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AHORA QUE LLEGÓ EL AMOR VERDADERO, EL PASADO SE HACE PRESENTE

AHORA QUE LLEGÓ EL AMOR VERDADERO, EL PASADO SE HACE PRESENTE

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Romance / CEO / Completas
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: RENE TELLO

VOLVER A AMAR - TEMPORADA II

Ella creció creyendo que el amor era resistencia, ceder un poco más, esperar que las cosas mejoren. Durante años sostuvo una relación que hacia afuera parecía perfecta, pero puertas adentro la hacía dudar de sí misma. Él era encantador con el mundo y tormentoso en privado. Y ella, paciente, probablemente demasiado paciente.

Hasta que una noche, en medio de una cena donde entendió que nadie iba a defenderla, ni siquiera ella misma, respiró hondo y tomó la decisión más difícil y necesaria de su vida: irse.

Se fue con una maleta, con miedo, con incertidumbre, pero también con una extraña sensación de alivio.

Lo que no sabía era que marcharse no era el final, sino el comienzo. Que después de una relación que la apagó, podía existir un amor distinto, uno más sano, más ligero, uno donde no tuviera que disminuirse para quedarse.

Porque a veces perder una historia es la única manera de encontrarse con la que realmente está destinada a vivirse.

NovelToon tiene autorización de RENE TELLO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 23

La tarde caía lentamente sobre la ciudad cuando sentí que algo perturbaba la cSamantha que habíamos logrado tras la boda. Emiliano jugaba en el salón con un nuevo juguete que le habían dejado los abuelos, absorto en sus propios mundos de imaginación, y Leonardo estaba en el despacho revisando algunos contratos, ajeno a cualquier amenaza, confiado en que nuestra seguridad era impenetrable.

Mi teléfono vibró con un mensaje encriptado que me hizo fruncir el ceño, era de uno de los contactos de seguridad de Leonardo que escribió “Movimiento sospechoso detectado: Octavio en coordinación con Ricardo del Pino. Preparan algo.”

El corazón me dio un vuelco. Sabía que Octavio no se rendiría fácilmente, y menos con alguien como Ricardo del Pino respaldándolo. Alejandra, su hija, había sido la ex de Leonardo y ahora la amante de Octavio; su padre siempre había tenido influencia y recursos. La combinación era peligrosa.

—Leonardo— dije, acercándome mientras mi voz temblaba ligeramente. —Tenemos un problema. Está confirmado en demasía que Octavio está recibiendo ayuda de Ricardo del Pino. No sé exactamente qué planean, pero no pinta bien.

Leonardo levantó la vista del escritorio, sus ojos intensos y concentrados como si ya estuvieran calculando cada posibilidad. Tomó mi mano con calma, apretándola suavemente, como para recordarme que no estaba sola.

—Lo esperaba— dijo con voz grave pero firme. —Pero eso no significa que tengan oportunidad. Todo está blindado. Emiliano está seguro, nuestra familia está protegida. No van a pasar.

Asentí, pero no pude evitar un escalofrío recorrer mi espalda. Octavio era capaz de cualquier cosa, y con Ricardo del Pino de su lado, las cartas del juego cambiaban.

—Tenemos que movernos rápido—añadí. —No podemos esperar a que den un pasó más, parece que la citación judicial los avivó más.

Leonardo me pasó un brazo por los hombros y me atrajo hacia él, inclinando la cabeza para rozar la mía con un gesto que combinaba ternura y fuerza.

—Confía en mí, Samantha. Todo está calculado. Ellos creen que pueden sorprendernos, pero no conocen todo lo que hemos preparado— expresó Leonardo.

Suspiré y apoyé la cabeza en su pecho, sintiendo su corazón latir firme bajo mi oído. Por un momento, intenté aferrarme a la calma de la mañana, a la sensación de que nada nos podía tocar.

—Entonces— dije con determinación, dejando que mi voz reflejara la fuerza que sentía en su abrazo, —vamos a demostrarles que no tienen idea de con quién se están metiendo.

Leonardo me sonrió, y pude ver en sus ojos la misma mezcla de miedo y adrenalina que yo sentía, transformada en complicidad. Era nuestra primera misión como familia consolidada, proteger a Emiliano, nuestro hogar, nuestro mundo.

