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Cartas para un alfa que nunca existió

Cartas para un alfa que nunca existió

Status: Terminada
Genre:Romance / Yaoi / Comedia / ABO
Popularitas:105
Nilai: 5
nombre de autor: felina black

Ethan Ashford tiene veinte años, un tío empeñado en casarlo cuanto antes y una lista interminable de pretendientes ricos, educados… e insoportables.

Para librarse de la presión, se le ocurre una broma: inventar a un prometido imposible de investigar. Un alfa extranjero. Un capitán de la Fuerza Aérea de Corea del Sur. Un tal Kang Min-Jae que jamás podría presentarse en Ravenshire.

Una noche, sin pensarlo, Ethan le escribe una carta. Cuatro páginas de confesiones, quejas y sueños que nunca le ha contado a nadie. Y, por capricho, la envía.

Lo que Ethan no sabe es que, en una base aérea de Seúl, existe un hombre llamado Kang Min-Jae. Que la carta llegó a sus manos. Y que no puede dejar de leerla.

Carta tras carta, entre el humor, la soledad y una sinceridad que no se atreve a mostrar de frente, Ethan se enamora de alguien que cree que no existe. Y Min-Jae, que lleva meses guardando cada sobre en un cajón, se enamora de un desconocido al que no sabe cómo responder.

Hasta que una misión militar lo trae a la ciudad de las cartas, a pocas calles de una florería.

¿Qué pasa cuando el destinatario imaginario resulta ser real? ¿Y cuando la verdad hiere más que cualquier mentira?

NovelToon tiene autorización de felina black para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18 — La petición de Oliver

La mañana llegó envuelta en una niebla suave.

Ravenshire parecía más silenciosa que de costumbre.

Quizá fuera solo una impresión.

O quizá Ethan estaba demasiado nervioso para notar cualquier otra cosa.

Porque sabía exactamente lo que iba a pasar ese día.

Oliver Bennett le pediría su respuesta.

Definitiva.

Sin más aplazamientos.

Sin más excusas.

Sin más huidas.

Ethan contemplaba las flores del invernadero mientras trataba de ordenar sus pensamientos.

Pero estaba fracasando miserablemente.

—Estás preocupado.

La voz de Clara llegó desde atrás.

—¿Sí?

—Mucho.

—¿Tan evidente es?

—Pusiste un tulipán donde iba una rosa.

Ethan miró el arreglo.

—Ah.

—Exacto.

Clara se acercó.

—¿Es por Oliver?

Silencio.

—Sí.

Ella suspiró.

—¿Te gusta?

La respuesta llegó de inmediato.

—No.

Ethan se sorprendió de la rapidez de su propia respuesta.

Porque no necesitó pensarlo.

No necesitó reflexionar.

No necesitó dudar.

La respuesta simplemente estaba ahí.

No.

Clara lo notó.

Y, por primera vez, no intentó bromear.

—Entonces no aceptes.

—Las cosas no son tan sencillas.

—Quizá sean más sencillas de lo que crees.

Ethan no respondió.

Porque, por desgracia, no lo creía así.

Esa tarde, Oliver lo invitó a caminar por el jardín público de la ciudad.

El mismo lugar donde habían conversado varias veces en los últimos meses.

El mismo lugar donde todo parecía tranquilo.

Sencillo.

Seguro.

Cuando Ethan llegó, encontró al alfa sentado en una banca junto al lago.

Oliver se puso de pie de inmediato.

—Gracias por venir.

—Imaginé que sería importante.

—Lo es.

Caminaron unos minutos.

En silencio.

Hasta que Oliver por fin se detuvo.

El viento frío le movía el cabello.

Las hojas secas bailaban por el sendero de piedra.

—Ethan.

El tono de su voz era distinto.

Más serio.

Más sincero.

—¿Sí?

—Quiero que seas honesto conmigo.

El corazón del omega se aceleró.

—De acuerdo.

Oliver respiró hondo.

—¿Existe alguna posibilidad de que logre conquistarte?

La pregunta quedó flotando entre los dos.

Pesada.

Difícil.

Dolorosa.

Ethan cerró los ojos un instante.

Porque sabía que era una buena persona.

Una persona que merecía honestidad.

No falsas esperanzas.

No ilusiones.

Solo la verdad.

—Oliver...

El alfa sonrió levemente.

Una sonrisa triste.

Como si ya conociera la respuesta.

—Está bien.

—Lo siento mucho.

—No tienes que sentirlo.

Ethan bajó la vista.

Pero Oliver continuó.

—Hay alguien, ¿verdad?

El silencio respondió antes que él.

—Sí.

El propio Ethan se sorprendió.

Porque era la primera vez que lo admitía en voz alta.

La primera vez.

Aunque sin decir nombres.

Aunque sin explicar.

Aunque sin comprenderlo del todo.

Oliver asintió despacio.

—Lo imaginaba.

—No quería lastimarte.

—Lo sé.

Los dos se quedaron callados.

Mirando el lago.

Mirando caer las hojas.

Mirando el final de algo que nunca llegó a empezar.

—¿Puedo hacerte una última pregunta?

—Claro.

Oliver sonrió.

Pequeño.

Amable.

—¿Él lo sabe?

A Ethan se le encogió el corazón.

Porque no.

No lo sabía.

Nunca podría saberlo.

Porque no existía.

O al menos eso era lo que debía ser verdad.

—No.

Oliver asintió.

—Entonces espero que algún día lo descubra.

Ethan observó al alfa.

Sintiendo una mezcla de alivio y culpa.

Porque, a pesar de todo, Oliver estaba siendo increíblemente amable.

Hasta en la despedida.

Esa noche, Ethan volvió a casa con el corazón pesado.

No porque hubiera rechazado a Oliver.

Sino porque la conversación lo había obligado a encarar la verdad.

Existía alguien.

Y ese alguien ocupaba sus pensamientos todos los días.

Se sentó frente al escritorio.

Como siempre.

Tomó papel.

Como siempre.

Y escribió.

Querido capitán Kang Min-Jae,

Le temblaba un poco la mano.

Hoy por fin sucedió.

Lo contó todo.

La conversación.

El jardín.

Las preguntas.

Las respuestas.

Y entonces escribió:

Por primera vez, le admití a alguien que hay una persona importante para mí.

Se detuvo.

Respiró hondo.

Luego continuó.

Lo complicado es que esa persona eres tú.

El corazón se le disparó.

Violentamente.

Pero no lo borró.

No esta vez.

Porque estaba cansado de huir.

Cansado de mentirse a sí mismo.

Sé que es imposible.

La tinta siguió corriendo.

Sé que probablemente suena a locura.

Otra pausa.

Pero creo que me enamoré de ti.

El cuarto quedó en silencio.

Completamente en silencio.

Ethan observó esas palabras.

La confesión.

La verdad.

Por fin escrita.

Por primera vez.

Al otro lado del mundo, en Seúl, Kang Min-Jae ultimaba los preparativos para el viaje.

Los documentos estaban listos.

Las maletas, casi organizadas.

La misión comenzaría en pocos días.

Mientras guardaba unos papeles, su mirada cayó sobre el calendario.

Faltaba poco.

Muy poco.

Pronto pisaría Ravenshire.

Pronto pisaría la ciudad de Ethan.

Pronto pisaría el mismo lugar descrito en tantas cartas.

Sin saber que, en ese mismo instante, una carta nueva cruzaba océanos.

Una carta distinta de todas las anteriores.

Una carta que contenía palabras capaces de cambiarlo todo.

Palabras que soñaba con oír.

Aunque no creyera que algún día llegarían a escribirse.

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