Valeria escapa estando embarazada, en plena noche.
con el siguiente pensamiento
“Si el me encuentra, jamás volveré a ser libre.”
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#14
...La cena donde todos lo notaron...
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Valeria observó el vestido negro durante varios minutos antes de tocarlo nuevamente.
Era hermoso.
Demasiado hermoso.
La tela oscura parecía elegante incluso dentro de la caja, y el simple hecho de saber que Adrián lo había elegido pensando en ella provocaba un extraño calor en su pecho.
Eso era un problema.
Uno enorme.
Porque comenzaba a acostumbrarse demasiado a la atención de Adrián De Luca.
Y nadie debería acostumbrarse a un hombre así.
Gabriel seguía mirándola desde el escritorio vecino.
—Vas a ir, ¿verdad?
Valeria levantó lentamente la vista.
—No lo sé.
Gabriel soltó una pequeña risa.
—Sí lo sabes.
Ella intentó responder algo, pero terminó guardando silencio.
Porque la verdad era evidente.
Sí quería ir.
Aunque supiera perfectamente que era mala idea.
Aunque entendiera que cada paso que daba hacia Adrián solo empeoraba las cosas.
Ya era demasiado tarde para fingir indiferencia.
…
A las siete y media de la noche, Valeria salió del ascensor privado que llevaba directamente al estacionamiento subterráneo.
Y ahí estaba él.
Esperándola junto a un automóvil negro elegante.
Adrián levantó lentamente la mirada apenas ella apareció.
Y el silencio que siguió fue peligrosamente intenso.
Sus ojos recorrieron lentamente el vestido negro ajustado al cuerpo de Valeria.
Demasiado lentamente.
Como si quisiera memorizar cada detalle.
El corazón de ella comenzó a latir con fuerza otra vez.
Porque nunca nadie la había mirado así.
Como si verla hermosa le afectara físicamente.
Adrián cerró lentamente la puerta del auto que acababa de abrir.
Y caminó hacia ella sin apartar la mirada.
Traje negro.
Camisa oscura.
Ese aire peligroso que parecía envolverlo siempre.
Pero esta vez había algo distinto en él.
Algo más personal.
Más intenso.
Se detuvo justo frente a ella.
Y durante unos segundos simplemente la observó.
—Ahora entiendo por qué no he podido pensar en otra cosa.
La voz grave salió baja.
Casi íntima.
El calor subió inmediatamente al rostro de Valeria.
—No deberías decir esas cosas.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Adrián.
—Y tú deberías dejar de sonrojarte cuando las digo.
El corazón de Valeria prácticamente tropezó dentro de su pecho.
Porque él siempre notaba todo.
Cada reacción.
Cada nervio.
Cada cambio en su respiración.
Adrián levantó lentamente una mano.
Sus dedos rozaron apenas una parte de su cabello antes de acomodarlo detrás de su oreja.
El gesto fue suave.
Demasiado suave.
—Estás preciosa.
Y esta vez la voz de Adrián sonó completamente sincera.
Eso fue peor.
Muchísimo peor.
Valeria apartó la mirada intentando recuperar la compostura.
—Es solo una cena de trabajo.
El silencio duró apenas un segundo.
Después Adrián respondió:
—No para mí.
El pecho de Valeria volvió a tensarse.
Porque la manera en que lo dijo sonó peligrosamente personal.
Adrián abrió la puerta del auto para ella.
Y durante todo el trayecto no dejó de mirarla de vez en cuando.
Como si todavía estuviera intentando procesar el efecto que tenía sobre él.
Eso comenzaba a asustarla.
Porque cuanto más la observaba…
más evidente se volvía aquella obsesión.
…
La cena se realizaba en uno de los hoteles más exclusivos de la ciudad.
Luces doradas.
Música suave.
Personas elegantes hablando entre copas de vino y negocios millonarios.
Pero Valeria apenas podía concentrarse en el lugar.
Porque desde que entraron, Adrián no había dejado de mantener una mano sobre su espalda.
Posesivo.
Protector.
Territorial.
Y todos parecían notarlo.
Las miradas seguían constantemente a ambos.
Especialmente a ella.
—Señor De Luca.
Un hombre mayor se acercó sonriendo.
—No sabía que vendría acompañado esta noche.
Adrián observó apenas un segundo a Valeria antes de responder.
—Yo tampoco pensaba venir acompañado.
La mano sobre la espalda de ella descendió apenas unos centímetros.
Suficiente para alterar otra vez su respiración.
El hombre sonrió con discreta curiosidad.
—Entonces debo asumir que ella es importante.
Los ojos oscuros de Adrián se clavaron lentamente sobre Valeria.
Y el silencio duró demasiado.
—Más de lo que debería.
El corazón de ella golpeó brutalmente.
Porque aquello no sonó casual.
Sonó peligrosamente honesto.
El resto de la noche empeoró.
Porque Adrián parecía incapaz de dejar de tocarla.
Su mano en la cintura.
En la espalda.
Rozando sus dedos.
Pequeños contactos que parecían insignificantes para cualquiera…
pero que estaban destruyendo lentamente la cordura de Valeria.
Y lo peor era que ella comenzaba a buscarlos también.
Durante la cena, una mujer rubia elegantemente vestida se acercó a la mesa.
Y apenas vio a Valeria junto a Adrián, su expresión cambió ligeramente.
—Vaya… esto sí es inesperado.
Adrián ni siquiera sonrió.
—Claudia.
La mujer observó detenidamente a Valeria.
Demasiado detenidamente.
—No sabía que estabas saliendo con alguien.
El aire se tensó inmediatamente.
Valeria abrió ligeramente los ojos.
¿Saliendo?
Adrián apoyó tranquilamente una mano sobre el muslo de Valeria debajo de la mesa.
Y aquel simple gesto hizo que el corazón de ella perdiera el control otra vez.
—Yo tampoco lo sabía —respondió él lentamente.
Claudia sonrió apenas.
Pero claramente incómoda.
—Entiendo.
Sus ojos volvieron hacia Valeria.
—Debes sentirte especial. Adrián nunca trae mujeres a este tipo de eventos.
El pecho de Valeria se tensó.
Porque todos parecían entender algo que ella apenas comenzaba a aceptar.
Adrián De Luca estaba obsesionándose demasiado con ella.
Y ya no le importaba ocultarlo.