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MI EX ES MI SOBRINO

MI EX ES MI SOBRINO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:18.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Liam la cambió por dinero; ahora tendrá que inclinar la cabeza ante ella si quiere conservarlo. La venganza perfecta ha comenzado.

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capitulo 9

El éxito tiene un sabor metálico, como el de la sangre o el del dinero recién impreso. Mientras me miraba al espejo del vestidor principal, ajustando los pendientes de zafiro que Alexander había dejado sobre mi tocador, me di cuenta de que ya no buscaba la aprobación de nadie. Ni siquiera la de él. Buscaba el control total.

Habían pasado tres días desde que envié a Liam a los muelles. Alexander me mantenía informada: mi "sobrino" estaba destrozado. Sus manos, que antes solo sostenían copas de cristal y volantes de coches deportivos, ahora estaban llenas de ampollas por cargar cajas de suministros médicos bajo el sol del puerto. Pero lo que más le dolía no era el esfuerzo físico; era el anonimato. Allí, nadie sabía que era un Vanderbilt. Era simplemente "el novato", un peón más en el tablero que yo ahora dominaba desde las alturas.

Alexander entró en la habitación. No hizo ruido, pero sentí su presencia como una onda de calor que me erizó el vello de los brazos. Se acercó por detrás y puso sus manos sobre mis hombros, apretándolos con una familiaridad que ya no me resultaba extraña, sino necesaria. Sus ojos oscuros se encontraron con los míos en el reflejo.

—Liam está en la puerta trasera —dijo con voz grave—. Ha venido directamente desde el puerto. Dice que tiene que entregarte los informes de inventario personalmente.

—¿Por la puerta trasera? —sonreí con una frialdad que me nacía del alma—. Parece que finalmente está entendiendo su lugar en esta casa.

—Está desesperado, Luna. Huele a sudor y a derrota. —Alexander bajó sus manos por mis brazos, deteniéndose en mis muñecas. Sus pulgares trazaron círculos lentos sobre mis venas, un gesto cargado de una tensión que me hizo flaquear las piernas—. ¿Quieres que lo reciba yo?

—No. Quiero que vea esto. —Me giré hacia él, quedando atrapada entre su cuerpo y el tocador. La seda de mi vestido de casa, un diseño traslúcido en color perla, dejaba poco a la imaginación. Alexander me miró con un hambre cruda, una que no tenía nada de familiar y sí mucho de instintiva.

—Entonces ve —susurró él, inclinándose para morder ligeramente el lóbulo de mi oreja—. Pero no tardes. Tengo planes para nosotros esta noche que no incluyen balances de carga.

Bajé a la cocina de servicio. Liam estaba allí, de pie junto a la mesa de acero inoxidable. El contraste era casi cómico. Yo, envuelta en seda y diamantes, oliendo a jazmín caro; él, con la camisa de lino gris manchada de grasa, el cabello revuelto y el rostro quemado por el sol. Al verme entrar, su mirada recorrió mi cuerpo con una mezcla de deseo reprimido y un odio que le hacía temblar las manos.

—Aquí tienes los informes —dijo, lanzando una carpeta sobre la mesa. Su voz sonaba ronca, agotada—. ¿Estás satisfecha ahora? ¿Es esto lo que querías? ¿Verme convertido en un obrero mientras tú juegas a ser la señora de la mansión?

Me acerqué a él, ignorando el olor a esfuerzo que emanaba. Me detuve a escasos centímetros, lo suficiente para que el contraste entre mi mundo y el suyo fuera doloroso.

—Lo que quería, Liam, era justicia. Y la justicia es que entiendas que el dinero que tanto presumiste no te pertenece por mérito, sino por el capricho de un hombre que ahora es mi esposo. —Tomé la carpeta y la abrí con desdén—. Faltan los sellos de la aduana del sector B.

—¡Había trescientas cajas que mover! —gritó, dando un paso hacia mí. Los empleados de la cocina se retiraron discretamente—. No tuve tiempo de ir a la oficina central.

—Entonces vuelve mañana y consíguelos. O el próximo lunes verás cómo tu asignación se reduce a la mitad. Elena llamó esta mañana quejándose de que no has pagado la reserva de su viaje a las Bahamas. Me imagino que será difícil explicarle a tu prometida que tu "tía" te tiene trabajando como un estibador.

Liam soltó una risa amarga. Se acercó aún más, invadiendo mi espacio personal de una forma que pretendía ser intimidante, pero que solo delataba su debilidad.

—¿Crees que Alexander te ama? —susurró, su aliento golpeando mi rostro—. Solo te está usando para darme una lección. Eres un instrumento de su pedagogía cruel. En cuanto yo me rinda, te tirará de vuelta al fango de donde te sacó.

