🚫⚠️Esta historia, termina en POLIAMOR. Sigan de largo si no les gusta y, no denuncien por fa...⚠️🚫
Seleriun, una deidad que intenta esconderse y encajar en un mundo mortal, a aceptar su inmenso poder.
Lucha contra su propia naturaleza, mientras el destino y sus enemigos lo obligan a revelarse.
(Es la continuación de "Luna de Plata")
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El Triángulo del Poder
El aire en el Valle de los Susurros se volvió gélido, pero no era un frío natural. Era una ausencia de vida. El Monstruo, una masa informe de oscuridad que parecía absorber la luz de las estrellas, se retorcía frente a los tres jóvenes. No tenía ojos, pero Seleriun sentía su hambre. Una sed insaciable por la energía de la plata que corría por sus venas.
-¡Escúchenme bien!- gritó Seleriun, y su voz, antes suave, ahora resonaba con el eco de mil campanas divinas -Esta criatura se alimenta del miedo y de la magia que se lanza sin control. Si atacan por separado, solo la harán más fuerte. ¡Galen, Alec, combinen sus esencias ahora!-
Galen, el príncipe de Arev, rugió con una furia que hizo vibrar sus escamas de dragón mestizo. Sus ojos de oro líquido se fijaron en la sombra y lanzó una llamarada de fuego azul, concentrada y ardiente. Alec, el príncipe de las Islas Azules, no se quedó atrás. Levantó sus manos y el agua del estanque de obsidiana se elevó en una espiral masiva, envolviendo el fuego de Galen.
Al chocar ambas magias, se creó un vapor, una neblina hirviente que atrapó al monstruo, quemando su superficie oscura. Seleriun aprovechó el segundo exacto. Extendió sus manos y un rayo de plata pura, brillante como un relámpago, atravesó el corazón de la criatura. El monstruo soltó un alarido silencioso que hizo sangrar los oídos de los presentes antes de estallar en mil fragmentos de sombra.
Mientras la batalla rugía en el valle, la situación en el Palacio de Cristal era un caos diplomático. La comitiva de las Islas Azules estaba fuera de sí. El primer ministro del mar gritaba exigencias, acusando a la Reina Solana de ocultar a un arma de destrucción bajo la apariencia de un heredero.
-¡Es una violación a los tratados- gritaba el ministro -¡Nuestro príncipe Alec ha sido arrastrado a una trampa por ese joven de cabello plateado! ¡Exigimos saber quién es realmente!-
Solana, sentada en su trono con una elegancia que helaba la sangre, ni siquiera parpadeó. Su esposo, el Rey Consorte Obsidius, mantenía la mano sobre el pomo de su espada, listo para intervenir. Pero no fue necesario.
Un rugido ensordecedor, proveniente de las nubes más altas del norte, silenció a todos los presentes. El cielo se oscureció por la envergadura de unas alas colosales. No era un dragón cualquiera. Era Argolux, el Emperador de las Montañas Picos de Obsidiana, hijo del gran Brante y el Brujo de Plata.
Argolux aterrizó en la plaza del palacio con tal fuerza que los cristales de las ventanas vibraron peligrosamente. Al entrar al salón del trono en su forma humana, su sola presencia hizo que los ministros de las Islas Azules cayeran de rodillas por la pura presión de su aura real. Sus ojos eran como los del brujo y su armadura de escamas negras y plateadas despedía un calor volcánico. A su lado caminaba Kallan, su esposo, cuya mirada serena era el único freno a la furia del emperador.
-¡Cierren la boca, pequeños hombres de agua!- Rugió Argolux, y su voz fue como un terremoto -Mi sobrino Seleriun está en este momento limpiando la suciedad que sus pecados despertaron. ¿Se atreven a pedir explicaciones mientras una deidad pelea sus batallas?-
El General Fafnir, líder de los dragones de Arev que seguían a Galen, dio un paso adelante con profundo respeto.
-Emperador Argolux... el príncipe Galen está con él. Tememos por su vida.-
Argolux lo miró con desprecio, pero también con una pizca de reconocimiento.
