El futuro regresa al pasado para evitar la destrucción completa, pero ¿como haces para pelear contra algo que es inevitable? ¿como fue posible que ellos terminaran juntos y encima tuviesen descendencia? quizás del odio al amor hay un solo paso o quizás, solo quizás, nunca fue odio ni rechazo.
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la niña de los ojos diferentes
Los dos días siguientes pasaron demasiado rápido.
Avelina había intentado concentrarse en sus estudios, pero su cabeza estaba dividida entre demasiadas cosas.
La conversación con Savvana.
La muerte de su madre.
La audiencia con Serafine.
La polilla azul.
Y, por supuesto, Lyra.
La niña había conseguido convertir la casa Parker en un lugar completamente diferente desde su llegada.
Había risas.
Juguetes.
Pequeñas luces mágicas flotando por los pasillos.
Y preguntas que Avelina todavía no sabía cómo responder.
Aquella mañana, mientras desayunaban, llegó una pequeña invitación.
Luc quería que asistieran a una exposición de plantas carnívoras que se realizaría en el herbolario de la Facultad de Ciencias.
Avelina había tardado bastante en decidir si iría.
No quería exponer a Lyra.
No quería encontrarse con demasiadas personas.
Y, sobre todo, no quería que alguien descubriera que la niña era diferente.
Pero Lyra había escuchado la conversación.
Y había suplicado.
—Por favor, mami.
Avelina intentó resistirse.
Duró exactamente cuatro minutos.
—Está bien.
Lyra levantó ambos brazos.
—¡Sí!
Avelina rio.
—Pero tendremos que hacer algo antes.
Sacó un pequeño brazalete encantado.
Era de plata y tenía pequeñas runas azules alrededor.
—¿Qué es?
—Un hechizo para que nadie pueda ver tus características vampíricas.
Lyra observó el brazalete.
—¿Voy a parecerme a ti?
—Exactamente.
La niña sonrió.
—¡Quiero!
Avelina colocó el brazalete en su pequeña muñeca.
La magia recorrió el cuerpo de Lyra.
Sus ojos cambiaron.
El rojo oscuro desapareció.
Ambos ojos adquirieron el mismo verde esmeralda de Avelina.
Sus pequeños colmillos también desaparecieron.
A simple vista, Lyra parecía una versión diminuta de su madre.
Avelina la observó con ternura.
—Perfecta.
Lyra sonrió.
—Como tú.
Avelina sintió un nudo en la garganta.
—Mucho más hermosa.
La vistió con un precioso vestido azul.
Ella llevaba otro del mismo color.
Cuando salieron de casa, ambas parecían hermanas.
O, mejor dicho...
Una madre y su pequeña copia.
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Luna las esperaba en el parque.
—¡Tía Luna!
Lyra soltó inmediatamente la mano de su madre y corrió hacia ella.
—¡Hola, princesa!
Luna la levantó en brazos.
—Pero mira qué hermosa estás.
Lyra dio una vuelta en el aire.
—Mami me compró el vestido.
—Es precioso.
Luna miró a Avelina.
—Y tú también estás muy bonita.
—Gracias.
—Después de la exposición podemos ir a tomar un helado.
Los ojos de Lyra se iluminaron.
—¡Sí!
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Luc se encontraba frente a un grupo de niños.
—Esta planta pertenece a la familia de las carnívoras.
Los pequeños se acercaron al vidrio.
—¿Come personas?
Luc abrió los ojos exageradamente.
—Solamente a los profesores que no corrigen bien los trabajos.
Los niños comenzaron a reír.
—¡Mentira!
—Eso dicen todos los profesores.
Luc tomó un pequeño insecto mágico y lo colocó cuidadosamente sobre una de las plantas.
La criatura comenzó a moverse.
Los pétalos se abrieron.
Los niños gritaron emocionados.
—¡Se lo va a comer!
Luc sonrió.
—Exactamente.
Lyra se acercó al vidrio.
—¡Mami, mira!
Avelina levantó la mano.
—Te estamos viendo.
La niña sonrió.
Una pequeña muchacha que estaba junto a ella la saludó.
—Hola.
