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El Mercader De Los Recuerdos

El Mercader De Los Recuerdos

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mundo mágico / Aventura
Popularitas:387
Nilai: 5
nombre de autor: Susiluu_

En un mundo donde los recuerdos pueden venderse, Kael Arden trabaja comprando aquellos que otros están dispuestos a olvidar para siempre. Pero cada vez que revive un recuerdo, también siente el amor, la alegría, el miedo o el dolor de quien lo vivió.

Todo cambia cuando adquiere un recuerdo imposible: el asesinato de un hombre... diez días antes de que ocurra.

Mientras intenta impedir ese futuro, Kael conocerá a Lyra, una joven incapaz de olvidar un solo instante de su vida. Juntos descubrirán que algunos recuerdos no pertenecen al pasado, sino al futuro, y que hay quienes están dispuestos a cambiar el destino a cualquier precio.

Porque hay recuerdos que pueden salvar una vida... y otros que pueden condenar al mundo.

NovelToon tiene autorización de Susiluu_ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: El corazón también recuerda

«Los recuerdos viven en la mente. El amor encuentra otros lugares donde esconderse.»

— Fragmento del Libro de los Mercaderes, Volumen IX»

El río continuó fluyendo con la misma calma.

Como si ignorara el peso de las vidas que cambiaban a su orilla.

Kael observó a Julián y Elena durante largo rato.

No hablaban demasiado. No hacía falta.

Julián, que ya no reconocía a la mujer con la que había compartido casi medio siglo, seguía buscando inconscientemente su compañía. Le ofrecía el banco cuando llegaban otras personas, le preguntaba si tenía frío y, cada pocos minutos, sonreía al verla.

No sabía quién era.

Pero su corazón parecía negarse a dejarla marchar.

—Es increíble... —murmuró Kael.

Lyra negó con suavidad.

—No.

Es humano.

Él la miró.

Ella continuó observando a la pareja.

—Las personas creen que amar consiste en recordar fechas, promesas o aniversarios. Pero muchas veces el amor se convierte en una costumbre del alma.

Una costumbre que ni siquiera la memoria puede borrar.

Kael permaneció en silencio.

Recordó algo que Elias le había enseñado años atrás.

"Los recuerdos explican quién eres. Tus decisiones demuestran quién quieres ser."

Quizá Julián ya no recordaba su vida.

Pero seguía eligiendo sentarse junto a Elena.

Una y otra vez.

---

El regreso al Archivo fue silencioso.

Elias caminaba unos metros por delante.

Marcus acompañaba discretamente a Julián y Elena hasta una sala privada donde los médicos del Archivo podrían evaluar el alcance de la fragmentación.

Kael y Lyra iban los últimos.

—¿Crees que recuperará sus recuerdos? —preguntó Kael.

Lyra tardó varios segundos en responder.

—No lo sé.

Pero creo que Elena hará que vuelva a enamorarse de ella.

Kael sonrió.

—Eso sería empezar de nuevo.

—Tal vez algunas historias merecen vivirse dos veces.

Aquella frase quedó flotando entre ambos.

Por primera vez desde que se conocían, el silencio no resultó incómodo.

Era tranquilo.

Cálido.

Como si los dos comprendieran que compartían más de lo que decían.

Cuando llegaron al vestíbulo del Archivo, Elias los esperaba.

Su expresión seguía siendo seria.

—Kael.

Ven a mi despacho.

Miró a Lyra.

—Usted también.

Ella arqueó una ceja.

—¿Ya no soy una intrusa?

—Sigue siéndolo.

Pero ha demostrado saber cosas que nosotros ignoramos.

Necesito respuestas.

---

El despacho estaba completamente cerrado.

Las cortinas corridas.

La puerta asegurada con llave.

Sobre el escritorio descansaban tres objetos.

La fotografía antigua.

La cápsula transparente sin propietario.

Y un viejo reloj de bolsillo que Kael nunca había visto.

