¿Puede un corazón de hielo derretir una maldición de sangre?
Devil lo tenía todo: una belleza insultante, una estatura imponente de 1.87 m y unos ojos violetas que eran la perdición de cualquier mujer en la capital. Pero su arrogancia lo llevó a cruzar el jardín equivocado. Tras un desafortunado encuentro con una hechicera, el joven seductor despierta atrapado en el cuerpo de un gato negro. La condena es simple pero devastadora: no recuperará su humanidad hasta que alguien lo ame de verdad.
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capítulo 10
La mañana en el mercado del pueblo era un hervidero de colores, olores a pan recién horneado y el murmullo incesante de los chismes locales. Rose, con su canasta de mimbre bajo el brazo y una expresión de preocupación que no lograba borrar ni el sol de primavera, caminaba entre los puestos de verduras sin ver realmente los tomates maduros. Su mente seguía en el cobertizo de la mansión, donde un Devil taciturno y deprimido pasaba sus horas tras el desastre del jabón.
—¡Rose! ¡Por aquí, mujer! —gritó una voz aguda desde un puesto de flores.
Era Martha, una vieja amiga de la infancia que trabajaba para la familia del magistrado. Rose se acercó, agradecida por una cara familiar en la cual volcar sus penas.
—Ay, Martha, si supieras el calvario que tengo en casa con el gato de la señora —suspiró Rose, dejando la canasta en el suelo—. Ayer casi mata al lechero, inundó el salón y ahora me ignora como si yo fuera la culpable de sus desgracias. No come, no juega, solo me mira con esos ojos violetas que parecen reprocharme hasta el aire que respiro.
Martha frunció el ceño, evaluando la situación con la sabiduría de quien ha criado a una docena de gatos callejeros.
—Escúchame bien, Rose. Ese gato no está enfermo ni está loco —sentenció Martha, cruzándose de brazos—. Lo que le pasa es muy sencillo: está en celo. Ese mal humor, esos ataques de celos con el lechero, esa mirada trágica... lo que necesita es compañía. Está solo en esa mansión enorme con una viuda de hielo y una criada que solo sabe darle mimos. Necesita una novia.
Rose abrió mucho los ojos, parpadeando con sorpresa.
—¿Una novia? ¡Pero si es solo un gatito!
—Es un macho, Rose, y por lo que dices, uno con mucha energía. Si le traes una compañera, se le quitarán las tonterías de la cabeza y dejará de darte problemas. Es un instinto natural, mujer.
La Ofrenda de Paz
Rose regresó a la mansión con la canasta cargada no solo de víveres, sino con un pequeño bulto inquieto que emitía maullidos agudos. Se sentía culpable por haber dejado a "Cuchurrumin" en el cobertizo y quería que su regreso a la casa fuera especial. Había gastado sus ahorros del mes en una gatita Calicó preciosa, de manchas naranjas, negras y blancas, con unos ojos verdes que parecían esmeraldas curiosas.
—Esto lo arreglará todo —se dijo Rose a sí misma mientras cruzaba el jardín—. Estará tan feliz que me perdonará por el jabón.
Devil estaba sentado en el porche trasero, lamiéndose una pata con una elegancia melancólica, cuando vio aparecer a Rose. Sus instintos humanos le dijeron que ella traía una "ofrenda de paz", pero sus instintos felinos se erizaron al detectar un olor extraño. Un olor a... otro gato.
—¡Cuchurrumin! ¡Mira lo que te traje! —exclamó Rose, arrodillándose frente a él con una sonrisa radiante.
Abrió la tapa de la canasta y, con un movimiento delicado, sacó a la pequeña gatita Calicó. La dejó en el suelo, justo frente a la nariz de Devil.
—Se llama Mimi. Es para que no estés tan solito y para que... bueno, para que seas un gato feliz —dijo Rose, acariciando la cabeza de ambos.
El Insulto Supremo
Devil se quedó petrificado. Sus ojos violetas pasaron de la gatita a Rose, y luego otra vez a la gatita.
¿Una... una novia? ¡¿Me has traído una esposa gatuna?!, pensó Devil, sintiendo que el poco orgullo que le quedaba se desintegraba en tiempo real. ¡Soy un hombre de un metro ochenta y siete! ¡He salido con duquesas, con actrices, con las herederas más codiciadas del continente! ¡Y tú me traes a una pequeña bola de pelos tricolor para que "haga familia"!
Mimi, ajena al drama existencial de Devil, soltó un maullido agudo y empezó a restregarse contra el costado de él, buscando calor y juego. Devil retrocedió como si lo hubiera tocado un hierro al rojo vivo.
—¡Mira, ya se están conociendo! —chilló Rose, aplaudiendo de alegría—. Sabía que Martha tenía razón.
Devil estaba ardiendo en una mezcla de celos, indignación y una humillación tan profunda que casi le daban ganas de llorar. El hecho de que Rose pensara que su mal humor se debía a una "necesidad biológica animal" y no a su amor complejo y humano por ella, era el insulto final.
El Caos Calicó en el Salón
Mimi resultó ser una gatita con la energía de un huracán. Al ver que Devil no quería jugar, decidió que la mejor manera de llamar su atención era perseguir su cola por toda la estancia. Devil empezó a correr para alejarse de ella, pero Mimi lo seguía a todas partes, saltando sobre él y mordisqueándole las orejas.
