La vida de un escritor otaku
Saito Takahara tiene 28 años y lleva una vida tranquila y solitaria en Tokio.
Es un escritor de novelas ligeras que ha conseguido ganarse la vida con sus historias, pero fuera de su trabajo pasa la mayor parte del tiempo encerrado en su casa, escribiendo, jugando videojuegos y disfrutando de su mundo otaku.
Todo cambia una noche en Akihabara.
Al salir de una tienda, Saito encuentra a dos jóvenes sentadas en la calle, agotadas y sin un lugar donde pasar la noche. Son Izumi, de 21 años, y Akane, de 18.
Sin saber qué les ha ocurrido y sin esperar nada a cambio, Saito decide ayudarlas y les ofrece quedarse en su casa.
Lo que comienza como una simple ayuda termina convirtiéndose en algo mucho más grande.
La casa que durante años había estado en silencio comienza a llenarse de conversaciones, risas, videojuegos y momentos que Saito jamás imaginó vivir. Mientras Akane empieza a sentirse cada vez más cómoda a su lado, Izumi mantiene cierta distancia.
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El cumpleaños de Izumi
Finalmente llegó el día del cumpleaños de Izumi.
Por la mañana, la acompañé al trabajo.
Mientras caminábamos hacia la editorial, no pude evitar pensar en qué podría regalarle.
—Izumi.
—¿Sí?
—¿Qué quieres para tu cumpleaños?
Ella me miró y sonrió.
—Ya te lo dije.
Me quedé en silencio.
Entonces recordé lo que había dicho unos días atrás.
—El hotel...
Sentí cómo mi rostro se ponía rojo.
Izumi comenzó a reír.
—¿Ves? Te acordaste.
—No me gusta que hagas ese tipo de bromas.
Ella dejó de reír durante unos segundos.
—No es una broma.
La miré.
Izumi sonrió.
—Pero no tienes que preocuparte por eso.
—¿Entonces qué quieres?
—Cualquier cosa que quieras regalarme.
Se encogió de hombros.
—Si viene de ti, me va a gustar.
No sabía qué responder.
Respiré profundamente.
Había algo que llevaba varios días dando vueltas en mi cabeza.
Desde aquel beso.
Desde aquella noche.
Y desde las cosas que Izumi me había dicho.
—Izumi...
—¿Sí?
—¿Tú realmente...?
No pude terminar la pregunta.
Habíamos llegado a la editorial.
Izumi se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla.
—Nos vemos después.
Entró al edificio antes de que pudiera decir algo.
Me quedé parado unos segundos.
—Otra vez...
Me toqué la mejilla.
Después suspiré y regresé a casa.
***
Cuando llegué, encontré a Akane preparando el desayuno.
—Buenos días, Saito.
—Buenos días.
Akane levantó una taza.
—¿Quieres café?
—Sí, gracias.
Me senté mientras ella me servía.
Después de beber un poco, recordé el cumpleaños de Izumi.
—Akane.
—¿Sí?
—¿Ya sabes qué podríamos regalarle a Izumi?
Akane se quedó pensando.
—Podríamos comprarle ropa.
—Sí.
—O algún juego para su consola.
—También.
—O quizá algo de comida que le guste.
Sonreí.
—Creo que deberíamos salir y buscar algo.
Akane asintió rápidamente.
—¡Sí!
Terminamos el desayuno y nos preparamos para salir.
***
Pasamos buena parte del día recorriendo diferentes tiendas.
Primero entramos a una tienda de ropa.
Akane encontró un vestido que pensó que le quedaría muy bien a Izumi.
—Creo que este le gustará.
Lo miré.
—Sí.
Después de ver varias opciones, finalmente decidimos comprarlo.
Luego fuimos a una tienda de videojuegos.
Buscamos entre diferentes títulos hasta encontrar un par que pensamos que Izumi disfrutaría.
—Seguro que se pondrá contenta.
—Eso espero.
Después entramos en una perfumería.
Akane eligió un perfume después de oler varias opciones.
—Este.
—¿Estás segura?
—Sí.
—Entonces nos llevamos este.
Finalmente llegamos a una joyería.
Allí vimos diferentes pulseras.
Akane encontró una sencilla y elegante.
—¿Qué te parece?
La observé.
—Me gusta.