-Tu príncipe tiene suerte. Si Seleriun no estuviera allí para guiar su fuego, Galen ya habría sido devorado por la nada. Muevan a sus hombres al límite del valle. Si intentan interferir en la pelea de mi sobrino, yo mismo me encargaré de que sus reinos sean solo un recuerdo en los libros de Susy.-
Nick y Susy se acercaron al grupo rápidamente. Susy tenía su libreta abierta, escribiendo con una velocidad sobrenatural.
-Es un evento de colisión, Nick.- susurró Susy con emoción contenida -El Emperador ha llegado. El tablero está completo.-
Nick asintió, mirando hacia el horizonte donde el brillo plateado comenzaba a intensificarse.
-Seleriun ha despertado, Susy. Ya no hay vuelta atrás. El mundo entero está a punto de ver lo que el Espíritu de la Luna realmente creó.-
De vuelta en el valle, la situación se había vuelto crítica. Los fragmentos del monstruo no habían muerto... se habían convertido en pequeñas sombras rápidas que trepaban por los escudos de agua de Alec. Galen estaba sangrando por un rasguño en el hombro y Alec estaba pálido, su energía agotándose por mantener la barrera.
-¡Atrás, los dos!- Ordenó Seleriun.
El joven de plata se elevó del suelo, su túnica de hilos de estrellas ondeando al viento. Su cabello platino comenzó a brillar con una luz tan blanca que era casi imposible de mirar. Sus ojos de galaxia desaparecieron, convirtiéndose en dos soles gemelos de plata pura. Por primera vez, Seleriun no sintió miedo de su poder. Sintió una conexión profunda con el universo, como si él fuera el hilo que unía todas las cosas.
-¡RETRÁIGANSE A LA NADA!- Sentenció Seleriun.
Una explosión de luz emanó de su cuerpo, viajando por todo el valle como una marea imparable. Los fragmentos del vacío se desintegraron al instante, convertidos en polvo de estrellas. La onda de choque fue tan inmensa que se sintió en todo el continente. En el Palacio de Cristal, los dragones de élite se arrodillaron por puro instinto y los diplomáticos cayeron al suelo en oración silenciosa.
Cuando la luz se disipó, el valle estaba en un silencio absoluto. Seleriun descendió lentamente, sus pies tocando la hierba que volvía a florecer a su paso. Galen y Alec lo miraban con una mezcla de terror, respeto y una devoción que rayaba en lo religioso.
-Se acabó.- Dijo Seleriun, aunque su voz sonaba cansada.
En ese momento, el General Fafnir, la comitiva de las Islas Azules y el Emperador Argolux aparecieron en la entrada del valle. Se quedaron petrificados ante la escena: los dos príncipes más prometedores del mundo estaban cubiertos de polvo y heridas, arrodillados ante un joven que irradiaba una majestad que hacía que cualquier rey pareciera un mendigo.
Argolux caminó hacia su sobrino, ignorando por completo a los príncipes y generales. Le puso una mano pesada en el hombro y sonrió con orgullo imperial.
-Bien hecho, pequeño rayo de luna. Has demostrado que la sangre de los Picos de Obsidiana y la plata de la luna son la ley en este mundo.-
Seleriun miró a su tío y luego a los ejércitos que lo observaban con miedo. Dio un paso al frente, y su voz fue escuchada no solo por los oídos, sino directamente en las mentes de todos.
-Soy Seleriun de Luna de Plata.- declaró -Y no permitiré que sus pequeñas guerras por territorios y coronas sigan debilitando este mundo. El Monstruo del vacío ha despertado, y esto fue solo una sombra de lo que viene. O luchan juntos bajo mi luz, o caerán por separado en la oscuridad absoluta.-
Galen se puso de pie, colocándose al lado derecho de Seleriun, su lealtad sellada para siempre. Alec hizo lo mismo al lado izquierdo, renunciando a cualquier ambición que no fuera servir a la deidad que le había robado el corazón.
En su estudio, Susy cerró su libro con un golpe seco. La pluma de fénix brillaba con un color tornasolado que unía el rojo, el azul y el plata.
-El Triángulo de Poder se ha formado. El Emperador Dragón ha dado su bendición y la deidad ha reclamado su trono. Mañana, el mundo no será el mismo.-