—Tal vez —respondí, sosteniéndole la mirada con una calma absoluta—. Pero mientras tanto, duermo en su cama. Y cada vez que él me toca, Liam... cada vez que su piel roza la mía, me aseguro de que sepa que soy mucho más que un instrumento. Me aseguro de que sepa que soy la única mujer que puede manejar este imperio a su lado.

Vi cómo sus ojos bajaban a mi escote, a la seda que se pegaba a mis curvas por el calor de la habitación. Liam siempre fue predecible. Su mano subió, como si quisiera tocarme, pero se detuvo en el aire, temblando. La sombra de lo que fuimos en el orfanato cruzó su rostro por un segundo: el chico que me prometió que nunca pasaría frío.

—Me das asco —dijo, pero sus ojos decían que me deseaba más que a su propia vida.

—El asco es un sentimiento muy cercano a la obsesión, sobrino —le di la espalda, dando por terminada la audiencia—. Vete a lavar. No quiero que manches las alfombras del pasillo principal.

Regresé a la suite principal. Alexander no estaba en el vestidor, sino en el salón privado, frente a la chimenea encendida. Se había quitado la chaqueta y la corbata. Estaba esperándome con dos copas de cristal llenas de un líquido ámbar.

—¿Cómo ha ido la entrega? —preguntó, entregándome una copa.

—Está en el punto de quiebra —bebí un sorbo, sintiendo el calor del alcohol bajando por mi garganta—. Intentó recordarme que solo soy un juguete en tus manos.

Alexander dejó su copa en la mesa y se acercó a mí. Me tomó por la cintura y me atrajo hacia él con una fuerza que me hizo soltar un pequeño gemido. Su mirada era oscura, cargada de una posesividad que me hacía sentir poderosa y vulnerable al mismo tiempo.

—¿Y qué le respondiste? —susurró, su mano subiendo por mi espalda, encontrando la piel desnuda bajo la seda.

—Le dije que cada vez que me tocas, me aseguro de que sepas que soy tu igual.

Alexander sonrió de esa forma peligrosa que solo reservaba para mí. Me cargó con una facilidad asombrosa y me sentó en la repisa de la chimenea, abriendo mis piernas para quedar entre ellas. El calor del fuego a mis espaldas y el calor de su cuerpo frente al mío crearon una atmósfera asfixiante de deseo.

—Entonces demuéstralo —dijo, su boca buscando mi cuello, dejando besos que quemaban más que las brasas—. Demuéstrame que este imperio no es solo mío, sino nuestro.

En la penumbra del salón, mientras los ecos de la rabia de Liam todavía flotaban en el aire de la planta baja, Alexander y yo nos fundimos en una danza de piel y poder. Sus manos no tenían la timidez de un joven; tenían la seguridad de un conquistador. Cada roce suyo era una firma en un contrato de pertenencia mutua. La sensualidad de la noche no era solo física; era la culminación de nuestra alianza. Mientras Liam sufría en la soledad de su cuarto de invitados, oliendo a puerto y a fracaso, nosotros celebrábamos nuestra victoria en la cima.

—Luna... —susurró Alexander contra mi piel, su aliento agitado—, nunca dejes que nadie te diga que eres menos que la dueña de este lugar.

—Nadie lo hará —respondí, mis uñas clavándose en sus hombros mientras el placer me nublaba la vista—. Porque ahora, Alexander, tú y yo somos uno solo. Y el que intente separarnos, caerá.

El fuego de la chimenea se estaba extinguiéndo lentamente, dejando a la mansión sumida en un silencio tenso. El lunes de humillación había terminado, pero la verdadera guerra familiar estaba a punto de entrar en su fase más oscura. Luna ya no solo tenía el control de las cuentas; tenía el corazón del hombre más poderoso de la familia, y eso era un arma que Liam Vanderbilt no sabía cómo combatir.

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Stella Maris Cutuli
Me resulta demasiada venganza y crueldad 😱
Gloria
Tampoco lo encuentro muy necesario, lo que pasa es que ella está dolida por que cuando el no era nadie, ella estuvo hay pasando las verdes y las maduras con el y ahora que el tiene dinero simplemente la desecha como trapo viejo, jajaja 🤣 nosotros no podemos obligar a una persona a quedarse a nuestro lado independientemente si hizo una promesa o no , hoy en día esas promesas son las que más fácil se rompen
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
EXCELENTE.
Stella Maris Cutuli
Cada capítulo más interesante y cuánto tardarán Luna y Alexander en prenderse fuego ❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥
Stella Maris Cutuli
muy buen comienzo👍👍
Mirla Loyo
me parece ésta venganza bastante absurda 🤷
Mirla Loyo
qué tíos tan fogosos ❤️‍🔥❤️‍🔥 🥵🫠🤣🤣🤣
Mirla Loyo
me parece absurdo ésta venganza...y como está éso de porqué yo?🤷...si ella fué quién lo buscó y le hizo la propuesta?🤦‍♀️
Crismely Vasquez
se enamoró del tío 🤣🤣🤣🤣🤣
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