Morí atragantándome con unos tacos al pastor mientras leía una novela de reencarnación.
Renací como la villana.
Y ahora… voy a conquistar a mi prometido, a mi papucho villano.
—ACTUALIZACIÓN DIARIA—
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CAPÍTULO 15
Bajé al comedor.
Mi familia ya me esperaba.
El ambiente, a simple vista, era el de siempre.
Ordenado.
Elegante.
Familiar.
Mi hermano se levantó de inmediato y, como siempre, me ayudó con la silla antes de que me sentara.
Le dediqué una pequeña sonrisa en agradecimiento.
Alcé la mirada hacia la mesa.
La comida lucía exquisita.
Perfectamente servida.
Y los platos…
Mis platos.
La vajilla que yo misma había diseñado había reemplazado por completo la antigua.
Mis dedos rozaron apenas el borde del plato.
Aún me sorprendía que no se hubieran opuesto.
Que hubieran aceptado algo hecho por mí…
sin cuestionarlo.
Una pequeña calidez se encendió en mi pecho.
Al menos… algo salió bien.
Pero entonces…
lo noté.
El silencio.
No era normal.
Levanté la mirada lentamente.
Mis padres evitaban mirarme.
No de forma evidente…
pero lo suficiente.
Mi pecho se tensó.
—¿Qué sucede? —pregunté, intentando sonar tranquila.
Ellos dudaron.
El silencio se volvió más pesado.
Hasta que—
—Anastasia… —habló mi hermano al final, con un tono más serio de lo habitual—. ¿Qué ocurrió ayer con el duque?
El aire pareció volverse más denso.
Y en un instante…
lo recordé.
La escena.
Las miradas.
La humillación.
El mundo quebrarse.
Apreté ligeramente los dedos sobre la mesa.
—No me gustaría hablar de ello —respondí, bajando la mirada.
Un silencio incómodo se instaló.
Y entonces…
—Mi niña… —la voz de mi madre fue suave, pero cargada de algo más—. Acabamos de recibir una carta.
Levanté la vista.
—En ella se nos notifica que el matrimonio entre tú y el duque… ha sido cancelado.
…
Mis manos se cerraron en puños sobre los cubiertos que sostenía.
Lo sabía.
Estoy segura… fue obra de ella.
Su aparición.
La forma en que él cambió.
Definitivamente fue ella.
Respiré hondo.
Y forcé una sonrisa.
—No se preocupen, familia… —dije con suavidad.
Me levanté.
El plato frente a mí… apenas había sido tocado.
—Ya terminé. Regresaré a mi habitación.
—Pero apenas has comido—
—Estoy llena —interrumpí con una leve inclinación de cabeza.
No esperé respuesta.
Podía sentir sus miradas en mi espalda.
La preocupación.
La incertidumbre.
Y peor aún…
lo que no decían.
El matrimonio cancelado.
Otra vez.
Mi reputación…
destrozándose frente a todos.
Y encima…
la acusación.
El veneno.
La protagonista.
Di un paso hacia la salida…
y entonces lo pensé.
Protagonista…
si estás tan decidida a empujarme al papel de villana…
entonces dejaré de resistirme.
Pero te haré recordar esto…
no todas las villanas caen.
Algunas… arrasan con todo a su paso.
Mis dedos se tensaron apenas.
Pero mi expresión…
permaneció serena.
Di otro paso.
Cuando la puerta se abrió de golpe.
El mayordomo entró, ligeramente agitado, algo poco común en él.
Se dirigió directamente hacia mí.
—Señorita —dijo, extendiendo una carta—. Esto ha llegado para usted.
Fruncí levemente el ceño.
Tomé la carta.
El papel era distinto.
Más fino.
Más elegante.
Y el sello…
mi corazón dio un vuelco.
Porque lo reconocí.
Mis dedos se tensaron alrededor del sobre.
Y, sin necesidad de abrirlo…
supe exactamente de quién era.
Mi familia se levantó de inmediato de la mesa.
—¿De quién es la carta? —preguntó mi padre.
Su voz ya no era tranquila.
Era firme.
Tensa.
Los tres me miraban fijamente.
Y yo…
hablé sin pensar.
¡No debí decirles!
—De Ramsés Tómate.
…
El cambio fue inmediato.
El rostro de mi padre palideció de golpe.
Sus ojos se abrieron como si hubiera escuchado algo imposible.
—¿¡Del Gran General Ramsés Tómate!? —su voz se quebró a mitad de la frase—. ¿¡Hermano del rey!?
Se llevó una mano al pecho.
Respiró hondo.
Una vez.
Otra.
Como si le faltara el aire.
—Padre… —murmuró mi hermano, dando un paso hacia él.
Pero él no respondió.
No podía apartar la mirada de mí.
—E-espera… —balbuceó, levantando lentamente la mano…
Y entonces me señaló.
Su dedo temblaba.
No era ira…
era algo peor.
Pánico.
—¿Por qué…? —su voz salió más baja, casi rota—. ¿Por qué alguien como él te enviaría una carta?
Tragué saliva.
El aire se volvió pesado.
—No me digas que tú…
Dio un paso hacia mí.
—¡Tú…!
Otro más.
—Tienes algo…
Su voz cayó en un susurro incrédulo.
—…con él.
Mi corazón casi se detuvo.
—¡NOOO! —grité de inmediato.
Demasiado fuerte.
Demasiado rápido.
Mi padre cerró los ojos con fuerza.
Como si ese grito hubiera sido la confirmación que no quería escuchar.
—¡Por todos los cielos…! —exhaló, llevándose nuevamente la mano al pecho—
Por un segundo…
realmente pensé que iba a desmayarse.
—Esposo… —intervino mi madre, apresurada, acercándose a él—. Tranquilízate.
—¿¡Cómo quieres que me tranquilice!? —respondió, aún sin dejar de mirarme—. ¡Estamos hablando de ese hombre!
Su voz bajó, pero se volvió más grave.
Más peligrosa.
—Un general temido en todo el reino…
Apretó la mandíbula.
—Un hombre que no responde ante nadie… ni al mismo rey.
El silencio cayó como una losa.
—Y tú —añadió, señalándome otra vez, aunque esta vez con menos fuerza—… eres mi hija.
Esa frase…
pesó más que cualquier grito.
Sentí el calor subir a mi rostro.
—¡No tengo nada con él! —repetí, más avergonzada que antes—.
Pero mi voz…
ya no sonaba tan firme.
Las miradas de todos…
lo notaron.
Maldita sea.
¡Solo había sido un beso!
¡Por qué me expone de esa forma!
¡Es un viejo zorro!
¡Un zorro!
—Hija… —dijo mi madre con suavidad, pero con firme preocupación—. No puedes involucrarte con ese hombre.
—Además es el tío del príncipe —añadió—.
—Y mucho mayor que tú —remató mi hermano, cruzándose de brazos.
Mi cara ardía.
—¡Ya dije que no tengo nada con él!
Esta vez sone más a que me defendía…
que a verdad.
El silencio volvió.
Pesado.
Incómodo.
No podía quedarme ahí.
No con esas miradas.
No con esa presión.
—Voy a mi habitación.
No esperé respuesta.
Me giré y salí casi corriendo del comedor.
Detrás de mí…
—¡Anastasia!
Pero no me detuve.
Subí las escaleras con el corazón desbocado…
y la carta aún apretada entre mis manos.
Porque ahora…
no solo había provocado un escándalo familiar.
Había encendido algo mucho más peligroso.
Y todo…
por decir un nombre.
y el general está lindo y la busca hayyyy 😭