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AHORA QUE LLEGÓ EL AMOR VERDADERO, EL PASADO SE HACE PRESENTE

AHORA QUE LLEGÓ EL AMOR VERDADERO, EL PASADO SE HACE PRESENTE

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Romance / CEO / Completas
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: RENE TELLO

VOLVER A AMAR - TEMPORADA II

Ella creció creyendo que el amor era resistencia, ceder un poco más, esperar que las cosas mejoren. Durante años sostuvo una relación que hacia afuera parecía perfecta, pero puertas adentro la hacía dudar de sí misma. Él era encantador con el mundo y tormentoso en privado. Y ella, paciente, probablemente demasiado paciente.

Hasta que una noche, en medio de una cena donde entendió que nadie iba a defenderla, ni siquiera ella misma, respiró hondo y tomó la decisión más difícil y necesaria de su vida: irse.

Se fue con una maleta, con miedo, con incertidumbre, pero también con una extraña sensación de alivio.

Lo que no sabía era que marcharse no era el final, sino el comienzo. Que después de una relación que la apagó, podía existir un amor distinto, uno más sano, más ligero, uno donde no tuviera que disminuirse para quedarse.

Porque a veces perder una historia es la única manera de encontrarse con la que realmente está destinada a vivirse.

NovelToon tiene autorización de RENE TELLO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 8

Volví a traer la hoja hacia mí, como si al leerla otra vez pudiera encontrar algún error, alguna señal de que no significaba lo que insinuaba. Pero las palabras seguían allí, escritas con tinta fría, y el aire se volvió espeso, como si la habitación se cerrara sobre nosotros.

—Lo dejó Octavio— susurré al fin, la voz quebrada. —Estuvo en mi casa, sabe dónde vivo, aunque no sé cómo lo averiguó.

El nombre lo heló todo. Leonardo me miró fijamente, como si necesitara asegurarse de que no lo estaba inventando.

—¿Octavio?— repitió Leonardo, con dureza. —¿Él vino hasta tu casa y te dio esto?

Asentí apenas, con un gesto mínimo. El nudo en mi estómago se apretó más. No era solo que mi ex hubiera estado en la puerta; era lo que había escrito en esa hoja.

Leonardo la tomó de nuevo, la recorrió con los ojos lentamente, y entonces lo ví endurecerse.

—Leonardo se aseguró de que nunca pudiera estar cerca de mi hijo— leyó Leonardo en voz baja, apretando los dientes.

La frase quedó flotando entre nosotros, más pesada que un grito y el frío me recorrió la espalda.

—Leonardo, ¿entiendes lo que está insinuando?— pregunté con un hilo de voz. —Está diciendo que Emiliano es su hijo.

El silencio fue brutal. Leonardo cerró los puños y, de pronto, explotó.

—¡Eso es mentira!— escupió Leonardo, golpeando la mesa con el sobre. —¡Nunca lo fue! Ni siquiera sé quién fue el padre de Emiliano, nunca lo supe. Y mucho menos que fuera Octavio.

Se levantó de golpe, respirando con violencia, como si necesitara moverse para no estallar del todo.

—Lo único que hice fue proteger a mi hermana y a Emiliano de los chismes, de la gente que quería destrozarlos. Pero jamás me interpuse entre él y un supuesto padre. ¡Porque ese padre nunca existió en nuestras vidas!— expresó Leonardo.

Yo no podía apartar la vista del sobre, abierto sobre la mesa. Cada palabra escrita parecía arder, como si Octavio hubiera dejado una bomba en mi comedor. Lo más aterrador no era solo lo que decía. Era que Octavio había estado en mi puerta. Que sabía dónde encontrarme.

Me llevé una mano a la boca, con la garganta cerrada.

—Esto es una locura— susurré, sin darme cuenta de que las lágrimas ya corrían por mis mejillas. —¿Cómo se atreve?

Leonardo dio un paso, tomó la hoja con brusquedad, la arrugó hasta dejarla hecha un puño y la lanzó contra la pared.

—¡Porque eso es lo único que sabe hacer!— tronó su voz, cargada de rabia. —Manipular, inventar, ensuciarlo todo".

Me sujetó de los hombros con firmeza, obligándome a sostenerle la mirada.

—Samantha, escúchame bien. Emiliano no es su hijo. Octavio está desesperado. Quiere romperte por dentro, hacernos daño donde más duele— manifestó Leonardo mirándome fijamente.

Yo temblaba, atrapada entre la indignación y el miedo.

—¿Y si no se detiene?— pregunté apenas, la voz quebrada. —Si ya sabe dónde vivo, si ya se mete con Emiliano ¿qué sigue?— pregunté.

Los ojos de Leonardo brillaron con una furia que pocas veces le había visto.

—Entonces va a tener que enfrentarse conmigo", dijo con una calma helada que me erizó la piel. —Y te juro que esta vez no va a salirse con la suya.

Me atrajo hacia él, abrazándome con una fuerza que me envolvió, como si quisiera blindarme de todo lo que estaba afuera. Pero yo sabía, y él también, que Octavio acababa de abrir un nuevo frente de guerra.

Leonardo me sostuvo unos segundos más, hasta que el temblor de mi cuerpo se apaciguó un poco. Cuando se apartó, su expresión había cambiado. Ya no era pura rabia, era la de alguien que había tomado una decisión.

—Escúchame— dijo con voz grave, controlada. —No podemos dejar esto en el aire. Octavio cruzó una línea peligrosa, y si lo dejamos avanzar, va a seguir.

Me limpié las lágrimas con torpeza, intentando recuperar el aire.

—¿Qué… qué piensas hacer?— consulté.

Él caminó hasta la mesa, tomó su celular y lo sostuvo en la mano, sin marcar todavía.

—Lo primero es proteger a Emiliano. Él no puede enterarse de nada. Octavio no va a confundirlo ni a usarlo como arma— dijo Leonardo y su mirada era de acero. —Lo segundo es averiguar cómo consiguió tu dirección. Eso significa que alguien le abrió la puerta o le dio información. Y necesito saber quién.

Lo miré, el miedo vibrando en mi pecho como un tambor.

—¿Y si intenta buscar a Emiliano directamente?— pregunté.

Leonardo apretó la mandíbula. Sus ojos se encendieron con una mezcla de rabia y determinación que me asustó y tranquilizó al mismo tiempo.

—Entonces me va a tener de frente, como el ser sin calma que está pretendiendo dibujar— dijo con una dureza que no dejaba dudas. —Y no voy a permitirlo, Samantha. No mientras yo respire.

Entendí entonces que Octavio no solo estaba probando mis límites. Estaba retando directamente a Leonardo, quien con esa calma que podía sentirse en todo el ambiente que el pisaba, ya había aceptado el desafío.

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Amalia liza maldonadoliza
bellísima historia te felicito de corazón
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