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REENCARNE EN UNA GORDITA DESPRECIADA.

REENCARNE EN UNA GORDITA DESPRECIADA.

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mujer poderosa / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:31.8k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Cassidy Boone era ladrona, pistolera y la mujer más buscada al oeste del Mississippi. Murió con una bala en la espalda por culpa de un imbécil y un reloj de oro.
Despertó en el siglo XXI.
En un hospital. En un cuerpo que no era el suyo. Noventa kilos, papada, moretones en los brazos y un tubo metido por la nariz.
El cuerpo pertenecía a Emilia Montero: heredera de un imperio millonario, casada con un hombre que la despreciaba, traicionada por su mejor amiga, y recién salida de un coma después de que alguien intentara matarla y lo hiciera parecer un suicidio.
Emilia se fue.
Lo que despertó en su lugar es mucho peor.
Cassidy no sabe usar un teléfono, no entiende qué es un EBITDA y le tiene desconfianza a los autos. Pero sabe leer mentirosos, sabe cuándo alguien esconde un as bajo la manga y sabe pelear sucio. Tiene doce meses para descubrir quién la quiso matar, recuperar la fortuna que le están robando y destruir al marido estafador y a la amiga trai

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

PRÓLOGO: *Morir es fácil. Lo jodido es despertar.

✨🔥 BIENVENIDAS A MI NUEVA NOVELA 🔥✨

Queridas lectoras, hoy quiero darles la bienvenida a una nueva aventura llena de drama, venganza, poder y romance 💔🔥

Les presento mi nueva historia: “REENCARNÉ EN UNA GORDITA DESPRECIADA”.

Una novela diferente, intensa y adictiva donde nada es lo que parece. Cassidy Boone fue una de las mujeres más temidas del viejo oeste… pero después de morir, despierta en el cuerpo de Emilia Montero, una heredera millonaria traicionada por todos: un marido que la desprecia, una mejor amiga que la traiciona y una familia que prácticamente la enterró en vida.

Pero cometieron un gran error…

La mujer que despertó en ese cuerpo ya no es Emilia.

Ahora tendrán que enfrentarse a alguien que no sabe perdonar, no teme pelear y no piensa dejar que nadie la pisotee jamás.

Prepárense para una historia llena de:

💰 Poder y conspiraciones

🔥 Venganza sin piedad

💔 Traiciones inesperadas

❤️ Y un romance explosivo que nadie vio venir

Si les gustan las protagonistas fuertes, irreverentes y peligrosas, esta historia es para ustedes.

📖 Los invito a empezar esta nueva novela conmigo y a dejarme sus comentarios:

¿Les gusta esta protagonista tan diferente?

💬 Las leo en los comentarios!

Y no olviden seguirme para no perderse ninguna actualización.

PROLOGO.

La bala no fue para ella.

Eso fue lo primero que pensó Cassidy Boone cuando sintió el plomo entrándole por la espalda, justo entre los omóplatos, como un puñetazo de Dios.

La bala era para Roy, el idiota de Roy, que se suponía debía cubrir el flanco derecho de la diligencia mientras ella se encargaba del cochero. Un trabajo limpio. Rápido. Como los últimos doce que habían hecho juntos en los caminos polvorientos entre Tucson y Tombstone. Pero Roy, el muy imbécil, se había quedado discutiendo con el nuevo —un mocoso de dieciocho años que no sabía ni montar— sobre quién se quedaba con el reloj de oro del pasajero gordo.

Un reloj de oro.

Cassidy Boone, la mujer que le había robado la cartera al mismísimo sheriff de Prescott sin que el viejo sintiera ni cosquillas, la que sacaba un revólver más rápido que cualquier hombre al oeste del Mississippi, la que había sobrevivido a emboscadas, tiroteos, una mordida de serpiente y tres intentos de ahorcamiento...

Murió por un puto reloj de oro.

El guardia de la diligencia —uno que ella no vio porque estaba escondido entre los baúles del techo\, porque *claro* que no lo revisaron\, porque Roy estaba muy ocupado peleando por su maldita baratija— le disparó por la espalda.

