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Renaci Con Mi Peor Enemigo

Renaci Con Mi Peor Enemigo

Status: Terminada
Genre:Escuela / Reencarnación / Amor-odio / Completas
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ellos son enemigos mortales en la escuela tras morir juntos en un accidente renacen en una novela dónde son los villanos

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 8

—Está bien, está bien… —murmuró Alma entre dientes—. ¡Te prometo que no volveré a pedirte el divorcio durante los próximos cinco minutos!

Mino levantó la cabeza.

—¿Solo cinco minutos?

—¡¿Quieres que sean cinco segundos?!

—Cinco minutos está bien, esposa mía.

Alma apretó los puños.

Algún día voy a estrangularlo mientras duerme.

Finalmente, Mino la soltó y se puso de pie, sacudiéndose la ropa como si no acabara de protagonizar la escena más vergonzosa de la historia de la mansión.

Alma se apresuró a arreglarse el vestido. Después se volvió hacia la mujer que los observaba y realizó una reverencia respetuosa.

—Mis respetos, madre. Lamento el alboroto. Solo estaba jugando con mi esposo.

La duquesa se quedó mirándola.

¿Jugando?

¿Aquello había sido jugar?

Había escuchado rumores sobre la nueva esposa de su hijo. Decían que Juner era grosera, prepotente, caprichosa y que no respetaba a nadie. También había oído que su relación con Xie Lang era tan mala que ambos podían terminar asesinándose.

Por eso, cuando recibió la noticia de que se habían casado, no sintió alegría, sino preocupación.

Sin embargo, la joven que tenía delante no parecía estar dispuesta a discutir con ella.

Alma mantuvo la cabeza inclinada.

—Lamento haber perdido el decoro. Prometo tener más cuidado de ahora en adelante, madre.

La duquesa arqueó ligeramente las cejas.

Aquello sí que era inesperado.

Había esperado excusas, insolencia o incluso una respuesta desafiante. No una disculpa tan directa.

Después de observarla unos instantes, levantó una mano para indicarle que podía incorporarse.

—Está bien, hija. Pero, cuando estén fuera de sus habitaciones, deben comportarse adecuadamente. Son el marqués y su esposa. No olviden la posición que ocupan ni permitan que los sirvientes se conviertan en el hazmerreír de la familia.

—Sí, madre —respondió Alma con seriedad.

La duquesa asintió.

—Bien. Ahora vengan conmigo. No deben hacer esperar a las demás señoras. Todavía tienen que ofrecer el té de respeto.

—Por supuesto, madre.

Alma volvió a inclinarse.

Cuando la duquesa se dio la vuelta, ella soltó discretamente el aire.

¡Sobreviví!

Había conseguido evitar una discusión con su suegra. No había insultado a nadie, no había cometido ninguna ofensa y, lo más importante, no había repetido los errores de la Juner original.

Era un comienzo prometedor.

—Lo hiciste muy bien —susurró Mino a su lado.

Alma lo miró con desconfianza.

—¿Qué quieres ahora?

—Nada. Estoy orgulloso de ti.

Ella se quedó desconcertada.

Mino sonrió y se inclinó hacia ella.

—Aunque me gustaba más cuando intentabas asesinarme.

—¡¿Puedes dejar de hablar?!

—Como ordenes, esposa mía.

Alma aceleró el paso para alejarse de él.

Mino la siguió con una sonrisa satisfecha.

La duquesa, que caminaba unos pasos por delante, escuchó parte de la conversación y miró de reojo a su hijo.

Qué extraño…

Xie Lang nunca había sido un hombre cariñoso. Desde pequeño había mantenido las distancias con los demás y, durante los últimos años, se había vuelto todavía más reservado.

Sin embargo, aquella mañana lo había visto arrodillarse en medio del jardín para aferrarse a su esposa como un niño caprichoso.

Y ahora la seguía con una sonrisa que ella no recordaba haberle visto antes.

La duquesa volvió la mirada hacia Alma.

Quizá los rumores sobre aquel matrimonio no contaban toda la historia.

O quizá ambos estaban tan locos como parecían.

Fuera cual fuera la respuesta, decidió que observaría a su nueva nuera con atención.

Después de todo, la mujer que acababa de entrar en su familia parecía ser muy diferente de la que le habían descrito.

Y Alma, sin saberlo, acababa de superar su primera prueba en la mansión del marqués.

