Tras un accidente todos creen que Clara ha perdido la memoria. Ella permite que así sea luego de darse cuenta de que su reciente esposo y la supuesta amiga de él parecen haber estado engañandola desde antes del matrimonio.
Pero lo peor no es eso, lo peor viene cuando se da cuenta de que han tramado una red de mentiras entre las cuales existe un "esposo" del que ella no tiene idea.
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El laberinto de papel
El silencio del sábado por la mañana en la suite era denso, interrumpido únicamente por el golpeteo sordo de la lluvia contra los grandes ventanales. Abajo, el eco de la mansión Salvatierra vibraba con los gritos histéricos de Lucía coordinando el montaje de las carpas en el jardín este. Faltaban solo cinco días para la boda.
En el interior de la habitación, la sesión de rehabilitación había pasado a un segundo plano. Marcos mantenía una mano sobre el tobillo de Clara, simulando el trabajo de flexión, pero su rostro grises habitualmente cínico reflejaba una seriedad desconcertante. Con la mano libre, deslizó un papel doblado que había extraído del bolsillo interno de su chaqueta.
—Tienes que ver esto —susurró Marcos, inclinándose tanto que su aliento apenas rozó el oído de Clara—. Mi contacto en el registro civil central arriesgó el puesto para sacar una copia digital del archivo oficial de la fecha de tu accidente.
Clara tomó el papel con dedos rápidos, ocultándolo bajo la sábana de lino. Una chispa de triunfo anticipado brilló en sus ojos.
—¿Es el acta? Con esto podré frenar a Julián antes de que firme con Lucía...
—Léela primero —la interrumpió Marcos, con una nota de profunda extrañeza en la voz—. No es lo que esperábamos, Clara. Para nada.
Clara desobló el documento con cautela. Sus ojos recorrieron las líneas impresas en papel oficial, buscando los nombres. Su pulso se detuvo en seco. El documento certificaba un matrimonio civil celebrado el mismo día de su accidente, bajo las leyes vigentes. Pero en la casilla del contrayente no figuraba el nombre de Julián Salvatierra.
En letras de molde, nítidas e irrefutables, se leía: Matías Salvatierra.
—No... No puede ser —siseó Clara, sintiendo que el suelo se abría bajo sus pies. La seguridad gélida que había mantenido hasta ese momento se tambaleó—. Esto es un error. Un maldito error de registro. Marcos, yo estuve ahí. Recuerdo el peso del bolígrafo en mi mano, recuerdo haber firmado el acta de matrimonio al lado de Julián en el despacho privado. Julián era quien estaba vestido de novio. ¡Yo me casé con Julián!
—El documento es legal, Clara —replicó Marcos en un susurro tajante, sin dejar de monitorear la puerta—. Tiene los sellos del registro civil y las firmas digitalizadas. Según el Estado, tú no eres la esposa de Julián bajo una farsa de amnesia. Tú eres, por ley, la legítima esposa de Matías Salvatierra.
Clara fijó la vista en el techo, con la mente trabajando a una velocidad vertiginosa, atrapada en un torbellino de desconcierto absoluto. Si el acta decía la verdad, ¿por qué Julián y Lucía se habían tomado la molestia de inventar una mentira el día que despertó en el hospital? Le habían hecho creer que estaba confundida, que se había casado con Julián pero que debía actuar como la esposa de Matías para ocultar una supuesta bigamia corporativa. ¿O acaso la farsa era mucho más profunda? ¿Acaso la firma en ese papel había sido falsificada, o la habían hecho firmar un documento cruzado?
Nada encajaba, y la certeza de su venganza se desdibujaba en un laberinto de papel.
Antes de que pudiera formular otra pregunta, el sonido sordo del pomo de la puerta delató una presencia. Clara guardó el papel bajo el colchón con un movimiento felino justo cuando Matías entraba en la suite.
Vestía un suéter de lana oscura y llevaba las manos metidas en los bolsillos. Su lenguaje corporal denotaba el cansancio de quien pasa las noches en vela. Al ver a Marcos tan cerca de Clara, una sombra cruzó por sus ojos oscuros. Un calor incómodo y posesivo, que ya se había vuelto habitual el último tiempo, le subió por el pecho. Se quedó de pie junto al umbral, observándolos en un silencio tenso. No pronunció palabra, pero la rigidez de su mandíbula delataba los celos sutiles que le corroían los pensamientos.
