Yo solo iba a entregar flores a la iglesia de San Gennaro.
No sabía que el ramo escondía un micrófono.
Ni que el hombre que me sonrió desde el altar era el Capo de Nápoles.
Ni que esa sonrisa sería lo último inocente que vería en mi vida.
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Sangre de Capo.
Y aquella verdad que nadie en el pueblo decia por miedo finalmente...esa verdad salió.
Por eso Vittoria tenía un alma fuerte... y por eso Enzo se enamoró de ella.
*Terra Bruciata no empezó con Enzo. Empezó con sangre Caruzzo.
_Villa Rinaldi. 2:23 AM. El primer disparo ya sonó.
Enzo y Vittoria, espalda contra espalda en el salón. Él con la granada en la mano. Ella con la escopeta humeando.
> Enzo. Dime —dice Enzo, sin quitarle los ojos al portón—. Dime por qué Il Topo te pidió perdón. Dime por qué tu padre murió.
> Vittoria recarga. Las manos no le tiemblan. La voz sí.
> Vittoria. —Mi padre... Mi padre, Giuseppe Caruzzo... —escupe el nombre como vidrio— tenía un hermano.
Pausa. Afuera, gritos. “Morte ai Don!” “Terra Bruciata!”
—Zio Franco —sigue Vittoria—. *Franco Caruzzo. Capo de Catania.* 40 años. Sangre. Tráfico. Muertos.
Enzo la mira de reojo y acaba de entender por qué Vittoria dispara como soldado. Por qué no le teme a la muerte. Tiene sangre de un capo.
> Vittoria. Cuando yo tenía 12 —sigue ella—, Terra Bruciata llegó a mi casa. De noche. Como hoy.
_Flashback_
Vittoria, 12 años, escondida en el armario. Oliendo a sangre y a pólvora.
Su madre gritando: “¡No somos ellos!
¡Giuseppe dejó esa vida!”
Un hombre con pasamontañas: “La sangre de capo no se lava, señora. Se quema.”
Disparos. Tres. Cuatro. Cinco.
Silencio.
Y luego, olor a gasolina.
> Vittoria. Esos malditos...Quemaron la casa —dice Vittoria, con la cara de piedra—. Con ellos dentro. Mi madre. Mi padre. Mi hermano de 6 años.
Enzo cierra los ojos un segundo. Solo uno.
—Yo sobreviví —sigue ella— porque mi padre me metió en el sótano de las flores. Me dijo: “Si sales, te matan por el apellido. Si te quedas, vives para matarlos tú.”
Mira a Enzo.
—Nueve años después, Il Topo me entrego un ramo con micrófono. Para un señor cualquiera. Pero el micrófono, yo desconocía su existencia. Era de Terra Bruciata.
Querían ver si el nuevo Don Rinaldi me mataba. Querían ver si yo era hija de capo o hija de nadie.
Pienso que esas eran sus ideas, peor porque jamás me busco, porque dejó que viviera en sufrimiento. No me quería como su familia, él solo es un cobarde que mato a mi Padre.
Enzo entiende todo.
Por eso la odiaban. Por eso la querían muerta.
Vittoria Caruzzo es sangre de capo.
Y para Terra Bruciata, eso es condena de muerte.
> Enzo. ¿Y ahora? —pregunta Enzo, quitándole el seguro a la granada—. ¿Ahora vienen por Sofia por lo mismo?
Vittoria sonríe. Sin alegría. Sin miedo.
> —Ahora vienen por Sofia porque tiene tu sangre y la mía.
Sangre de Don.
Sangre de Capo.
Para ellos, es el pecado original.
BAM.
El portón explota. Astillas. Humo.
Entran cinco. Pasamontañas. Escopetas. Gritando:
Per il popolo !Per i morti di Catania!
Enzo tira la granada.
No al grupo.
Al techo.
La explosión tira la araña de cristal.
Llueven cuchillos de luz sobre Terra Bruciata.
Dos caen.
Gritando.
Vittoria avanza. Descalza. Besa su anillo de matrimonio.
Dispara. Una vez. Dos.
_¡Mi padre dejó esa vida!_ —grita, mientras recarga—. ¡Yo no!
El tercero le apunta. Enzo le vuela la mano antes de que dispare.
Se quedan dos. Tirados. Sangrando.
Enzo agarra a uno del cuello. Lobo puro.
Enzo¿Quién es su líder? —pregunta—. ¿Quién ordenó matar a los Caruzzo hace nueve años?
El hombre se ríe. Sangre en los dientes.
—Tu suegro —escupe—. Franco Caruzzo sigue vivo, Don.
Él fundó Terra Bruciata. Mató a su hermano para limpiar el apellido, un florista no podía ser mas que capo. Y ahora viene por su nieta. Porque la mujer con la que te casaste es su... Es su hija... Vittoria Caruzzo es hija de Franco Caruzzo...
Silencio.
Vittoria baja la escopeta. Despacio.
> Vittoria. Zio Franco. Capo de Catania. Vivo.
