Raeliana fue despojada de la mansión murió sabiendo que fue utilizada.. despierta en el pasado, con todos sus recuerdos intactos y una sola meta: no volver a casarse con el conde que la llevó a la muerte. Esta vez, antes de que el palacio la destruya, ella cambiará el destino…
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El Vestido Rojo
Está comprometida conmigo —dijo bajo, cerca de su oído—. Eso es suficiente.
Ella apoyó una mano en su pecho para mantener distancia.
—No sabía que el duque era tan territorial.
—Solo cuando es necesario.
Su pulgar se movió apenas sobre la curva de su cintura.
—Y usted no parece entender cuánto llama la atención.
Raeliana lo miró fijo.
—¿Eso le molesta?
Él bajó la cabeza hasta quedar frente a ella.
—Me provoca.
Silencio.
El pasillo parecía más estrecho.
—No me comprometo para compartir —continuó él—. Ni para competir.
Ella tragó saliva.
—Entonces confíe en mí.
Noah sostuvo su mirada varios segundos.
Luego su mano subió lentamente hasta su mentón.
La obligó suavemente a alzar el rostro.
—Confío —murmuró—. Pero eso no significa que no marque límites.
Y la besó.
Esta vez fue un beso largo y placentero.
Cuando se separaron, su respiración estaba desordenada.
—No vuelva a responderle al príncipe de esa manera —dijo él, más calmado—. Solo yo puedo mirarla así.
Raeliana lo observó, sin retroceder.
—Entonces asegúrese de ser el único que tenga derecho.
Una chispa cruzó sus ojos.
Noah sonrió apenas.
—Eso pienso hacer.
Le ofreció el brazo con formalidad renovada.
Pero su mirada seguía siendo posesiva.
—Esta noche me acompañará a un baile.
Noé lo dijo dentro de la habitación de Raeliana, sin rodeos.
Ella dejó el libro sobre la consola.
—¿Es una orden, su excelencia?
—Es una invitación que no pienso aceptar como negativa.
Ella suspiró.
—Necesito tiempo para prepararme.
—No es necesario.
En ese momento tocaron la puerta.
Entró un joven elegante, vestido con sobriedad refinada.
—Milady —hizo una reverencia—. Mi nombre es Lucien Beaumont. Su excelencia solicitó mis servicios.
Raeliana arqueó una ceja.
—¿Servicios?
Lucien sonrió levemente.
—Peinado, maquillaje y presentación digna de una futura duquesa.
Noah ya se dirigía hacia la puerta.
—La esperaré abajo.
Y salió.
Una hora después…
Lucien terminó su obra.
El cabello recogido con delicadeza, dejando algunos mechones suaves. Maquillaje sutil que resaltaba sus ojos.
Una sirvienta entró con una caja.
—Milady, esto lo envía su excelencia.
Raeliana la abrió.
Vestido rojo.
Profundo. Intenso. Perfectamente confeccionado.
Lo sostuvo unos segundos.
Sonrió.
Cuando bajó las escaleras…
Noah estaba de espaldas, ajustando sus guantes.
Se giró.
Y se quedó quieto.
Completamente quieto.
Sus ojos recorrieron el vestido, el cabello, su postura. la mira de arriba abajo.
Sonríe.
Se acercó despacio.
Raeliana está hermosa está noche .
—Elegí bien —murmuró.
Le ofreció el brazo.
—Vamos.
Gracias mi Lord
La música llenaba el salón.
Las miradas se clavaron en ellos.
Noah era respetado. Temido. Deseado.
Y ella… estaba a su lado.
Los murmullos de las damas crecían como un eco venenoso entre abanicos y sonrisas fingidas.
Noah coloca la mano en su cintura para el primer baile.
—Te están mirando demasiado —dice él.
—Es un baile.
—No me gusta.
No me gusta que la deseen.
Empieza la música.
Bailan.
Él la acerca más de lo necesario.
—Estás marcando territorio —murmura ella.
—Correcto.
No lo niega.
Eso la descoloca.
Bailaron sin apartar la mirada, como si el resto del salón hubiera dejado de existir. La tensión entre ambos era más intensa que la música misma.