Melanie conoció a Brandon. Un hombre brillante, intenso, imposible de ignorar, se enamoró de él sin medir consecuencias. Él la miraba, la deseaba, la tenía… pero nunca la eligió. le daba un amor a cuotas largas
Porque hay amores que no se olvidan.
Y secretos que tarde o temprano tocan la puerta.
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capitulo 2
Melanie
Me quedé ahí parada un segundo más de la cuenta, sintiendo cómo el calor se me subía directo a las orejas. No estoy acostumbrada a que me borren del mapa así, con esa educación seca que cae peor que un insulto directo.
— Bueno… que sigan disfrutando la noche
dije, manteniendo la compostura a la fuerza
Me di la vuelta y bajé de regreso a la pista. Por dentro me hervía la sangre.
— Te lo dije
soltó Stephanie en cuanto me tuvo cerca
— Cállate
— Nena, no te persigas, ese tipo es así con todo el mundo
— Pues qué flojera de tipo
Pero no me tragué el trago amargo tan fácil. Me daba rabia la indiferencia. Miré de reojo hacia arriba, Brandon seguía igual, con la cabeza en otra parte mientras los amigos hablaban.
En eso, el DJ bajó el volumen de la música y la luz del escenario principal se encendió. El animador tomó el micrófono
— Atención a todos! Vamos a dar inicio a la subasta relámpago a beneficio de la fundación de este mes. Ya conocen las reglas, diez piezas en lista para diez bailes exclusivos. Empezamos!
Miré la pantalla gigante donde pasaban los nombres de los participantes VIP. En el número cuatro figuraba, Brandon así asecas, sin mucho mas
Le pregunté al chico de la barra más cercana de qué iba el asunto.
— Es una tradición del club
me explicó sirviendo un trago
— Los empresarios del VIP donan el baile y lo que se recaude va a la beneficencia. Aunque al señor Brandon casi nunca le ofertan, la gente le tiene cierto respeto… o miedo, no sé
Se me formó una sonrisa de lado automáticamente
— Mira tú qué interesante
Regresé con las chicas. Cuando les solté lo que iba a hacer, Pamela casi escupe el trago
— Melanie, ni se te ocurra tirar la plata en eso
me advirtió Stephanie
— Vas a hacer el ridículo si el tipo sigue en modo estatua
— El dinero va a una fundación, así que no es perdido
contesté acomodándome el vestido
— Y prefiero quitarme la duda a quedarme con el colmillo picado
El animador llegó al número cuatro
— Siguiente en la lista, El señor Brandon! Alguien abre la puja?
Un silencio bastante incómodo recorrió los alrededores del escenario. Nadie levantó la mano
—Nadie por aquí? Vamos, chicos, es por una buena causa…
— Mil!
grité levantando el brazo desde la mitad de la pista
El tipo del micrófono parpadeó sorprendido
— Tenemos Mil por aquí! Alguien ofrece algo más?
— Dos mil!
resonó una voz desde el otro lado de la barra
Volteé. Era la chica de vestido rojo que estaba con ellos, su nombre era Lin o algo así, me miraba con una sonrisita desafiante. Sonreí de vuelta. Esto se ponía bueno
— Tres mil
marqué sin pensarlo
— Cuatro mil!
contraatacó ella
— cinco mil!
La gente a nuestro alrededor empezó a silbar y aplaudir, armando ambiente
— diez mil!
solté con voz firme, cruzándome de brazos
La del vestido rojo me miró, echó un vistazo hacia el reservado donde Brandon no había movido ni un dedo para ver qué pasaba, suspiró y negó con la cabeza, retirándose de la jugada
— diez Mil a la una… Diez mil a las dos… vendida la pieza a la señorita de la pista!
Acompañada por los aplausos del lugar, me abrí paso de nuevo hacia la zona VIP. Cuando llegué a la mesa, Brandon me estaba mirando. Esta vez sí tenía el ceño ligeramente fruncido
— No hacía falta el espectáculo
dijo cuando estuve frente a él
— Tampoco hacía falta que me ignoraras hace rato
le contesté sin perder la sonrisa
— Además, es por una buena causa
Él soltó un aire pesado por la nariz, pero se puso de pie. Era bastante más alto que yo, me obligaba a levantar la vista. Olía increíble, una mezcla de madera, cítricos y algo limpio.
— Una sola canción
dijo, ajustándose el saco
— Una canción
acepté
Bajamos a la pista. El DJ cambió el ritmo por algo más pausado, un tiempo lento y pesado. Sentía un par de miradas clavadas en la espalda, pero me daba igual.
Puse mi mano sobre su hombro, él acomodó la suya en mi cintura, manteniendo una distancia prudente pero firme, y sujetó mi otra mano. Empezamos a movernos
Bailaba bien, pero de forma casi mecánica. Como si estuviera resolviendo una ecuación matemática en lugar de estar en una discoteca a la una de la mañana.
— Tranquilo, no muerdo
le solté al oído para hacerme escuchar sobre la música
Él bajó la mirada hacia mí, y vi una sonrisa reprimida
— No suelo prestarme a estas cosas
comentó
— para bailar?
— No, a que me compren en una subasta
— No te compré, pagué por tu atención tres minutos
le corregí
— Y por cierto, me llamo Melanie. Por si se te olvidó en los últimos veinte minutos
— No se me olvidó chica de rojo, imposible no verte
Sonreí aunque sea me había visto
— Bueno, algo es algo
Nos quedamos en silencio un par de compases. La música envolvía el ambiente. Con cada paso, dejé caer un poco más mi peso sobre él, obligándolo a romper esa postura rígida. Su mano en mi cintura se ajustó un poco más para mantener el equilibrio
— Eres bastante insistente
dijo al cabo de un momento
— Y tú bastante difícil de sacarle una frase completa
— No suelo perder el tiempo con rodeos
— Y conmigo estás perdiendo el tiempo?
lo miré fijo a los ojos, sosteniéndole la mirada
Brandon no respondió de inmediato. Pero vi cómo la comisura izquierda de sus labios se elevaba apenas un milímetro nuevamente. Un gesto casi invisible, pero real
— Eres rara
dijo
— Rara en qué sentido?
— En que no te importa quedar en evidencia
— La vida es muy corta para andar pidiendo permiso por todo
sonreí
La canción empezó a desvanecerse para dar paso al siguiente tema. Nos detuvimos poco a poco, pero ninguno soltó al otro de inmediato. Por tres segundos, nos quedamos ahí parados en medio de la pista, midiéndonos.
— Gracias por la contribución a la fundación, Melanie
dijo, dando un paso atrás y recuperando su tono formal
— Un placer, Feote Brandon
Le guiñé un ojo, me di media vuelta y caminé de regreso hacia donde estaban mis amigas. No me hizo falta voltear para saber que no me había quitado la mirada de encima
Esta vez, la que tenía el control era yo, por lo menos esos minutos