El día de nuestra boda había llegado, ahora era la señora Lennox, a Travis Lennox no le importaba que su madre la gran señora Renata Lennox no me aceptara para ser la esposa de su único hijo, y el heredero del imperio INNÓVATE SOLUTIONS, heredado por su padre, pero para guardar toda apariencia quedó en acuerdo, la peor pesadilla que pude tener durante poco más de cinco años, después de que Travis tenía que irse al extranjero, ahí empezó mi verdadero calvario.
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Una casa vacía
— Señora Renata, hay un hombre que quiere hablar con usted. - le informó el mayordomo. Renata ya sabía de quién se trataba.
— Llévalo a mi privado. - ordenó levándose de su asiento. - ordena qué nadie nos moleste.
El mayordomo se retiró a cumplir con la orden.
El detective esperó de pie, dentro del privado hasta que la mujer apareció.
— Al grano. - exclamó nada más entrando.
— No hay más datos señora, creemos que toda la información de la chica fue intervenida a propósito alguien borró todo rastro.
Renata endureció la mandíbula cerrando sus puños. El hombre le entregó los papeles. Lo que al principio había sido querer separar a su hijo de esa mujer a como diera lugar, se había convertido en una obsesión por el odio.
No podía dejar que su hijo se enterara.
— ¿Que sabes del mayordomo, y el chofer?
— Tampoco. - respondió resoplando, es como si se los hubiera tragado la tierra.
Esos dos hombres no debían aparecer, serían un gran problema, pensó.
Borra todo, que nadie se entere que yo estuve detrás de nada, Travis le falta poco para su regreso y al no encontrarla usara todo recurso para buscarla, y no debe haber ningún rastro de mi intervención.
El hombre asintió, saliendo del lugar.
Cuándo lo vio desaparecer se quedó por un momento pensando.
— ¿Quien la estará protegiendo? - masculló en voz baja solo para ella. No tenía familia y estaba embarazada.
Lo que la mujer ignoraba, era que la huérfana como ella la nombraba, ya no lo era más.
— Señora, su teléfono. - llamó su atención el mayordomo al verla salir, se recuperó gran parte de su contenido.
Ella lo recibió sin ninguna respuesta.
Pero al leer el último mensaje que Amara le había enviado, se quedó un poco preocupada, pero enseguida se sobrepuso al final era su madre y no se atrevería hacer nada contra ella, y no iba a encontrar pruebas.
MIENTRAS TANTO.
En el aeropuerto, se cruzaron dos jets privados, uno iba aterrizando y otro alzaba su vuelo, Travis sintió un fuerte jalón en su pecho, y Kenda sintió qué se le apretaba el corazón.
— ¿Te sientes mal cariño? - su madre se percató que estaba sobándose el lado del corazón, por lo que se sentó a su lado.
— Creo que estoy un poco nerviosa, - contestó exhalando, es la primera vez que subo a un avión.
Salomé le sonrió con ternura.
— Te acostumbrarás, no será la única vez que lo hagas. - le sonrió cómplice su madre. Tu padre suele llevarnos con él cuando tiene alguna conferencia fuera del país.
— Hermanita júntate conmigo, yo te enseñaré andar en motocicleta.
— Matheo no digas tonterías, ya muero de miedo cada que te subes a esa trampa mortal, ¿acaso quieres que me dé un infarto? - le miró enojada, si también enseñas a tu hermana, me matarás muchacho. No le des malas ideas.
Kenda se reía por la regañada que le estaba dando su madre, a su hermano menor.
— Yo también le temo a las motocicletas, sólo cuentan con dos neumáticos, cada que veo a alguien en una, me angustia. Imaginarme yo en una ya me está revolviendo el estómago.
— Eso es por el embarazo. Mejor te enseño a nadar, porque si sigo diciéndote eso, mamá me quitará mis juegos.
Kenda se echó a reír, cuando observó porque lo decía, su madre lo señalaba con un dedo advirtiéndole.
Andrew los miraba desde su asiento, con su computadora abierta con una sonrisa de complacencia, ahí estaba su familia, por fin estaban juntos, y muy pronto llegarían sus nietos.
EN MANHATTAN.
En el aeropuerto, Wen había perdido que un auto de la empresa fuera a levantarlos, Travis quiso que los llevaran directamente a su mansión. Cuándo llegaron estaban todo visiblemente abandonado, parecía que no nadie había habitado en largo tiempo el lugar, el césped estaba crecido, el jardín marchito, Travis sentía un gran vacío.
— Mándame a alguien para mañana que venga a limpiar todo aquí. - expuso el dueño. También contrata guardaespaldas por lo menos ocho, cuatro para la empresa y los demás aquí.
Travis nunca había necesitado que alguien resguardara sus propiedades, pero ahora no iba a escatimar eso, quizás si hubiera dejado a su esposa a quien alguien la cuidara no hubiera tenido que huir. Al pensar en eso nuevamente se sintió agravado, no creyó llegar a necesitar que alguien cuidara sus espaldas.
Se despidió de su asistente y amigo, no quiso irse a un hotel como se lo habían recomendado ellos mismos, pero al entrar al interior se arrepintió, los recuerdos le llegaron de golpe. Se dirigió a la habitación donde había compartido los últimos meses con su esposa, su vacío era enorme no pudo más se inclinó dejando caer sus lágrimas.
— ¿Dónde estás bebé? ¿Qué fue lo que realmente pasó? perdóname mi amor. - juro que te encontraré, y todos los que quisieron hacerte daño la pagaran incluyendo a mi madre si compruebo que estuvo involucrada directamente.
Esa noche no pudo dormir mucho, cuando logró conciliar el sueño un poco, una pesadilla lo dejó en vela el resto de la noche. Soñó que su esposa estaba acorralada por animales salvajes, y al atacarla el llegaba tarde, se bajó a la cocina a tomar agua, pero era imposible cualquier lugar de la mansión le recordaba a ella.
Camino por el jardín, se detuvo a observar de ahí se dirigió hasta el garage donde estaban todos sus autos, pero cuando entró escuchó un sonido.
— Quien anda ahí. - tomó una herramienta que encontró casi tropezando con ella, su arma la había dejado en la habitación, buscó de dónde venía prendiendo la luz.
— ¿Ignacio? ¡Ignacio eres tú! - lo reconoció al instante a pesar que estaba desaliñado, con la barba crecida, el cabello más largo, y más delgado.
— Señor no tenía a dónde más ir. - expresó preocupado porque su jefe se molestara, además aquí nadie me buscaría.
— Hiciste bien. - le dijo al notar su nerviosismo, no te preocupes fue lo mejor que pudiste hacer.
— Señor han pasado muchas cosas desde que usted se fue… tragó fuerte antes de pronunciar las siguientes palabras. La señora…no supe que le pasó, alguien me derribó en estacionamiento del hospital. Desperté en una cama de ahí mismo, pero a la señora no la pude encontrar cuando otro día salí.
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