Elias apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Voy a hacer una pregunta.

Y quiero una respuesta sincera.

Miró directamente a Lyra.

—¿Quién te habló de la Orden del Eco?

El nombre hizo que el rostro de la joven cambiara por completo.

Por primera vez perdió toda su serenidad.

—¿Cómo conoce ese nombre?

Elias no respondió.

—Contesta.

Lyra respiró hondo.

—Nadie me habló de ellos.

Los encontré investigando.

Había referencias dispersas en periódicos antiguos, diarios personales y registros incompletos.

Siempre ocurría lo mismo.

Cada vez que alguien escribía sobre esa organización...

Las páginas desaparecían.

Kael frunció el ceño.

—¿La Orden del Eco?

Nunca he oído hablar de ella.

Elias caminó lentamente hasta la ventana.

Durante varios segundos contempló la lluvia.

—Porque nunca debiste oír hablar de ella.

El Archivo borró todo rastro de su existencia hace más de veinte años.

Kael sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

—¿El Archivo... ocultó información?

—Sí.

La respuesta fue firme.

Sin excusas.

Sin rodeos.

Kael nunca había escuchado a Elias admitir algo semejante.

—¿Por qué?

El anciano cerró los ojos.

—Porque hubo un tiempo en que los recuerdos dejaron de servir para sanar.

Empezaron a utilizarse para controlar personas.

Lyra dio un paso adelante.

—¿La Orden experimentaba con recuerdos?

—Con emociones.

Corrigió Elias.

—Descubrieron que, modificando ciertos recuerdos, podían cambiar el carácter de una persona.

Eliminar el miedo.

Aumentar el odio.

Destruir el amor.

Crear obediencia.

La habitación quedó en silencio.

Kael sintió un escalofrío.

Siempre había considerado los recuerdos como algo íntimo.

Sagrado.

Jamás imaginó que pudieran utilizarse como armas.

—¿Y qué ocurrió?

preguntó.

Elias miró la vieja fotografía.

—Nos opusimos.

Hubo una guerra que nunca apareció en los libros de historia.

Porque se libró dentro de las mentes.

No en las calles.

Kael comprendió entonces que la fotografía no mostraba simplemente antiguos mercaderes.

Mostraba a personas que habían participado en aquella guerra.

Y casi todas habían desaparecido.

—¿Murieron?

preguntó en voz baja.

Elias negó lentamente.

—Ojalá.

El silencio volvió a instalarse.

Entonces llamaron a la puerta.

Tres golpes.

Secos.

Precisos.

Marcus abrió apenas unos centímetros.

Su rostro estaba completamente pálido.

—Director...

Hay un hombre en recepción.

Dice que no quiere vender un recuerdo.

Quiere recuperarlo.

Elias frunció el ceño.

—Eso es imposible.

Marcus tragó saliva.

—Hay algo más.

Trae una carta dirigida a usted.

Dice que solo debe leerla cuando estén presentes Kael y la señorita Lyra.

El anciano intercambió una mirada con ambos.

—Hazlo pasar.

Un minuto después entró un hombre de unos cincuenta años.

Vestía un abrigo oscuro completamente empapado.

Su barba mostraba varias canas.

Caminaba con dificultad.

Como si arrastrara una antigua lesión en la pierna.

Sin decir una sola palabra, dejó un sobre sobre la mesa.

—No vengo por mí.

Vengo porque alguien me pidió que entregara esto exactamente hoy.

Elias rompió el sello.

Dentro había una única hoja.

Muy breve.

Mientras leía, el color desapareció de su rostro.

Kael jamás lo había visto así.

—¿Qué ocurre?

preguntó.

El anciano levantó lentamente la vista.

Sus manos temblaban.

Después acercó la carta para que ambos pudieran leerla.

Solo contenía una frase.

"Dentro de nueve días terminaré lo que empezamos hace veintidós años."

Debajo de la frase...

había dibujado el mismo símbolo que aparecía grabado en la cápsula transparente sin propietario.

