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Marcada Por El Pecado

Marcada Por El Pecado

Status: En proceso
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Romance oscuro
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Naimastran

Valentina descubre que su novio no solo le es infiel, sino que forma parte de la mafia. Lo que no esperaba era cruzarse con Dante Moretti, un hombre tan peligroso como irresistible, que decide convertirla en su obsesión. Atrapada entre traición, poder y deseo, Valentina deberá sobrevivir en un mundo donde amar puede ser la peor condena.

NovelToon tiene autorización de Naimastran para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

5

El silencio en el café dejó de ser incómodo.

Se volvió peligroso.

Pesado.

Denso.

Como si el aire mismo supiera que algo estaba a punto de romperse.

Valentina no respiraba.

No de verdad.

Su pecho subía y bajaba, pero el aire no alcanzaba. No podía apartar la mirada de Dante. No podía ignorar la forma en que estaba ahí, tan seguro, tan dominante, como si todo el lugar le perteneciera.

Como si ella también.

—Todavía no —había dicho.

Esas dos palabras seguían resonando en su cabeza.

Todavía.

No.

Santiago dio un paso hacia adelante.

Error.

Grave error.

—Alejate de ella —dijo, con la voz cargada de tensión.

Dante no reaccionó de inmediato.

Ni siquiera lo miró.

Sus ojos seguían en Valentina.

Como si esperara algo.

Una respuesta.

Una reacción.

Una señal.

Pero ella no pudo dársela.

No todavía.

—No me gusta repetir las cosas —insistió Santiago.

Y ahí sí.

Dante giró lentamente la cabeza.

Sus ojos se clavaron en él.

Y el ambiente cambió.

Fue sutil.

Pero brutal.

Porque todo en Dante se volvió más frío.

Más calculador.

Más letal.

—Entonces no lo hagas —respondió con calma.

La tranquilidad en su voz era peor que cualquier grito.

Santiago apretó los puños.

—No tenés idea de con quién estás hablando.

Dante sonrió apenas.

Esa sonrisa que no prometía nada bueno.

—Al contrario.

Un paso.

Se acercó lo suficiente como para invadir el espacio de Santiago.

—Sé exactamente quién sos.

El aire se tensó.

Valentina sintió cómo su cuerpo reaccionaba, rígido, alerta.

—Un error —continuó Dante.

Silencio.

—Y los errores… se corrigen.

El golpe fue directo.

Santiago no retrocedió.

Pero dudó.

Y eso…

Eso Dante lo vio.

Lo olió.

Lo aprovechó.

—Ella no tiene nada que ver con esto —dijo Santiago, bajando el tono, intentando recuperar control—. Dejala afuera.

Valentina lo miró.

Por primera vez desde que Dante había llegado.

Había algo en la forma en que lo dijo.

Algo que parecía real.

Pero ya era tarde.

Porque Dante respondió sin apartar la mirada de él.

—Eso ya no lo decidís vos.

El corazón de Valentina se apretó.

—Dante… —intentó decir.

Pero él levantó una mano.

Sin mirarla.

Sin hablarle.

Y aún así…

La silenció.

Como si tuviera ese poder.

Y lo tenía.

El café entero parecía contener la respiración.

Nadie hablaba.

Nadie intervenía.

Pero todos miraban.

Todos sentían.

Porque había algo en esa escena que no era normal.

Que no era cotidiano.

Que no era seguro.

—Escuchame bien —dijo Santiago, más bajo, más tenso—. No sabés en lo que te estás metiendo con ella.

Dante ladeó la cabeza.

—Lo sé perfectamente.

Un segundo.

Dos.

Y entonces…

Sus ojos volvieron a Valentina.

Y ahí…

Ahí cambió todo.

Porque la forma en que la miró…

No era como antes.

Era más profunda.

Más oscura.

Más peligrosa.

—Y vale la pena.

El golpe fue directo al pecho de Valentina.

La respiración se le cortó.

—No soy un objeto —dijo ella, encontrando voz de repente.

Ambos hombres la miraron.

Pero fue Dante quien respondió.

—No.

Se acercó un poco más.

—Sos una elección.

Silencio.

—Y ya la hice.

El mundo se detuvo.

Santiago dio un paso adelante.

—Basta.

Su voz ahora era más firme.

Más cargada.

—Esto termina acá.

Dante no se movió.

No retrocedió.

No reaccionó.

Solo lo miró.

Y luego…

Sonrió.

—No.

Una sola palabra.

Y todo se rompió.

Santiago lo empujó.

Fue rápido.

Impulsivo.

Instintivo.

El error más grande que podía cometer.

Porque Dante ni siquiera perdió el equilibrio.

Solo lo miró.

Un segundo.

Y luego…

Respondió.

El golpe fue seco.

