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Ecos De Un Imperio Invisible

Ecos De Un Imperio Invisible

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / CEO / Romance
Popularitas:633
Nilai: 5
nombre de autor: Elvira Lovegoot Boot

Gael Eryx Valcázar lo tiene todo: poder, dinero y control absoluto sobre su mundo… hasta que ella aparece.
Naelith Corvane, una chica recién graduada con grandes sueños, entra a trabajar en la empresa equivocada… o tal vez en la correcta.
Lo que empieza como una simple oportunidad se convierte en un juego peligroso de secretos, ambición y emociones que ninguno puede controlar.
Porque en un mundo donde todo tiene un precio… enamorarse puede ser el error más caro.

NovelToon tiene autorización de Elvira Lovegoot Boot para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: Lo que fue arrebatado

Hay recuerdos que no desaparecen, no importa cuántos años pasen ni cuántas capas de silencio se acumulen sobre ellos. Permanecen intactos, escondidos en algún lugar de la mente, esperando el momento exacto para regresar con una claridad que resulta casi insoportable. Para Gael Eryx Valcázar, ese recuerdo nunca fue constante, nunca interrumpió su día a día de forma evidente, pero siempre estuvo ahí, latente, como una herida que aprendió a ignorar, pero que jamás terminó de cerrar. Y esa noche, después de lo que le habían impuesto, después de escuchar su futuro decidido sin su consentimiento, regresó.

No como un eco lejano.

Sino como una escena viva.

Precisa.

Dolorosa.

Era de noche.

La casa no tenía entonces el mismo peso que tenía ahora. Era grande, sí, imponente incluso, pero no estaba cargada de esa rigidez absoluta que con los años terminaría definiéndola. Había espacios donde el silencio no era opresivo, donde el aire no parecía vigilado, donde aún quedaban restos de algo más humano, más cálido.

Ese “algo” tenía un nombre.

Serenya Virel.

Su madre.

Serenya nunca perteneció realmente a ese lugar, y eso era algo que incluso un niño podía percibir sin comprenderlo del todo. No hablaba como los Valcázar, no se movía como ellos, no miraba el mundo con esa frialdad calculada. Había en ella una suavidad que no encajaba, una forma de existir que parecía siempre estar en conflicto con todo lo que la rodeaba.

Como si hubiera sido colocada ahí por error.

Como si su vida…

No le perteneciera.

Esa noche, Gael la encontró despierta cuando no debía estarlo. La casa estaba en silencio, pero no era el mismo silencio de ahora. Era más ligero, menos denso, como si aún no hubiera aprendido a convertirse en una herramienta de control. Él salió de su habitación guiado por una inquietud que no podía explicar, una sensación que lo empujaba a moverse sin saber exactamente por qué.

Y la vio.

De pie.

Sola.

En medio de la habitación.

No lloraba de forma evidente, pero había algo en su postura, en la manera en que sostenía un sobre entre sus manos, que dejaba claro que algo no estaba bien. Gael no entendía qué ocurría, pero lo sentía. Y eso fue suficiente para acercarse.

Cuando Serenya notó su presencia, se giró de inmediato, y por un instante su expresión se quebró. Fue algo mínimo, casi invisible, pero para él fue suficiente. Porque los niños no necesitan explicaciones para reconocer cuando algo está mal.

Ella se arrodilló frente a él, tomando su rostro con una suavidad que contrastaba con la tensión que la rodeaba. Sus ojos lo recorrieron como si intentara memorizarlo, como si cada detalle fuera importante, como si no fuera a tener otra oportunidad.

Y no la tendría.

Le habló con voz baja, intentando sonar tranquila, pero sin lograr ocultar completamente la emoción que se filtraba entre sus palabras. No le dio explicaciones completas, no le habló de decisiones, ni de imposiciones, ni de lo que realmente estaba ocurriendo. Solo le dijo que lo amaba, que siempre lo haría, que había cosas en la vida que no se podían cambiar… pero que siempre existía la posibilidad de elegir cómo enfrentarlas.

Gael no entendió.

No en ese momento.

Pero esas palabras se quedaron.

Grabadas.

Más profundas de lo que cualquiera podría haber imaginado.

El abrazo que siguió no fue suave.

Fue firme.