Por. La. Espalda.

Ni siquiera tuvo el honor de morir de frente.

Cassidy cayó del caballo como un costal de papas. La cara contra la tierra roja, el polvo metiéndosele por la nariz, el sabor a hierro y mugre en la boca. Escuchó los gritos de Roy, un segundo disparo, caballos desbocados. Intentó moverse. El cuerpo no respondió.

*Mierda.*

Tenía veinticinco años. Había matado a once hombres —bueno, trece, pero dos no contaban porque fueron en defensa propia y uno era un desgraciado que se lo merecía—. Había robado más de lo que podía gastar en tres vidas. No tenía casa, ni familia, ni un perro que le ladrara al llegar.

Y se estaba muriendo en medio de la nada, con la cara en el lodo, por culpa de un pendejo y un reloj.

*Qué forma tan estúpida de morirse*\, pensó.

Fue lo último que pensó.

---

Después no hubo nada.

No hubo luz al final del túnel, ni ángeles, ni demonios esperándola con una lista de sus pecados. No hubo juicio divino ni reencuentro con su madre —que tampoco es que tuviera muchas ganas de verla—. No hubo nada de nada.

Solo oscuridad.

Un vacío negro, espeso, silencioso.

Y luego...

*Bip.*

*Bip.*

*Bip.*

*Bip.*

Un sonido. Constante. Rítmico. Irritante como una mosca atrapada dentro de su cráneo.

*Bip. Bip. Bip.*

Cassidy intentó abrir los ojos. Los párpados le pesaban como si alguien le hubiera puesto monedas encima —como a los muertos, pensó, y la ironía no le hizo gracia—. Intentó mover los dedos. Algo le tiraba de la mano. Algo le apretaba el brazo. Algo le estaba metido en la nariz.

*¿Qué carajos...?*

La luz la golpeó como un disparo. Blanca. Brutal. Nada que ver con la luz amarillenta de las lámparas de aceite o el sol del desierto. Esta luz era fría, plana, antinatural.

Parpadeó. Una vez. Dos. Tres.

El techo era blanco. Liso. Sin vigas de madera, sin telarañas, sin manchas de humedad. Blanco como la nieve que una vez vio en las montañas de Colorado y juró no volver a ver porque casi se le caen los dedos de los pies.

Giró la cabeza. Despacio, porque el cuello le crujió como una puerta vieja.

Había... cosas. Cosas que no entendía. Una caja con una línea verde que subía y bajaba al ritmo del *bip bip bip*. Tubos transparentes que salían de su brazo —¿*de su brazo*?— conectados a una bolsa colgada de un palo de metal. Cables. Botones. Una pared con un cuadro horrible de unas flores que parecían pintadas por alguien sin manos.

Cassidy miró hacia abajo.

Las manos que vio no eran las suyas.

Eran suaves. Blancas. Sin callos, sin cicatrices, sin la quemadura que le dejó un cigarro en el dorso izquierdo cuando tenía catorce. Los dedos eran cortos, gorditos, con las uñas limpias y parejas. Manos que jamás habían sostenido un revólver. Manos que jamás habían robado una cartera. Manos que no habían hecho un carajo en su vida.

Levantó los brazos. Pesaban. Todo pesaba. El cuerpo entero era... más. Más grande. Más blando. Más *todo*.

*¿Qué mierda es esto?*

Intentó sentarse. Los tubos tiraron. La caja del *bip bip* se aceleró. Le dolía todo: la garganta como si hubiera tragado vidrio\, el estómago como si le hubieran metido la mano y revuelto las tripas\, la cabeza como si un caballo le hubiera pateado el cráneo.

Pero Cassidy Boone no era de las que se quedaban acostadas.

Se arrancó lo que tenía en la nariz —un tubo\, ¿quién demonios le metió un tubo por la nariz?— y el dolor la hizo soltar un gruñido ronco. Se miró los brazos llenos de moretones violetas alrededor de donde entraban las agujas. Agujas. Le habían clavado *agujas*.

