Abril sabe lo que es amar hasta perderse a sí misma.
Cuando acepta un trabajo inesperado, jamás imagina que la llevará a conocer a Darío, un hombre atrapado en una relación donde los celos, el control y la manipulación se confunden con amor.
Él cree que su pareja lo cuida. Ella sabe que lo está destruyendo.
Mientras Abril intenta ayudarlo a abrir los ojos, se ve envuelta en un triángulo peligroso donde los sentimientos reales chocan con secretos, mentiras y decisiones que pueden romperlo todo.
¿Es posible amar sin dolor cuando el pasado aún sangra?
¿O algunas personas están destinadas a perderse antes de encontrarse?
Corazones en Juego es una historia intensa sobre relaciones tóxicas, segundas oportunidades y el valor de elegir un amor que no duela.
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Capítulo 15: Las grietas también separan
Abril empezó a notar el cambio en Darío antes de que él lo dijera en voz alta. No era algo evidente para cualquiera, pero ella se había vuelto experta en leer silencios. Las respuestas tardías, la mirada distraída, la forma en que parecía estar siempre en otro lugar incluso cuando estaba frente a ella. No era distancia fría, era confusión. Y la confusión, Abril lo sabía bien, podía ser más peligrosa que el rechazo.
Esa tarde habían quedado de verse en el mismo café donde todo había comenzado. El lugar tenía un aroma constante a café recién molido y conversaciones ajenas que funcionaban como ruido de fondo. Antes, ese sitio le transmitía calma. Ahora le generaba una presión extraña en el pecho.
Darío llegó tarde. No mucho, quince minutos apenas, pero no avisó. Cuando entró, sonrió con cansancio y se disculpó con un gesto leve.
—Se me fue el tiempo —dijo.
Abril asintió.
—Está bien.
Pero no estaba bien. Y ambos lo sabían.
Pidieron café. El silencio se instaló entre ellos como un tercer invitado. Finalmente, Darío habló.
—Hoy mi terapeuta me preguntó algo que no supe responder.
Abril levantó la mirada.
—¿Qué cosa?
—Me preguntó si estoy tomando decisiones por mí… o reaccionando a todo lo que pasó.
Abril esperó, sin interrumpir.
—Y no supe qué decir —continuó él—. Porque a veces siento que estoy avanzando… pero otras siento que solo estoy huyendo.
La palabra quedó ahí. Huyendo.
Abril sintió un pinchazo interno.
—¿Huyendo de qué?
Darío dudó.
—De volver a lo mismo. De equivocarme otra vez. De confiar mal.
Abril sostuvo su mirada.
—¿Crees que confiar en mí es un error?
—No —respondió rápido—. Pero tampoco sé si estoy listo para confiar en alguien.
Esa frase fue honesta. Y dolió precisamente por eso.
Abril apoyó la taza en la mesa.
—Entonces tal vez deberías estar solo.
Darío parpadeó, sorprendido.
—No quise decir eso.
—Pero lo dijiste —respondió ella con suavidad—. Y no está mal. Solo… es claro.
El ruido del lugar pareció aumentar de golpe. Una risa lejana, una cuchara golpeando porcelana, una puerta abriéndose. Todo sonaba más fuerte de lo normal.
—No quiero perder lo que tenemos —dijo Darío.
Abril sonrió apenas, pero era una sonrisa triste.
—No puedes perder algo que aún no sabes si quieres.
Darío se pasó una mano por el cabello.
—Siento que todos esperan algo de mí. Mi familia, mi terapeuta, tú… hasta yo mismo.
—Yo no espero nada —dijo Abril.
—Sí esperas —replicó él con suavidad—. Esperas que sane. Que reaccione. Que despierte.
Abril guardó silencio. Porque era verdad.
—No sé si puedo cargar con eso ahora —añadió Darío.
Esa fue la grieta.
No hubo gritos. No hubo reproches. Solo una verdad dicha en voz baja que cambió el clima entre ellos.
Abril respiró hondo.
—No tienes que cargar conmigo —dijo—. Ni
Darío la miró en silencio, como si evaluara cada una de sus palabras.
—Tal vez necesites tiempo —dijo al fin, con voz baja—. Y eso está bien.
Esa frase pesó más de lo que ambos quisieron admitir.
Darío sintió un vacío inmediato.
—¿Eso quieres?
Abril negó lentamente.
—No. Pero a veces querer no es suficiente.
Pagaron la cuenta en silencio. Salieron juntos, pero caminaron en direcciones opuestas.
Esa distancia repentina dolió más que cualquier discusión.
Se sentó en su departamento, solo, mirando el teléfono sin escribir. Tenía ganas de explicarse, de arreglarlo, de no dejar que ese momento definiera todo. Pero también entendía que Abril no estaba equivocada.
Por su parte, Abril llegó a casa con la sensación de haber hecho lo correcto y lo doloroso al mismo tiempo. Se dejó caer en
—No voy a salvar a nadie —susurró—. Ni voy a perderme otra vez.
Su teléfono vibró. Era Victoria.
—¿Todo bien?
Abril dudó antes de responder.
—No exactamente.
Victoria entendió más de lo que decía el mensaje.
—Darío está aprendiendo a caminar —escribió—. A veces eso implica tropezar con quienes lo ayudan.
Abril leyó el mensaje varias veces. No respondió. No porque no quisiera, sino por
Mientras tanto, Camila recibía noticias indirectas. Comentarios sueltos. Información incompleta. Pero suficiente para entender que algo se estaba tensando e
—Las grietas hacen el trabajo solas —pensó.
Sin embargo, por primera vez, no sintió triunfo. Sintió urgencia. Porque si Darío realmente cambiaba, si realmente se reconstruía, podría volverse alguien que ya no pudiera controlar nunca más.
Y eso sí era perderlo.
Darío pasó la noche en vela. Recordó cada palabra de Abril. Cada gesto tranquilo. Cada momento en que ella no lo presionó. Comprendió algo con claridad dolorosa: ella no lo estaba alejando. Le estaba devolviendo el control que él había perdido de sí mismo.
A la mañana siguiente, escribió un mensaje que tardó varios minutos en enviar. Lo leyó una y otra vez, dudó, borró una frase, volvió a escribirla. Cuando por fin lo envió, sintió que estaba cruzando una línea invisible, una que ya no tenía retorno.
—“No quiero que te alejes. Pero tampoco quiero usarte como apoyo mientras me encuentro. No sé cuál es la respuesta correcta. Solo sé que no quiero hacerte daño.”
Abril lo leyó en silencio. Sintió el impulso de responder de inmediato, pero esta ve
Porque las grietas no siempre rompen algo de golpe.
A veces solo muestran dónde
Y lo que viene después…
no depende del miedo,
sino de quién decide sostenerse cuando todo tiembla.
pero más gracias por una historia muy diferente...
definitivamente cuando la obsesión y los celos te nublan el juicio te vuelves peligroso porque no entiendes de razones...
no va a dejarlo tan fácil
si vuelve siempre fue para ti, si no nunca lo fue...
Camila en verdad tiene serios problemas