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El Rey Sin Trono

El Rey Sin Trono

Status: En proceso
Genre:Apocalipsis / Mundo de fantasía / Venganza
Popularitas:140
Nilai: 5
nombre de autor: Braian Cazzuchelli

Alguien ocupo su lugar ¿estara dispuesto a perder todo para recuperarlo?

NovelToon tiene autorización de Braian Cazzuchelli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El camino hacia el poder

Capítulo 15 : El camino hacia el poder

El silencio reinó durante unos segundos después de la declaración de Arlen.

"Derrocar al falso dios Azrakel."

Ailén observó a Arlen, luego a Kael y finalmente a Adrián.

Los tres parecían completamente serios.

Entonces negó con la cabeza.

—Ustedes están locos.

Arlen sonrió.

—Eso ya lo sabíamos.

—No, hablo en serio.

Ailén apoyó ambas manos sobre la mesa.

—¿Entienden lo que están diciendo? Azrakel es un dios. ¿Cómo se supone que van a vencer a un dios?

Arlen se quedó pensando unos segundos.

—Con una persona como yo.

Ailén arqueó una ceja.

—¿Y eso qué significa?

—No lo sé.

Arlen se encogió de hombros.

—Pero sonó increíble cuando lo dije.

Kael soltó una carcajada.

Adrián también terminó riéndose.

Ailén llevó una mano a su frente.

—Es bueno ser gracioso en momentos así...

Luego suspiró.

—Pero no estoy muy segura de que eso pueda pasar.

Por primera vez Kael habló con total seriedad.

—Hace mucho tiempo que mi esperanza murió.

Todos lo miraron.

—La perdí viendo guerras. Vi ciudades caer. Vi personas rendirse.

Sus ojos se dirigieron hacia Arlen.

—Pero conocerlo hizo que algo cambiara.

Adrián asintió.

—Yo también confío en él.

Luego cruzó los brazos.

—Pero también sé que necesitamos ayuda.

Miró a todos los presentes.

—Arlen es diferente. Eso está claro.

—¿Entonces?

—Necesitamos más personas diferentes.

Ailén los observó unos segundos.

Luego sonrió.

—¿Me están haciendo una propuesta de trabajo?

Arlen no perdió la oportunidad.

—Bueno...

Tomó un sorbo de café.

—Las prestaciones no son muy buenas.

Las carcajadas llenaron la habitación.

Incluso Ailén terminó riéndose.

—Está bien.

Dijo finalmente.

—Acepto.

Luego se levantó de la silla.

—Pero ya es hora de dormir.

Todos estuvieron de acuerdo inmediatamente.

El cansancio comenzaba a pasar factura.

Entonces Ailén hizo una pregunta.

—¿Dónde voy a dormir?

Arlen señaló el pasillo.

—Puedes usar mi habitación.

—¿Y tú?

—Yo dormiré en el sofá.

Ella pareció querer protestar.

Pero finalmente aceptó.

—Gracias.

Poco a poco todos fueron desapareciendo hacia sus habitaciones.

Hasta que sólo quedó Arlen.

Sentado en la oscuridad.

Pensando.

¿Cómo se derrota a un dios?

¿Cómo se derrota a un ejército?

¿Cómo se protege a todos?

¿Cuál era realmente su don?

Las preguntas se acumularon una tras otra.

Hasta que el sueño terminó venciendo al cansancio.

---

Oscuridad.

Silencio.

Y luego...

Los vio.

Los tres jueces.

La Cabra.

El Bisonte.

Y el Cuervo.

Sentados sobre sus enormes tronos de piedra.

Esperándolo.

Arlen cruzó los brazos.

—¿Y ustedes qué hacen en mi sueño?

El Cuervo soltó una risa suave.

—Escuchamos tus preguntas.

Sus ojos brillaron.

—¿De verdad creíste que harías todo esto solo?