—Hemos concluido la estimulación neuromuscular por hoy, señor Salvatierra —anunció Marcos, rompiendo la tensión con su habitual frialdad clínica mientras se ponía en pie y tomaba su maletín—. Clara está mostrando un avance notable. Ya puede sostener el peso de su cuerpo con mayor firmeza.
—Gracias, doctor. Yo me encargaré de asistirla el resto de la tarde —respondió Matías, con una voz plana que intentaba camuflar el ruido de su tormenta interna.
Marcos le dedicó a Clara una última mirada cargada de advertencia antes de retirarse, dejando a la suite sumida en un silencio casi asfixiante.
Dos horas después, la lluvia arreciaba en el exterior, aislando aún más la habitación del bullicio de la planta baja. Cumpliendo con la rutina exigida, Matías se acercó a la cama. Dejó a un lado el bastón de Clara y, con una delicadeza que contrastaba con su corpulencia, la tomó de la cintura para ayudarla a ponerse en pie.
—Vamos, Clara. Solo unos pasos hasta el sillón del ventanal —dijo con suavidad, evitando mirarla directamente a los ojos.
Clara apoyó las manos en los hombros de Matías. La cercanía física entre ambos se volvió inmediata, eléctrica. Debido a la debilidad fingida de su pierna, ella tuvo que inclinar el peso de su cuerpo hacia el pecho de él, sintiendo el latido acelerado de su corazón bajo la lana del suéter. Matías la sostuvo con firmeza, rodeando su espalda con un brazo largo y seguro.
A paso lento, coordinando cada movimiento en la penumbra de la tarde, avanzaron por la alfombra. Sin embargo, a mitad del trayecto, el pie de Clara pareció flaquear.
—Matías... —susurró ella, dejando caer el cuerpo.
Él reaccionó al instante, afianzando el agarre con fuerza, atrayéndola por completo contra sí para evitar que tocara el suelo. El impacto de sus cuerpos los dejó paralizados en el centro de la suite. El rostro de Matías quedó a escasos centímetros del de Clara; podía sentir la calidez de su respiración y ver el brillo indescifrable de sus ojos.
En esa intimidad forzada, la atracción física y emocional que ambos habían intentado reprimir durante semanas se volvió insoportable, como un lazo invisible que los asfixiaba. Matías la miró con una intensidad descarnada, una mezcla de dolor, deseo y desesperación que le rompió la máscara de frialdad. Su mano, que aún descansaba en la cintura de ella, tembló sutilmente. Estaba al límite de su propio autocontrol. Los labios de él se abrieron, a punto de dejar salir la confesión que le quemaba la garganta, a punto de decirle que ya no le importaba el pacto de la familia, ni el apellido, ni el maldito accidente. Que la quería a ella.
Pero justo cuando la distancia parecía desaparecer, una sombra de culpa letal cruzó por la mente de Matías.
La imagen de su hermano Julián y el peso de la mentira cayeron sobre él como un balde de agua fría. «Es la esposa de mi hermano», se repitió internamente, sintiendo un asco profundo hacia sí mismo. «Me estoy enamorando de la mujer de Julián. Soy un miserable».
La culpa actuó como un freno de mano violento. Matías contuvo el aliento, apartó la mirada con un gesto de dolor contenido y, con una rigidez casi mecánica, terminó de trasladarla hasta el sillón de cuero, soltándola de inmediato como si su piel quemara.
—Lo siento... me distraje —consiguió decir Matías, con la voz rota y dándole la espalda de inmediato para caminar hacia el otro extremo de la habitación—. Debes descansar. No quiero que te exijas más de la cuenta antes de la boda de Julián.
Clara se acomodó en el sillón, observando la silueta tensa de Matías recortada contra la luz gris del ventanal. Su mente, sin embargo, ya no solo procesaba el triunfo de haber quebrado el autocontrol de su guardián. Ahora, con el tacto del papel oficial escondido bajo el colchón, la confusión la devoraba. Si Matías creía con tanta culpa que ella era la esposa de Julián... tal vez él tampoco sabía la verdad.
Alguien los había enredado a ambos en una red de engaños perfecta, y el tiempo para descubrir quién sostenía los hilos se estaba agotando.
Marcos que noticias traerá y si encontró el vehículo que la atropello.
Como harán porque Clara algún día tiene que dejar de fingir la amnesia allí que dirá o que hará Julian y la Lucia 🤔🤔🤔❓❓❓
Veremos que noticias trae Marcos 🤔🤔🤔❓❓❓
Regresa Marcos después de una semana veremos si encontró el vehículo y que paso con el.