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MI EX ES MI SOBRINO

MI EX ES MI SOBRINO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:18.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Liam la cambió por dinero; ahora tendrá que inclinar la cabeza ante ella si quiere conservarlo. La venganza perfecta ha comenzado.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 8

El lunes por la mañana llegó con la puntualidad de una sentencia de muerte. A las seis en punto, el sol apenas empezaba a lamer los rascacielos de Manhattan, pero yo ya estaba de pie, envuelta en una bata de seda negra que Alexander me había regalado. Me gustaba el peso de la seda; se sentía como una caricia constante de alguien que no pedía permiso para poseer.

Alexander seguía en la cama, con las sábanas de hilo egipcio revueltas a su alrededor. Me quedé un momento observándolo desde el umbral de su suite. Incluso dormido, emanaba un aura de peligro controlado. Me acerqué y me senté en el borde del colchón. Su mano, grande y callosa en los lugares adecuados, buscó mi cintura instintivamente.

—¿Ya te vas a jugar a la reina? —murmuró con la voz ronca por el sueño, un sonido que me recorrió la columna como una corriente eléctrica.

—Alguien tiene que poner orden en este imperio, Alexander —respondí, inclinándome para besar su frente—. Liam llegará en una hora. No quiero que me encuentre desprevenida.

Él abrió un ojo, un destello de inteligencia oscura. Se incorporó levemente, permitiendo que la sábana cayera y revelara el torso que la noche anterior me había servido de refugio. Me tomó por la nuca y me atrajo hacia él en un beso lento, profundo, que sabía a café y a desafío. Sus dedos se hundieron en mi cabello con una urgencia que me hizo flaquear.

—Recuerda —susurró contra mis labios—, no le des tregua. En el momento en que vea una pizca de la Luna del orfanato, intentará morderte la mano. Enséñale que ahora esa mano lleva mi anillo.

Me levanté con el pulso agitado. Si el capítulo anterior fue sobre la exposición pública, este sería sobre la dominación administrativa. Me vestí con un traje de chaqueta gris humo, de un corte tan preciso que parecía una armadura. Los labios en un tono nude casi invisible y el cabello recogido en un moño tirante. No quería distracciones. Quería que mi rostro fuera un muro de hielo.

A las siete en punto, estaba sentada tras el escritorio de la oficina secundaria de la mansión, la que Alexander me había cedido para gestionar los asuntos "domésticos" de la familia. A las siete y diez, Liam entró.

No llamó. Entró como si todavía fuera el dueño del lugar, pero su apariencia lo traicionaba. Tenía los ojos rojos y el traje, aunque caro, le quedaba ligeramente grande, como si el estrés le estuviera consumiendo los músculos.

—Llegas tarde, sobrino —dije, sin levantar la vista del monitor donde revisaba sus extractos bancarios.

—Han sido diez minutos, Luna. No seas ridícula.

—Diez minutos en este mundo equivalen a diez millones en pérdidas —le señalé la silla frente a mí, una mucho más baja que la mía—. Siéntate. Y es "Señora Blackwood". O "Tía", si te sientes familiar. Pero nunca más mi nombre a secas.

Liam se sentó, bufando de rabia. Tiró una carpeta sobre el escritorio.

—Ahí tienes. Las facturas de Elena y los gastos de la boda. Necesito que liberes los fondos. Miller está presionando y Elena quiere el depósito para el salón del hotel.

Abrí la carpeta con una calma exasperante. Fui pasando página tras página mientras el silencio en la habitación se volvía espeso. Liam tamborileaba los dedos sobre sus rodillas.

—Ochenta mil dólares en un vestido que solo usará seis horas —comenté, lanzando la factura a un lado—. Denegado.

—¿Qué? ¡Es el vestido de novia!

—Es una ostentación innecesaria para una familia que, según estos números, está perdiendo liquidez en sus activos portuarios —continué—. Cincuenta mil en flores exóticas que morirán al día siguiente. Denegado. Y veo aquí un cargo de quince mil dólares en una joyería de la Quinta Avenida... el viernes pasado.

Levanté la vista y lo atrapé. Liam tragó saliva.

—Fue un regalo de compromiso para Elena —mintió.

—Mientes, Liam. Elena no llevaba nada nuevo el sábado. ¿A quién estás intentando comprar, sobrino? ¿A alguna modelo que te ayude a olvidar que ahora duermes en el ala de invitados mientras yo duermo en la suite principal?

—¡Eres una arpía! —gritó, levantándose y apoyando las manos sobre el escritorio—. ¡Hace meses llorabas porque no teníamos para el alquiler y ahora te crees con derecho a juzgar cómo gasto mi dinero!

Me levanté yo también, pero con una lentitud que lo hizo retroceder instintivamente. Me acerqué a él rodeando la mesa. Mi perfume lo envolvió, esa fragancia que Alexander había diseñado para ser una firma de poder. Me detuve a escasos centímetros de su pecho. Podía oír su respiración errática, podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo, ese calor que una vez me resultó familiar y que ahora me resultaba repulsivo.