—Podemos grabarle algo.
La dependienta se acercó y nos preguntó qué queríamos grabar.
Nos miramos.
Después de pensarlo unos segundos, decidimos poner nuestros nombres.
**Izumi, Akane y Saito.**
Cuando terminamos, guardamos todos los regalos.
Akane sonrió.
—Creo que le van a encantar.
—Esperemos que si.
***
Después de comprar todo, fuimos a un café.
Nos sentamos frente a frente.
Akane parecía muy contenta.
—Estoy segura de que Izumi estará feliz.
—Si, yo también lo creo.
Pero mi cabeza seguía en otro lugar.
No podía dejar de pensar en lo que Izumi me había dicho por la mañana.
Y en lo que había intentado preguntarle.
—Saito.
Levanté la mirada.
—¿Sí?
—¿En qué estás pensando?
—¿Yo?
—Sí.
Sonrió.
—Estás distraído.
Bajé la mirada hacia mi café.
—Solo estoy pensando en algunas cosas.
No quería contarle lo que estaba pensando.
Todavía no sabía cómo explicarlo.
Akane me observó durante unos segundos.
Pero no insistió.
Después de un rato terminamos nuestras bebidas y salimos.
Fuimos nuevamente hacia la editorial.
Cuando llegamos, vimos a Izumi saliendo del edificio.
—¡Izumi!
Ella levantó la mirada.
—¿Chicos ya están aquí?
Akane sonrió.
—Ya tenemos todo para esta noche.
Izumi pareció sorprendida.
—¿En serio?
—Sí.
Me acerqué.
—Hoy es tu día. Queremos que tengas un buen día.
Izumi sonrió.
—Gracias.
Los tres nos dirigimos al restaurante.
***
El restaurante tenía una hermosa vista de la ciudad.
Nos sentamos junto a una ventana.
Cuando llegaron las bebidas, levanté mi vaso.
—Feliz cumpleaños, Izumi.
Akane también levantó el suyo.
—¡Feliz cumpleaños!
Izumi sonrió emocionada.
—Gracias.
Después comenzamos a entregarle los regalos.
Izumi abrió primero el vestido.
—¡Es precioso!
Akane sonrió mientras lo observaba.
—Sabía que te gustaría.
Después abrió los juegos.
—¡Genial!
—Pensamos que te gustarían.
—Me encantan.
Finalmente abrió la caja de la pulsera.
Cuando vio los nombres grabados, se quedó en silencio.
Pasó los dedos sobre las letras.
—Izumi...
Después leyó los otros nombres.
—Akane y Saito.
Levantó la mirada.
Sus ojos estaban ligeramente brillosos.
—Es hermosa.
—Queríamos que tuvieras algo que nos recordara a los tres.
Akane sonrió.
Izumi se colocó la pulsera.
—Gracias.
Por último se probó el perfume.
—El aroma es muy rico, muchas gracias por los regalos chicos.
Durante la cena hablamos de muchas cosas.
Izumi estaba realmente feliz.
Después de un rato, nos miró a los dos.
—Soy muy afortunada.
—¿Por qué?
—Por tenerlos a ustedes.
Akane sonrió.
—Nosotros también somos afortunados de tenerte.
Asentí.
—Sí.
Miré a Izumi.
—Me alegra mucho que estés con nosotros.
Ella sonrió.
—Gracias.
Continuamos cenando durante bastante tiempo.
Cuando terminamos, salimos del restaurante.
Antes de regresar a casa, decidimos comprar un helado.
Caminamos por las calles mientras comíamos.
Miré a las dos chicas.
Me sentía realmente feliz.
Nunca había imaginado que algún día estaría viviendo momentos como aquellos.
Yo, que durante tanto tiempo había estado solo.
Ahora tenía personas con quienes compartir mis días.
***
Al regresar a casa, Akane se despidió.
—Buenas noches.
—Buenas noches —respondí.
—Que descanses —dijo Izumi.
Akane subió las escaleras.
Izumi y yo nos quedamos en la sala tomando algunas cervezas.
—Gracias.
La miré.
—¿Por qué?
—Por todo.
Sonrió.
—Por la cena.
Miró la pulsera.
—Por los regalos.
Después me miró directamente.
—Por hacer que este cumpleaños fuera especial.