Mientras nos preparábamos para revisar las medidas de seguridad, los números, las posibles rutas de ataque y todo lo que pudiera surgir, Emiliano irrumpió con una carcajada contagiosa, levantando su juguete como si fuera un trofeo.

—¡Miren esto!— gritó Emiliano, inocente y feliz. —¡Es el nuevo cohete que construí!

Leonardo dejó los documentos a un lado y se inclinó hacia él, jugando con el niño y haciendo como si disparara el cohete por toda la sala. Yo me uní, riendo mientras Emiliano nos hacía saltar y esquivar cada “explosión”. Por un momento, la amenaza quedó afuera, y todo lo que importaba era la risa de nuestro hijo, porque eso era Emiliano para nosotros, la complicidad entre nosotros, el calor de esta familia recién consolidada.

Cuando Emiliano finalmente se calmó, Leonardo me tomó de la mano y entrelazó sus dedos con los míos. Nos miramos y, sin palabras, compartimos la certeza de que todo valía la pena: los miedos, las estrategias, la vigilancia constante. Teníamos a Emiliano seguro, nos teníamos el uno al otro, y nuestra familia estaba completa.

Octavio y Ricardo del Pino podían planear todo lo que quisieran, pero no sabían lo más importante, estábamos juntos, invencibles, y no íbamos a ceder ni un centímetro de lo que habíamos construido.

La noche había caído sobre la ciudad, y nuestro departamento estaba silencioso salvo por el murmullo lejano del tráfico y el tic-tac del reloj del salón. Emiliano ya dormía en su habitación, su puerta entreabierta dejando escapar el leve sonido de su respiración tranquila, y eso nos daba libertad para perdernos en nuestra intimidad sin preocupaciones, pero con la alegría de que él estaba cerca, seguro en su mundo.

Me recosté en el sofá y Leonardo se sentó a mi lado, rodeándome con su brazo, sus dedos entrelazando los míos. La calma y la cercanía que sentíamos recién casados era casi tangible, un calor compartido que hablaba de promesas, protección y amor.

—Es extraño—susurré, apoyando mi cabeza en su pecho. —Todo parece tan perfecto. Y sin embargo, sé que afuera siempre hay problemas.

—No importa— respondió, bajando un beso suave sobre mi cabello. —Mientras estemos juntos, dentro de estas paredes, nadie puede tocarnos ni a Emiliano ni a nosotros.

Sus manos recorrieron mi espalda con delicadeza y luego, sin prisa, nuestros labios se buscaron en un beso que empezó suave y luego se volvió juguetón, cargado de la familiaridad y complicidad que solo se tiene cuando has compartido toda una vida en poco tiempo. Nos reímos entre besos, rozando nuestras mejillas, nuestros hombros, nuestros brazos, disfrutando de la cercanía más que de la urgencia.

—Me gusta esto— susurré entre risas. —Que podamos estar así, simplemente juntos, y que Emiliano esté seguro en su cuarto.

—A mí también— dijo Leonardo, apoyando su frente contra la mía. —Este es nuestro hogar. Nuestra familia.

Nos levantamos para caminar por el departamento, tomados de la mano, comentando varias cosas en voz baja y descubría con emoción que cada gesto era un recordatorio de que no solo éramos pareja, sino equipo, y que Emiliano era la pieza que completaba todo.

En la habitación, nos recostamos abrazados, riendo suavemente mientras jugábamos con los dedos del otro, susurrando secretos y planes que solo nosotros entendíamos. La ciudad seguía su ritmo allá afuera, pero dentro de nuestro departamento, la intimidad era cálida y segura, un refugio donde cada caricia, cada roce, cada mirada, estaba cargada de ternura y complicidad.

—Te amo— dijo Leonardo, con esa voz que siempre me hace temblar.

—Yo también— respondí, apoyando la cabeza en su pecho y sintiendo cómo su corazón latía tan cerca del mío. —Y sé que juntos, con Emiliano, podemos con todo.

Nos entregamos con todo el amor que pueda ser posible y dormimos así, entrelazados, seguros, con la certeza de que nuestra familia recién formada era fuerte, protegida, y capaz de enfrentar cualquier desafío.

1
Amalia liza maldonadoliza
bellísima historia te felicito de corazón
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