Ella reencarna en un mundo mágico, pero mantiene su fuerte amor por el mar.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Cedric
Los siguientes tres días fueron… complicados.
Principalmente porque Dana intentaba resolver un posible desastre futuro mientras fingía ser una noble perfectamente funcional.
Y eso requería muchísimo esfuerzo mental.
Especialmente cuando todavía olvidaba cosas básicas como caminar con vestidos enormes sin sentir deseos de tropezar deliberadamente contra una pared.
La primera mañana intentó sentarse con elegancia en el desayuno y accidentalmente quedó atrapada entre demasiadas capas de tela.
La sirvienta tuvo que rescatarla discretamente mientras Lord White fingía no haber visto nada.
Aunque el pequeño temblor en su taza sugería que estaba intentando no reírse.
O sufrir un derrame cerebral.
Difícil saberlo.
Pero mientras se adaptaba lentamente a la vida aristocrática, Dana tenía una misión clara..
Descubrir qué demonios ocurriría en aquella fiesta.
Y para eso necesitaba información.
Muchísima información.
Así comenzó el período más extraño de investigación encubierta de la historia noble.
—Madre —preguntó Dana casualmente durante el té—, hipotéticamente hablando… ¿quién asistirá a la celebración?
Lady White levantó una ceja.
Elegante.
Perfecta.
Intimidante de una manera distinta a Lord White.
Ella parecía el tipo de mujer que podía destruir emocionalmente a alguien usando únicamente buenos modales.
—Muchas familias importantes.. ¿Por qué preguntas?
Dana sonrió falsamente.
—Curiosidad social.
Y porque posiblemente alguien muera en una escalera.
—Los anfitriones serán los Gallagher.
Dana sintió inmediatamente un escalofrío.
Los Gallagher.
Ese nombre aparecía constantemente en sus visiones.
Aunque todavía no entendía por qué.
Lady White continuó hablando mientras bebía té.
—El duque desea que esta celebración sea especialmente memorable este año.
—¿Por alguna razón?
—Son los Gallagher.. no necesitan razones..
Ah.
Eso sonaba peligrosamente importante.
[¿Qué tan importante son los Gallagher?]
Dana anotó mentalmente mantenerse lejos.
[por si acaso me mantendré muy lejos]
Más tarde intentó obtener información de forma aún menos sospechosa.
Lo cual fracasó inmediatamente.
Su primo Cedric la encontró observando libros genealógicos en la biblioteca.
—¿Desde cuándo te interesan tanto las familias nobles?
Dana cerró el libro tan rápido que levantó polvo.
—Investigación.
Cedric parpadeó.
—Eso no explica nada.
Cedric era unos años mayor que ella y poseía la peligrosa combinación de inteligencia y exceso de tiempo libre.
Además sonreía demasiado.
Eso siempre era mala señal.
—¿Qué investigas exactamente?
Dana improvisó desesperadamente.
—Heráldica.
—…¿heráldica?
—Sí. Escudos. Banderas. Símbolos familiares. Muy emocionante.
Cedric la observó largamente.
—Dana… la semana pasada dijiste que los escudos eran decoraciones pretenciosas.
—La gente cambia.
—En tres días.
—Crecimiento personal.
Cedric claramente no le creyó absolutamente nada.
Pero aun así terminó ayudándola.
Probablemente porque estaba aburrido.
O porque verla actuar raro era entretenido.
—Los Gallagher usan un león plateado sobre fondo azul oscuro —explicó mientras hojeaba un libro—. Es uno de los símbolos más reconocidos de Sunderland.
Dana se quedó quieta.
El corazón le dio un vuelco.
—…¿azul oscuro?
Cedric señaló la ilustración.
—Sí. Mira.
Dana tomó el libro lentamente.
Y cuando vio el escudo…
Todo su cuerpo se tensó.
El león plateado.
Las líneas doradas.
El fondo azul profundo.
Lo conocía.
Lo había visto antes.
En las visiones.
Estaba grabado sobre enormes banderas colgando cerca de las escaleras.
De pronto las imágenes regresaron con fuerza.
Música.
Luces.
El sonido de pasos apresurados.
Un vestido azul moviéndose entre personas elegantes.
Y después…
La caída.
Dana cerró el libro de golpe.
Cedric casi saltó del susto.
—¡Por todos los santos! ¿Qué ocurre contigo?
Ella respiró lentamente intentando mantener la calma.
Pero ya no tenía dudas.
La fiesta.
Las escaleras.
La mansión Gallagher.
Todo estaba conectado.
Ahí ocurría el accidente.
Cedric frunció el ceño observándola.
—Dana… estás pálida.
—Estoy perfectamente bien.
—Pareces alguien que acaba de descubrir un cadáver.
Ella lo miró fijamente.
—¿Y si hipotéticamente alguien descubriera un futuro accidente mortal?
Cedric guardó silencio.
—…¿hipotéticamente?
—Hipotéticamente.
—Entonces hipotéticamente esa persona debería dormir más.
—Entendible.
Cedric suspiró y se sentó frente a ella.
—¿Qué está pasando contigo estos días?
Dana dudó unos segundos.
Porque sinceramente ni ella entendía completamente qué estaba pasando.
Finalmente apoyó la cabeza sobre la mesa.
—¿Alguna vez sentiste que sabes algo… aunque no deberías saberlo?
Cedric sonrió apenas.
—Eso sonó extrañamente filosófico viniendo de ti.
—Estoy teniendo una crisis existencial, Cedric.
—Eso sí suena más normal.
Ella soltó una pequeña risa cansada.
Pero en el fondo seguía sintiendo miedo.
Porque ahora ya no era una sospecha.
Era certeza.
Algo terrible ocurriría en la mansión Gallagher.
Y por desgracia…
Dana tenía la horrible sensación de que ella estaría justo en el centro del desastre.