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La Duquesa

La Duquesa

Status: Terminada
Genre:Época / Romance / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:151.9k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Melany. v

Novela +18.

Vivir en un matrimonio político no es tan maravilloso cuando tu marido te desprecia. pero Rosaline tomará las riendas de su vida y al duque también. Porque ella es la duquesa.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 17 — No me subestime.

No corrí lo suficiente, eso fue lo primero que pensé cuando me detuve, el aire me faltaba, las piernas me dolían, el cuerpo aún resentido por los golpes, pero mi mente estaba más despierta que nunca, no podía irme así, no después de escuchar lo que escuché, no después de ver lo que Gabriela hizo, no después de entender que esto no era solo contra mí, era contra todo lo que habíamos construido.

Me apoyé en un árbol, respiré, conté hasta tres y miré hacia atrás.

Podía seguir, perderme, regresar a la casa, esperar que Erick resolviera todo como siempre… o podía volver y terminarlo yo.

No lo pensé demasiado.

Volví.

No fue una decisión impulsiva, fue clara, directa, si ese hombre creía que podía desaparecerme y seguir, se equivocaba, y yo no iba a darle esa oportunidad.

Rodeé la propiedad con cuidado, no era un lugar pequeño, pero tampoco estaba tan protegido como debía, había entradas, había puntos ciegos, y yo sabía cómo observar, cómo esperar, cómo entrar sin ser vista.

—Respira —me dije en voz baja—, no cometas errores.

No había guardias visibles en la parte trasera, eso me dio la primera ventaja, avancé pegada a la pared, escuchando, cada paso medido, cada movimiento calculado, hasta encontrar una ventana entreabierta.

Entré.

El interior era el mismo que había visto antes, pasillos largos, luz baja, silencio incómodo, pero ahora sabía lo que buscaba.

Voces.

Avancé despacio, sin hacer ruido, siguiendo el sonido hasta llegar a una puerta entreabierta, no me asomé de inmediato, me pegué a la pared, escuché.

—Eres una inútil.

La voz de él.

—Yo… yo la tenía vigilada —respondió Gabriela, su voz no era firme, no como antes—, no sé cómo-

El golpe sonó seco.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente, pero me quedé quieta.

—No me importa cómo —continuó él—, la dejaste escapar.

—No fue mi intención.

—Tu intención no sirve de nada.

Otro golpe.

Apreté los dientes.

—Si el duque llega aquí —añadió él—, será por tu culpa.

—No vendrá.

—Vendrá —la interrumpió—, y cuando lo haga, no habrá lugar donde esconderse.

El silencio que siguió fue breve, pero pesado.

—Levántate —ordenó.

No esperé más.

Me asomé apenas, lo suficiente para ver la escena, Gabriela estaba en el suelo, golpeada, él de pie frente a ella, de espaldas a la puerta.

Y entonces lo vi a mi lado.

Una espada en la pared.

Colgada, accesible, sin vigilancia.

Respiré una vez, entré.

Mis pasos no hicieron ruido, él no giró, estaba demasiado concentrado en su rabia, en su control, en su error.

Tomé la espada con firmeza, la bajé sin vacilar y cuando estuve lo suficientemente cerca, hablé.

—Deberías cuidar mejor lo que dejas a tu alcance.

Giró de golpe.

Sus ojos se abrieron un instante, no de miedo, de sorpresa.

—Tú.

—Yo.

Gabriela levantó la mirada, confundida, dolorida.

—¿Volviste? —dijo él, sin apartar la vista de la espada—, eso sí que no lo esperaba.

—No vine a esconderme.

—Eso ya lo veo. Mujer tonta.

Se enderezó, su expresión cambió, menos rabia para analizar mejor.

—Te fuiste y decidiste regresar —añadió—, no cabe duda de que la estupidez lo tiene una mujer.

—Llámalo como quieras.

—Puedo matarte ahora mismo.

—Inténtalo.

Sonrió apenas.

—Te crees más de lo que eres.

—Tú me subestimas.

Eso lo hizo dar un paso al frente. Se acercó un poco más, sin miedo visible.

—¿Sabes usar eso?

—Lo suficiente.

—No me impresiona.

—No vine a impresionarte.

Su mano fue hacia su cintura, sacó su espada sin prisa, como si esto fuera un juego que ya había ganado.

—Entonces muéstrame.

No respondí, no hacía falta, ajusté el agarre, recordé cada movimiento, cada corrección, cada palabra de mi padre cuando insistía en que no bajara la guardia.

No había entrenado en años.

Pero no lo había olvidado.

—Vamos —dijo él—, no tengo todo el día.

Fue el primero en moverse. Rápido. Directo.

Lo bloqueé.

El impacto me recorrió el brazo, pero no solté la espada, di un paso atrás, medí la distancia.

—No estás preparada —dijo, avanzando otra vez.

—Eso crees.

Volvió a atacar, esta vez más fuerte, más seguro, desvié el golpe, giré, mantuve la postura.

—Te falta fuerza.

—Me sobra precisión.

Intentó cerrarme el paso, no lo dejé, me moví, no con velocidad, sino con control, buscando el momento.

—Te vas a cansar.

