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Crónicas De Los Cuatro Reinos: La Saga Arcana

Crónicas De Los Cuatro Reinos: La Saga Arcana

Status: En proceso
Genre:Venganza / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:541
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un mundo dividido por magia y poder, seis protagonistas luchan por el destino de los Cuatro Reinos. Entre traiciones, alianzas y secretos ancestrales, cada uno debe enfrentar su propio pasado para conquistar un reino al borde del caos. Una saga épica de magia, intriga y supervivencia donde solo los más fuertes definirán el futuro.

Crónica de los Cuatro Reinos: La Saga Arcana.
Libro 1: El Legado de Drakthar.
Libro 2: Fuego y Hielo en Frostvale.
Libro 3: Los Secretos de Ironspire.
Libro 4: El Juramento de Embercliff.
Libro 5: La Corona Rota.
Libro 6: Las Sombras del Trono.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Valerius, con la Máscara, era formidable. Sus ataques eran brutales, directos, intentando consumir a Elowen con el Vacío. Lanza oleadas de energía que perforaban el aire, creando brechas en la realidad que amenazaban con arrastrarla al olvido. Pero Elowen, aunque sentía la presión, se mantenía firme. Su poder la protegía, la envolvía. No solo absorbía los ataques de Valerius; los entendía, los desmantelaba, usaba sus propias sombras para redirigirlos o neutralizarlos.

—¡Ríndete, princesa! —gruñó Valerius, sus ojos detrás de la Máscara brillando con una luz roja enferma—. ¡Esto es inevitable! ¡El Vacío te consumirá, como consumió a tu patético padre!

La mención de su padre encendió una nueva llama en Elowen.

—¡Nunca! —Su voz tronó, y la sala vibró con su poder.

Elowen canalizó su magia, y del suelo surgieron pilares de sombra sólida y protectora que se estrellaron contra Valerius. Él los disipó con una explosión de energía, pero el ataque había ganado tiempo. Elowen vio una apertura, una debilidad en el flujo de su magia, justo donde el Éter Oscuro se conectaba con la Máscara.

Recordó las palabras del tomo antiguo: la Máscara era un amplificador, pero también un sello. Su poder podía ser redirigido, incluso contra su portador. Pero para eso, necesitaba un control absoluto.

Mientras Elowen luchaba, un grito repentino y agudo vino de la base de la torre. Lysandra. Había volado parte del laboratorio secreto, creando una distracción masiva. El palacio tembló con la explosión, y la concentración de Valerius vaciló por un instante.

—¡Maldita sea, Lysandra! —rugió, su ira desviándose.

Esa fracción de segundo fue todo lo que Elowen necesitó.

Con una fuerza y una precisión sobrehumanas, Elowen se lanzó hacia Valerius. No usó la magia para atacarlo directamente, sino para crear un velo de sombra que lo cegó momentáneamente. Alcanzó la Máscara con ambas manos, no para quitársela, sino para *infundir* su propia magia, su esencia dracónica, en el artefacto.

Un grito desgarrador escapó de Valerius. No era un grito de dolor físico, sino de tormento existencial. La Máscara, diseñada para canalizar el Vacío, ahora estaba siendo inundada con una energía opuesta, una sombra viva y llena de propósito. La luz dorada de los ojos de Elowen se intensificó, y la Máscara comenzó a brillar, no con la oscuridad del Vacío, sino con un resplandor plateado que parecía contener la propia esencia de la noche.

Valerius se retorció, su cuerpo envuelto en una batalla interna. La Máscara se estaba volviendo contra él, usándose para sellar el Vacío dentro de su propio portador. Los Cultistas del Velo, al ver el horror, intentaron huir, pero Kael y Maeve, que habían subido a la torre, ya los estaban interceptando.

La sala se llenó de un sonido sibilante, como un vacío que se cierra. La figura de Valerius se encogió, la energía del Vacío que lo rodeaba se contrajo, hundiéndose de nuevo en la Máscara, que a su vez parecía absorberla de él.

Finalmente, con un suspiro de aire gélido, la Máscara de la Noche Eterna se desprendió del rostro de Valerius y cayó al suelo, ahora brillando con una luz fría y contenida.

Valerius se desplomó.

Ya no era el tirano imponente que había sido. Era un cascarón vacío. Su piel, antes pálida, estaba ahora completamente grisácea. Sus ojos, desprovistos de vida, eran pozos negros. El poder del Vacío lo había consumido por completo, dejándolo como lo que siempre había deseado ser: la nada. Su propia ambición lo había destruido, dejándolo en un estado de quietud sin alma, una marioneta de lo que había intentado controlar.

Elowen se tambaleó hacia atrás, el poder ancestral aún zumbando en sus venas, pero la fatiga la golpeó con una fuerza abrumadora. La Máscara, en el suelo, emanaba una energía contenida, ya no peligrosa, sino latente.

El duelo había terminado. Valerius había sido derrotado, consumido por la misma oscuridad que buscaba dominar. El asedio se desvaneció con la caída de su maestro, las Sombras Subyugadas restantes se disolvieron en el aire, liberadas de su forzada existencia.

El silencio que siguió fue casi ensordecedor, roto solo por el sonido de su propia respiración agitada y los pasos apresurados de sus aliados que llegaban a la sala. Atheris, Zylos, Zyla, Maeve, Lyra, Kael... sus rostros reflejaban alivio, asombro y una profunda pena por lo que habían presenciado.

Elowen miró el cuerpo inerte de Valerius, su corazón una mezcla compleja de tristeza, vacío y una victoria agridulce. El trono de Drakthar, manchado de sangre y oscuridad, estaba finalmente vacante. La batalla por su reino había terminado, pero el verdadero costo de esa victoria aún estaba por revelarse. El amanecer se acercaba, y con él, un nuevo capítulo para Elowen y para Drakthar, un capítulo forjado en el fuego y las sombras de su legado.

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