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Entre Heridas Y Esperanzas

Entre Heridas Y Esperanzas

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Enfermizo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: viviana ramoa

A ella una tragedia que la obligó a huir.
Al el una silla de ruedas lo condeno al olvido y al dolor para siempre.
cuando sus vidas se encuentren, cada herida amenaza con romperlos, pero será la esperanza quien siempre insistirá en salvarlos.

NovelToon tiene autorización de viviana ramoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El sonido de la bala

La mañana había pasado como pasan las cosas cuando uno no tiene otra opción: corriendo, cumpliendo, respirando apenas.

Jorgue estuvo en la escuela con la mochila al hombro y la misma energía de siempre, esa que a Adela le salvaba el corazón aunque no quisiera admitirlo. Habló con la señora, se rió en el recreo, hizo dibujos. Lo normal, lo que parecía imposible en la vida de su casa.

Adela lo dejaba temprano y, como si el tiempo pudiera obedecerla, volvía al hospital.

A mediodía comía rápido. A esa hora el hospital no descansaba: camillas, llamadas, pacientes que entraban con miedo en la cara o con dolor en el cuerpo. Adela, enfermera de manos rápidas y mirada firme, se movía como si el mundo fuera un circuito que ella conocía de memoria.

Y por la tarde, cuando el sol ya estaba cansado de caer, Jorgue no volvía a su casa con ella.

—Guardería —le había dicho Adela a la señora el día que decidió que no podía seguir rompiéndose en dos—. Hasta que yo termine el turno.

La guardería quedaba cerca, pero lo cerca no era lo mismo que lo seguro.

Jorgue pasó la tarde ahí. Jugó un rato, escuchó cuentos, se quedó callado cuando los demás se emocionaban, como si su cuerpo supiera que algo andaba mal aunque no pudiera nombrarlo.

Adela, en cambio, seguía trabajando.

Cuando faltaba poco para terminar, Adela estaba acomodando papeles y revisando un informe con la concentración de siempre. El reloj marcaba tarde, y el cansancio le pesaba en los hombros como una manta húmeda.

Sonó su celular.

Adela lo miró: número desconocido.

—Hospital Central, enfermería, buenas tardes —respondió con voz profesional.

Del otro lado, una mujer con el tono agitado de quien no sabe cómo decirlo sin romperse.

—Señora… Adela… ¿usted es la mamá de Jorgue?

Adela sintió que el aire se le iba.

—Sí. ¿Qué pasó?

Hubo un silencio corto. Luego, la voz tembló.

—Unos hombres entraron a la guardería. Preguntaron por el niño… y… y lo hirieron. Lo están trasladando al hospital ahora mismo.

Adela se quedó sin reacción.

—¿Qué…? —alcanzó a decir—. ¿Quiénes?

—No sabemos. Vinieron como si tuvieran derecho. Dijeron que era una advertencia por deudas… por su papá… —la mujer respiró hondo, como si cada palabra fuera una piedra—. Su hijo ya estaba siendo trasladado. Por favor… venga.

Adela colgó sin terminar de escuchar.

El celular cayó en su mano como si fuera de otro material.

—No… no, no… —susurró.

Marta apareció a su lado en ese instante, como si la hubiera sentido.

—Adela, ¿qué pasó? —preguntó, viendo su cara.

Adela no pudo responder. Solo se llevó una mano al pecho y con la otra se agarró del borde de la mesa.

—Jorgue… —logró decir al fin—. Lo… lo hirieron.

Marta no esperó explicaciones. Solo la miró, firme, y dijo:

—Vamos. Yo te acompaño.

Adela asintió como un autómata.

Caminar costaba. Respirar costaba. Pero igual se movió, porque el cuerpo se vuelve animal cuando el corazón ya no encuentra palabras.

El pasillo del hospital se convirtió en un túnel.

Adela avanzaba sin saber cómo. Los sonidos se apagaban, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo. Solo quedaba una imagen repetida: la guardería, la voz desconocida, la frase “advertencia por deudas”.

Aldo.

La palabra le golpeó el cerebro como un puñetazo.

—No… —dijo, pero no era “no” para nadie. Era “no” para la realidad.

Marta la sostuvo del brazo con fuerza.

—Adela, mirame. Respirá. Respirá conmigo.

Adela no podía. La garganta se le cerraba.

—Mi hijo… —balbuceó—. Mi hijo…

Marta tragó saliva.

—Ya está llegando. Vas a verlo. Vas a estar ahí.

Adela no respondió. Solo caminó.

