NovelToon NovelToon
Papá Por Accidente

Papá Por Accidente

Status: En proceso
Genre:Padre soltero / Malentendidos / Aventura
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Migu

La vida despreocupada de fiestas y alcohol del universitario Esteban Anderson da un vuelco total cuando una mañana encuentra una bebé en su porche con una nota de despedida. Tras confirmar por ADN que es su hija y comprobar que la madre nunca volverá, Esteban deja atrás los excesos para criarla solo. Entre trabajos de madrugada, clases universitarias y un amor incondicional, bautiza a la pequeña Isabella y descubre que el propósito más grande de su vida era convertirse en su padre.

NovelToon tiene autorización de Migu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 21

El sol de la tarde caía con una tibieza perfecta sobre el césped verde del patio trasero, pintando todo de tonos dorados y llenando el aire con la brisa fresca de la primavera. Las flores del jardín de mi mamá estaban en su punto más brillante, y un olor suave a hierba recién cortada flotaba por todo el lugar. Eran las cuatro de la tarde de un sábado perfecto.

Isabella, a punto de cumplir los nueve meses, estaba sentada sobre una manta de colores que habíamos extendido en el suelo. Llevaba puesto un vestido ligero de algodón amarillo y unos tenis diminutos con suela de goma que le había comprado la semana pasada con el sueldo del taller mecánico de Martín.

Yo estaba sentado a un par de metros de distancia sobre el césped, con las piernas cruzadas y los brazos extendidos, vigilándola mientras ella jugaba con un cubo de plástico rojo. Mi papá estaba recargado en el marco de la puerta del garaje, observándonos en silencio mientras se limpiaba las manos con un trapo, y mi mamá tarareaba una canción alegre desde la ventana de la cocina.

De pronto, Isabella dejó caer el juguete sobre la manta.

Apoyó las dos manitas regordetas sobre la pata de madera de la mesa del jardín, impulsando su cuerpecito hacia arriba con una fuerza sorprendente. Con un esfuerzo concentrado y las mejillas sonrojadas por el ímpetu, se puso completamente de pie, tambaleándose un poco sobre sus piernas cortas.

—Mira, papá... ya se paró otra vez —dijo mi madre asomando la cabeza por la ventana con una sonrisa orgullosa.

Pero esta vez no fue como las ocasiones anteriores en las que solo se quedaba parada sosteniéndose del mueble. Isabella soltó la madera de la mesa.

Me quedé helado en mi lugar. La respiración se me congeló en la garganta y sentí un brinco violentísimo en el pecho.

Isabella se quedó balanceándose en el aire durante un segundo que se sintió como una eternidad, abriendo los ojitos con sorpresa al darse cuenta de que no estaba agarrada de nada. En lugar de asustarse o dejarse caer de pompazos sobre la hierba, levantó la cabeza, me miró fijamente y ensanchó la boca en una sonrisa gigante de cuatro dientes.

Estiró los dos bracitos hacia mí, abriendo y cerrando las manecillas con desesperación.

—¡Pa-pá! —chilló con su voz clara y aguda.

Y entonces, ocurrió el milagro.

Isabella dio un primer paso tambaleante hacia adelante. El piecito derecho avanzó torpemente sobre el césped fresco. Luego, con una valentía que me aceleró el corazón a mil por hora, movió el pie izquierdo. Un paso, dos pasos, tres pasos cortos, rápidos y tambaleantes, desafiando a la gravedad como si fuera una acróbata experta.

—¡Esteban! ¡Mira a la niña! —gritó mi papá desde el garaje, dejando caer el trapo al suelo de la emoción.

No esperé ni un solo milisegundo. Caí de rodillas sobre el césped, abriendo los brazos de par en par mientras la veredas del jardín parecían girar a nuestro alrededor.

—¡Ven, mi amor! ¡Ven con papá! —grité con la voz quebrada por la emoción, sintiendo que las lágrimas me quemaban los ojos.

Isabella dio dos pasos acelerados más, perdiendo el equilibrio en el último momento, y se lanzó de lleno hacia adelante. La atrape en el aire justo antes de que tocara el suelo, pegando su cuerpecito tibio contra mi pecho mientras la envolví en un abrazo apretado, protector y lleno de un amor infinito.

Rodamos juntos sobre el césped entre risas escandalosas. Isabella soltaba carcajadas cristalinas, pataleando de felicidad mientras me agarraba de las mejillas con sus dedos pequeños. La levanté en alto hacia el cielo primaveral, haciéndola girar una y otra vez, sintiendo cómo mis lágrimas de triunfo rodaban por mi cara sin ningún tipo de vergüenza.

—¡Lo hiciste, pequeña! ¡Diste tus primeros pasos! —le decía entre besos en las mejillas, mientras ella no paraba de reírse.

