar la sombra que sus padres le asignan a la fuerza: un guardaespaldas taciturno, implacable y con una arrogancia que enciende su furia desde el primer segundo.
Lo que ella ignora es que detrás de ese custodio se oculta Dereck, el futuro jefe del sindicato criminal más poderoso del continente y el prometido de la infancia cuyo rostro ella borró de su memoria.
Convencido de que la hija del capo volvió convertida en una consentida frívola y libertina, Dereck asume la identidad de un simple escolta para evaluarla antes de cerrar el matrimonio pactado.

NovelToon tiene autorización de Maria Laura Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: La sombra del prometido

El frío del lago de Como cortaba como una lámina de hielo, pero en el espacio ínfimo que separaba sus bocas, el aire ardía.

Los dedos enguantados de Dereck sostenían la nuca de Martina con una firmeza que no admitía temblores. Podía sentir el pulso desbocado de ella bajo la yema de su pulgar, latiendo con la furia de un animal acorralado que se niega a rendirse. Sus ojos grises, oscuros como el mar en mitad de una tormenta, le exigían una respuesta que amenazaba con dinamitar los cimientos de la farsa.

Dime que lo rechazarías, Martina.

Ella no apartó la mirada. A pesar de la marea de sensaciones que le quemaba las entrañas —el calor de la mano de él quemándole la piel, el aroma penetrante a cedro y pólvora fría que la envolvía como una trampa perfecta—, la mente de Martina permaneció lúcida, implacable, forjada en el fuego de su propio aislamiento.

Despacio, sin romper el contacto visual, Martina alzó la mano derecha. Apoyó la palma con una lentitud deliberada contra el pecho de Dereck, justo sobre la tela tensa de su esmoquin, empujando con una fuerza sutil pero inquebrantable para obligarlo a ceder medio paso.

—Un hombre que quema el mundo sin preguntarme si quiero cenizas no es un libertador, Dereck —respondió ella, y su voz, aunque baja y rasposa, cortó la bruma nocturna con la precisión de un escalpelo—. Es solo otro tirano con complejo de dios. Y yo no me arrodillo ante ningún altar, por muy alto que sea el fuego.

Dereck sintió las palabras como un impacto seco en el esternón.

Por una fracción de segundo, la máscara del futuro Capo amenazó con quebrarse. Tenía la verdad empujándole la garganta: las ganas salvajes de acorralarla contra la balaustrada de mármol, arrancarse el papel de subordinado y rugirle en la boca que el hombre que ella despreciaba en los salones y el hombre que la sostenía entre sus brazos eran la misma sangre.

Pero la ironía era una navaja de doble filo que se clavaba en sus propias carnes.

Si confesaba ahora, si admitía que había conspirado con su padre para evaluar si era una consentida o una libertina antes de reclamar su mano, Martina jamás lo perdonaría. Para una mujer que valoraba la autonomía por encima de su propia vida, el engaño de su escolta sería una traición imperdonable. La había querido probar como a una mercancía, y el castigo era quedar atrapado en su propia trampa: ardiendo de deseo por una mujer que despreciaba su nombre y que solo empezaba a mirarlo con fuego en los ojos cuando creía que él no tenía más corona que su propia sombra.

Los celos más absurdos, enfermos y retorcidos le devoraron el estómago: estaba celoso de sí mismo. Odiaba al Dereck que ella insultaba ante los herederos, y odiaba la farsa que le impedía reclamarla como el hombre que estaba de pie frente a ella.

Dereck aflojó despacio los dedos de su cuello, dejando que la seda del vestido esmeralda resbalara entre sus guantes con una lentitud cargada de amargura.

—Tiene una respuesta para todo, signorina Moretti —murmuró él, con una aspereza amarga que no logró disfrazar tras su tono profesional—. Una pena que en las guerras reales los tiranos no pidan permiso para tomar lo que consideran suyo.

—En mis guerras, yo decido quién sobrevive —sentenció ella, ajustándose la solapa de su vestido con un movimiento seco, reconstruyendo en un segundo la muralla de hielo que casi se derrumba bajo el tacto del gigante.

El chirrido metálico de los goznes de la puerta acristalada interrumpió el duelo silencioso.

Luca Moretti asomó la cabeza hacia la terraza, con un cigarrillo humeando entre los dedos y los ojos entrecerrados por el humo y la sospecha. Su mirada recorrió la postura rígida de Martina, la sombra imponente de Dereck a su lado y el vapor denso que todavía flotaba entre ambos en la penumbra.

—Disculpen la interrupción en su sesión de vigilancia táctica —dijo Luca con un tono arrastrado, expulsando una nube gris hacia la noche—. Martina, papá acaba de entrar en el canal satelital de la comitiva. Hay problemas en Génova.

Martina se giró de inmediato, abandonando cualquier rastro de vulnerabilidad.

—¿Qué pasó?

—Los muelles de carga sur —respondió Luca, tirando la colilla al suelo y apagándola con la suela de su bota de ante—. Dos de nuestros cargueros de la línea regular de combustible están retenidos. La autoridad portuaria local, comprada hasta el cuello por una facción de intermediarios de Savona, impuso un bloqueo aduanero alegando irregularidades en los manifiestos de transporte. Están exigiendo un peaje del treinta por ciento en efectivo o confiscarán el cargamento de gasoil para subasta judicial.

Martina apretó los labios con una furia gélida.

—Eso es una extorsión directa. El contrato de esos buques está blindado por la legislación marítima europea; las navieras Moretti tienen pabellón maltés bajo fideicomiso.

