Jessica trabaja como secretaria en una empresa de comida enlatada. Su vida es rutinaria, predecible… segura.
Aquella mañana, como cualquier otra, estaba en el comedor desayunando junto a sus compañeros, ajena a lo que estaba a punto de ocurrir.
Entonces, un escándalo estalló en la recepción.
Gritos. Golpes. Algo no estaba bien.
Movida por la curiosidad, Jessica se acercó con los demás, sin imaginar que ese sería el último momento de normalidad en sus vidas.
Porque lo que vieron… no era humano.
Ese día, el mundo cambió.
Y nadie estaba preparado para sobrevivir.
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CAPÍTULO 18
Lentamente…
inclinó la cabeza.
Como si intentara entender.
Como si buscara.
Localizar.
Mi voz no salía.
Intenté gritar.
Intenté moverme.
Nada.
Solo podía mirarlo.
Paralizada.
—¿Mami…? —dijo Luna.
El sonido me atravesó.
Reaccioné de inmediato, tapándole la boca con la mano.
Pero ya era tarde.
La criatura se detuvo.
Por completo.
Y entonces—
emitió un sonido.
No era un gruñido.
No era un grito.
Era algo… más profundo.
Más hueco.
Como si viniera de un lugar donde no debería haber voz.
Mi sangre se heló.
—No… —murmuré.
Pero no hubo tiempo.
La criatura se lanzó.
Su cabeza impactó contra el cristal con una fuerza brutal.
El vidrio estalló.
Todo ocurrió en un instante.
—¡AYUDAAAAA! —grité con horror.
Me lancé hacia un lado, arrastrando a Luna conmigo, metiéndonos debajo de una mesa.
Los fragmentos de vidrio cayeron como lluvia a nuestro alrededor.
El aire se llenó de ese olor metálico… y de algo más.
Algo podrido.
Algo viejo.
La criatura aterrizó dentro.
El suelo vibró bajo el impacto.
No miré.
No quería hacerlo.
Pero podía sentirlo.
Podía sentirlo ahí.
Cerca.
Demasiado cerca.
La mesa tembló.
Y ENTONCES—
una de esas manos largas, deformes, atravesó la madera como si no fuera nada.
Las garras se hundieron, rasgando, rompiendo.
Solté un grito ahogado.
La mesa fue arrancada de encima de nosotras y lanzada a un lado como si no pesara nada.
Quedamos expuestas.
Luna empezó a llorar.
Un llanto desesperado, roto, aferrándose a mí con todas sus fuerzas.
—¡POR FAVOR…! —mi voz salió temblorosa, desesperada— ¡ALGUIEN… AYÚDENNOS!
Pero no había nadie.
NADIE.
Solo nosotras.
Y eso.
Levanté la mirada.
Y lo vi de frente.
Su cuerpo se inclinó hacia nosotras, esas extremidades largas doblándose de forma imposible. Su cabeza sin rostro estaba a unos centímetros.
Y entonces—
algo se abrió.
Donde antes no había nada.
La superficie de su “cara” se separó en una especie de grieta vertical, revelando una cavidad oscura… llena de dientes.
Irregulares.
Afilados.
Demasiados.
Era su boca.
Mi corazón se descontroló.
Este es mi fin…
Sus garras se tensaron.
Su cuerpo se preparó.
Y su boca deformada se abrió más—
directo hacia nosotras.
—¡NO! —grité, cerrando los ojos con fuerza, cubriendo a Luna con mi cuerpo.
Esperando el impacto.
Esperando el dolor.
Esperando—
mi final.
......................
Entonces—
se escucharon voces.
Gritos.
Pasos corriendo.
Y en ese mismo instante—
un impacto seco sacudió el aire.
Abrí los ojos.
Apenas.
Lo suficiente para ver una figura lanzarse contra la criatura sin dudarlo.
Dos.
Se movía diferente.
No había calma.
No había esa sonrisa burlona que siempre llevaba consigo.
Esto era… otra cosa.
Algo más crudo.
Más violento.
Se abalanzó sobre la criatura como si no le importara nada más, hundiendo sus cuchillos una y otra vez en ese cuerpo de fibras tensas. El sonido era desagradable, como si estuviera desgarrando cuerdas húmedas.
Pero la criatura reaccionó.
Con una velocidad brutal.
Su cuerpo se contrajo y, con un movimiento violento, lanzó a Dos contra la pared.
El golpe resonó en toda la habitación.
Sentí el impacto en mi pecho.