La persecución se trasladó al interior de la mansión. Rose los seguía riendo, creyendo que estaban jugando.
—¡Corran, pequeños! ¡Miren qué bien se llevan!
Entraron en el salón principal, donde Suseth estaba leyendo junto a la chimenea. Devil, desesperado por sacarse de encima a la persistente Mimi, saltó sobre el piano de cola, provocando un estrépito de notas discordantes que hizo que Suseth soltara su libro.
—¡Rose! ¡¿Qué es este ruido?! —exclamó la viuda, poniéndose de pie.
Mimi saltó tras Devil, pero en su entusiasmo, resbaló sobre las teclas y cayó directamente dentro de un jarrón de cristal con flores frescas que estaba sobre el piano. El jarrón se volcó, empapando las partituras y a la propia Mimi.
Devil se sentó en la parte más alta del piano, mirando la escena con una mezcla de horror y satisfacción malévola. ¡Ahí tienes a tu "novia", Rose! ¡Es un desastre con patas!
—Señora, yo... yo pensé que Cuchurrumin necesitaba compañía —explicó Rose, tratando de atrapar a una Mimi mojada que ahora corría por las alfombras dejando huellas de agua y pétalos.
Suseth miró a la gatita empapada, luego miró a Rose, y finalmente clavó sus ojos rojos en Devil. Hubo un silencio denso. Suseth, que sabía perfectamente que Devil era un hombre, captó la humillación absoluta en la mirada violeta del gato negro. Estuvo a punto de soltar una carcajada, pero se contuvo, transformándola en una sonrisa sardónica.
—Rose —dijo Suseth, su voz destilando una ironía que solo Devil podía descifrar—. Creo que le has dado a nuestro "Cosa" exactamente lo que se merece. Un recordatorio constante de su naturaleza actual.
—¿Verdad que sí, señora? —respondió Rose, secando a Mimi con su delantal—. Se van a querer mucho.
El Ataque de Celos Definitivo
Mimi, una vez seca, volvió al ataque. Se acurrucó junto a Rose, ronroneando con fuerza mientras Rose le daba pequeños trozos de pollo de su plato.
—¡Ay, Mimi, qué dulce eres! No como otros gatos cascarrabias que conozco —dijo Rose, lanzándole una mirada de reproche a Devil.
Ver a Rose dándole todo el afecto, los mimos y la comida a la "nueva intrusa" fue más de lo que Devil pudo soportar. El plan de Rose de "traerle una novia" había resultado en que él fuera reemplazado en el corazón de su cuidadora por una gatita de tres colores que ni siquiera sabía usar la caja de arena correctamente.
Devil bajó del piano y se acercó a Rose, intentando empujar a Mimi con el hombro para recuperar su lugar. Pero Rose lo apartó suavemente.
—No, Cuchurrumin. Tienes que aprender a compartir. Deja que la pequeña coma primero. Has sido muy malo últimamente.
Devil se retiró a un rincón oscuro, sintiendo que el pecho le ardía. Estaba celoso de Mimi por tener la atención de Rose, y estaba furioso con Rose por no entender que él no quería una gata, la quería a ella. La ironía era suprema: Suseth se burlaba de él, Rose lo ignoraba por un bebé calicó, y él seguía atrapado en un cuerpo que ahora tenía que compartir territorio con una "esposa" no deseada.
La Sombra de la Hechicera
Esa noche, mientras Mimi dormía plácidamente en la cesta que antes era solo de Devil, él se quedó en el alféizar de la ventana, mirando la luna con amargura.
De repente, una sombra se proyectó sobre el cristal. No era la sombra de un árbol, sino la de una figura encapuchada que parecía flotar en el jardín. Devil se puso en guardia, sus instintos de protección activándose de inmediato.
—¿Así que te han buscado una esposa, "hermoso chico"? —una voz sibilante y femenina resonó en su mente. Era la hechicera—. Parece que tu vida como gato se está volviendo demasiado... doméstica. Me pregunto si el "amor verdadero" vendrá de esa pequeña calicó o de la viuda que conoce tus secretos.
Devil siseó contra el cristal, pero la figura desapareció en un parpadeo, dejando tras de ella un olor a azufre y rosas marchitas.
La presencia de la gatita Mimi no era solo una humillación; era una distracción peligrosa. Devil se dio cuenta de que el tiempo se agotaba. Si no lograba que alguien lo amara de verdad pronto —y claramente no sería Mimi, ni Suseth en su estado actual—, la hechicera podría decidir que su castigo necesitaba un giro más permanente.
Miró a Rose, que dormía en el cuarto contiguo, y luego a la pequeña Mimi. Tenía que recuperar su lugar. Tenía que demostrar que él era más que un animal en celo. Pero, ¿cómo compites con la ternura de una gatita calicó cuando tú eres el "Devil" que rompe jarrones y causa desastres? El capítulo de su humillación apenas comenzaba, y el amor verdadero se sentía como un espejismo en medio de un campo de juego lleno de ovillos de lana y celos felinos.
La forma en que transmites las emociones del personaje son tan reales y el crecimiento emocional que vemos en ellos WOW ¡¡Es fascinante!! La estructura de los acontecimiento, el orden con el que se desarrollan
...espero, deseo y agradezco que sigas compartiendo con nosotras historias tan magnificas como estas....🥰🤩😍