—No antes que tú.

Su sonrisa desapareció.

Atacó de nuevo, esta vez sin medir, ahí estuvo su error.

Giré la muñeca, desvié su espada hacia un lado, avancé un paso y golpeé su mano.

La espada cayó. No dudé. La pateé lejos.

Y antes de que pudiera reaccionar, la punta de mi espada estaba en su cuello.

El silencio cayó en la habitación.

—¿Y ahora? —dije, mi respiración controlada, mi pulso firme.

Sus ojos no mostraban miedo, pero sí algo nuevo.

—No esperé eso.

—¿No que somos estúpidas?

Gabriela seguía en el suelo, mirándonos, sin hablar.

—Podrías matarme —dijo él.

—Podría.

—Y no lo haces.

—No todavía.

Sus labios se tensaron.

—Sigues creyendo que tienes control.

—Lo tengo.

—No aquí.

—Mira mejor.

Di un paso más cerca, la espada firme, luego recogí la suya sin dejar de apuntarlo.

Ahora tenía las dos.

—Arrodíllate.

No se movió.

—No me das órdenes.

Presioné apenas la hoja contra su piel. Haciéndo que sangre.

—No es una sugerencia.

El silencio se tensó.

—Eres peligrosa —dijo al final.

—Siempre lo fui.

Sus rodillas tocaron el suelo.

—Bien —murmuré.

Y entonces, la puerta se abrió. Fue de golpe. Giré apenas la cabeza.

Erick.

Estaba solo.

No había guardias, no había ruido detrás, solo él, de pie en la entrada, con esa postura que conocía, recta, firme, pero esta vez había algo más.

Furia contenida.

Sus ojos recorrieron la escena en un instante, el noble arrodillado, Gabriela en el suelo, yo de pie, con dos espadas apuntando.

No habló de inmediato.

—Llegas tarde —dije, sin bajar el arma.

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Irene Nievecita
Siempre me sorprendes con tus historias, esta estuvo corta pero redondita, no falta ni sobra nada es perfecta, gracias una vez más por tu tiempo y tu inspiración para crear historias entretenidas, que dan la impresión de vivirlas como en las películas, pir lo menos yo me siento parte de la historia y logro imaginar cada detalle de la misma
Irene Nievecita
Me alegro que el se diera cuenta que ella no es una damisela, que no sabe resolver los problemas, también me gusta mucho que le demuestre con palabras que la ama mucho
Irene Nievecita
Eso sí que fue un giro inesperado de los acontecimientos, ella sabe defenderse y muy bien por lo demás. Y se da el lujo de reclamarle por demorarse.👏👏👏👏👏
Irene Nievecita
Esa recompensa si estuvo muy caliente, yo quisiera una recompensa así de abundante☺️☺️☺️☺️
Irene Nievecita
No hay peor ciego que el que no quiere ver
Irene Nievecita
Era lo menos que debía esperarse de parte de Gabriela, sentirse traicionada, por llevar ella la casa, pero de ahí a sentir que ella tenia un peso especifico en la vida de él, no tiene ningún sentido, por más que él hubiera tenido sexo con ella, solo era parte de la servidumbre y nada más
Irene Nievecita
Hasta que al fin vio las estrellas, como debe ser, tiene un hombre joven, fuerte. apasionado y muy bien dotado, mejor suerte imposible.
Irene Nievecita
Así se habla con la verdad, nada de fingir, que el note que también estas interesada por tener un conocimiento más cercano del tamaño y grosor de su virtud como hombre🤭🤭🤭🤭
Irene Nievecita
Que bueno que ella ya no es la muchachita sin personalidad, que crío lady Valmont, ahora es una mujer casada, con responsabilidades y los sirvientes deben tenerlo claro en especial la tal Gabriela, sino debe despedirla así de sencillo.
Irene Nievecita
El no le quiere dar su lugar, el espera que ella saque el carácter que vio en ella el día que se casaron, así que a ganar en contra de la famula que se cree duquesa.
Irene Nievecita
No debe permitir por ningún motivo, que esa famula se crea la dueña de casa, ella es la duquesa y lo debe poner de relieve desde el principio, la obligación de ella es hacerse cargo, de todo lo relativo con la casa y la servidumbre
Irene Nievecita
Por lo menos no es un duque altanero, que impone sus derechos
Irene Nievecita
grasias por esta nueva historia
Sandra Vielmas
mee encantó esta historia. te felicito así me gustan cortas...🙏❤felicidades
Sandra Vielmas
entonces esa zorra se acostaba con el. por eso tanto coraje y altaneria
Sandra Vielmas
sán Francisco de los palos... Que Estrada le dieron😂😂😂/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Aniramairos
Va a agarrar una infección infernal, eso no se hace 🤭
Yajaira Castellanos
porq no la despide
KJ
Me encantó un montón la historia, es corta pero pero muy linda, me gusto muchísimo la personalidad de la protagonista y tu forma de narrar todo, estuvo muy precioso todo, gracias por escribir y compartirnos tan bonito libro 🫶🏻🫶🏻☺️🥰
Paola Coria
excelente novela
sin palabras
muy bien contada clara sin mucho relleno innecesario
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