El Bisonte golpeó el suelo con una de sus enormes patas.

—Para ser ayudado debes pedir ayuda.

La tierra tembló.

—Nosotros haremos por ti lo mismo que tú haces por nosotros.

Arlen los observó.

—¿Y eso qué significa?

—Que estamos juntos en esto.

Respondió el Bisonte.

La Cabra sonrió.

Una sonrisa extraña.

Como si supiera algo que él todavía ignoraba.

—Tienes preguntas.

—Miles.

—Y ya sabemos cuál harás.

Arlen suspiró.

—Todo esto es demasiado difícil.

La Cabra asintió.

—Entonces empieza por lo más fácil.

—¿Qué es lo más fácil?

—Las personas.

Arlen frunció el ceño.

—No entiendo.

—El poder nace de las personas.

La voz de la Cabra resonó en todo el lugar.

—Aprende eso.

—¿Y después?

—Sé inteligente.

Sus ojos brillaron.

—Mientras más poder obtengas más difícil será tu vida.

—¿Por qué?

—Porque las decisiones tendrán consecuencias.

El Bisonte volvió a hablar.

—No tengas miedo.

—¿De qué?

—De experimentar.

—¿Experimentar?

—Prueba cosas.

Falla.

Aprende.

Vuelve a intentarlo.

El Cuervo abrió sus enormes alas negras.

—Y recuerda algo.

Arlen lo observó.

—¿Qué?

—Te estaremos observando.

El tono del Cuervo se volvió serio.

—Pero ten cuidado.

—¿Con quién?

—Azrakel.

El silencio se volvió pesado.

—Es más peligroso de lo que imaginas.

Y entonces...

Todo desapareció.

---

Arlen abrió los ojos de golpe.

Respirando agitadamente.

Cubierto de sudor.

Se incorporó rápidamente.

Miró hacia abajo.

—Por favor...

Se revisó los pantalones.

—Espero que sea sudor.

Suspiró aliviado.

—Sí.

Es sudor.

Creo.

Se quedó pensando unos segundos.

—Espero.

---

Después de una ducha rápida y una taza de café caliente, el amanecer comenzó a iluminar las ventanas del refugio.

Uno a uno fueron apareciendo los demás.

Luna.

Dorian.

Adrián.

Kael.

Ailén.

Todos comenzaron a desayunar.

Hasta que Arlen dejó la taza sobre la mesa.

—Tengo que contarles algo.

Todos levantaron la vista.

—Tuve un sueño.

Luna sonrió.

—¿Y?

—No fue un sueño.

La sonrisa desapareció.

Durante varios minutos les relató todo lo ocurrido.

Cuando terminó, el silencio dominó la habitación.

Kael fue el primero en hablar.

—Entonces debemos darnos prisa.

—¿Con qué?

—Con descubrir tu don.

Su mirada recorrió toda la habitación.

—Todos tenemos trabajo.

Kael se puso de pie.

Inmediatamente tomó el control.

—Yo me encargaré de conseguir nuevas armas.

Señaló las paredes.

—Este refugio necesita una renovación urgente.

Luego miró a Dorian y Luna.

—Necesito que mejoren este lugar.

—Entendido.

Respondió Dorian.

—¿Y yo?

Preguntó Luna.

—Tú eres la mente más brillante que tenemos.

Luna sonrió orgullosa.

—Me gusta cómo suena eso.

Kael continuó.

—Adrián.

—Sí.

—Necesito vigilancia constante.

Cámaras.

Radares.

Alarmas.

Todo.

—Me encargo.

Dorian sonrió.

—Por eso es nuestro jefe.

Kael ignoró el comentario.

—Arlen.

Ailén.

Los dos vendrán conmigo.

---

Minutos después llegaron frente a un enorme ascensor oculto.

Arlen parpadeó.

—¿Esto siempre estuvo aquí?

—Sí.

Respondió Kael.

—Y ustedes nunca preguntaron.