Un círculo incompleto.

Y, en su interior...

un ojo abierto.

Durante varios segundos nadie dijo una palabra.

La lluvia golpeaba los cristales del despacho con un ritmo constante, casi hipnótico, pero dentro de la habitación el silencio era absoluto.

Kael no apartaba la vista de la carta.

Nueve días.

No diez.

Nueve.

El plazo había cambiado.

Eso solo podía significar una cosa.

—El futuro ha cambiado... —murmuró.

Elias dobló lentamente la hoja y la guardó dentro del sobre.

—O alguien quiere que pensemos eso.

El hombre que había entregado la carta seguía de pie junto a la puerta. Permanecía inmóvil, con las manos entrelazadas frente al cuerpo.

Parecía nervioso.

Pero no asustado.

—¿Quién le dio esta carta? —preguntó Kael.

—No lo sé.

—¿No le dijo su nombre?

—No.

Solo me pidió que la entregara exactamente hoy, a las once de la mañana.

Y me pagó por hacerlo.

—¿Cómo era?

El mensajero cerró los ojos unos instantes.

—Llevaba sombrero.

Guantes negros.

Y una bufanda que le cubría casi toda la cara.

Solo pude verle los ojos.

Kael intercambió una mirada con Lyra.

—¿Los recuerda?

El hombre asintió lentamente.

—Grises.

Como los suyos.

Kael sintió un escalofrío.

Elias dio un paso al frente.

—¿Qué más?

—Cojeaba ligeramente.

Y antes de marcharse dijo una frase muy extraña.

—¿Cuál?

El mensajero tragó saliva.

—"Los recuerdos solo sirven mientras alguien siga creyendo en ellos."

El despacho volvió a quedarse en silencio.

Aquella frase no parecía una amenaza.

Sonaba más bien como una declaración.

Como si quien la hubiera pronunciado creyera sinceramente en ella.

Elias agradeció al hombre su ayuda y Marcus lo acompañó hasta la salida.

Cuando la puerta volvió a cerrarse, Kael respiró profundamente.

—¿Conoces ese símbolo?

El anciano tardó unos segundos en responder.

Después abrió un viejo cajón de su escritorio.

Sacó un pequeño libro de tapas de cuero.

Estaba tan gastado que apenas podía leerse el título.

Registro Interno. Año 2004.

Lo abrió con cuidado.

Pasó varias páginas.

Hasta detenerse en un dibujo idéntico al de la carta.

El mismo círculo.

El mismo ojo.

Debajo había una sola palabra.

Centinelas.

—¿Quiénes eran? —preguntó Lyra.

—No lo sé.

La respuesta sorprendió incluso a Kael.

Elias rara vez admitía desconocer algo.

—Pensábamos que eran un grupo reducido dentro de la Orden del Eco.

Nunca conseguimos descubrir cuántos eran.

Ni quién los dirigía.

Solo sabíamos una cosa.

Kael esperó.

—Nunca dejaban testigos.

Un silencio incómodo se instaló entre los tres.

Entonces Lyra señaló el libro.

—¿Puedo verlo?

Elias dudó apenas un instante antes de entregárselo.

La joven comenzó a leer con rapidez.

Pasaba las páginas con una velocidad imposible para cualquier otra persona.

No parecía leer palabra por palabra.

Era como si absorbiera la información de un solo vistazo.

Cinco minutos después cerró el volumen.

—Faltan páginas.

Kael levantó la cabeza.

—¿Cómo lo sabes?

—La numeración.

Del ciento cuarenta y ocho pasa al ciento cincuenta y siete.

Alguien arrancó nueve hojas.

Elias tomó el libro.

Lo revisó.

Su expresión cambió.

—Nunca me había dado cuenta...

Lyra sonrió con cierta tristeza.

—Las personas normales no suelen contar páginas mientras leen.

Yo sí.

Siempre.

Kael empezaba a comprender el peso de su don.

