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LA ÚLTIMA PROMESA DE SANTIS

LA ÚLTIMA PROMESA DE SANTIS

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Traiciones y engaños / Reencuentro / Completas
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

​Sinopsis Corta
​Tras años de separación, dolor y una condena a muerte dictada por engaños en el oscuro mundo de la mafia, Valerio De Santis y Lysandra Varesi vuelven a cruzar sus caminos. En medio de traiciones familiares y la amenaza inminente de sus enemigos, Valerio renunciará al poder terrenal y arriesgará su vida para proteger a Lysandra y a sus hijos mellizos, Eren y Lyra. Una apasionante historia de amor, sacrificio y redención donde las cicatrices del pasado se transforman en el cimiento de una vida en paz.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: El santuario de la piel y la promesa del destino

El anochecer había caído suavemente sobre la villa ancestral de los De Santis. La brisa cálida del Mediterráneo colaba el perfume de los azahares y el jazmín a través de los ventanales de madera de la estancia principal. En la planta baja, la casa descansaba en una calma profunda: tras una tarde emocionante donde Eren y Lyra habían quedado formalmente matriculados en el colegio internacional de Palermo, los mellizos dormían plácidamente en sus habitaciones, agotados por la alegría y la expectativa del nuevo comienzo.

En el piso superior, en el amplio dormitorio principal que una vez albergó las sombras de la soledad y el luto, la luz tenue de varias velas de cera de abeja bañaba la estancia en tonos dorados.

Lysandra estaba de pie junto a la ventana, contemplando las luces lejanas de la costa. Llevaba una bata de seda color marfil que caía suavemente sobre sus curvas. Escuchó los pasos lentos y seguros de Valerio aproximarse por la espalda. El hombre, vistiendo únicamente unos pantalones oscuros de lino, con el torso desnudo donde las cicatrices de su vida pasada trazaban la historia de su redención, envolvió sus brazos alrededor de la cintura de su esposa.

—Pensé que ya estabas dormida —murmuró Valerio con la voz grave y rasposa, apoyando la barbilla en el hombro de Lysandra e inhalando el aroma dulce de su piel.

Lysandra reclinó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos al sentir el calor reconfortante del pecho de su esposo contra su espalda.

—No podía dormir, Valerio —confesó ella en un susurro cargado de emoción—. Miraba las luces del puerto y pensaba en lo lejos que estamos de aquella noche en el acantilado... y de la tormenta en Málaga. Miraba a nuestros hijos dormir seguros en sus camas, sabiendo que mañana empieza su escuela, y sentí que al fin puedo respirar sin miedo.

Valerio la giró despacio entre sus brazos para tenerla frente a frente. Sus ojos azul grisáceo la contemplaron con una devoción tan pura y profunda que a Lysandra se le aceleró el pulso. Con la yema de sus dedos, Valerio acarició con delicadeza la mejilla de su esposa, descendiendo por la línea de su cuello.

—Cada cicatriz que llevo en el cuerpo valió la pena solo para ver esa paz en tus ojos, Lysandra —dijo Valerio con la voz temblorosa por el sentimiento—. Durante ocho años fui un cuerpo sin alma. Pero hoy, estar aquí contigo, sabiendo que me has devuelto el regalo de tu amor y de mi familia, es la bendición más grande que la vida me pudo conceder.

—Ya no hay fantasmas entre nosotros, Valerio —respondió Lysandra, tomando las manos grandes y cálidas del hombre para llevarlas a su pecho—. El dolor se quedó en el pasado. Esta noche solo existimos tú y yo.

Valerio no esperó más. Se inclinó y buscó los labios de Lysandra en un beso profundo, pausado y hambriento, cargado de los años de ausencia, la pasión reprimida y el perdón definitivo. Lysandra gimió suavemente contra su boca, enredando los dedos de sus manos en el cabello oscuro de su esposo y atrayéndolo aún más hacia ella.

Con absoluta ternura, Valerio desató el cordón de seda de la bata de Lysandra. La prenda cayó sin ruido al suelo de madera, dejando al descubierto la hermosa silueta de su mujer bajo la cálida luz de las velas. Los ojos de Valerio recorrieron cada centímetro de su piel con una adoración casi religiosa, deteniéndose un instante en la pequeña cicatriz curva de su hombro derecho: la marca imborrable de la bala de aquella noche trágica.

Valerio se inclinó y posó sus labios suavemente sobre la cicatriz, dejando un beso reverente sobre la marca del dolor pasado.

—Perdóname por cada lágrima que te hice derramar, mi vida —susurró Valerio contra su piel, mientras sus manos descendían por la cintura de Lysandra, acariciando con firmeza la curva de sus caderas.

—Esa herida sanó la noche en que me protegiste con tu vida, Valerio —respondió Lysandra con la voz entrecortada por el deseo, desabrochando el botón de los pantalones de él y dejándolos caer para unir sus cuerpos desnudos sin barreras.