—A los tipos que tienen los remolcadores bloqueando el canal de entrada les importa una mierda el derecho marítimo —intervino Mateo, apareciendo detrás de Luca con el rostro ensombrecido por la cólera—. Querían hablar con papá, pero don Lorenzo me ordenó bajar con tres camionetas de hombres y vaciar los muelles a tiros antes del amanecer.

—No —cortó Martina con una autoridad tan seca que ambos hermanos se callaron al instante—. Si abren fuego en los muelles de Génova con la Guardia di Finanza patrullando el perímetro por las investigaciones de Castaldi, nos clausuran el puerto entero. La fiscalía está esperando exactamente eso para pedir una orden de intervención internacional sobre las cuentas familiares.

Mateo resopló con desdén.

—¿Y qué sugieres, hermanita? ¿Enviarles un correo electrónico con tus títulos de Harvard adjuntos para pedirles por favor que muevan los barcos?

—Sugiero que los contratos los defiende quien los redacta —respondió Martina, avanzando hacia el interior con paso firme, dejando que el terciopelo verde ondeara a su alrededor como un estandarte de guerra—. Salimos para Génova ahora mismo. Voy a negociar esa liberación en persona.

Mateo y Luca intercambiaron una mirada de incredulidad, pero la determinación en los ojos de su hermana menor no admitía discusión.

Detrás de ellos, Dereck avanzó en silencio, ajustándose los puños de la camisa bajo la chaqueta del esmoquin. Su mente calculó los riesgos en una décima de segundo: los muelles de Génova de noche eran una ratonera de contenedores oxidados, grúas gigantes y cuadrillas de estibadores armados que respondían al mejor postor.

Quiere ir a la boca del lobo con un vestido de terciopelo y un maletín de leyes, pensó Dereck, sintiendo que la mezcla de exasperación y orgullo posesivo le quemaba las venas una vez más.

Cruzó el salón tras ella sin mirar a los herederos de la Alianza, que contemplaban la partida apresurada de los Moretti con un murmullo de intriga. Al llegar al vestíbulo principal de Villa d’Este, mientras Bruno y los choferes encendían los motores de los vehículos blindados bajo la llovizna helada, Dereck se interpuso en el camino de Martina justo antes de que ella subiera al asiento trasero del Audi A8.

La tomó suavemente del antebrazo sano, obligándola a detenerse a centímetros de su cuerpo.

—Si vamos a entrar en los muelles de Génova en mitad de la noche, se acabaron los disfraces de ejecutiva, Martina —dijo él en un susurro bajo, ronco, tan íntimo que el vapor de su aliento chocó contra la oreja de ella—. Allá abajo no hay tribunales ni jueces de apelación. Si la mesa se rompe, las palabras no van a detener el plomo.

Martina levantó la barbilla, sosteniéndole la mirada con esos ojos oscuros que desafiaban a la muerte y al deseo con la misma ferocidad implacable.

—Llevo una Glock 43 en la bota, vendajes bajo este vestido y a ti a mi espalda, guardaespaldas —respondió ella con una sonrisa afilada como el acero—. ¿O es que el gran escolta de élite tiene miedo de que los estibadores le manchen el esmoquin?

Dereck la miró fijamente. Una media sonrisa sombría, cargada de un hambre salvaje y peligrosa, curvó sus labios de piedra.

—Mi esmoquin me importa una mierda, signorina Moretti —susurró él, abriéndole la portezuela con un golpe seco de muñeca—. Pero le juro que si alguien intenta tocarle un solo cabello en esos muelles... va a ver cómo quemo el mundo sin pedirle permiso a nadie.

Martina sintió una sacudida eléctrica recorriéndole la espina dorsal. Subió al coche sin responder, sabiendo que la noche en Génova sería el preludio de una tormenta de sangre donde las máscaras, por fin, comenzarían a caer en pedazos.

1
Leticia Contreras
es historia que biene de la imaginacion de la autora
Leticia Contreras
se le va a armar la bronca con Martina
Leticia Contreras
Martina no quiere dar su brazo a torcer pero no es solo ella tambien esta el bebe
Leticia Contreras
ya Martina no tiene escapatoria el ya descubrio que esta en la dulce espera de un bebe
Leticia Contreras
Dereck tiene muy buena intuicion nada se le pasa por alto haci es que Martina tiene que decirle que esta embarasada
Leticia Contreras
que creia Martina que acostarce con Dereck no tendria consecuencias ahora esta embarasada y creo que no piensa decirle nada a Dereck
Leticia Contreras
ya cae mal Dereck rogandole a Martina que la deje tal ves haci entienda ella
Leticia Contreras
ya la hubiera dejado sola Dereck Martina es una soberbia
Leticia Contreras
Martina despues de todo lo que Dereck a hecho lo desprecio
Leticia Contreras
ya cae mal Martina con su actitud
Leticia Contreras
Dereck aun no se decide a hablar de su pocision
Leticia Contreras
ya Dereck confieza quien eres en realidad
Leticia Contreras
Dereck deve de decirle la verdad a Martina antes de que lo sepa por otro lado
Leticia Contreras
creo que tiene miedo de decirle la verdad a Martina
Leticia Contreras
bueno ya se entregaron los dos ahora aver que pasa cuando ella sepa la verdad de quien es
Leticia Contreras
ya que Dereck le diga quien es
Leticia Contreras
ahora la va a investigar
Leticia Contreras
los dos igual de peligrosos
Leticia Contreras
los dos letales con las armas
Leticia Contreras
bueno aver que pasa
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