Dos se estrelló con fuerza, el aire escapó de sus pulmones, pero no cayó completamente.
Se sostuvo.
Apenas.
La criatura no le dio tiempo.
Una de esas extremidades largas se lanzó hacia él, directa, buscando atravesarlo.
Pero Dos se movió.
Rápido.
Desde abajo.
Esquivó por centímetros.
Y en ese mismo movimiento—
clavó sus cuchillos.
Una vez.
Dos.
Tres.
Una y otra vez.
Sin detenerse.
Sin dudar.
Con una violencia desesperada que nunca le había visto.
El sonido se volvió más espeso.
Más pesado.
Hasta que finalmente—
la criatura se detuvo.
Su cuerpo tembló.
Y cayó.
Pesadamente.
Inmóvil.
El silencio que siguió fue… irreal.
Mi respiración era irregular.
Mis manos temblaban.
Aún tenía a Luna aferrada a mí.
Poco a poco, mi cuerpo empezó a reaccionar.
A moverse.
A volver.
La solté con cuidado.
Y en ese momento—
sus padres llegaron corriendo.
Desesperados.
—¡Luna!
La madre la tomó de inmediato, revisándola con manos temblorosas, mientras el padre la sostenía con fuerza, como si temiera perderla en cualquier momento.
—¿Estás bien? ¿Te hizo algo? —su voz estaba rota.
Negué con la cabeza.
—N-no… Luna está bien…
Pero no terminé.
Porque de repente—
¡PLAF!
El golpe me tomó por sorpresa.
Mi rostro se giró por la fuerza.
Antes de que pudiera reaccionar—
otro más.
—¡¿En qué estabas pensando?! —gritó la madre, con la voz llena de miedo y furia— ¡¿Por qué la trajiste aquí?! ¡¿Por qué no la protegiste?!
Me quedé inmóvil.
Sin palabras.
—¡Es tu culpa! —continuó— ¡Seguro llamaste la atención de esa cosa!
Sentí cómo algo se rompía por dentro.
Quise decir algo.
Defenderme.
Explicar.
Pero no pude.
Porque una parte de mí…
también lo pensaba.
Bajé la mirada.
Mis manos… aún temblaban.
Entonces escuché pasos.
Dos.
Se estaba incorporando.
Se veía distinto.
Su respiración era más pesada.
Sus movimientos… un poco más lentos.
Por primera vez—
parecía… cansado.
Pero aun así, se mantenía de pie.
Firme.
Observando.
A su alrededor, la gente empezó a murmurar.
—¿Qué era eso…?
—Eso no era un muerto…
—¿Cuántos más hay…?
—No estamos seguros aquí…
El miedo se esparció como un veneno silencioso.
Nadie levantaba la voz.
Pero todos lo sentían.
Yo también.
Levanté la mirada lentamente.
Mis ojos se cruzaron con los de Dos.
Solo un instante.
No dijo nada.
No sonrió.
Pero en su mirada había algo diferente.
Algo que no supe cómo interpretar.
......................
El murmullo no se detuvo.
Crecía.
Se extendía entre todos como un eco inquieto, como si nadie quisiera decirlo en voz alta… pero todos pensaran lo mismo.
NO ESTAMOS SEGUROS.
Tragué saliva.
Sentía las mejillas arder por los golpes, pero eso era lo de menos. Lo que realmente pesaba era esa sensación… esa culpa que empezaba a instalarse en mi pecho.
Bajé la mirada.
Mis manos aún temblaban.
Entonces—
—Fue suficiente.
La voz de Enrique cortó el ambiente.
Firme.
Autoritaria.
Todos se callaron.
Levanté la vista.
Estaba de pie entre la multitud, con el ceño fruncido, la mirada dura… pero cuando sus ojos se posaron en mí, algo en su expresión cambió.
Preocupación.
Real.
—Nadie va a culpar a Jessica por esto —continuó, mirando directamente a la madre de Luna—. Nadie sabía que algo así podía aparecer.
La mujer apretó los labios, aún alterada, pero no respondió.
absurdo pelearle a la mujer que básicamente se salvó sola de morir en último minuto.
😒😒
en fin, se creen que la mujer es de hierro.
que goze hasta que se transforme otra vez
es que tonsentia que iba a estar con Jackson alias dos
bello
autora aaaaa necesitamos más capitulos, en qué altar te ponemos ? 🤣🤣🤣
cómo me dejas con semejante evento 🤩🤩🤩🤩🤩
necesito más capitulos esto está intensoooo