No existían detalles insignificantes para ella.

Debía de ser agotador.

Recordarlo todo.

Incluso aquello que cualquiera olvidaría al cabo de unos minutos.

---

Aquella tarde, el Archivo cerró antes de lo habitual.

Los empleados comentaban en voz baja la desaparición temporal de Julián y el extraño protocolo de emergencia.

Las noticias aún no habían salido del edificio.

Y Elias pretendía que siguiera siendo así.

Kael decidió acompañar a Lyra hasta la salida.

Caminaron despacio por la avenida principal.

Las nubes comenzaban a abrirse y los últimos rayos del sol teñían los tejados de un tono anaranjado.

—¿Dónde vives? —preguntó Kael.

Ella sonrió.

—Es la primera pregunta personal que me haces.

—Supongo que ya era hora.

—En una pensión cerca de la estación.

No llevo mucho tiempo en la ciudad.

—¿Has venido solo por el Archivo?

—No.

He venido por ti.

Kael se detuvo.

Lyra también.

—¿Qué quieres decir?

Ella tardó varios segundos en responder.

—Hace dos meses encontré una nota escondida dentro de uno de mis cuadernos.

No recordaba haberla escrito.

Pero la letra era mía.

Sacó un pequeño papel doblado.

Se lo entregó.

Kael lo abrió.

Solo había una frase.

"Cuando encuentres a Kael Arden, no permitas que entre solo en el Nivel Cuatro."

Él sintió un vuelco en el estómago.

—¿Quién escribió esto?

—No lo sé.

Pero era mi letra.

Y estoy completamente segura de que nunca escribí esas palabras.

El viento agitó suavemente el papel entre las manos de Kael.

No era posible.

Una persona con la memoria de Lyra jamás olvidaría haber escrito una nota.

A menos que...

El recuerdo hubiera sido alterado.

Los dos permanecieron unos segundos en silencio.

Hasta que Lyra soltó una pequeña risa.

—Curioso, ¿verdad?

Conozco millones de recuerdos...

Y el único que me falta podría ser el más importante de mi vida.

Kael la observó.

Por primera vez dejó de verla como una pieza del misterio.

Solo vio a una joven cansada.

Sola.

Obligada a cargar con una memoria que nadie desearía tener.

Sin pensarlo demasiado, le tendió la mano.

—¿Te apetece cenar?

Lyra parpadeó.

Sorprendida.

—¿Eso forma parte de la investigación?

Kael sonrió por primera vez en todo el día.

—No.

Forma parte de conocernos.

Ella bajó la vista hacia la mano que seguía esperándola.

Después levantó lentamente la suya.

No llegó a tomarla.

Porque, en ese mismo instante, una fuerte explosión sacudió el extremo norte de la ciudad.

El suelo tembló.

Varias personas comenzaron a gritar.

Una enorme columna de humo negro se elevó hacia el cielo.

Kael reconoció inmediatamente el lugar.

El humo provenía del barrio donde se encontraba la antigua Academia de Mercaderes.

El edificio llevaba quince años abandonado.

Elias decía que ya no quedaba nada importante allí.

Pero, mientras observaba las llamas crecer en la distancia...

Kael tuvo la certeza de que alguien acababa de destruir la respuesta a una pregunta que todavía ni siquiera sabía formular.

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Cliente anónimo
No esperaba un primer capítulo que fuese de novela ni un comienzo que rompiese tanto como la venta del recuerdo de su hijo volviendo a caminar. Tiene muchísimo calibre
Mimiko
Sin duda es de las obras más intrigantes y elaboradas que se puedan encontrar
Cliente anónimo
dejo mi comentario aqui para volver. me ha interesado mucho el prologo jeje
Neery!
esta me la apunto para leerla detenidamente, pinta para largo 🤯
Seku: Cómo de larga? Sería un desperdicio que se quedase corta. Podría ser hasta de trilogía! Me encanta el título, es súper original.
total 2 replies
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