Preciso.

Devastador.

Santiago cayó contra una de las mesas, derribando una silla en el proceso.

El sonido retumbó en todo el café.

Alguien gritó.

Valentina se levantó de golpe.

—¡Basta!

Pero nadie la escuchó.

Porque Dante ya estaba sobre él.

No con furia.

No con descontrol.

Sino con una calma aterradora.

Lo levantó del cuello de la camisa.

Lo sostuvo.

Como si no pesara nada.

—Te advertí —murmuró.

Santiago intentó soltarse.

Pero no pudo.

—Soltalo —dijo Valentina, acercándose—. ¡Dante!

Y ahí…

Ahí sí.

Dante reaccionó a su voz.

Giró apenas la cabeza.

La miró.

Y algo cambió.

Un segundo.

Solo uno.

Pero suficiente.

Soltó a Santiago.

Que cayó al suelo, respirando con dificultad.

El silencio volvió.

Pesado.

Irrespirable.

Dante se acomodó el saco como si nada hubiera pasado.

Como si no acabara de romper algo.

O a alguien.

—Nos vamos —dijo.

No fue una pregunta.

Valentina lo miró.

Confundida.

Alterada.

—¿Qué?

—Vos y yo.

Su tono no dejó lugar a dudas.

—No.

Respuesta automática.

Instinto.

Pero Dante ya estaba caminando hacia ella.

—Sí.

—No voy a ir con vos.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Y entonces…

Dante se detuvo frente a ella.

Demasiado cerca.

Otra vez.

Siempre demasiado cerca.

—No te estoy preguntando.

El corazón le golpeó con fuerza.

—No sos nadie para decirme qué hacer.

Error.

Porque Dante bajó la mirada hacia sus labios.

Y cuando volvió a sus ojos…

Había algo distinto.

Más intenso.

Más oscuro.

—Equivocada.

Su mano se alzó.

Y esta vez…

No fue suave.

La tomó de la muñeca.

Firme.

Sin lastimar.

Pero sin dejar opción.

Valentina sintió el impacto.

El control.

La fuerza.

—Soltame.

—No.

Sus dedos se ajustaron apenas.

—Esto ya empezó.

El aire se volvió fuego.

—Yo no elegí esto.

—No importa.

Su voz fue baja.

Peligrosa.

Cercana.

—Yo sí.

El mundo se detuvo.

Santiago intentó levantarse.

—Valentina, no vayas.

Ella lo miró.

Y por un segundo…

Dudó.

Pero Dante lo vio.

Claro que lo vio.

Y eso no le gustó.

Nada.

Se acercó más a ella.

Invadiendo completamente su espacio.

—Mírame.

La orden fue suave.

Pero firme.

Valentina lo hizo.

Y cuando sus ojos se encontraron…

Todo lo demás desapareció.

—Si te quedás —murmuró— esto no termina bien.

Un segundo.

Dos.

—Si venís conmigo…

Su pulgar rozó su muñeca.

—Tampoco.

El silencio explotó entre ellos.

Pero había algo más en su voz.

Algo que la desarmó.

—Pero vas a entender.

El corazón de Valentina latía descontrolado.

—¿Entender qué?

Dante no respondió de inmediato.

Se inclinó apenas.

Lo suficiente para que solo ella lo escuchara.

—Por qué no podés salir de esto.

El golpe fue directo.

Y sin esperar respuesta, tiró suavemente de su mano.

No con violencia.

Pero sí con decisión.

Valentina no se resistió.

No completamente.

No como debería.

Y eso…

Eso lo cambió todo.

Salieron del café.

La noche los envolvió.

Fría.

Oscura.

Peligrosa.

El auto de Dante estaba ahí.

Esperando.

Como todo en su mundo.

Valentina se detuvo.

—Esto es una locura.

Dante abrió la puerta.

La miró.

—Sí.

Silencio.

—Pero ya estás adentro.

El aire se volvió pesado.

Ella miró atrás.

El café.

Santiago.

Su vida.

Todo lo que conocía.

Y luego…

Volvió a mirarlo a él.

Dante.

Oscuro.

Imponente.

Imposible de ignorar.

Y en ese instante, tomó la peor decisión de su vida.

O la única posible.

Subió al auto.

Dante cerró la puerta.

Rodeó el vehículo.

Y cuando se sentó frente al volante…

Sonrió.

Leve.

Oscuro.

Satisfecho.

Porque no la había obligado.

No del todo.

Y eso lo hacía aún mejor.

El motor arrancó, y con él, todo cambió. Valentina no lo sabía aún, pero acababa de cruzar una línea.

Una sin regreso.

Y Dante Moretti, acababa de reclamar lo que quería.

Sin pedir permiso.

Sin dar opción.

Sin mirar atrás.

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