*¿Esto es el infierno? Porque se parece mucho.*

La puerta se abrió.

Entró un hombre de bata blanca, alto, con lentes y una tablilla en la mano. Detrás de él, otro hombre. Este no llevaba bata. Llevaba un traje que parecía costar más que todo lo que Cassidy había robado en su vida junta. Era guapo, de mandíbula afilada, cabello oscuro peinado hacia atrás, ojos grises y fríos como el cañón de una pistola en invierno.

Y a su lado, colgada de su brazo como una garrapata con perfume, una mujer. Rubia, delgada, con la sonrisa más falsa que Cassidy había visto en su vida —y eso que había conocido a muchos estafadores—.

El de la bata habló primero.

—Señora Montero, qué bueno que despertó. Llevaba una semana en coma. Le hicimos tres lavados de estómago. La sustancia que ingirió...

Las palabras le entraban como si hablara bajo el agua. *Señora Montero. Coma. Lavados de estómago. Sustancia.*

El del traje no se movió. No se acercó. No le tomó la mano. No preguntó cómo estaba. Se quedó parado a tres metros de la cama con la misma cara que pondría alguien revisando si la carne del mercado seguía fresca.

—¿Ya puede hablar? —le preguntó al médico. No a ella. Al médico.

—Necesita reposo. Su cuerpo sufrió un trauma severo. El daño gástrico...

—Le pregunté si puede hablar.

El médico apretó los labios.

—Debería poder, sí.

El del traje la miró. Por primera vez. Directamente.

—Emilia.

Lo dijo como quien llama a un perro.

—Espero que esta estupidez no se repita. ¿Tienes idea del escándalo que armaste? Tuve que pagar una fortuna para que esto no saliera en ningún lado. *Una fortuna.* ¿Me estás escuchando?

Cassidy lo miró.

No entendía una mierda.

*¿Emilia? ¿Quién carajos es Emilia?*

La rubia soltó una risita. Pequeña, venenosa, apenas audible. Se tapó la boca con los dedos y miró a Cassidy con unos ojos que destilaban un placer enfermizo.

—Ay\, Emi —dijo\, con una voz dulce que apestaba a podrido—. Nos tenías tan preocupados. *Tan* preocupados.

Y entonces pasó.

Como un balde de agua helada. Como un rayo partiéndole el cráneo. Como mil imágenes metiéndose a la fuerza dentro de su cabeza, una encima de otra, sin orden, sin piedad.

*Una niña gordita llorando en un rincón mientras otros niños se ríen.*

*Un hombre viejo —pelo canoso\, ojos tristes\, traje caro— abrazándola: "Perdóname\, mi niña\, es por tu bien."*

*Una boda. Un vestido blanco. Un novio que no la mira.*

*Una cocina enorme. Ella cocinando. Limpiando. Sirviendo. En su propia casa.*

*La rubia —esa misma rubia— besando al del traje en un pasillo mientras ella mira desde una puerta entreabierta.*

*Un frasco. Pastillas. No\, líquido. Algo amargo. El ardor bajando por la garganta. El piso acercándose. Oscuridad.*

Cassidy —o lo que fuera ahora— se agarró la cabeza con ambas manos. Las manos gorditas, suaves, ajenas. El dolor era insoportable. Los recuerdos no eran suyos pero se sentían reales, pesados, empapados de una tristeza tan profunda que le revolvió el estómago —o lo que quedaba de él después de tres lavados—.

*Emilia Montero. Veintiséis años. Hija única de Aurelio Montero. Casada con Sebastián Duarte. Mejor amiga: Andrea Ríos.*

*La rubia.*

*La que está colgada del brazo de su marido.*

*La que se está cogiendo a su marido.*

*La que se ríe de ella en su cara.*

Cassidy bajó las manos. Despacio.

Miró al hombre del traje. Sebastián. El *marido*.

Miró a la rubia. Andrea. La *mejor amiga*.

Miró al médico, que revisaba sus notas fingiendo que no existía tensión en esa habitación.

