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El Último Adiós De Cristian

El Último Adiós De Cristian

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:356
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

"El último adiós nunca fue el final… solo el comienzo de un nuevo destino."

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 14 Los días que se vuelven recuerdos

Las semanas fueron pasando y el mes de junio avanzaba con su ritmo propio: días más cortos, mañanas envueltas en una neblina suave que cubría las calles de La Reina, y tardes en las que el sol se ocultaba temprano, dejando un cielo gris y tranquilo.

El invierno se acercaba con su frío, pero para Eluney y Cristian esa estación no significaba nada de tristeza ni soledad; al contrario, cada encuentro, cada palabra compartida y cada gesto de cariño hacía que el ambiente se sintiera más cálido y cercano.

Su rutina se había vuelto algo natural, casi perfecta.

Cada mañana se encontraban en la entrada del colegio: ella llegaba caminando con su mochila ordenada, él la esperaba unos minutos antes, siempre con una sonrisa que le iluminaba el rostro.

Aunque iban en cursos distintos —ella en Primero Medio A y él en la C—, en el recreo siempre encontraban un rincón tranquilo, lejos del ruido y las miradas curiosas, para sentarse juntos, compartir su merienda o simplemente hablar de cualquier cosa:

de las clases que les costaban más, de los profesores más estrictos, de lo que habían visto en la televisión o de los planes que harían el fin de semana.

A la hora de la salida, nunca faltaba: Cristian esperaba a que ella terminara de recoger sus cosas y salían caminando tomados de la mano por las veredas arboladas.

Cuando el viento soplaba con más fuerza y el frío se les colaba por el cuello, él no dudaba en quitarse su bufanda de lana suave y envolverla alrededor de ella, acomodándola con cuidado para que le cubriera bien el pecho y el cuello.

Para que no te enfríes le decía con calma

Yo estoy acostumbrado, no me pasa nada.

Y Eluney se la dejaba puesta, sintiendo no solo el calor de la lana, sino también el calor de su atención, un detalle pequeño pero que le llegaba mucho más que cualquier cosa costosa.

Los fines de semana se turnaban para visitarse, y en ambas casas ya los recibían con total confianza y alegría.

Cuando iban a casa de Cristian, apenas sonaba el timbre, Anahís salía corriendo desde la sala o el jardín, con sus pasitos cortos y su cabello recogido en trenzas, para abrazar las piernas de Eluney con todas sus fuerzas.

—¡nuney, ya llegaste!

—gritaba feliz—.

Mira lo que aprendí a dibujar hoy, y mira mi mochila de Minnie que me regaló Antonella, ya está llena de mis lápices y mis muñecas.

Se sentaban en el suelo del salón, rodeadas de papeles de colores y lápices de todas las tonalidades, mientras Cristian se quedaba cerca, observándolas con una sonrisa tranquila, sintiendo que tenía a las dos personas más importantes de su vida a su lado.

A veces se unía a ellas para dibujar figuras simples o contarles historias inventadas que hacían reír a la niña hasta que le dolía la barriga.

Cuando iban a casa de Eluney, la situación era igual de cálida, pero con el toque de Antonella, que ya no sentía celos ni se sentía excluida.

Al contrario, los veía como algo natural y hasta se convertía en su pequeña guardiana y consejera.

—Recuerden que pueden estar en el jardín, pero no crucen la reja —les decía con tono serio, imitando a su madre—.

Y no hablen muy fuerte, que el vecino de al lado se queja si hace mucho ruido.

Ambos se reían de sus advertencias, pero le hacían caso con gusto, respetando siempre las reglas de la casa y los límites que sus padres les habían puesto para que todo fuera seguro y correcto.

Una tarde de sábado, mientras el viento soplaba suavemente afuera y en el jardín de Eluney solo se escuchaba el sonido de las hojas moviéndose, se sentaron en una banca de madera cubierta con una manta para protegerse del frío.

Cristian se quedó en silencio un momento, metió la mano en el bolsillo interior de su abrigo y sacó un objeto pequeño y bien cuidado: un cuaderno de tapas de cuero oscuro, suave al tacto, con las esquinas reforzadas para que durara mucho tiempo.

—No es algo que cueste mucho dinero —le dijo, entregándoselo con ambas manos—.

pero lo elegí pensando en ti.

Quería que tuvieras un lugar donde guardes todo lo que vamos viviendo: lo que sientes, lo que te pasa cada día, los momentos que recordemos con cariño.

Es solo para nosotros.

Eluney lo tomó con mucho cuidado, como si fuera algo muy valioso.

Al abrirlo, en la primera página ya había escrito él con una letra ordenada y clara:

Para Eluney, la persona que cambió mis días grises por días llenos de luz.

Que cada página se llene de recuerdos buenos, de confianza y de amor.

Te amo, hoy y siempre.”

Al leerlo, se le llenaron los ojos de lágrimas de emoción.

Cerró el cuaderno y lo apretó fuerte contra su pecho, sintiendo que ese detalle tenía más valor que cualquier regalo lujoso que pudiera imaginar.

—Gracias, Cristian —le dijo con voz suave y entrecortada por la emoción—.

Es el mejor regalo que me has dado hasta ahora.

Aquí escribiré todo, cada momento, cada palabra, cada gesto que me haga feliz. Nunca lo voy a perder.

Esa noche, cuando ya estaba en su habitación, con la luz de la lámpara de mesa iluminando la mesa, abrió el cuaderno con calma y empezó a escribir con letras claras y ordenadas:

“Hoy me dio este cuaderno.

Me doy cuenta de que no necesita cosas grandes ni ruidosas para hacerme sentir especial.

Con su respeto, su paciencia, su forma de escucharme y de cuidarme, me basta.

Cada día que pasa me doy cuenta de que lo que tenemos es real, firme y sincero.

No hay prisa, no hay exigencias, solo ganas de estar juntos.

Hoy me siento más feliz que nunca.”

Mientras escribía, podía sentir todavía el calor de su mano, recordar su sonrisa y escuchar su voz suave.

Y así, poco a poco, ese cuaderno se iba convirtiendo en el testimonio de un amor que crecía despacio, pero con raíces muy profundas, listo para seguir creciendo con cada nuevo día que llegara.

 

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