El agua no solo está subiendo… está “vivo” de alguna forma.
A veces no ataca directamente, pero se comporta de manera antinatural, como si siguiera a las personas, como si eligiera y empezará a crear consciencia.
Nadie sabe si es un fenómeno natural… o algo más, algo que se esconde en lo más profundo.
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La explicación del porqué
Nadie habló durante varios minutos.
El grupo avanzaba en silencio, con un ritmo más rápido, más forzado, como si quedarse quietos fuera ahora más peligroso que el cansancio mismo. La muerte de Claudia no fue solo una pérdida, fue una confirmación.
El agua no solo alcanzaba.
Elegía.
Valeria caminaba con Tomás pegado a su lado, sintiendo cómo el niño apretaba su mano con más fuerza de lo normal. No lloraba. No preguntaba. Solo… entendía y eso dolía más.
Ernesto no miraba a nadie, caminaba un poco más atrás, con la vista fija en el suelo, como si aún esperara ver la mano de Claudia saliendo del agua, como si en cualquier momento todo fuera a revertirse, pero no lo hacía.
Nada lo hacía.
Mateo se detuvo de repente y levantó la mano.
—Ahí.
Señaló hacia una estructura más adelante, no era una casa, bueno, no completamente. Parecía una especie de puesto abandonado, tal vez una caseta de vigilancia o un pequeño centro agrícola. La puerta estaba caída, y parte del techo había cedido, pero aún quedaban paredes en pie.
—Entremos rápido y revisemos —dijo—. No nos quedaremos mucho.
Nadie discutió.
El interior olía a polvo, humedad y abandono. Había estanterías volcadas, cajas abiertas, papeles esparcidos por el suelo. Todo estaba cubierto por una capa de polvo, pero no por agua y eso era lo importante.
Luis fue el primero en moverse entre los restos.
—Aquí… —murmuró.
Se agachó junto a una mesa, había algo encima.
—Creo que esto funciona.
Todos se acercaron, era una radio vieja de esas que funcionan con baterías. Mateo la tomó con cuidado.
—¿Tiene energía?
Luis revisó unos segundos y respondió.
—Un poco… no sé cuánto dure.
Valeria sintió cómo el aire cambiaba, una radio significaba algo, respuestas. O al menos… la ilusión de ellas.
Mateo giró el dial, un ruido estático llenó el lugar, había mucha interferencia, nada claro, giró un poco más, fragmentos de sonido, voces cortadas.
—…no se acerquen…
Interferencia, dió otro giro.
—…zonas inundadas no son seguras…
El grupo se quedó completamente inmóvil.
—Sigue —susurró Valeria.
Mateo ajustó con más cuidado, el sonido mejoró un poco y entonces... una voz más clara.
—“…si alguien está escuchando esto, debe alejarse inmediatamente de cualquier cuerpo de agua. Esto no es una inundación convencional…”
Todos se miraron, nadie respiraba.
—“…repito, esto no es un evento natural. El fenómeno está relacionado con un proyecto experimental que perdió contención hace aproximadamente setenta y dos horas…”
Luis tragó saliva.
—¿Proyecto?
La voz continuó.
—“…el compuesto fue diseñado para regeneración celular en entornos extremos. Su objetivo original era la adaptación biológica en condiciones hostiles…”
Valeria sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.
—“…pero el comportamiento del compuesto cambió al entrar en contacto con grandes volúmenes de agua. La mutación se volvió exponencial…”
Mateo apretó la radio con más fuerza.
—“…el agua ahora actúa como medio de propagación y transformación…”
Silencio y luego…
—“…todo organismo expuesto durante periodos prolongados puede sufrir alteraciones. No todos sobreviven al proceso. Los que lo hacen… cambian.”
Tomás apretó la mano de Valeria.
—Como ellos…
Valeria no respondió, no podía aunque quisiera. La voz en la radio continuó.
—“…hemos identificado patrones de comportamiento. Las entidades resultantes no son completamente independientes. Existe una conexión entre ellas…”
Mateo frunció el ceño.
—¿Conexión?
—“…como si compartieran información… o respondieran a una misma fuente…”
Un silencio más pesado cayó sobre el grupo.
—Por eso nos sigue… —murmuró Luis.
La radio emitió una interferencia fuerte, Mateo ajustó de nuevo.
—“…eviten contacto directo. Eviten el agua. Eviten las voces…”
Valeria sintió el corazón detenerse un segundo.
—“…las entidades pueden imitar patrones humanos básicos. Voz. Movimiento. Conducta…”
Tomás la miró.
—Diego…
—“…esto no es una infección común. Es una reestructuración biológica guiada…”
La señal se debilitó.
—“…si están escuchando esto… diríjanse a zonas elevadas… estamos intentando establecer un punto seguro en…”
Ruido... Interferencia.
—“…no confíen en—”
Silencio, la radio murió. Nadie habló durante varios segundos, nadie se movió, muchos contenían la respiración. Hasta que Ernesto, con la voz rota, dijo
—Entonces Claudia…
No terminó la frase, no hacía falta. Valeria cerró los ojos un segundo.
—No —dijo finalmente—. Ella no cambió.
Pero la duda... ya estaba sembrada. Mateo dejó la radio sobre la mesa.
—Ahora lo sabemos.
—¿Saber qué? —preguntó Marta.
Mateo la miró.
—Que esto no se va a detener. —Silencio— Y que no estamos huyendo solo del agua —añadió—. Estamos huyendo de algo que se está dividiendo y expandiendo.
Valeria respiró hondo.
—Entonces llegamos a lo alto.
Mateo asintió.
—O nos convertimos en parte de eso.
Tomás apretó su mano.
—No vamos a hacerlo.
Valeria lo miró.
—No.
Afuera… el agua seguía avanzando. Pero ahora… ya sabían por qué.