Y por primera vez desde que una bala le entró por la espalda en un camino polvoriento de Arizona, Cassidy Boone sonrió.

No fue una sonrisa bonita.

—¿Saben qué? —dijo, con una voz ronca que no reconoció pero que le gustó—. Me muero de hambre. ¿Alguien me trae algo de comer o tengo que levantarme yo misma?

Sebastián parpadeó.

Andrea dejó de sonreír.

El médico levantó la vista de su tablilla.

Ninguno de los tres reconoció a la mujer que los miraba desde esa cama.

Y eso estaba bien.

Porque Emilia Montero se había ido.

Y lo que despertó en su lugar era *mucho* peor.

1
Elizabeth Sánchez Herrera
una actitud muy serena por parte de Cassidy
Elizabeth Sánchez Herrera
es
toy segura que Daniel en cuál querer situación elegirá a cassidi
mariela
Daniel no esta tan ignorante de los tratos que hace su padre tanto así que la llamo para preguntarle que le dijo a ella que va a ser una desilusión para el pero el viejo lo que quiere es prácticamente ser dueño de la empresa de Emilia si nos ponemos analizar pero ya Rodrigo se dio cuenta que ella sabe mas de lo que el imaginaba aquí comienza la cacería para eliminarla y seguir haciendo sus negocios chuecos.
Rodrigo Reyes tu hijo se pondrá en contra tuya.
Lucy alejo
excelente capitulo que pasara con Daniel
Lucy alejo
tan parecidos y tan diferentes a la vez
mariela
Daniel mi bombón se quedara con la forajida Cassidy porque esta descubriendo paso a paso la verdad y le gusta lo que ve mientras Sebastian lo busca en Google espejo es un chiste pendejo buscar un sueño y nombre en una aplicación.
mariela
Pobre Sebastian cree que jugando con el arrepentimiento se convertirá en víctima no se imagina que la forajida de Cassidy-Emilia es una mujer corrida en 7 plazas y el cuando va ya ella viene de regreso caerá en su propia trampa 😂🤣😂🤣😂🤣
Lucy alejo
Sebastián piensa que Emilia Cassidy es tonta no sabe que cuando el va ella ya viene de regreso 🤭
Mitsuki G
Por razón ese señor Rodrigo no quiere a Emilia cerca de su hijo por qué vera como también le roba que tiene dinero de Emilia como también la usa para ellos pero debería decirle este Daniel sabrá que es lo correcto ya que no es como su padre y está limpio
mariela
Así se esta convirtiendo en una mujer empoderada con el autoestima arriba con menos kilos y mas autosuficiente donde Daniel tiene que ver mucho con ese cambio pero me encanta se retan ella dice que no son nada pero se deja dar sus buenas revolcadas deliciosas 😋😋😋🤤🤤🤤 por su bombón.
Mirta Vega
ansiosa esperando por más 🥰
Limaesfra🍾🥂🌟
vuekve el.perro arrepentido con las orejas caidas, el rabo entre las piernas y el hocico partido😁👅🤣🤣🤣🤣🤣🤣esa es la idea😁🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
no mires. no mires caray si miró🤣🤣🤣
Eva Quihuis Romero
empecé a leerla ayer y me atrapó, está buena , esperemos más capítulos!!
Blanca Ramirez
me dejas emocionada autora esperando la reacción de Daniel cuando le cuente lo de su papá 🥰🥰🥰🥰
María Gabriela
💣 me da cosa con Daniel va ser un golpe duro aunque no se llevan bien va a ser duro
Marisel Rio
💕💕💕💕Encanta con tu novela y los maratones 💕💕💕
Amo a Cassidy y a Daniel 💖💖💖💖💖
Betty Saavedra Alvarado
Sebas estás actuando como marido arrepentido consejo de abogados Cassidy es más inteligente que tu
Betty Saavedra Alvarado
Emilia Rodrigo Reyes te vino a comprar le distes dos cachetadas con tus palabras
Betty Saavedra Alvarado
Cassidy Emilia vive dos vidas ahora es más fuerte y valiente nadie la humilla Daniel está con ella
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