—Hola.
En cuestión de segundos ya estaban conversando como si se conocieran desde hacía años.
Avelina sonrió.
—Parece que hizo una amiga.
—Es igual a ti.
—¿Eso es bueno?
—Depende.
Ambas rieron.
Pero Luna notó que Avelina no dejaba de mirar a Lyra.
—¿Cómo estás?
Avelina respiró profundamente.
—Bien.
Luna la observó.
—Eso no sonó convincente.
—Hablé con mi padre.
—¿Y?
—Conseguirá una audiencia con la reina de los vampiros.
Luna abrió los ojos.
—¿Serafine?
ella asintió.
—Graus me dijo que ella podría ayudarme.
—Espero que tenga respuestas.
Avelina miró hacia el pequeño bolso donde llevaba el diario.
—Yo también.
—¿El diario cambió?
—No.
—¿Nada?
—Nada.
Luna suspiró.
—Entonces tendremos que esperar.
Avelina asintió.
Pero antes de que pudiera responder, un estruendo recorrió el edificio.
—¿Qué fue eso?
Todos los niños comenzaron a gritar.
Una enorme planta acababa de abrir sus pétalos.
Una nube espesa salió de su interior.
Y un olor nauseabundo llenó el lugar.
—¡Todos afuera!
El caos comenzó inmediatamente.
Los adultos intentaban sacar a los niños.
Las plantas mágicas comenzaron a reaccionar al gas.
La visibilidad desapareció.
—¡Lyra!
Avelina comenzó a avanzar.
—¡Lyra!
Nada.
No podía verla.
—¡Lina, no entres!
—¡Mi hija está ahí!
Avelina levantó las manos.
—¡Ventus!
Una corriente de viento comenzó a recorrer el lugar.
La nube empezó a dispersarse lentamente.
Luna corrió hacia la planta.
—¡Vinculum!
Varias enredaderas surgieron del suelo y atraparon los pétalos.
—¡Cierra!
La planta comenzó a cerrarse.
Pero los niños ya habían salido corriendo.
Y en medio de la confusión...
Lyra había quedado separada de su madre.
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—¡Mami!
Lyra corría junto al resto de los niños.
—¡Mami!
La multitud avanzaba hacia la salida.
Una niña tropezó.
Lyra la ayudó a levantarse.
—¡Corre!
Pero antes de poder continuar, alguien apareció frente a ellas.
Un joven vampiro ayudaba a varias personas a salir.
Kiam.
Su madre le había pedido que consiguiera unas plantas para el jardín de la familia.
Nunca había imaginado terminar ayudando durante una emergencia.
Entonces escuchó un llanto.
Se giró.
Una pequeña niña estaba sola.
—Mi mami...
Kiam se acercó.
—Hola.
Lyra levantó la mirada.
Por alguna razón, aquella voz le resultaba familiar.
—Mi mami todavía está adentro.
Las lágrimas comenzaron a caer.
Kiam sintió algo extraño.
Una sensación que no pudo explicar.
Instinto.
Protección.
No lo pensó.
La tomó en brazos.
—Tranquila, princesa.
Secó sus lágrimas con el pulgar.
—Tu mami saldrá pronto.
—Pero...
—Si entras ahora, podrían aplastarte las personas que están saliendo.
Lyra miró hacia la puerta.
Kiam sonrió.
—Hagamos una cosa.
—¿Qué?
—Me quedaré aquí contigo.
La pequeña dejó de llorar poco a poco.
—¿Me ayudarás a buscarla?
—Te lo prometo.
Lyra asintió.
Se acomodó contra él.
—Un niño golpeó muy fuerte el vidrio.
Kiam la escuchó.
—¿Y eso hizo que la planta se asustara?
—Sí.
—Tiene sentido.
El joven vampiro sonrió.
—¿Cómo te llamas, princesa?
—Lyra.
Kiam sintió un pequeño estremecimiento.
—Bonito nombre.
Esperó unos minutos.
Cuando la situación finalmente comenzó a controlarse, miró a su alrededor.
—Ahora busquemos a tu mamá.
—Es muy linda.
Kiam rio.
