Una corona es hurtada por el Capitán Adam, un Fey Pirata. Con la ayuda de Jena, una joven arcángel, encarnación de la oscuridad.
Ese mismo robo regresa años más tarde con las consecuencias, para empujar a Eva, una Reina Elfo, a buscar una de las coronas del fin del mundo con ayuda de Jena, Len, uno de los cinco héroes elementales; Vin Ryder, una diosa de la Guerra; y Adam, el caótico Capitán de Pandora.
¿Eva podrá conseguir la corona? ¿La tripulación del barco Pandora podrá sobrevivir al viaje al fin del mundo?
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Capitulo #15: El Mayor Pecado de una Heroína
Cuando me volví una de las cinco heroínas de los elementos, pensaba que ser una héroe significaba salvar a todos los inocentes, pero desde ese día en el que asaltamos la base de los rebeldes, lo comprendo; comprendo lo complejo que es ser un héroe, de la misma manera que ahora entiendo que no siempre seremos los buenos con una moral intachable que todos deben admirar…
—¡¡Ahora!! ¡¡Salgan!! —nos ordenó mi maestro dándonos la orden de salir a la superficie para atacar la base—. ¡¡Y desmonten todo!!
Esa noche asaltamos la base de los rebeldes, el aire se llenó del sonido metálico de espadas chocando, las casas de madera se mancharon de sangre derramada de los rebeldes, desde lo alto de las murallas pude ver cómo algunos morían, otros solo eran capturados y a lo lejos alcancé a ver lo que era el escondite de Medusa.
“Debo terminar con esto… ella debe…” pensé entrando a la sala secreta en las murallas
No encontré a Medusa… no había soldados, sólo había…
—No… —jadeé soltando mi espada, recordando las palabras del héroe—.
Había un bebé… un príncipe envuelto en una seda fina… él era igual a mi hermano, un semidiós y, por sus orejas puntiagudas, suponía que Medusa era su madre.
—No…
Con el sonido metálico de mi espada al caer e impactar contra el suelo, el reflejo de ella mostró la figura de los dioses de la corte. No hace falta repetir lo mucho que esos dioses odiaban a los hijos que algunos de los suyos tenían con los mortales.
—Es una aberración… —dijo el dios que había embarazado a Medusa—.
—Esa cosa es una amenaza para tu pueblo y el nuestro —añadió mi padre Guanzhen mirándolo con desprecio—.
—Debes hacerlo… niña… —continuó la diosa del destino mostrándome el reflejo de una profecía no escrita—.
En lo alto de la habitación, una profecía de lo que dictaba el destino que iba a pasar si yo no cometía mi deber, el sufrimiento que traería al dejarlo vivir una vida; una vida de venganza por su madre y la caída de todo lo que amo a manos del joven semidiós que tenía frente a mí.
—Yo… —jadeé viendo la profecía, como una sola pizca de piedad en una guerra en el mundo terminaría matando a mi familia, mis amigos y haría caer el régimen de mi madre a manos de los rebeldes—.
—¡¡Rashel!! —gritaron mis amigos ardiendo en llamas en la profecía de la diosa—.
—¡¡No!! —gritó mi hermano mayor siendo atravesado por una espada—.
—¿Por qué? —suspiré con un último suspiro antes de ser ejecutada por la espada de un semidiós hijo de Medusa—.
—No… no puedo… ¡¡No puedo hacer eso!! Yo… yo…
—Pero debes hacerlo, si es que quieres salvar a tu gente de la aberración de ese niño que mancha nuestra sangre
—Puedes tener 15 años, pero eres lista igual que tu madre, la reina Yellow. Sé que puedes, su majestad —me dijo papá agarrando mis hombros—.
—No…
Tanto la diosa como mi intuición me gritaban una sola salida, una que me revolvía el estómago por la atrocidad que tenía que cometer, mis manos temblorosas recogieron mi espada y con la respiración agitada me acerqué al príncipe.
—L-Lo siento —me disculpé intentando hacerlo con toda mi fuerza, pero me detuve cuando él agarró mi dedo, riéndose con ternura y sin entender nada—.
“No…” pensé soltando la daga y retrocediendo incapaz de hacerlo
—No puedo… no puedo… —jadeé con la mano en el pecho—. Pero no hacerlo… puede… puede hacer que él… él… que él busque venganza por su madre y yo… No… tal vez, si lo crío yo y… ¿Qué debo hacer? ¿Qué hago?
Los dioses de la corte, respondiendo a mis plegarias, volvieron a mostrarme el futuro más probable si él vivía, la destrucción de todo lo que amaba a sus manos sin importar qué, dejándome con una decisión cruel; salvar mi futuro y a mi gente de un destino o sacrificarlo todo por una vida que no le hizo daño a nadie.
—Perdón… —volví a disculparme, cargando al bebé en mis brazos para salir de la sala de la muralla—. Lo siento —insistí deteniéndome en la orilla—. No quiero hacerlo… no quiero herirte… —continué entre lágrimas y dándole un beso en la frente—.
Con las manos temblorosas y apartando la mirada, extendí la fina tela a la orilla de la muralla para…
—Perdón… —me disculpé soltando la tela para dejar caer todo—.
—¡¡No!! ¡¡Por favor!! —suplicó Medusa llegando al lugar para ver caer no solo su rebelión, sino que todo su mundo frente a sus ojos—.
Ella se lanzó hacia mí para atacarme, estaba vulnerable por la cruel decisión, pero no fui más piadosa con ella. Esquivé los ataques de su espada y cuando estaba por enviarla al Inframundo, mi hermana Vin apareció para lanzarla a la orilla con su poder divino.
Antes de la caída pude ver sus ojos, no eran de tristeza, sino de rabia, una rabia que me dejó petrificada al instante, incluso antes de que ella se convirtiera en aquel monstruo tan famoso.
—Lo siento… Medusa… —me disculpé apartando la mirada con cobardía—.
“Soy un monstruo… soy un monstruo… yo… soy un monstruo” pensé en el suelo de la muralla, con la mano en el cabello y con la respiración agitada
—Rashel —me dijo Vin apoyando su mano en mi hombro—. ¿Estás bien? ¿Te hizo algo?
Justo cuando creía que la tragedia había terminado, me di cuenta de que el poder divino de mi hermana fue afectado por el dolor petrificador en mi pecho, haciendo que al caer al abismo, Medusa no muriera, sino que se transformó en una Gorgona capaz de petrificar a cualquiera con esa mirada de rabia con la cual me había petrificado antes de caer.
—¡¡No dejen que escape!! —gritaron mis compañeros persiguiendo a Medusa para tratar de cazarla—.
“¿Qué fue lo que hice?” Pensé apretando mis puños y cerrando los ojos, dejando que las cenizas de la base me quemaran en un doloroso intento por perdonarme
Ahí comprendí las palabras de mi maestro y entendí lo cruel que puede ser el mundo.