NovelToon NovelToon
El Heredero Del Imperio Eterno

El Heredero Del Imperio Eterno

Status: En proceso
Genre:Héroes / CEO / Fantasía épica
Popularitas:291
Nilai: 5
nombre de autor: Manuel Saucedo

Durante ocho años, Shen Yuchen vivió bajo un nombre que no era el suyo.

Sin familia, sin poder, sin pasado y con una sola orden: no regresar hasta que terminara el plazo.

Pero la noche en que los ocho años llegan a su fin, alguien escribe su verdadero nombre en una calle olvidada de Lóngchéng.

Desde ese momento, todo comienza a derrumbarse.

Un falso heredero ocupa su lugar.

Un hombre con su mismo rostro asegura ser el verdadero Adrián Valerius.

Antiguas familias empiezan a perseguirlo.

Sus recuerdos esconden secretos que alguien borró deliberadamente.

Y dentro de su cuerpo despierta una fuerza relacionada con las misteriosas Nueve Puertas, un poder que incluso las familias más antiguas temen.

Mientras descubre la verdad sobre su origen, Shen Yuchen deberá construir su propio poder, enfrentarse a clanes, cultivadores, imperios empresariales y enemigos ocultos durante siglos.

Pero existe un problema todavía mayor:

Su identidad no fue simplemente robada.

Fue dividida.

NovelToon tiene autorización de Manuel Saucedo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Pabellón Wuyin

El primer rayo de luz no alcanzaba todavía las calles ocultas del Mercado de las Siete Campanas.

Pero todos allí parecían saber que el amanecer había llegado.

Las tiendas comenzaron a cerrar.

Los comerciantes retiraron objetos de las mesas.

Los faroles se apagaron uno por uno.

Nadie corría.

Nadie gritaba.

A pesar de que hombres armados habían entrado al Pabellón Wuyin, el mercado actuaba como si aquello fuera una parte normal de su existencia.

Adrián cargaba la caja negra contra el pecho.

La marca de su muñeca ardía.

Jian Mo permanecía frente a él.

Espada corta en mano.

Maestro Qiu estaba sentado.

Demasiado tranquilo.

—Salida —dijo Adrián.

—Todavía no —respondió Qiu.

—Acaban de entrar al mercado buscando matarme.

—No necesariamente.

—Eso mejora mucho las cosas.

Jian Mo miró hacia el pasillo.

—No vinieron a matarte.

—¿Cómo lo sabes?

—Si quisieran matarte, enviarían menos hombres.

Adrián frunció el ceño.

—Eso no tiene sentido.

—Sí lo tiene. Matar es fácil. Capturar a alguien con tu sangre no.

Qiu golpeó la mesa.

—Basta.

Miró hacia Adrián.

—Debes aprender algo antes de salir.

—¿Ahora?

—Especialmente ahora.

El anciano se levantó.

No parecía ciego al moverse.

Caminó hasta la pared izquierda.

Colocó una mano.

Se escuchó un mecanismo.

Una puerta apareció.

—Entra.

Adrián miró a Jian Mo.

—¿Y él?

—No.

Jian Mo hizo una mueca.

—Nunca me ha querido.

—Porque sigues vivo.

—Eso suele molestar a mucha gente.

Adrián entró.

Qiu cerró.

La habitación era pequeña.

En el centro había un espejo antiguo.

Nada más.

—¿Qué debo aprender?

Qiu señaló el espejo.

—Mírate.

Adrián lo hizo.

—¿Y?

—¿Qué ves?

—Un hombre cansado.

—Eso es porque sigues pensando como Adrián Valerius.

—Es el nombre con el que he vivido ocho años.

—No hablo del nombre.

El anciano se acercó.

—Hablas, observas y decides como alguien que aprendió a sobrevivir ocultándose.

—Funcionó.

—Hasta ayer.

Adrián calló.

—Tu problema —continuó Qiu— es que el mundo al que estás regresando no castiga solo la debilidad. También castiga la ignorancia.

—Entonces deje de mantenerme ignorante.

Qiu sonrió.

—Las Nueve Casas nacieron hace más de quinientos años.

Adrián no esperaba que respondiera.

—Shen. Gu. Luo. Bai. Ji. Tang. Ning. Wei. Han.

Adrián memorizó los nombres.

—¿Han?

—No confundas el apellido con Han Qiren. No pertenecía a esa Casa.

—Continúe.

—Cada Casa controla territorios, empresas, familias subordinadas, recursos y cultivadores.

—¿Gobiernos?

Qiu inclinó la cabeza.

—Los gobiernos cambian. Las Casas sobreviven.

—¿Controlan el país?

—No.

La respuesta fue firme.

—Eso sería demasiado simple. Influyen. Compiten. Negocian. Pierden. Ganan. Algunas veces obedecen.

—¿A quién?

Qiu sonrió.

—Todavía no.

Adrián apretó la mandíbula.

—¿Y las Puertas?

—Son anteriores a las Casas.

—¿Cuánto?

—Nadie está seguro.

El anciano tocó el espejo.

La superficie oscura comenzó a mostrar nueve símbolos.

—Durante siglos se creyó que eran etapas de cultivación.

—¿No lo son?

—No.

—¿Entonces?

—Respuestas.

—Explíquese.

—Una persona común puede entrenar su cuerpo. Puede aprender a utilizar energía interna. Puede volverse un cultivador.