Lo que no sabía era que la verdadera dificultad comenzaría cuando las demás señoras de la familia empezaran a hacerle preguntas sobre su matrimonio.

Y, considerando que su esposo estaba dispuesto a aferrarse a su pierna antes que aceptar un divorcio…

Aquello podía terminar muy mal.

Alma siguió a la duquesa hasta uno de los pabellones principales de la mansión.

La estancia estaba decorada con biombos de madera tallada, jarrones de porcelana y cortinas de seda. Varias mujeres se encontraban sentadas alrededor de una mesa, conversando mientras las sirvientas servían té.

En cuanto entraron, las conversaciones disminuyeron.

Alma sintió que varias miradas se posaban sobre ella.

Qué ambiente tan agradable. Parece que estoy a punto de entrar en una jaula llena de serpientes.

Recordaba aquella escena de la novela.

Juner había acudido a ofrecer el té de respeto a las mujeres de la familia de su esposo. La ceremonia debía ser una formalidad, pero la concubina del padre de Xie Lang había aprovechado la ocasión para humillarla delante de todas.

Y Juner, incapaz de controlar su temperamento, le había arrojado el té a la cara.

Aquel incidente se había convertido en uno de los escándalos más recordados de la mansión.

Alma no pensaba repetirlo.

Hoy no habrá té volando por los aires. No importa cuánto me provoquen.

La duquesa ocupó su asiento y señaló el lugar destinado a la nueva esposa.

—Comencemos.

Una sirvienta entregó a Alma una bandeja con una taza de té.

Alma se acercó primero a la duquesa, se arrodilló respetuosamente y le ofreció la taza con ambas manos.

Alma ofrece té 🫖

—Madre, por favor, acepte este té.

La duquesa la observó brevemente antes de recibirlo.

—Levántate, hija.

—Gracias, madre.

Alma pasó después a la siguiente mujer.

Era una dama elegantemente vestida, con joyas llamativas y una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. Se trataba de la concubina del padre de Xie Lang.

La mujer recibió la taza sin apresurarse a beber.

—La princesa heredera ofrece té. ¡Qué gran honor! —comentó con una risita—. No todos los días una tiene la oportunidad de recibir una taza de manos de alguien tan distinguido.

Alma mantuvo su sonrisa.

Con razón la Juner original le arrojó el té a esta arpía.

La concubina dejó la taza sobre la mesa y la examinó de arriba abajo.

—El honor es mío —respondió Alma con serenidad—. Espero que, de ahora en adelante, podamos ser una familia unida y disfrutar juntas de la prosperidad de esta casa.

Durante un instante, la estancia quedó en silencio.

Algunas mujeres intercambiaron miradas.

La concubina, en cambio, soltó una carcajada.

—¡Qué graciosa eres!

Alma levantó la mirada.

—¿Disculpe?

—Una víbora como tú, ¿cómo se atreve a pronunciar palabras tan bonitas? Hablas de unión y prosperidad, pero tu fama es muy distinta, princesa heredera.

La mujer tomó un sorbo de té antes de continuar.

—Todo el mundo sabe lo arrogante que eres. Dicen que humillas a quienes consideras inferiores y que nadie puede llevarte la contraria sin sufrir las consecuencias. ¿De verdad esperas que creamos que has cambiado de la noche a la mañana?

Alma apretó ligeramente los dedos alrededor de la bandeja.

Tenía ganas de responderle.

Muchas ganas.

Pero recordó su objetivo.

Sobrevivir.

No morir ejecutada.

Y, a ser posible, no convertirse en el chisme favorito de toda la capital antes de terminar su primera semana en aquel mundo.

Respiró hondo.

—Comprendo que mi reputación pueda generar desconfianza. No pretendo pedirles que crean en mí por unas pocas palabras. Prefiero demostrarles con mis acciones que puedo comportarme de otra manera.

La sonrisa de la concubina se congeló por un instante.

Aquella respuesta no era la que esperaba.

Había preparado varias provocaciones, convencida de que Juner perdería los estribos. Después de todo, ¿cuándo había aceptado aquella mujer una crítica sin devolverla con el doble de veneno?

Pero Alma seguía allí, sosteniendo la bandeja sin derramar una sola gota.

La concubina entrecerró los ojos.

—Qué discurso tan conmovedor. Casi me haces creer que eres otra persona.

—Entonces espero que algún día pueda convencerla —respondió Alma.

