Una chica de ciudad, acostumbrada a la comodidad, la tecnología y el ritmo acelerado de la vida urbana, conoce por chat a un chico de campo. Con el paso del tiempo, las conversaciones se convierten en una hermosa historia de amor. Decidido a conocerla, él viaja para verla y ambos descubren que sus sentimientos son verdaderos. Cuando deciden construir un futuro juntos, ella debe adaptarse a una vida completamente diferente. Aprende las costumbres del campo, a cocinar en leña, a convivir con la naturaleza y a disfrutar de la tranquilidad que la rodea. Entre cambios, desafíos y nuevas experiencias, descubre una felicidad que jamás imaginó encontrar.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15: El día que conocí a Hernán
Narra Lilibeth
Desde que me desperté esa mañana estaba completamente nerviosa.
La noche anterior casi no pude dormir.
Cada vez que cerraba los ojos imaginaba el momento en que por fin iba a conocer a Hernán después de tres años hablando todos los días.
Tres años.
Tres años de mensajes.
Tres años de videollamadas.
Tres años de risas.
Tres años de confianza.
Y ahora por fin iba a verlo frente a frente.
Cuando miré la hora eran apenas las seis de la mañana.
Me senté en la cama y respiré profundo.
—Ay Dios mío...
Sentía mariposas en el estómago.
Fui al baño, me duché y regresé a mi habitación para arreglarme.
Abrí el armario y empecé a buscar ropa.
Quería verme bonita, pero tampoco exagerar.
Después de probarme varias cosas terminé escogiendo un jean azul claro de cintura alta que me gustaba muchísimo.
Luego me puse una blusa rosada.
Encima una chaqueta blanca ligera.
Cuando terminé de vestirme me miré en el espejo.
—Bueno... creo que así está bien.
Después empecé con el maquillaje.
No quería verme demasiado maquillada.
Solo quería verme arreglada.
Me puse una base suave.
Un poco de rubor rosado en las mejillas.
Rímel para resaltar las pestañas.
Y un brillo labial rosado que me encantaba.
Nada más.
Cuando terminé me observé otra vez.
El cabello castaño me caía sobre los hombros.
El maquillaje se veía natural.
Y por primera vez en toda la mañana sonreí.
Justo en ese momento apareció mi mamá.
—Lili.
—¿Sí?
Me observó de arriba abajo.
—¿Y usted para dónde va tan arreglada?
Casi me da un infarto.
Intenté actuar normal.
—Voy a salir.
—¿Con quién?
—Con unas amigas.
Era mentira.
Pero no podía decirle la verdad.
Porque si le decía que iba a ver a Hernán seguramente no me dejaría salir.
Mi mamá nunca estuvo muy de acuerdo con la diferencia de edad.
Y mucho menos si descubría que era mi novio.
Ella suspiró.
—Bueno, pero me avisa cualquier cosa.
—Sí, mamá.
—Y no llegue tarde.
—Tranquila.
Cuando salió de mi habitación respiré aliviada.
Agarré mi bolso.
Tomé el celular.
Y salí de la casa.
Durante todo el camino sentía que el corazón me iba a explotar.
Hernán me había escrito hacía unos minutos.
"Ya voy para allá."
Yo le respondí.
"Yo también."
Llegué al lugar donde habíamos quedado de encontrarnos.
Era un parque bonito de Armenia.
Había árboles.
Algunas cafeterías cerca.
Y varias personas caminando.
Miré a todos lados.
Pero todavía no lo veía.
Entonces escuché el sonido de una moto acercándose.
Levanté la mirada.
Y ahí estaba.
Una Suzuki azul se estacionó cerca.
El conductor se quitó el casco.
Y automáticamente reconocí aquella sonrisa.
Era Hernán.
Sentí que el corazón se me aceleró de golpe.
Llevaba una camisa sencilla.
Un pantalón jean.
Una chaqueta negra.
Y una gorra puesta hacia atrás.
Exactamente como me había dicho.
Por unos segundos ninguno se movió.
Simplemente nos quedamos mirando.
Porque era extraño.
Nos conocíamos desde hacía años.
Pero al mismo tiempo era la primera vez que estábamos juntos.
Finalmente él comenzó a caminar hacia mí.
Yo hice lo mismo.
Hasta que quedamos frente a frente.
—Hola —dijo sonriendo.
—Hola.
Los dos comenzamos a reírnos.
—No puedo creer que por fin estemos aquí.
—Yo tampoco.
Se notaba que él también estaba nervioso.
Eso me hizo sentir más tranquila.
—¿Me puede dar un abrazo? —preguntó.
Yo asentí.
—Claro.
Nos abrazamos.
Y sentí una tranquilidad enorme.
Como si estuviera abrazando a alguien que conocía desde toda la vida.
Cuando nos separamos seguimos sonriendo.
Pasamos gran parte de la tarde caminando por el parque y conversando.
Hablamos de todo.
De la finca.
De mi familia.
Del colegio.
De nuestras videollamadas.
De los momentos divertidos que habíamos vivido durante esos tres años.
Y cada minuto me sentía más cómoda.
Más feliz.
Más segura.
Era exactamente igual al muchacho que conocía por teléfono.
Amable.
Respetuoso.
Gracioso.
Y cariñoso.
Cuando el sol comenzó a bajar nos sentamos en una banca bajo unos árboles.
La tarde estaba hermosa.
Había una brisa suave.
Y por unos segundos nos quedamos en silencio.
No era un silencio incómodo.
Era uno bonito.
De esos que se sienten tranquilos.
Entonces Hernán tomó mi mano suavemente.
—¿Sabe algo?
—¿Qué?
—Esperé mucho este día.
Yo sonreí.
—Yo también.
—Muchísimo.
—Lo sé.
Él soltó una pequeña risa.
—Todavía no puedo creer que esté aquí.
—Y yo todavía no puedo creer que usted esté aquí.
Nos quedamos mirándonos unos segundos.
Y entonces él habló nuevamente.
—Gracias por confiar en mí.
—Gracias por esperarme.
Hernán sonrió.
Y poco a poco se acercó un poco más.
Yo sentía el corazón acelerado.
Porque sabía exactamente lo que estaba pasando.
Nos miramos durante unos segundos.
Y finalmente compartimos nuestro primer beso.
Fue corto.
Sencillo.
Y lleno de nervios.
Cuando nos separamos los dos comenzamos a reírnos.
—Estaba nervioso —confesó él.
—Yo también.
—Muchísimo.
—Yo igual.
Los dos seguimos riéndonos.
Y en ese momento entendí algo.
No había sido perfecto porque fuera una escena de película.
Había sido perfecto porque era real.
Porque después de tres años de mensajes, llamadas, videollamadas y paciencia, por fin estábamos juntos.
Y mientras veía a Hernán sonreír frente a mí, supe que aquel sería uno de los días más felices que recordaría durante toda mi vida.