—Eso no me ayuda demasiado.
Lyra levantó una pequeña mano.
—Tiene ojos verdes como el mio.
Kiam sonrió.
—Dirás como los tuyos.
Lyra negó con la cabeza.
—No.
El vampiro frunció el ceño.
—¿No?
—Yo tengo uno verde y otro rojo.
Kiam se quedó completamente inmóvil.
Lyra continuó hablando sin notar nada.
—Pero mami me puso esto.
Señaló su brazalete.
—Hoy tengo los dos verdes como ella.
Kiam bajó lentamente la mirada hacia el brazalete.
Después observó el rostro de la niña.
Algo no encajaba.
El único clan conocido por poseer ojos rojos eran los vampiros.
Y aquella niña...
No parecía completamente humana.
—¿Tu papá también tiene los ojos rojos?
Lyra sonrió.
—Sí.
Kiam sintió que el corazón le daba un vuelco.
Antes de poder preguntar algo más...
—¡Mami!
Lyra se removió entre sus brazos.
Kiam levantó la mirada.
Avelina corría hacia ellos.
—¡Lyra!
La niña se lanzó hacia su madre.
—¡Mami!
Avelina la abrazó con fuerza.
—¡Por Merlín! ¿Dónde estabas?
—El señor me ayudó.
Avelina levantó la mirada.
Y entonces lo vio.
Kiam.
Su expresión cambió inmediatamente.
—Hola, Avelina.
El vampiro colocó una máscara de indiferencia sobre su rostro.
—Hermosa hija tienes.
—Gracias.
Avelina tomó la mano de Lyra.
—Y gracias por ayudarla.
—No sabía que habías sido madre.
La frase fue pronunciada con aparente tranquilidad.
Pero sus ojos analizaban cada movimiento de Avelina.
Ella comprendió inmediatamente.
—No sabía que debía informar sobre mi vida.
Kiam sonrió ligeramente.
—No.
—Entonces, gracias nuevamente.
Avelina comenzó a caminar.
—Deberíamos hablar.
Ella se detuvo.
—¿Sobre qué?
—Sobre la niña.
Avelina lo miró fijamente.
—No te debo ninguna explicación.
Kiam dio un paso.
—Avelina...
Ella tomó la mano de Lyra.
—Que tengas un buen día, príncipe.
Comenzó a alejarse.
Kiam intentó detenerla sujetándola suavemente del brazo.
No llegó a ejercer fuerza.
Una corriente eléctrica recorrió inmediatamente su cuerpo.
—¡Ah!
La soltó.
Avelina ni siquiera se giró.
Continuó caminando.
Lyra decía algo que hizo reír a su madre.
Kiam permaneció inmóvil.
Las observó alejarse.
Había demasiadas preguntas.
Demasiadas coincidencias.
Pero había una que no podía ignorar.
Aquella niña parecía un calco perfecto de Avelina.
Mismos ojos.
Mismo cabello.
Misma sonrisa.
Sin embargo, ella misma había dicho que uno de sus ojos era rojo.
Y que su padre también los tenía.
Kiam miró nuevamente el brazalete.
—Un hechizo de ocultamiento...
Susurró.
La curiosidad se convirtió en sospecha.
Y la sospecha, en una certeza incómoda.
Avelina no había simplemente ocultado que tenía una hija.
Había ocultado qué era realmente su hija.
Kiam sacó su teléfono mágico.
Miró la pantalla durante varios segundos.
Podía llamar a Kael.
Podía contarle todo.
Podía incluso ir directamente con sus padres.
Pero algo lo detuvo.
Recordó el rostro de Lyra llorando.
La manera en que se había aferrado a él.
Y la promesa que le había hecho.
Me quedaré aquí contigo.
Kiam guardó el teléfono.
—Primero averiguaré qué está pasando.
Miró hacia donde Avelina había desaparecido.
—Después decidiré a quién contárselo.
Sin saberlo, acababa de convertirse en la primera persona fuera de la familia Parker en acercarse demasiado al secreto que había viajado seis años atrás para cambiar el destino del mundo.
Y tarde o temprano...
Kael también tendría que conocerlo.