Morí atragantado con un hotdog y reencarné en mi novela BL favorita.
¿Suena épico? No lo es, porque ahora soy el extra que muere en el capítulo 3.
Mi plan: pasar desapercibido y sobrevivir.
La realidad: el villano frío y temido del imperio se enamoró de mí.
Entre malentendidos, romance accidental y un destino que se salió del guion,
haré lo imposible por no morir otra vez…
aunque eso signifique robarle el corazón al villano.
✨ BL + comedia + reencarnación
✨ Villano obsesivo x extra caótico
✨ Final feliz (si no muero antes)
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Capítulo 11: Cuando Dijo “Está Conmigo” (Y Mi Cerebro Entró en Pánico)
La fama es una cosa extraña.
Yo no había hecho nada digno de fama en mi vida. En esta tampoco, si éramos honestos. Y, sin embargo, después del incidente del agua diplomática, sentía que las miradas me seguían un poco más por los pasillos. No eran miradas hostiles, más bien curiosas, como si de pronto yo hubiera pasado de ser “ese sirviente flaco que casi no se nota” a “ese sirviente flaco que casi causa un conflicto con el Consejo”.
No era el ascenso social que había pedido.
Iba con un paquete de papeles hacia la biblioteca menor cuando escuché risas. Un grupo de jóvenes nobles conversaba animadamente en uno de los corredores laterales. Aurelian estaba entre ellos, con esa sonrisa amable que parecía desactivar tensiones sin esfuerzo.
—Elian —me saludó al verme—. ¿Te sientes mejor hoy?
—Vivo, hidratado y ligeramente más famoso de lo que quisiera —respondí.
Algunos de los nobles me observaron con interés. Uno de ellos, de gesto altivo, ladeó la cabeza.
—¿Quién es? —preguntó—. No lo había visto antes.
—Trabaja aquí —respondió Aurelian, con un tono cuidadoso—. Es… de confianza.
De confianza, pensé. Eso sonaba como una etiqueta peligrosa.
—No sabía que los sirvientes se mezclaban con nosotros —dijo otro noble, con una sonrisa que no era del todo amable.
—Yo tampoco sabía que la curiosidad era una invitación —respondí—. Pero parece que hoy todos estamos probando cosas nuevas.
Hubo risas dispersas, algunas genuinas, otras tensas.
—Hablas de forma extraña —comentó el noble altivo—. ¿No te enseñaron modales?
—Me enseñaron a no ser cruel —respondí—. Los modales vienen después.
El ambiente se volvió incómodo. Aurelian abrió la boca para decir algo, pero una sombra se proyectó sobre nosotros.
Lucien Blackthorne se detuvo a mi lado.
El grupo se quedó en silencio.
—¿Interrumpo? —preguntó Lucien, con esa calma que prometía consecuencias si alguien respondía mal.
—N-no, mi lord —dijo el noble altivo, inclinándose.
Lucien no les prestó atención. Me miró a mí.
—¿Te están molestando?
—Solo conversábamos —respondí—. Conversación social de pasillo. Nivel principiante.
Lucien frunció apenas el ceño. Luego, con un gesto que me tomó completamente por sorpresa, pasó un brazo por mis hombros y me acercó un poco hacia él.
Mi cerebro se fue a negro.
—Está conmigo —dijo Lucien—. Si tienen algo que decirle, me lo dicen a mí.
El silencio fue total. Yo sentí cómo el calor me subía por el cuello hasta las orejas.
—Mi lord, no pretendíamos— —empezó uno de los nobles.
—Entonces no pretendan —respondió Lucien—. Sigan su camino.
El grupo se dispersó con disculpas rápidas. Aurelian nos miró un segundo más, con una expresión que no supe leer del todo, y luego también se alejó, respetando el ambiente pesado que había quedado.
Cuando nos quedamos solos, Lucien retiró el brazo.
—No era necesario —dije, con la voz más baja de lo que pretendía—. Puedo manejar comentarios incómodos.
—No es tu trabajo manejarlos —respondió—. Es el mío impedir que ocurran.
—Eso suena a… —me detuve—. A protección muy directa.
Lucien sostuvo mi mirada.
—Lo es.
—Los rumores van a explotar —comenté—. Ya puedo sentir cómo la gente arma teorías.
—Que armen las que quieran.
—Yo soy el que vive aquí —respondí—. A mí me miran raro cuando cambian las teorías.
Lucien dudó un segundo.
—Si te incomoda, lo haré de otra forma.
—No me incomoda —admití—. Me… desconcierta.
Lucien asintió.
—Es comprensible.
Caminamos unos pasos en silencio.
—Aurelian parecía incómodo —murmuré.
—No es asunto nuestro —respondió Lucien.
—Todo se vuelve asunto nuestro cuando compartimos pasillos —dije.
Lucien me miró de reojo.
—Ten cuidado con lo que dices.
—Siempre digo cosas sin cuidado —respondí—. Es mi marca personal.
Lucien resopló, apenas audible.
—No eres fácil.
—Nunca lo fui —sonreí—. Pero soy consistente.
Cuando me despedí para ir a la biblioteca, sentí de nuevo ese calor extraño en el pecho. No era miedo. No era pura vergüenza. Era algo más… peligroso por lo cómodo que se estaba volviendo.
No te acostumbres, me repetí.
Pero el corazón no parecía escuchar.
🎵🎶Fondo, fondo, fondo🎶🎵🤣😆😈😆🤣😉