Traída y reemplazada por la jefa de su propio marido, Helena ve cómo su vida se derrumba — pero elige empezar de nuevo con dignidad.
Lo que no imagina es que, en medio del dolor, encontrará a un hombre aparentemente normal que cambiará su destino.
A veces, la traición no es el final… es el comienzo de un cuento de hadas. 👑
NovelToon tiene autorización de Kamila Fonte para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 24
Helena aún sostenía firmemente la carpeta con los exámenes, el corazón acelerado después de toda la mañana en el consultorio. Gabriel analizaba rápidamente los papeles, pero sus ojos no se apartaban de ella.
—Helena —comenzó él, serio— Quiero que hagas el seguimiento no solo en el puesto cerca de tu casa. Necesita ser en un hospital de referencia. Si aceptas, puedo acompañarte personalmente en mi hospital.
Ella frunció el ceño, hesitando:
—Gabriel… no puedo. Aquí ya es caro, y lo que tengo apenas me alcanza para mantenerme. Un seguimiento completo por un año más… no sé si podré costearlo.
Él se acercó, firme pero sin agresividad:
—Es por mi cuenta. Helena, no discutas.
Ella desvió la mirada, sintiendo el orgullo y la cautela luchar contra el miedo de arriesgar la salud del bebé.
—Pero… no quiero ponerte en problemas.
Gabriel apoyó las manos en la mesa, mirándola a los ojos:
—Ningún problema. Es por el bebé. No quieres que tenga todas las oportunidades de una vida saludable, ¿verdad?
El impacto de las palabras hizo vacilar a Helena. Respiró hondo y finalmente cedió:
—Está bien. Acepto. Pero solo por el bebé.
—De acuerdo —dijo Gabriel, relajándose levemente, pero manteniendo la mirada atenta— Vamos a garantizar que tenga el mejor seguimiento posible.
Él entonces se volvió hacia Sofía, que estaba sentada en la silla del consultorio:
—Sofía, estás liberada por hoy. Acompaña a Helena hasta casa, ¿ok? Ella no puede andar sola por cuenta de los desmayos y mareos constantes.
—Claro que sí —respondió Sofía, tomando la bolsa de Helena y la carpeta de exámenes extras— Voy a cuidarla.
Helena asintió y se apoyó en Sofía mientras salían del consultorio, aún sosteniendo los exámenes con cuidado. El silencio en el camino era confortable, interrumpido solo por pequeñas instrucciones de Sofía:
—Aférrate bien, Helena. Respira despacio. No te apresures.
Mientras tanto, Gabriel permaneció en el consultorio, revisando algunos detalles de los exámenes y asegurándose de que todo estaría listo para el seguimiento. Su mirada no se apartaba de la puerta mientras Helena y Sofía desaparecían por el pasillo, y él percibió, una vez más, que aquel embarazo no era solo sobre medicina; había algo que lo ligaba a ella de manera profunda e inesperada.
Helena se acomodó en casa, guiada por Sofía, sintiéndose segura a pesar del cansancio y la ansiedad. Por primera vez desde el descubrimiento del embarazo y de los desmayos, ella pudo relajarse, sabiendo que estaba siendo bien cuidada, y que al menos por aquel día, estaría protegida. Gabriel se recostó en la silla, aún observando la puerta por donde Helena y Sofía habían salido, cuando el celular sonó. En la pantalla, el nombre “María” apareció. Él atendió, sorprendido:
—¿Madre?
Del otro lado de la línea, la voz de María era dulce, pero firme:
—Hijo, estoy sintiendo que algo está diferente contigo. Hay un peso en tu corazón. Necesito verte personalmente. Estaré llegando en una semana.
Gabriel suspiró, sosteniendo el teléfono con fuerza, intentando organizar los pensamientos:
—Madre… es complicado… pero está bien. Quiero verte. Solo… hay algunas cosas sucediendo que aún necesito resolver antes.
María rió levemente, casi maternal, pero sin perder la perspicacia:
—Gabriel, no consigues esconderme nada. Pero ven con calma, vamos a conversar. Cuídate también.
Él colgó, el corazón aún acelerado. Algo en aquella llamada lo había removido, una mezcla de alivio y tensión, mientras volvía su atención a los exámenes y al compromiso que tendría con Helena al día siguiente. Por primera vez, sintió que el mundo estaba a punto de cambiar; y que no todo podía controlar.