Todo comienza con un joven que vive y trabaja en el campo junto a sus padres y hermanos. Acostumbrado a los animales, la naturaleza y las largas jornadas de trabajo, nunca imaginó que su vida cambiaría al conocer a una hermosa mujer de la ciudad. Ella está acostumbrada a las comodidades, la tecnología y una vida completamente diferente. Sin embargo, el destino los une y, poco a poco, nace entre ellos un amor inesperado. Para estar a su lado, ella tendrá que aprender los difíciles labores del campo, enfrentarse a nuevos desafíos y descubrir que el verdadero amor puede encontrarse donde menos lo imagina.
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Capítulo 16 — Por fin te conocí
Después de varias horas de viaje, finalmente llegué a Medellín.
La ciudad se sentía completamente diferente a lo que yo estaba acostumbrado. Había más movimiento, más carros, más gente y edificios por todas partes.
Pero en ese momento solamente estaba pendiente de una persona.
Lisseth.
Habíamos quedado de encontrarnos en un parque pequeño que quedaba cerca de su casa.
Cuando llegué, la vi esperándome.
Sentí una emoción que no sabía explicar.
Lisseth llevaba un pantalón jean, un top y una chompa. Tenía el cabello arreglado y estaba mirando hacia la calle, esperando verme.
Acerqué la moto y la estacioné.
Me quité el casco.
Ella me reconoció inmediatamente.
—¡Elkin!
Sonreí.
—Hola, princesa.
Lisseth corrió hacia mí y me abrazó.
Después me dio un beso rápido en los labios.
Me quedé sonriendo.
—Hola, mi amor.
Ella me miró de arriba abajo y soltó una sonrisa.
—Es que este es guapo en persona.
Me reí.
—Ah, o sea que en las fotos soy feo.
—No dije eso, pues.
—Pero casi.
—Ay, no seas bobo.
—Yo solamente estoy preguntando.
Ella se rio y volvió a abrazarme.
—Por fin te conozco.
—Sí, mija. Por fin.
Nos quedamos unos segundos mirándonos.
Era extraño verla fuera de una pantalla.
Durante meses había conocido su voz, sus gestos y su sonrisa a través del celular, pero tenerla frente a mí era completamente diferente.
—¿Estás nervioso? —preguntó.
—Un poquito, pues.
—Yo también.
—No parece.
—Porque estoy tratando de disimular.
Me reí.
—Pues yo tampoco quiero que se me note.
Ella miró la moto.
—¿Viniste desde Manizales en eso?
—Sí.
—Ay, amor, ¿no estás cansado?
—Un poquito, pero valió la pena.
Lisseth sonrió.
—Qué lindo.
—Venga, pues. Tenemos que ir a tu casa.
Ella asintió.
—Sí, mis papás están esperándonos.
Me puse nuevamente el casco.
Después la miré.
—Venga, mi amor. Súbase para que no tenga que caminar.
—Bueno.
Lisseth se subió a la moto y se acomodó.
—¿Me agarro fuerte?
—Sí, pero con cuidado.
—Listo.
Encendí la moto y comenzamos a avanzar.
Sentí sus brazos alrededor de mí y sonreí.
—¿Todo bien?
—Sí, amor.
—¿Cómoda?
—Sí.
—Entonces de una.
Después de unos minutos llegamos a su barrio.
Me detuve frente a su casa.
Lisseth se bajó y me esperó mientras estacionaba la moto.
Me quité el casco y miré la casa.
Era completamente diferente a la mía.
La casa de mi familia estaba en medio de la finca, rodeada de naturaleza, mientras que la de Lisseth estaba en una zona mucho más urbana, con otras casas muy cerca y calles llenas de movimiento.
—¿Qué pasó? —preguntó ella.
—Nada. Es que tu casa es muy diferente a la mía.
—¿Muy diferente?
—Sí, pues. Allá donde yo vivo hay bastante espacio y animales. Acá todo está más junto.
—Ya vas a conocerla bien.
—Eso espero.
Ella sonrió y tomó mi mano.
—Vení.
Entramos juntos.
Sentí nuevamente los nervios.
Ya no era por el viaje.
Ahora iba a conocer a sus papás.
Lisseth me apretó suavemente la mano.
—Tranquilo, amor.
—Estoy tranquilo.
—Mentiroso.
—Bueno, un poquito nervioso.
Ella soltó una risita.
—Yo te acompaño.
—De una.
Caminamos hacia la sala.
Yo respiré profundo.
Después de seis meses hablando con Lisseth, finalmente estaba ahí, en su casa, frente a ella.
Y ahora solo faltaba conocer a las personas más importantes de su vida: sus papás.