Valerio la levantó con facilidad en sus brazos y la llevó hacia la amplia cama de dosplazas vestida con sábanas de hilo blanco. Al depositarla sobre la superficie suave, se posicionó sobre ella, admirando la belleza madura de la mujer que jamás dejó de amar.

—Eres mi reina, Lysandra... mi única esposa, mi principio y mi fin —expresó Valerio en un murmullo ardoroso, mientras sus labios descendían por el cuello de ella, rozando su clavícula y acariciando con su boca cada rincón de sus pechos.

Lysandra arqueó la espalda con un suspiro voluptuoso, enterrando las uñas en los hombros musculosos de Valerio. Sintió la firmeza de su cuerpo, el calor abrazador de su piel y la urgencia contenida del hombre que se entregaba a ella sin reservas ni armaduras.

—Tuyo, Valerio... siempre he sido tuya —jadeó Lysandra, buscando nuevamente sus labios mientras sus piernas se envolvían con naturalidad alrededor de la cintura de su esposo.

Valerio se unió a ella en un movimiento lento, suave y profundo, haciendo que ambos soltaran un gemido al unísono al sentir el impacto de la unión física completa. El tiempo pareció detenerse en la estancia. No había prisa, no había violencia; era un poema de piel, sudor y respiraciones agitadas donde cada roce celebraba la victoria de la vida sobre la muerte.

Valerio comenzó un ritmo pausado y envolvente, mirándola fijamente a los ojos a través de la penumbra. Cada embestida era un juramento de protección, cada caricia de sus manos sobre los muslos y la espalda de Lysandra era una promesa de fidelidad eterna. Lysandra se movía en perfecta sintonía con él, guiada por la pasión desenfrenada que siempre los había unido, sintiendo que en la calidez de ese abrazo su alma quedaba finalmente reparada.

—Mírame, Lysandra... dime que esto es real —pidió Valerio con la voz entrecortada por el éxtasis, mientras apretaba sus manos contra las de ella sobre la almohada, entrelazando sus dedos con fuerza.

—Es real, mi amor... estamos juntos y nada nos volverá a separar —respondió ella, alzando las caderas para buscar un contacto aún más íntimo y profundo.

El ritmo de sus cuerpos se aceleró en una danza apasionada de suspiros, caricias ardientes y murmullos de amor en italiano y español. El calor en la habitación se volvió intenso mientras la ola del deseo los arrastraba hacia el límite de la entrega total. Lysandra apretó los muslos alrededor de él, soltando un grito ahogado contra el cuello de Valerio al alcanzar un orgasmo estallante que sacudió cada fibra de su ser.

Valerio, al sentir la contracción íntima de su esposa y escuchar su gemido de plenitud, dejó ir todo el control guardado durante años y se derramó en su interior con un rugido sordo y profundo, abrazándola contra su pecho con una fuerza protectora e inquebrantable.

Ambos quedaron tendidos en medio de la cama, respirando de manera agitada, con sus cuerpos sudorosos y entrelazados bajo las sábanas. La luz de las velas titilaba suavemente mientras el silencio de la noche volvía a envolver el dormitorio.

Valerio se acomodó de lado, atrayendo a Lysandra contra su torso y cubriéndolos con la sábana de lino. Pasó su mano por los rizos sueltos de su esposa, besándole la frente con una ternura infinita.

—Gracias por volver a mí, mi vida —susurró Valerio con el corazón latiendo a un ritmo pausado y lleno de paz.

Lysandra apoyó la mano sobre el pecho de él, sintiendo la cicatriz del disparo y el latido firme de su corazón redimido.

—Aquí es donde pertenezco, Valerio —respondió ella con una sonrisa dulce, cerrando los ojos al sentir el abrazo protector de su esposo—. En tus brazos y en nuestro hogar.

Abrazados en la penumbra de la noche siciliana, sabiendo que el mañana les traía la ilusión del primer día de colegio de sus hijos y una vida entera por delante, Valerio y Lysandra se entregaron al sueño, unidos para siempre por la verdad y el amor inquebrantable que venció a la sombra de la muerte.

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Leila Tapia
/Facepalm/
Susana Macedo
Hermosa historia, muy atrapante y muy buen final felicitaciones 👏👏👏
Mirna Lobo
me encantó felicidades escritora 😊👏👏
Belkys Natalia Quintero García
MUY bonita historia felicitaciones autora recomendada para leer al 💯
Belkys Natalia Quintero García
está bueno que se jodan hasta más de la mitad jajaja
Belkys Natalia Quintero García
ése capo de pacotilla no da ni risa 😄😄, dan ganas de levantalo a cacheta por estupido y dejarse manejar como marionetas del orestes malandro ése, ahora que lisandra no lo perdone y lo ponga a lamerle las botas, por desgraciado infeliz y ella se dé su valor
neumidia ruiz
me encantó la historia pe4o mas el mensaje felicidades escritora
neumidia ruiz
ay yo pensé que iban a tener otro hijo☺️
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