—No es tu dinero, Liam —le recordé, mi voz bajando a un susurro gélido—. Es el dinero de Alexander. Y Alexander me ha dado la llave de la caja fuerte. Si quieres ese vestido para tu prometida, tendrás que venir aquí cada mañana a limpiar tu imagen. Tendrás que trabajar en el puerto, desde abajo, como un empleado más, para entender el valor de lo que estás malgastando.

—¡Jamás! —escupió.

—Entonces Elena tendrá que casarse con un vestido de rebajas —sonreí de forma gélida—. Imagina los titulares: "El heredero de los Blackwood, en la ruina, obliga a la señorita Miller a una boda de beneficencia". Tu orgullo no sobreviviría a eso, Liam. Ni el de ella.

Él cerró los ojos, derrotado. Estaba acorralado. La superioridad que intentaba fingir se había roto bajo el peso de la realidad.

—¿Por qué me haces esto? —preguntó con voz rota—. Sé que te lastimé, pero esto... esto es cruel.

—Cruel fue dejarme con un sobre de cien dólares después de que te entregué diez años de mi vida —le puse una mano en el pecho, justo sobre el corazón, y sentí cómo latía desbocado—. No me pidas piedad, sobrino. La piedad es para los débiles. Y tú me enseñaste a ser fuerte.

En ese momento, la puerta se abrió. Alexander entró, ya vestido con su traje de negocios impecable. Su presencia llenó la habitación, borrando a Liam del mapa.

—¿Hay algún problema aquí? —preguntó Alexander, caminando hacia nosotros. Su mano se posó posesivamente en mi cintura, atrayéndome hacia su costado.

—Ninguno, querido —respondí, mirando a Alexander con un brillo de deseo que no oculté—. Liam solo estaba agradeciéndome por ayudarle a organizar sus finanzas. Es un chico muy... aplicado.

Alexander miró a su sobrino con una condescendencia que era peor que un insulto.

—Me alegra oírlo. Liam, vete al coche. El supervisor del puerto te espera en los muelles a las nueve. Empezarás en la zona de carga. Si llegas tarde, Luna te restará otro diez por ciento de tu mensualidad.

Liam salió de la oficina sin mirar atrás, con los puños cerrados. La puerta se cerró tras él con un golpe seco.

Me giré hacia Alexander, que todavía me sujetaba por la cintura. Sus ojos brillaban con una mezcla de orgullo y algo mucho más carnal.

—Lo has manejado con una elegancia brutal —dijo, su voz volviéndose suave, íntima—. Verlo humillarse así por el dinero es... estimulante.

—Solo estoy siguiendo tus consejos —respondí, pasando mis manos por las solapas de su chaqueta—. Enséñale quién lleva el anillo.

Alexander me atrajo más hacia él, sus labios buscando mi cuello, dejando un rastro de calor que me hizo olvidar por completo los balances y las facturas. La oficina, que hacía minutos era un campo de batalla administrativo, se convirtió en un santuario privado. Alexander me sentó sobre el escritorio de caoba, apartando los papeles de Liam con un gesto despreocupado.

En la penumbra matutina de la mansión, mientras Liam se dirigía a los sucios muelles para trabajar como un obrero, Alexander me demostró que el poder no solo se ejerce en las juntas directivas o en los cheques. Se ejerce en la piel, en la mirada, en la forma en que un hombre domina el mundo para ponértelo a los pies.

—Esta noche —susurró él, sus manos trazando el contorno de mis muslos bajo la falda del traje—, te llevaré a ese restaurante que tanto querías. Quiero que todo Nueva York vea quién es la verdadera dueña de esta ciudad.

—Ya lo saben, Alexander —respondí, rodeando su cuello y atrayéndolo hacia mí—. Pero no me importa recordárselo una vez más

 el sonido del coche de Liam se alejaba hacia su castigo, mientras en el despacho de la matriarca, Luna y Alexander consolidaban su imperio de la única forma que importaba: con una unión que quemaba cualquier rastro del pasado. La venganza perfecta no solo era ver a Liam sufrir; era saber que, mientras él trabajaba bajo el sol, ella reinaba en la oscuridad de los brazos de su tío.

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Stella Maris Cutuli
Me resulta demasiada venganza y crueldad 😱
Gloria
Tampoco lo encuentro muy necesario, lo que pasa es que ella está dolida por que cuando el no era nadie, ella estuvo hay pasando las verdes y las maduras con el y ahora que el tiene dinero simplemente la desecha como trapo viejo, jajaja 🤣 nosotros no podemos obligar a una persona a quedarse a nuestro lado independientemente si hizo una promesa o no , hoy en día esas promesas son las que más fácil se rompen
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
EXCELENTE.
Stella Maris Cutuli
Cada capítulo más interesante y cuánto tardarán Luna y Alexander en prenderse fuego ❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥
Stella Maris Cutuli
muy buen comienzo👍👍
Mirla Loyo
me parece ésta venganza bastante absurda 🤷
Mirla Loyo
qué tíos tan fogosos ❤️‍🔥❤️‍🔥 🥵🫠🤣🤣🤣
Mirla Loyo
me parece absurdo ésta venganza...y como está éso de porqué yo?🤷...si ella fué quién lo buscó y le hizo la propuesta?🤦‍♀️
Crismely Vasquez
se enamoró del tío 🤣🤣🤣🤣🤣
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