Una vez fui la general que nadie pudo doblegar.
Ahora… despierto en una jaula de cristal llamada familia.
Ella murió con traición en la sangre y una espada en el corazón.
Él era su hermano.
Él era su final.
Pero los dioses no entienden de finales.
Elara Voss. Hija legítima.
Olvidada. Humillada. Rechazada.
En su mansión, la hija adoptiva brilla como la estrella que nunca le permitieron ser.
Y todos… todos la adoran.
Excepto que algo dentro de Valeria despierta. Algo antiguo.
Algo que sabe matar con una mirada.
Y hay un secreto que nadie le dijo:
🗣️ Sus pensamientos… no son silenciosos.
La familia los oye.
El prometido los oye.
Pero la impostora… no.
¿Qué pasa cuando una leyenda renace en el cuerpo de la chica que todos ignoran?
¿Y si su voz interior… es la única arma que necesita para destruirlos a todos?
Entre galas de alta sociedad, sonrisas falsas y promesas rotas…
una guerra silenciosa está a punto de estallar.
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La verdad en blanco y negro
Sophia intentó interrumpir de nuevo con un tono tembloroso: —¡Mejor dejemos esto así! ¡Vayamos a casa ya no quiero estar más aquí!, —pero su madre la calla con una mirada severa, y el doctor Duval agregó con un suspiro dramático:
—Langford, tiene razón, pero si insisten en ver el vídeo, que así sea, aunque estoy seguro de que solo confirmará el acoso que Elara ha perpetrado desde su llegada, y entonces veremos quién pide disculpas.
Antes de que el vídeo empezara a cargarse, giré la cabeza lentamente hacia Ariana, que seguía pegada a Miriam con la cara medio escondida en su hombro, mientras las lágrimas caían de forma perfectamente cronometradas, y hablé con un tono calmado pero lo bastante alto para que todos me escucharan sin esfuerzo, sin gritar, solo con esa claridad fría que hacía que las palabras pesaran más.
—¿Por qué están tan nerviosas, chicas? —pregunté, limitándome a inclinarme un poco hacia delante para que tengan que mirarme—. ¿Es porque no quieren que se muestre el vídeo? Dime Ariana, ¿O es porque tienes miedo de que todos vean la verdad y descubran que no eres la chica amable, dulce e inocente que has fingido ser durante tantos años? ¿Miedo a que se den cuenta de que fuiste tú la que empezó todo esto, la que le susurró a sus amigas que me “dieran una lección” solo por ser de campo y porque no soportas que haya vuelto y que, por fin, ocupe el lugar que siempre fue mío? ¿Miedo a perder tu reputación perfecta, esa máscara que has llevado tan bien que hasta nuestros padres se la creyeron, y que la gente de este instituto deje de verte como la reina intocable y empiece a verte como lo que realmente eres: una manipuladora que no soporta compartir lo que cree que le pertenece?
Ariana levantó la cabeza de golpe, con los ojos muy abiertos y repletos de lágrimas, pero esta vez podía ver el pánico real detrás de ellas, el miedo puro que no puede disimular del todo. Intentó contestar, balbuceando algo como —Yo... yo no... —pero la voz se le quebró y solo salió un sollozo ahogado.
Así que opté por continuar sin siquiera darle tiempo a que pueda recuperarse, porque sabía que este es el momento, el instante en que la grieta en su armadura se hacía visible para todos.
—¿O es porque sabes perfectamente que las cámaras grabaron cómo Sophia me empujó la cabeza contra el pupitre primero, como Isabella me tiró los libros al suelo y como Chloe pateó mi pupitre, todo porque tú les dijiste en voz baja que yo era una “paleta” que no merecía estar aquí? ¿Porque sabes que todos van a ver cómo yo solo me defendí después de que ellas me atacaran, y que tú que dices ser mi hermana solo disfrutabas viendo como ellas se divertían conmigo, cuando fuiste tú la que orquestó todo desde su asiento, fingiendo horror mientras tus amigas hacían el trabajo sucio por ti?
Miriam se tensó a su lado, la mano que antes acariciaba el cabello de Ariana ahora se detuvo en el aire, mientras Victor fruncía el ceño más profundo, observando a Ariana en lugar de a mí, y Marton dio un paso adelante como si quisiese decir algo, pero se quedó callado cuando vio que los padres de las chicas empezaban a removerse aún más incómodos en sus asientos, mientras asentían entre ellos como si hubiesen formado una alianza improvisada contra mí, aunque yo podía notar como sus voces sonaban un poco menos seguras ahora, como si una duda sutil se estuviera filtrando en sus mentes ante mi calma inquebrantable.
Ariana volvió a intentar interrumpir con un tono tembloroso: —¡Eso no es verdad! ¡Ella nos atacó sin motivo!
Pero yo no aparté ni por un segundo la vista de ella. —Entonces, si tan inocente eres —agrego con una voz suave pero implacable, dirigiéndome directamente a ella, ignorando el bullicio de los padres por un momento—, ¿Por qué no quieres que veamos el vídeo? ¿Por qué tus amigas están tan desesperadas por “dejar las cosas así” si ustedes fueron las agredidas, porque si todo fue como ustedes lo cuentan, el vídeo solo confirmará sus versiones y yo seré la que salga castigada. ¿Verdad?
Ariana abrió la boca, pero no salió ninguna palabra coherente, solo un sollozo más, pero esta vez fue más débil, como si se estuviera quedando sin fuerzas, y los padres empezaron a murmurar de nuevo, con el señor Harrington insistiendo:
—Reproduce el vídeo ya, director, y acabemos con esta farsa; si Elara es inocente, que lo demuestre, pero dudo que pueda, y cuando se confirme, exigiremos medidas drásticas para proteger a nuestras hijas de futuras agresiones.
El director Whitaker carraspeo y anunció con un tono neutro: —El vídeo está listo. Lo reproduzco desde cinco minutos antes del incidente para tener contexto completo.
Y luego pulsó play.
La pantalla se iluminó con la grabación en alta definición del aula: se podía ver claramente cómo Ariana le murmuraba algo a sus amigas mientras yo me encontraba ordenando mis cosas, cómo ellas se levantaron y se acercaron a mi, como Sophia me empujó la cabeza contra el pupitre primero, cómo Isabella tiraba mis libros al suelo, como Chloe pateó el pupitre... y cómo yo, solo después de eso, me defendí.
El silencio que siguió en la sala de reuniones después de eso, se volvió asfixiante. Y pude ver cómo la cara de Miriam palideció, como Victor cerraba los ojos por unos segundos como si le estuviera doliendo mirar la pantalla, cómo los padres de las chicas empezaban a murmurarse entre ellos con un tono de incredulidad y enfado, pero esta vez estaba dirigido hacia sus propias hijas, mientras el señor Langford balbuceaba:
—Esto... esto no puede ser... Sophia, ¿qué demonios es esto?
Y la doctora Duval no pudo evitar cubrirse la boca con la mano, mientras el señor Harrington se hundía en su silla, susurrando: —Chloe... ¿por qué no dijiste la verdad?
Y en ese instante pude ver cómo Ariana se encogió contra Miriam, teniendo en cuenta que esta vez no habían lágrimas suficientes en el mundo que pudieran salvarla.
Y yo solo opté por recostarme en la silla, cruzando las manos sobre la mesa y esperé. Porque la verdad, por fin, estaba en blanco y negro.
Y nadie podía borrarla ya.