Florencia tuvo que sacrificarse por salvar a su hermano menor, vender su cuerpo por dinero, pero su sacrificio fue en vano.
Pero, esa noche tuvo consecuencias, y termina embarazada.
Ella lucha por salir adelante con sus hijos y su madre, sin saber que el hombre de aquella noche no puede olvidarla.
Shane Hillings estaba deprimido por su exnovia, quien le engañò de una forma cruel, estbaa tan mal que se sentía impotente como hombre, sin embargo, una noche con una mujer lo cambia todo, ahora obsesionado, solo quiere encontrarla, pero cuando piensa que ella no existe, decide olvidarla, hasta que un día la encuentra de nuevo ante él, como su empleada y con dos secretos de sangre que no puede ocultar, ¿puede el amor nacer de una noche de pasión?
NovelToon tiene autorización de Luna Ro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo: Tú y yo, en otra vida.
Aquel día, Florencia caminaba por las calles de la Ciudad de México, con una mezcla de nerviosismo.
Acababa de conseguir un trabajo en una cafetería cerca de su casa.
Mientras avanzaba con paso ligero, un escalofrío la recorrió: tuvo la sensación de que un auto la seguía.
Al girar la cabeza, vio un vehículo oscuro que avanzaba lentamente detrás de ella, manteniéndose a cierta distancia. Intentó no preocuparse, pero su intuición le decía que algo no estaba bien.
De pronto, el auto estacionó justo en la esquina.
Florencia se detuvo, su corazón empezó a latir con fuerza y un vértigo extraño la invadió.
Intentó mantener la calma, respirando hondo y tratando de aparentar tranquilidad, aunque por dentro sentía que temblaba.
De la puerta del vehículo bajó una mujer de presencia imponente, elegante, con un porte que imponía respeto y algo de miedo.
—Hola, chiquita —dijo Hilda con una voz firme, casi autoritaria.
Florencia tragó saliva, consciente de que aquella mujer no era alguien con quien quisiera tener problemas.
—Hola… ¿Qué necesita? —respondió con cuidado.
—Necesito hablar contigo —Hilda la miró de arriba abajo, evaluándola como si pudiera leerle el alma. Su mirada crítica hizo que Florencia se tensara.
No era una mujer con un cuerpo excesivamente curvilíneo o llamativo, pero había en ella algo que destacaba: su piel, el cabello negro brillante y esa expresión de aparente inocencia que Florencia encontraba insoportable.
—¿Qué necesita, señora? —preguntó, tratando de mantener firmeza.
—Mi cliente… el señor con el que pasaste tu primera noche quiere otra noche contigo. Te ofrece dos millones —Hilda lo dijo con naturalidad, como si estuviera presentando un negocio corriente.
Florencia frunció el ceño, una mezcla de indignación y rabia recorrió su cuerpo.
—¿Acaso no le dije que jamás volvería a hacerlo? —su voz salió severa, cargada de determinación.
Hilda soltó una pequeña risa, confiada en que podía manipularla.
—Vamos, son dos millones de pesos. Asegurarías un buen destino. Parece que eres buena en lo que haces.
—¡He dicho que no, señora! —exclamó Florencia, con firmeza y decisión.
Hilda dio un paso hacia ella y la tomó del brazo, intentando imponer su voluntad.
—Y yo he dicho que sí.
Florencia se zafó con fuerza y la miró con rabia contenida.
—Sé bien quién es usted.
—¿Y quién soy? —replicó Hilda, con una sonrisa arrogante.
—Una proxeneta, que tarde o temprano acabará en la cárcel —dijo Florencia, sintiendo cómo el temor se mezclaba con el coraje.
Hilda reaccionó con violencia, abofeteando a Florencia y casi tirándola al suelo.
El dolor y la furia hicieron que Florencia reaccionara de inmediato, levantándose con determinación y abofeteándola con fuerza, dejándola congelada.
—¡Estúpida! —exclamó Hilda, sorprendida.
—¡Aléjese de mí! Aléjese o iré a denunciarla. Dígale a ese hombre que jamás volverá a tocarme, que me da asco, y usted también, nunca volverá a verme —gritó Florencia, con todo el enojo que sentía.
Hilda quedó desconcertada. Sentía rabia, pero se contuvo; demasiadas personas caminaban cerca y cualquier escándalo sería contraproducente.
Florencia sacó su móvil y vio un mensaje de su madre.
Decidió obedecer, pero su mente seguía acelerada, revisando constantemente si alguien la seguía mientras se dirigía a casa.
Cuando logró convencerse de que estaba sola, entró y se permitió un momento de respiro.
En la sala, pensativa, escuchó sollozos que provenían del cuarto de su madre.
Al acercarse, vio a Rosanne, su madre llorando, sosteniendo fotos de su pequeño hermano. El corazón de Florencia se encogió.