Sonreí.
—Fue idea de los dos.
—Aun así.
—Yo también estoy feliz de que te haya gustado.
Izumi sonrió.
—Me gustó mucho.
Después de un rato, se levantó.
—Voy a cambiarme.
—Está bien.
Subió a su habitación.
Unos minutos después regresó.
Llevaba nuevamente la camiseta que yo le había dado para dormir.
La miré.
—¿No utilizas la ropa de dormir que compramos?
Izumi se rio.
—¿Quieres verme en lencería?
Me puse nervioso.
—¡No!
Ella comenzó a reír.
—Solo preguntaba.
—Me daba curiosidad que siempre usaras esa camiseta.
Izumi miró la prenda.
—Porque es cómoda.
Después añadió:
—Y es lo suficientemente larga para cubrirme.
La miré de arriba abajo sin pensar.
Mi mirada se detuvo unos segundos en sus piernas.
Izumi se dio cuenta.
—No mires tanto.
Me puse completamente rojo y aparté la mirada.
—Perdón.
Izumi se rio.
—Eres muy fácil de avergonzar.
Se sentó a mi lado.
Tomó otra cerveza.
Yo también.
Durante un rato seguimos viendo televisión.
Sin embargo, poco a poco Izumi comenzó a acercarse más a mí.
Me di cuenta.
No dije nada.
Después de un rato, había bebido demasiado.
Su cabeza terminó apoyándose sobre mis piernas.
La miré.
Parecía completamente tranquila.
Comencé a acariciar suavemente su cabello.
Y entonces recordé todos los momentos que había vivido con ella.
Yokohama.
La primera vez que la vi.
Las fotografías que me había enviado.
La noche en que me contó todo sobre su pasado.
Y finalmente...
Aquella noche en la que me dijo que le gustaba.
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
No sabía qué hacer con todo aquello.
Solo sabía que algo había cambiado dentro de mí.
Después de un rato, Izumi se quedó dormida.
Suspiré.
—Será mejor que te lleve a tu habitación.
La tomé con cuidado entre mis brazos y subí las escaleras.
La llevé hasta su habitación y la dejé sobre la cama.
Cuando estaba a punto de marcharme, Izumi abrió los ojos.
—Saito...
—¿Sí?
—Quédate conmigo.
Me quedé quieto.
—Tengo que ir a dormir a mi habitación.
Izumi negó lentamente con la cabeza.
—No quiero estar sola.
—Estás demasiado ebria.
—No importa.
Me miró.
—Quiero pasar la noche contigo.
Sentí cómo mi rostro se ponía rojo.
—Izumi...
Ella se acercó lentamente.
Sus labios se aproximaron a los míos.
Me aparté antes de que pudiera besarme.
Izumi abrió los ojos.
Parecía molesta.
—Entonces...
Hizo una pausa.
—¿No te gusto?
—No es eso.
—Parece que no te gusto.
—Izumi, no puedes tomar una decisión como esta mientras estás bajo los efectos del alcohol.
Ella guardó silencio.
—No estás pensando con claridad.
Izumi intentó incorporarse.
—Pero yo...
Llevó las manos hacia su camiseta, intentando quitársela.
Me sorprendí.
—¡Izumi, no!
Tomé rápidamente la cobija y la cubrí.
—Ya es suficiente.
Ella me miró confundida.
—Te estoy diciendo que voy en serio...
—Lo sé.
Acomodé la cobija sobre ella.
—Pero mañana podremos hablar.
Izumi permaneció en silencio.
—Ahora necesitas dormir.
Me levanté rápidamente.
—Buenas noches.
Salí de la habitación antes de que pudiera responder.
Cerré la puerta.
Me quedé unos segundos en el pasillo, respirando profundamente.
Mi corazón todavía latía con fuerza.
No sabía qué acababa de pasar.
Solo sabía que había estado a punto de cruzar una línea que no quería cruzar mientras Izumi estaba borracha.
Caminé rápidamente hacia mi habitación.
Entré y cerré la puerta.
Me apoyé contra ella.
—¿Qué está pasando conmigo...?
Me llevé una mano al pecho.
Mi corazón seguía acelerado.
Ya no se si pueda fingir que los sentimientos de Izumi no estaban empezando a afectar también los míos.