La mujer abrió la boca para replicar.

—¡¿Cómo te atreves a faltarle el respeto a mi esposa?!

La voz masculina resonó desde la entrada.

Todas las mujeres se volvieron al mismo tiempo.

Mino acababa de entrar en el pabellón.

Su rostro estaba sombrío y sus ojos se habían clavado en la concubina con una frialdad que hizo desaparecer su sonrisa.

La mujer dejó la taza sobre la mesa.

—Xie Lang, ¿qué significa este comportamiento? Estamos celebrando el té de respeto. No tienes por qué levantar la voz.

—Entonces compórtate como corresponde a una persona mayor y deja de humillar a mi esposa.

La concubina palideció ligeramente.

—¡Solo estoy diciendo la verdad! Tu esposa tiene una reputación terrible. ¿Acaso no puedo mencionarla?

Mino caminó hasta colocarse junto a Alma.

—Puedes hablar de su reputación todo lo que quieras. Lo que no vas a hacer es insultarla delante de mí.

Alma lo miró de reojo.

¿Qué hace este idiota aquí?

Se suponía que aquella ceremonia debía servir para mejorar su posición en la familia. Ahora Mino estaba a punto de iniciar una pelea con la concubina de su propio padre.

¡Yo estaba manejándolo perfectamente!

La mujer soltó una risa forzada.

—Vaya, vaya. ¿Desde cuándo te importa tanto tu esposa? Todo el mundo sabe que ustedes dos se detestan. ¿Por qué finges ser un marido devoto?

Mino ni siquiera parpadeó.

—Porque es mi esposa.

Lo dijo con tanta naturalidad que Alma se quedó desconcertada.

La concubina se levantó de su asiento.

—¡Eres demasiado insolente! ¡No olvides quién soy!

—Lo recuerdo perfectamente. Eres la concubina de mi padre. Eso no te da derecho a humillar a la marquesa.

El ambiente se volvió tenso.

La duquesa dejó su taza sobre la mesa.

—Suficiente.

Su voz no fue alta, pero bastó para que todos guardaran silencio.

Miró primero a la concubina y luego a su hijo.

—Esta ceremonia debía servir para dar la bienvenida a la nueva esposa de Xie Lang. No permitiré que se convierta en una disputa familiar.

La concubina bajó la cabeza, aunque la rabia seguía reflejada en sus ojos.

—Sí, señora.

—Y tú, Xie Lang, no puedes entrar aquí gritando cada vez que alguien te desagrada.

Mino inclinó la cabeza con respeto.

—Acepto la reprimenda, madre.

La duquesa volvió la mirada hacia Alma.

—Hija, puedes retirarte por ahora.

Alma hizo una reverencia.

—Sí, madre.

Dejó la bandeja en manos de una sirvienta y se dispuso a salir.

Mino la siguió inmediatamente.

Cuando ambos cruzaron la puerta, Alma se volvió hacia él y le dio un golpe en el brazo.

—¡¿Qué demonios estabas haciendo?!

Mino la miró, sorprendido.

—¿Defenderte?

—¡Yo podía manejarlo!

—¿Ah, sí? ¿Y qué habrías hecho si seguía provocándote?

—¡Ignorarla!

—¿De verdad?

Alma guardó silencio.

Mino miró la bandeja vacía que llevaba una sirvienta detrás de ellos.

—¿Ni siquiera pensaste en arrojarle el té?

Ella apartó la mirada.

—¡No!

Él sonrió lentamente.

—Vaya. Mi esposa está madurando.

—¡NO SOY TU ESPOSA POR ELECCIÓN!

—Pero lo eres legalmente.

Alma sintió que le palpitaba una vena en la frente.

—Voy a pedir el divorcio.

La sonrisa de Mino desapareció.

—¡No volvemos a hablar de eso!

Y mientras él comenzaba a perseguirla por el corredor, Alma comprendió que sobrevivir en aquella novela sería difícil.

Pero sobrevivir casada con Mino sería una tortura de proporciones históricas.

1
Taurel
capítulos atrás dijeron que el emperador era su padre, y que la apreciaba mucho, ya aquí hay incoherencia
Norma Angelica Saldaña Reyes
/Smile/
Taurel
hasta el momento me cae fatal se me hace miro mucho para ella
Taurel
hay ya mejor porque no madura está vieja que actitud tan horrible
Bea Ro
hermosa novela
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Nena
muy interesante
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
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