Y cuando por fin lo vio—cuando lo vieron entrar—todo se detuvo.

Jorgue venía entrando en una camilla, con una herida de bala en el cuerpo. La gente alrededor hablaba rápido, pero Adela no escuchaba. Solo veía.

La piel del niño estaba pálida, casi transparente. Los signos… eran apenas señales. Como si el cuerpo estuviera apagándose.

Adela se acercó un paso y Marta la frenó.

—No te acerques sola —dijo—. Dejá que el equipo…

Pero Adela ya no obedecía.

—¡Jorgue! —gritó, y su voz se rompió como vidrio.

El niño no reaccionó como un niño. Abrió los ojos un instante, como si quisiera reconocer a su mamá… y luego se le apagó la mirada.

—Mamá… —alcanzó a decir, o tal vez fue un sonido que no llegó a ser palabra.

Adela se inclinó, desesperada.

—Estoy aqui, Estoy aqui, mi amor. No te vayas. No te vayas, por favor…

Marta la agarró por los hombros.

—Adela… —susurró—. Te vas a desmayar.

Adela no se desmayó. Se quedó clavada, como si el cuerpo fuera un castigo.

La puerta del quirófano se cerró.

Y Adela se quedó afuera.

No había nada que hacer, y eso era lo peor: el tiempo se estiraba como una cuerda.

Marta se sentó a su lado. Le pasó un brazo por la cintura, como si pudiera sostenerla sin que se notara.

—Respirá —le pidió, pero su voz también temblaba.

Adela no podía.

—¿Por qué? —preguntó en voz baja, como si el aire pudiera contestar—. ¿Por qué ahora? ¿Por qué así?

Marta sacó el celular.

—Voy a llamar a Estefanía… a tu hermana. Ella está en Alemania, ¿no?

Adela asintió con la cabeza, sin fuerzas.

—Estefanía… ella… ella no sabe…

Marta marcó.

La llamada conectó.

—¿Marta? —respondió una voz al otro lado, cansada pero clara. Era Estefanía.

Adela quiso hablar. Pero cuando intentó, no le salió ningún sonido.

Marta tomó el teléfono y habló rápido.

—Estefanía, es urgente. Jorgue… tu sobrino… lo hirieron. Está en quirófano.

Del otro lado se escuchó un grito ahogado. Luego silencio.

—¿Adela? —preguntó Estefanía, como si buscara a alguien en la línea.

Adela alzó la vista. Tenía la cara mojada sin haber llorado todavía.

Marta acercó el teléfono.

—Estefanía… —dijo Adela por fin, casi sin voz—. Perdón… perdón por no haber…

Estefanía no dejó terminar.

—¿Qué pasó? ¿Qué hizo Aldo? ¿Qué estás diciendo? —la voz se quebró—. Yo… yo te dije hace tiempo que…

Adela cerró los ojos.

—Yo no pude… —susurró—. No pude sacarlo.

Estefanía respiró con dificultad.

—Hace años yo te dije que lo saques. Que lo cortés. Que no lo dejes entrar. Yo… yo no estaba aqui, pero te lo advertí.

Adela apretó los dedos contra su muslo.

—Yo pensé que… que iba a cambiar. Pensé que iba a aprender. Pensé…

Marta la miró, con lágrimas contenidas.

—Adela, no te culpes así —dijo.

Pero Adela ya estaba metida en la culpa como en un pozo.

—Yo debí hacerlo. Yo debí… cuando todavía podía.

Estefanía, al otro lado, habló con una rabia triste:

—No era tu culpa que él eligiera hacer daño. Pero sí… sí era tu responsabilidad proteger. Y ahora… ahora estoy aqui con tigo aunque no pueda tocarte.

La llamada quedó con estática un segundo.

—Adela… —dijo Estefanía—. No te vayas. No te rompas. Aguantá por Jorgue.

Adela no respondió. Solo lloró por primera vez, como si el cuerpo por fin entendiera que ya no podía sostenerse.

El quirófano tardó.

Y mientras tardaba, Adela se volvió un reloj roto: miraba la puerta, escuchaba pasos, contaba segundos sin querer.

Marta le ofreció agua, pero Adela no la tocó.

