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Deseo Prohibido

Deseo Prohibido

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / CEO
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Arianna Rose

​"Ella es la inocencia que él no puede tocar. Él es el pecado que ella no puede evitar."
​Lucía Bennet es dulce, romántica y nunca ha conocido el amor. Como asistente de Dante Moretti, sabe que él es un hombre prohibido: está comprometido con una heredera poderosa y una cláusula en su contrato le prohíbe acercarse a él bajo pena de una demanda millonaria.
​Dante es implacable y frío, pero la pureza de Lucía ha despertado en él una obsesión que no puede controlar. Tras la fachada del CEO perfecto, se esconde un deseo insaciable que amenaza con destruirlo todo.
​Atrapados en una suite en Milán, la línea profesional se rompe. Entre una boda por interés, una familia que exige obediencia y un contrato legal implacable, ambos se hunden en una pasión clandestina.

NovelToon tiene autorización de Arianna Rose para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El despertar de la leona

El hospital St. Jude olía a una mezcla estéril de antiséptico y final de camino. Dante permanecía sentado en un rincón de la unidad de cuidados intensivos, con la mirada perdida en el monitor que dibujaba, con un pitido monótono, la frágil frontera en la que se encontraba Lucía. Sus manos, vendadas por los golpes en el ascensor, temblaban cada vez que el ventilador mecánico suspiraba por ella. Fue en ese limbo de dolor donde la puerta se abrió.

Eleanor Moretti entró con una presencia que parecía haber recuperado años de dignidad robada. No era la mujer que bajaba la cabeza ante los gritos de su marido; era una leona que finalmente había encontrado su razón para rugir. Detrás de ella, Isabella sostenía una carpeta de piel oscura, apretándola contra su pecho como si fuera un arma cargada.

—Dante, levántate —dijo Eleanor. Su voz no era un consuelo, era una orden—. Lucía está luchando por su vida aquí dentro. Nosotros vamos a luchar por su justicia allá fuera. No hay tiempo para la autocompasión cuando los culpables todavía creen que han ganado.

Dante levantó la vista, y en los ojos de su madre vio un reflejo de su propia furia, pero filtrada por una inteligencia fría que Arthur Moretti siempre había subestimado.

Dos horas después, la sala de juntas del piso cincuenta de la Torre Moretti estaba sumida en una tensión que se podía palpar. Arthur Moretti estaba sentado a la cabecera, saboreando un whisky de dieciocho años con la calma de un emperador que cree haber sofocado una revuelta. A su derecha, Alessia Van Doren revisaba su teléfono, retocándose el labial rojo, con una sonrisa de suficiencia que no intentaba ocultar.

—¿A qué se debe esta reunión de emergencia, Dante? —preguntó Arthur sin levantar la vista—. Espero que no sea para seguir lamentándote por la chica. Nueva York está llena de asistentes, hijo.

La puerta se cerró con un chasquido metálico. Dante no se sentó. Se quedó de pie, justo detrás de su padre, mientras Eleanor caminaba lentamente hacia el otro extremo de la mesa.

—La reunión es para firmar tu acta de defunción profesional, Arthur —sentenció Eleanor, dejando caer sobre la mesa un fajo de fotografías de alta resolución y una memoria USB—. He pasado cuarenta años siendo tu sombra, soportando tus desprecios y viendo cómo intentabas convertir a nuestros hijos en máquinas sin alma. Pero cuando permitiste que esta mujer —señaló a Alessia con un desprecio infinito— intentara asesinar a una inocente en mi nombre, rompiste el único hilo que me ataba a ti.

Alessia palideció, dejando caer su labial sobre la mesa.

—No sé de qué estás hablando, Eleanor. Estás delirando.

—¿Delirando? —intervino Dante, su voz saliendo desde lo más profundo de su pecho, cargada de una amenaza letal—. Tenemos la grabación de la cámara del coche de mi madre. Tenemos el registro de la llamada que hiciste al sicario desde un teléfono prepago que compraste en la calle 42. Y tenemos algo mejor: el conductor ha sido detenido y, a cambio de no enfrentar la cadena perpetua, ha confesado quién le pagó la mitad del dinero por adelantado.

Arthur intentó levantarse, pero Dante puso una mano firme sobre su hombro, obligándolo a permanecer sentado.

—Tú sabías lo que ella planeaba, padre. No la detuviste porque pensaste que Lucía era un cabo suelto. Pero aquí están los fiscales —Dante señaló hacia la puerta, donde tres hombres de traje oscuro esperaban en silencio—. Tienes dos opciones. Firmas la transferencia total de tus activos a mi madre y a Isabella, y te retiras a la propiedad de los Alpes bajo vigilancia permanente, o dejamos que el FBI entre y te saque de aquí esposado frente a todas las cadenas de noticias del país.

Arthur miró a su alrededor. Vio a su esposa, que ya no le temía. Vio a su hijo, que estaba dispuesto a destruirlo todo con tal de proteger lo que amaba. Por primera vez en su vida, el gran Arthur Moretti se sintió pequeño. Con la mano temblorosa, tomó el bolígrafo.

Alessia, al verse acorralada, estalló en una risa histérica que pronto se convirtió en gritos de rabia.

—¡Ella no es nada! ¡Es una muerta de hambre! ¡Dante, tú eres mío! ¡Esa fusión era tu destino!

—Tu destino, Alessia —dijo Dante con una frialdad que la heló por dentro—, es una celda en una unidad psiquiátrica de máxima seguridad. Los informes médicos sobre tu inestabilidad emocional y tus tendencias sociópatas ya han sido entregados al juez. No habrá vestidos de diseño en Sing Sing. No habrá cámaras de sociedad. Solo el silencio que tanto quisiste imponer a Lucía.

Mientras la seguridad se llevaba a una Alessia que forcejeaba y gritaba insultos, Eleanor se acercó a su marido, que acababa de firmar su renuncia al mundo.

—Espero que el silencio en las montañas te ayude a recordar los nombres de todas las personas que pisoteaste, Arthur. Especialmente el de tu hijo.

Dante no se quedó a ver el final. Salió de la sala, dejando atrás el imperio que una vez creyó su todo. En su mente solo había un pensamiento: regresar al hospital. Porque sabía que la verdadera batalla, la que realmente importaba, todavía se estaba librando en el pecho de Lucía Bennet. El despertar de la leona había servido para limpiar el camino, pero ahora, Dante necesitaba que su propia luz despertara para que el mundo volviera a tener sentido.

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Tere Jimenez
muy interesante el capítulo
Tere Jimenez
muy emocionante el principio gracias por compartir
Isbelia Narvaez
amiga escritora me encanto tu novela....felicidades...
yanetsi izarra: Aaww☺️ Gracias amiga! Me alegra mucho saber que te gustó 🥰
total 2 replies
Tere Jimenez
empieza muy interesante gracias por compartir
yanetsi izarra: Me alegra mucho que te haya gustado! Gracias a ti!
total 1 replies
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