El mató a su hermano. A su cuñada. A su sobrino de 6 años.* A los que yo... No. Ellos son mi familia.
Para “limpiar” a los Caruzzo de la mafia. Porque él quería se el único, el único Caruzzo.
Y ahora viene por Sofia. Porque no soporta que su sangre se mezcle con la de un Don. Que gran cobarde.
Enzo suelta al hombre. Lo deja caer.
Mira a Vittoria.
Ella no llora. No grita.
Solo dice, tengo 21 años, una hija y a ti... y la voz de 1000 muertos:
—Entonces vamos a Catania.
Enzo asiente.
—Primero —dice—, quemamos esta casa.
Porque Terra Bruciata quería fuego.
Pues van a tener el infierno.
Franco Caruzzo...
Aquí estoy Rinaldi, tienes algo que es mío y no me refiero a mi hija, sino a mi nieta, quiero criarla yo.
Así que me la entregas sin titubear o de todos modos me la llevo y ustedes dos mueren, aunque de igual manera lo harán...
>Enzo. Cobarde, fácil son tus palabras... Así como fácil y sin sentimientos te hizo matar a tu hermano.
Franco Caruzzo, 55 años, está parado bajo unos árboles, el fuego cesa por un instante, tiene una manta azul en las manos.
—_Figlia mia_ —le dijo a Vittoria—. _Te traje un regalo._
Vittoria. Tiene la escopeta vacía apuntándole al pecho.
> Vittoria. —No soy tu hija —escupe—. Mataste a mi padre. A mi madre. A mi hermano. Eres mi tío. Eres mi muerte.
Franco sonríe. Triste. Como solo sonríen los monstruos.
—Giuseppe era estéril, Vittoria —dice, suave—. Desde la guerra. Una bala. Aquí. —Se toca la ingle—. Nunca pudo tener hijos. Y tu hermano, solo fue un bastardo que Giuseppe crio como hijo.
El mundo se para.
Enzo, desde la puerta, deja de apuntar. Porque esto no se arregla con balas.
—Tu madre, Lucia... —sigue Franco— me amaba a mí. No a él. Yo era el Capo. Él era el florista. Pero ella no quería esa vida para ti. Así que cuando quedó embarazada... de mí... me rogó que te dejara con Giuseppe. Que te criara lejos de la sangre.
Vittoria baja la escopeta. Despacio. Como si pesara mil kilos.
> Vittoria. Mientes —susurra. Pero la voz no le sale.
—Ojalá —dice Franco—. Ojalá fueras hija de ese hombre bueno. Así no tendría que hacer esto.
_Flash._
_Vittoria, 12 años. En el sótano.
Franco abre la puerta, con las manos llenas de sangre.
“Lo siento, amore mio”, dice. “Tenía que hacerlo. Giuseppe iba a contarte la verdad. Iba a decirte que yo soy tu padre. Y no puedo tener una hija de Capo llorando por un florista.”
Cierra la puerta.
Fuego.
Vittoria se tambalea. Enzo la agarra antes de que caiga. Ella había olvidado esa conversación.
—No —dice ella, contra el pecho de Enzo—. No, no, no.
Franco avanza un paso.
—Te dejé viva porque eres mía —dice—. Porque tienes mis ojos. Mi rabia. Mi puntería. *Maté a todos para que fueras solo Caruzzo. Solo mía.*
Enzo levanta la Glock otra vez. Ahora sí.
>Enzo. Si das un paso más hacia mi mujer... Te mató y la voz de 100 muertos—, te juro que los Caruzzo se acaban aquí.
Franco lo mira. Por fin.
—No entiendes, _Don_ —dice—. No le estoy quitando la mujer. Le estoy devolviendo el padre. Y a mi nieta, su abuelo.
Levanta la manta azul.
—Sofia Caruzzo —dice—. Así se va a llamar. Como yo. Como debe ser.
Vittoria se zafa de Enzo. Camina. Sola. Hasta quedar a un metro de Franco.
> —¿Mi madre te amaba? —pregunta, temblando.
—Con locura —dice él—. Por eso murió callada. Para protegerte de mí.
> Vittoria. ¿Y por eso la quemaste viva?
—Por eso los quemé a todos —dice Franco—. Para que no tuvieras a quién llorar. Más que a mí.
Silencio.
Luego Vittoria hace algo que ni Enzo, ni Franco, ni Sicilia esperan.
Se ríe.
Rota.
Como cristal.
Como niña.
Como loca.
—Entonces —dice, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano.
Entonces eres doblemente un hijo de puta.
Le arranca la manta azul de las manos.
> Vittoria. Mi hija se llama Sofia *Rinaldi* —escupe—. Porque su padre no quemó a su familia para quedársela. Su padre me eligió.
Herida.
Rota.
Con apellido falso.
Mis queridos lectores les traigo un nueva novela, donde el amor pasa por muchos estados, y la mafia siempre quiere imponer, les agradezco de antemano, sus me gusta, sus regalos, sus comentarios, que otra mi es importante. 🥰