Mi mamá salió corriendo de la cocina con las manos cubiertas de harina, aplaudiendo como loca con los ojos llenos de lágrimas, y mi papá se acercó a paso veloz, dándole palmadas fuertes a mi espalda con el rostro iluminado por una sonrisa de orgullo que jamás le había visto en toda mi vida. Habíamos superado el miedo, el cansancio y las noches oscuras; mi hija estaba caminando, sana, fuerte y rodeada de amor.

Para celebrar semejante hazaña, esa misma noche organizamos una cena especial en el comedor de la casa. Queríamos que la familia cercana y nuestro círculo de verdad compartieran la alegría de ver lo grande y fuerte que estaba Isabella.

El comedor, que antes era un lugar sombrío donde apenas cruzábamos palabras durante la cena, estaba decorado con guirnaldas sencillas e iluminado por una luz cálida y acogedora. La mesa grande de madera crujía bajo el peso de los platillos que mi mamá y la Sra. Martha, nuestra querida vecina, habían preparado desde la tarde: espagueti a la boloñesa, pan de ajo recién horneado y una ensalada fresca.

A las siete en punto, el timbre sonó con alegría.

Fui a abrir la puerta y me encontré a Lucas parado en el porche, vistiendo su mejor camisa limpia y cargando un oso de peluche gigante que casi le tapaba la cara, además de una caja de pastelitos.

—¡Llegó el padrino de la caminante estrella! —anunció Lucas con un grito entusiasmado, pasando al recibidor y dándome un abrazo fuerte—. Dime que es verdad, Esteban, dime que no me estás molestando y que mi ahijada ya anda dando vueltas por ahí como si fuera la dueña del lugar.

—Entra y compruébalo tú mismo, padrino —le respondí entre risas, dándole una palmadita en el hombro.

Al entrar a la sala, Isabella estaba sentada sobre la alfombra jugando con un libro de cartón. En cuanto vio a Lucas, soltó el juguete, se apoyó en el sofá y, con una soltura que nos sacó un suspiro de asombro a todos, se puso de pie y dio cuatro pasos tambaleantes hacia él antes de dejarse caer risueña en sus brazos.

—¡No mames, es una genia! —gritó Lucas fascinado, levantándola en brazos para llenarla de cosquillas mientras la pequeña se retorcía de la risa—. ¡Mírala cómo camina! Te juro que esta niña va a correr un maratón antes de cumplir el año.

A la cena también se sumaron la Sra. Martha, luciente con un vestido de flores y su infaltable amabilidad, y mis padres, quienes actuaban como los anfitriones más orgullosos del mundo. Nos sentamos todos alrededor de la mesa. El ambiente estaba lleno de conversaciones alegres, choque de vasos de refresco y risas constantes.

Durante la cena, Isabella estuvo sentada en su silla alta al lado mío, comiendo pequeños trozos de pan suave y probando la pasta con los dedos, dejándose la boca completamente manchada de salsa roja. Cada vez que hacía una mueca o soltaba un gorgojeo alegre, la mesa entera estallaba en risas y aplausos.

Lucas levantó su vaso de cristal, pidiendo la atención de todos con un golpe suave de su tenedor.

—Bueno, quiero hacer un brindis rápido —dijo Lucas con tono sincero, mirando a todos alrededor de la mesa y luego deteniéndose en mí y en la pequeña—. Por Isabella, la caminante más valiente de la ciudad, y por mi hermano Esteban. Nos enseñaste a todos lo que significa no rendirse jamás. Eres un padre increíble, viejo.

—¡Salud por eso! —exclamó la Sra. Martha levantando su copa, mientras mis padres asentían con la cabeza con lágrimas de emoción en los ojos.

Chocamos los vasos en medio de un murmullo cálido de felicitaciones. Miré a mi alrededor: mi mejor amigo y padrino de mi hija, mi querida vecina que nos salvó en las noches de cólicos, mis padres unidos y felices, y en el centro de todo, mi pequeña Isabella, limpia, amada y dando sus primeros pasos en la vida. El camino por delante aún era largo, pero en esa mesa, rodeado de mi verdadera familia, supe que no había nada en el mundo que pudiera detenernos.

1
Cliente anónimo
Quiero leerla , se ve interesante
bruja de la imaginación 👿😇
q manera de llorar 😭 senti como si su dolor fuera mío
bruja de la imaginación 👿😇
ay no😭😭 por favor
Jazmín Adriana Muelas Morales
me encanta 😍es hermoso como muestra todo lo que puede llegar a pasar
Jazmín Adriana Muelas Morales
me alegro 🥰 todo esfuerzo tiene recompensa 👏
bruja de la imaginación 👿😇
me encantó está historia y más está parte donde le explican a veces los adultos intentan tapar verdades o mentirle a los niños Pero verdaderamente no es necesario darles la cruda realidad Pero tampoco envolverlos en cuentos de hadas con paciencia y amor ellos pueden comprender
bruja de la imaginación 👿😇
me encantó está historia 🥰
Kookie
que chico más irresponsable algún día tendrá consecuencias
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play