—Mami… —susurró, con la voz cargada de tristeza.
—Es que no puedo, Florencia… ¿Cómo podría superarlo? —sollozó Andrea.
Florencia tomó sus manos y las besó, deseando absorber su dolor, aunque sabía que era imposible eliminarlo por completo.
—Vámonos de aquí, mami. Este lugar solo te trae malos recuerdos —dijo con ternura y firmeza.
Rosanna la miró confundida.
—¿Acaso quieres volver a mi pueblo? —preguntó, con un hilo de esperanza y miedo a la vez.
—No, madre, nunca volveríamos atrás, no podemos —respondió Florencia.
—No… —Rosanna recordó los días en que huyó de su pueblo, embarazada y abandonada por su marido. Jamás volvió a verlo, y aunque lo odiaba por todo el dolor que le causó, ahora solo quería proteger a su hija.
—Pero… ¿Por qué no probamos suerte en otra ciudad? Tal vez en Guadalajara, Monterrey, o Puebla… —Rosanna acarició el rostro de Florencia, abrazándola con fuerza.
—Mi pobre hija, siempre has tenido que madurar tan rápido. Nunca te dejé disfrutar tu vida. Está bien, cariño, de ahora en adelante, tú decidirás nuestro destino. Yo solo te seguiré y te cuidaré por siempre.
Florencia la abrazó, sintiendo una mezcla de alivio y tristeza.
***
Mientras tanto, Hilda había llegado al lujoso edificio en el centro de la Ciudad de México.
La recepcionista intentó mostrar una sonrisa amable, pero era evidente que nadie soportaba a Hilda Suarez.
Subió en el ascensor hasta el piso de Shane, sin siquiera pedir permiso a la asistente.
Entró en la oficina mientras Shane terminaba una llamada. Cruzó sus piernas torneadas y morenas, con aire de autoridad.
—Hola, Hilda, qué bueno que pudiste venir —saludó Shane con un gesto cordial.
—Querido, te he extrañado. Ese azul te queda perfecto —comentó sobre su camisa, con una sonrisa calculada.
—¿Conseguiste su información? —preguntó Shane, con un dejo de urgencia.
Hilda palideció, sintiendo cómo la ansiedad aumentaba al pensar en Florencia.
—Por dios, Shane, te dije que solo es una prostituta más. Puedo conseguirte a alguien mucho más bonita.
—¡La quiero a ella, a nadie más! —exclamó Shane, con intensidad.
Eso hizo que Hilda sintiera un enojo inmediato.
—Shane, no podrás volver a verla jamás —dijo con voz firme, tratando de mantener control.
—¿Cómo dices? —preguntó, sorprendido y confundido.
—No quería decírtelo antes, porque quería que superaras tu depresión por Amelia, pero ya no me dejas alternativa —dijo Hilda, con voz suave, mientras notaba la ansiedad en los ojos de Shane. Respiró hondo, intentando contener un placer perverso por la situación: Florencia seguiría siendo solo su preocupación.
—¡Habla, ahora! —exclamó él, alterado.
—Estuve buscando a la chica con mi amigo y recibí una noticia terrible —susurró Hilda, humedeciéndose los labios—. Según me dijo, Florencia fue dama de compañía de un capo muy peligroso, quien desafortunadamente sufrió un atentado y fue asesinado hace dos días.
Shane se levantó de golpe, su rostro lleno de tensión y miedo.
—Ella…
—Ella está muerta, Shane —dijo Hilda, observando cómo su semblante caía—. Solo era una prostituta, olvídate de ella. Puedo conseguirte a alguien mejor.
—No quiero a nadie —respetó él con amargura—. Vete, por favor.
Hilda, indignada y humillada, tomó su cartera y salió rabiosa, lanzando miradas furiosas a todos los que se cruzaban en su camino.
Shane se quedó frente a la gran ventana de su oficina, contemplando la ciudad que se extendía ante él.
Su mente volvía una y otra vez a Florencia.
Pensaba que tal vez había encontrado algo de sentido en su mundo caótico y hostil, que aquella mujer le había enseñado a creer en algo nuevo, una pasión que podía llamar deseo y luego amor.
Recordó su mirada temerosa, su sonrisa pequeña y el modo en que lo había hecho sentir vivo por primera vez en mucho tiempo. Ahora todo parecía perdido.
Abrió su portafolio y sacó un dibujo que había hecho en secreto: era ella, con la mirada llena de miedo, entrando a su habitación.
Shane sintió un dolor profundo al pensar que quizás nunca volvería a verla.
—Quizás en otra vida, mujer… quizás en otra vida tendremos más suerte —murmuró, dejando escapar un suspiro lleno de melancolía y deseo.
😡😡😡
Ella lo hizo una sola vez, no se dedicó a eso y lo hizo por necesidad
Respiro con un solo pulmón... 🎵🎶😭