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mariela
Por fin Lunas decidiste ir a Brasil a contarle la verdad de tu salud a tu madre veremos como reacciona al ver Adela y saber que va a tener un nieto.
mariela
Adela y Lukas ya se atrevieron a dar el paso para hacer el delicioso 😋😋😋🤤🤤🤤 y funcionó perfectamente y ahora con Luci posesionada de la cama y la casa huele a hogar por fin Adela se olvido por un momento de todo.
mariela
Ya Adela esta empezando a dejar que el dolor por la perdida de Jorge se transforme en amor que no lo olvidara nunca pero ella tiene que aprender a vivir y ser feliz con ese amor que le ofrece Lukas.
mariela
Porque le tiene tanto miedo a Aldo que venda su casa y se divorcie de esa escoria Lukas tiene dinero y puede contratar a un buen abogado que saque a ese lastre de encima.
mariela
Muy bonias palabras y consejos de Estafania a su hermana Adela se esta auto castigando porque si siente alegría, si ríe, si ama estará faltando a la memoria de su hijo Jorge y se es dolorosa la muerte de un hijo pero la vida continua y por eso no es faltarle a su memoria honralo recuerdalo con amor infinito fue tu hijo por 9 años siempre lo vas adorar.
Te mereces una oportunidad de ser feliz al lado de Lukas no lo pienses y deja te querer y quiere tu también.
mariela
Adela hablar de tu pasado y la muerte de tu hijo que es doloroso por las circunstancias en que sucedio esa tragedia te hace bien desahogar ese pesar que llevas y así Lukas sabrá de tu tristeza.
mariela
Que gustos tenía Estefi que nadie la quería y la juzgaba porque si era lesbiana porque criticar cada quien tiene sus gustos y quien la comprendió fue Hans y no la juzgo.
Lukas lo que hace el amor saliste de tu casa a respirar el mismo aire que Adela.
mariela
Ya comenzo sutilmente el cariño entre Adelante y Lukas que puede llegar al amor verdadero que tanto necesitan los dos.
mariela
Lukas llego la horma de tu zapato la que te hará fortalecer ese cuerpo y puedas volver a caminar así sea con un bastón pero de pie.
mariela
🤣😂🤣😂 Lukas te llego la generala que te pondrá firme para que respete que pensaste que Adela se iba a dejar por ti si tu pasaste muchas cosas hasta ser herido y quedar discapacitado ella también esta a dando por un dolor fuette.
mariela
Creo que Hans involucrara a Adela con su jefe como enfermera para cuidar su salud y ella para que se distraiga y salga de esa rutina pensando en el pasado sabemos que la muerte de su hijo no se olvidara nunca es una herida abierta que la acompañara toda la vida pero ella tiene que levantarse y salir adelante.
mariela
Adela es lo mejor salir de ese circulo vicioso vete con tu hermana para Alemania hasta puedes conseguir trabajo cambiar de ambiente y no ver al vicioso de Aldo.
Claudia Patricia Cruz Saa
Adela tú eres la mayor responsable de lo que le pasó a tú hijo por no haber lo protegido de ése delincuente que le diste como padre, porque aún sabiendo lo que pasaba te hacías la ciega para no proteger a tu hijo así que ahora no te quejes ni hagas culpables a otros por lo que era tú deber hacer
mariela
Que dolor tan grande para Adela la muerte de su hijo por culpa de el juego y el vicio de Aldo y el tranquilo no le dolió no vino llorando nada desgraciado menos mal saliste de ese lastre esa escoria que no sirve para nada.
mariela
Que hdp no estar en el velorio y entierro de su hijo porque según el no era el momento Adela mandalo para la 💩💩 que se vaya ese desnaturalizado y desgraciado de Aldo no merece estar a tu lado después de la muerte de Jorge.
Mary Ney
Que dolor que sinvergüenza ese Aldo no le dolió el hijo
mariela
Que fuerte lo que le esta sucediendo a Adela su hijo murió por culpa de su propio padre y ahora ese dolor no lo superara nunca.
Claudia Patricia Cruz Saa: La culpa no es sólo del padre de ella aún más.
por que tenía que haber protegido a su hijo y no lo hizo, porque cuando una persona tiene vicio no le importa la vida de otros sólo piensan en mantener su vicio
total 1 replies
mariela
Pobre Adela ver a su hijo herido por culpa de su padre por deudas de juego y la advertencia fue contra el pequeño Jorge que no tiene nada que ver con razón la hermana de Adela le dijo dejalo y ella de necia creyendo en promesas vacías lo dejo estar.
mariela
Adela ese Aldo es un hombre con demasiados vicios y problemas y siempre tu se lo solucionas suelta a esa escoria que no sirve ni para esposo menos para padre.
mariela
Ese Aldo es un vicioso ludópata que por lo visto no esta pendiente de su familia se desaparece veremos que es lo que pasa con esta pareja.
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