—¿Cualquiera?

—No. Pero muchos.

—¿Y las Puertas?

—Las Puertas eligen.

Adrián recordó la frase.

Cuál de las nueve reconoció tu sangre.

—¿Eligen a una persona?

—Reconocen algo dentro de ella.

—¿Qué?

—Nadie lo sabe por completo.

El espejo mostró nueve senderos.

Qiu nombró algunos.

—Puerta del Hierro.

—Puerta del Río.

—Puerta de la Llama.

—Puerta del Silencio.

—Puerta del Vacío.

Adrián vio cuatro símbolos restantes.

—¿Las otras?

—Sus nombres se perdieron.

—No le creo.

—Bien.

Adrián lo miró.

—¿Eso es todo?

—No.

Qiu puso una mano sobre su hombro.

—Tu familia creyó durante años que la sangre Shen estaba vinculada a la Puerta del Río.

—¿Y?

—Tú respondiste a algo distinto cuando eras niño.

Adrián sintió presión.

—¿Cuál?

—Han Qiren lo ocultó antes de que pudiéramos confirmarlo.

—¿Por qué?

—Porque tres personas murieron la noche en que respondió.

Silencio.

—¿Yo las maté?

Qiu tardó.

—No lo sabemos.

Adrián sostuvo su mirada ciega.

—Eso significa que es posible.

—Sí.

El ruido exterior aumentó.

Jian Mo gritó:

—¡Qiu!

El anciano se apartó.

—El tiempo terminó.

—No ha respondido nada sobre la caja.

—Ese registro contiene la historia administrativa de Adrián Valerius.

—¿Administrativa?

—Quién autorizó cada documento. Quién compró cada testigo. Quién movió cada registro.

—Entonces puedo saber quién creó mi identidad.

—Quizá.

—¿Por qué no abrirla?

—Porque tiene un sello de sangre.

—¿De quién?

—Tuyo.

Adrián frunció el ceño.

—Nunca la he visto.

—Tu sangre fue colocada en él cuando tenías ocho años.

Otra vez ocho.

—¿Qué ocurrió cuando tenía ocho?

Qiu abrió la puerta.

—Eso es lo que todos queremos saber.

Afuera, Jian Mo había derribado a cuatro hombres.

Había sangre en su hombro.

—Bonita conversación —dijo—. ¿Podemos sobrevivir ahora?

Qiu señaló el fondo.

—Pasadizo.

Los tres avanzaron.

Adrián cargaba la caja.

—¿Qiu viene?

—Este es mi pabellón.

—Lo van a destruir.

—Lo han hecho seis veces.

Adrián lo miró.

—¿Y sigue aquí?

—Las cosas importantes rara vez desaparecen cuando las quemas.

Jian Mo soltó una risa.

—Por eso lo odio.

Llegaron a un túnel.

Qiu se detuvo.

—Aquí nos separamos.

—¿Nos veremos?

—Si sigues vivo.

Adrián extendió la mano.

Qiu la tomó.

—Una última cosa.

—¿Qué?

—No intentes abrir la Primera Puerta hasta encontrar a alguien que pueda ver el sello.

—¿Quién?

El anciano soltó la mano.

—La mujer del paraguas blanco.

Adrián recordó la figura en Qinghe.

—¿Quién es?

—Alguien que Han Qiren protegió antes que a ti.

Antes de que Adrián pudiera preguntar, Qiu cerró la puerta.

Jian Mo avanzó.

—No preguntes.

—¿La conoces?

—Sí.

—Nombre.

Jian Mo no respondió.

Adrián lo agarró.

—Nombre.

Jian Mo lo miró.

—Gu Meilin.

El apellido hizo eco.

Una de las Nueve Casas.

Casa Gu.

—¿Edad?

—Veinticinco.

—¿Por qué Qiu cree que puede ver mi sello?

—Porque ella sobrevivió al mismo ritual que tú.

Adrián se quedó inmóvil.

La fotografía.

La muchacha detrás de él.

Ella también sobrevivió.

—Era ella.

Jian Mo no respondió.

Eso fue suficiente.

—La chica de la fotografía.

—Sigue caminando.

Adrián lo alcanzó.

—¿Me conocía?

—No como crees.

—¿Qué significa eso?

—Significa que si te lo cuento ahora, podrías cometer una estupidez.

—Estoy empezando a considerar golpearte.

—Eso sería una estupidez menor.

Salieron del túnel.

Una calle vacía.

El mercado había desaparecido.

Estaban a casi un kilómetro del lugar donde Adrián entró.

La ciudad despertaba.

Personas normales caminaban hacia el trabajo.

Nadie sabía que bajo sus pies existía un mercado oculto.

Jian Mo miró el cielo.

—Demasiado tarde.

—¿Para qué?

Su teléfono vibró.

Notificación.

Noticias.

GRUPO SHEN PRESENTA OFICIALMENTE A SU NUEVO HEREDERO.

Fotografía.

Shen Zhaoling.

Pero el nombre debajo seguía siendo:

Shen Yuchen.

Jian Mo observó la pantalla.

—Ahora empieza el problema.

Adrián guardó el teléfono.

—No.

—¿No?

—El problema empezó hace ocho años.

Jian Mo lo estudió.

Adrián cargó la caja.

—Ahora voy a descubrir quién lo creó.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play