—Justo.

Las puertas se abrieron.

Descendieron.

Un piso.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Cinco.

Cuando las puertas volvieron a abrirse...

Arlen quedó sin palabras.

Era gigantesco.

Un complejo entero escondido bajo tierra.

Campos de entrenamiento.

Simuladores.

Laboratorios.

Máquinas para medir energía.

Equipamiento militar.

Armas.

Salas reforzadas.

Todo.

Absolutamente todo.

Kael sonrió al ver la reacción.

—Esto es por lo que nos volvimos fuertes.

Arlen giró sobre sí mismo observándolo todo.

—Kael...

—¿Sí?

—Usted sí que es un gran jefe.

Kael soltó una pequeña sonrisa.

—Entrena duro y quizás algún día pienses lo mismo.

Ailén estaba mirando todo fascinada.

—¿Tienen trajes especiales de combate?

Kael la observó.

—¿Por qué crees que estamos aquí?

Ailén sonrió.

—Lo sabía.

—Además.

Kael señaló unas cápsulas metálicas.

—No durarías mucho sin un traje de guerra.

Arlen levantó una mano.

—¿Y yo?

—Tú todavía no.

Arlen abrió la boca.

—¿Qué?

—Todavía no.

—Eso no es justo.

Kael comenzó a reír.

—Ahora entiendo por qué Luna te molesta tanto.

—Esto ya no es divertido.

—Para mí sí.

Kael abrió una de las cápsulas.

Una tenue luz azul iluminó la sala.

—Ailén.

Pruébate esto.

---

Diez minutos después.

La cápsula volvió a abrirse.

Y Arlen dejó de respirar por un instante.

El traje parecía hecho para ella.

Negro y plateado.

Elegante.

Ligero.

Como una segunda piel.

Pequeñas líneas de energía azul recorrían la superficie.

Ailén observó sus manos.

—Esto es increíble.

Movió los dedos.

—Se siente como si fuera parte de mí.

Luego sonrió sorprendida.

—Puedo sentir mi poder aumentando.

Kael asintió.

—Es normal.

—¿Quién diseñó esto?

—Luna.

Ailén abrió los ojos.

—Menos mal que está de nuestro lado.

Kael soltó una carcajada.

—Créeme.

Todos pensamos lo mismo.

Entonces observó a ambos.

—Bien.

Quiero una demostración.

Arlen se puso en guardia.

Aunque seguía sonriendo.

—Intenta no lastimarme.

Ailén inclinó ligeramente la cabeza.

Una sonrisa apareció en su rostro.

—Esta vez intentaré no cortarte.

Ambos se rieron.

Pero algo cambió.

El aire comenzó a vibrar.

Sus energías aumentaron.

Arlen pudo sentirlo.

Pero también notó algo extraño.

El poder de Ailén era diferente.

Mucho más intenso.

Mucho más refinado.

Kael observaba todo con una enorme sonrisa.

Orgulloso.

Curioso.

Ansioso por descubrir qué clase de monstruos tenía frente a él.

Finalmente comenzó a alejarse.

—Los dejaré solos.

—¿Qué?

Preguntó Arlen.

—No destruyan nada.

Y se marchó.

Apenas desapareció por una de las puertas, Ailén desapareció.

Literalmente.

Arlen apenas alcanzó a ver un destello.

¡BOOM!

Un golpe impactó directamente en su abdomen.

El aire escapó de sus pulmones.

Retrocedió varios metros.

—¡UGH!

Ailén apareció nuevamente.

Sonriendo.

—Te dije que te prepararas.

Arlen se sostuvo el estómago.

—Golpeas fuerte...

Respiró profundamente.

Luego sonrió.

—Pero ahora sí estoy listo.

Ambos aumentaron nuevamente su energía.

El suelo comenzó a temblar.

La verdadera batalla de entrenamiento estaba a punto de comenzar.

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