Cargado de una necesidad desesperada de retener algo que ya se estaba perdiendo. Serenya cerró los ojos mientras lo sostenía, como si ese instante fuera lo único real que le quedaba, como si soltarlo significara aceptar definitivamente lo que estaba a punto de hacer.

Cuando se separó, le entregó el sobre.

Le dijo que lo guardara.

Que lo leyera cuando fuera mayor.

Que recordara…

Que no todo estaba escrito.

Que no todo tenía que aceptarse.

Y luego…

Se fue.

Sin mirar atrás.

Sin hacer ruido.

Desapareciendo en el mismo silencio que la había contenido durante tanto tiempo.

Gael no la siguió.

No porque no quisiera.

Sino porque no entendía que debía hacerlo.

Se quedó ahí, con el sobre en las manos, sin comprender que ese objeto era lo único que le quedaba de ella.

Pero no lo fue por mucho tiempo.

Porque Kaelion lo encontró.

El recuerdo cambió.

Ya no era el niño.

Era él.

Su padre.

Kaelion Valcázar regresó esa noche más tarde de lo habitual. No era extraño, su vida siempre había estado marcada por responsabilidades que no dejaban espacio para lo doméstico. Pero algo en el ambiente lo detuvo apenas cruzó la puerta.

No fue un sonido.

No fue una señal evidente.

Fue… ausencia.

La casa estaba demasiado quieta.

Demasiado vacía.

Y él lo sintió.

No como preocupación inmediata.

Sino como una disonancia.

Algo que no encajaba.

Avanzó por los pasillos con la misma seguridad de siempre, pero sus pasos se volvieron más lentos a medida que esa sensación crecía. Cuando llegó a la habitación, lo entendió sin necesidad de buscar más.

Serenya no estaba.

No había rastro de ella.

No había explicación.

Solo ese vacío que ocupaba su lugar.

Por un instante…

Se detuvo.

Y en ese instante…

Algo se quebró.

No de forma visible.

No con dramatismo.

Pero sí lo suficiente.

Porque Kaelion no era un hombre que reaccionara con emoción.

Pero sí era un hombre que entendía la pérdida.

Y en ese momento…

La sintió.

No gritó.

No rompió nada.

No la buscó desesperadamente.

Porque no funcionaba así.

Pero su mirada cambió.

Se endureció.

Como si algo dentro de él se hubiera cerrado de forma definitiva.

Fue entonces cuando encontró el rastro.

No de ella.

Sino del sobre.

El objeto no estaba donde debía.

Pero había señales.

Y no le tomó mucho tiempo entender.

a Gael o encontró con el sobre.

Y no hubo explicación, no hubo preguntas suaves.

Solo lo tomó.

Directo.

Sin dudar.

Gael no entendió.

Intentó decir algo.

Pero no fue escuchado.

El sobre desapareció en ese instante.

Como si nunca hubiera existido.

Como si Serenya nunca hubiera intentado dejar algo de sí misma atrás.

Y en ese momento…

Kaelion tomó una decisión.

No consciente.

No declarada.

Pero definitiva.

No volvería a permitir debilidad.

No volvería a permitir grietas.

No volvería a permitir…

Ese tipo de pérdida.

Porque el amor…

Había demostrado ser Inestable,

Y lo inestable, no tenía lugar en su mundo.

Eso era lo que decía, pues se habua acostumbrado a la rutina, tanto así que creía que si había amor en ese matrimonio.

Con los años, esa decisión se convirtió en carácter.

En control.

En frialdad.

No porque no sintiera.

Sino porque había aprendido…

A no permitírselo.

Y Gael…

Creció dentro de eso.

Dentro de ese silencio.

Dentro de esa ausencia que nunca se explicó.

Dentro de esa verdad incompleta.

Y ahora…

De pie en esa misma casa…

Con un futuro impuesto frente a él…

El recuerdo encajaba.

Demasiado bien.

Porque entendía.

Por qué su madre se fue.

Y entendía…

En qué se había convertido su padre.

Y por primera vez…

No estaba seguro…

De querer ser ninguno de los dos.

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Luisa Fernanda Leon Barahona
por que demoran tanto en subir los capitulos 😂
Lala Lovegoot Boot: disculpaaaaa
total 1 replies
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