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EL SILENCIO DE LOS COLORES ROTOS

EL SILENCIO DE LOS COLORES ROTOS

Status: Terminada
Genre:Enfermizo / Autosuperación / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:8.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

El silencio de los colores rotos
Sinopsis de la Obra
La vida de Valeria parecía sacada de una pasarela: a sus 25 años era una brillante diseñadora de modas, con una esbelta figura de 1.75 metros, una sonrisa contagiosa y un talento desbordante. Sin embargo, su realidad en casa era muy distinta. Estaba casada con un hombre machista de 33 años que trabajaba como chófer, con quien tenía una hermosa hija de 4 años.
El mundo de Valeria se desplomó cuando a su pequeña le diagnosticaron leucemia. En una carrera desesperada contra la muerte, la única esperanza residía en un donante compatible: su propio padre. Tras suplicarle y arrodillarse, él aceptó donar, pero la tragedia golpeó con crueldad: el día previo a la cirugía, el hombre se emborrachó con sus amigos y faltó a la cita.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL VUELO ROTO HACIA PARÍS

​Los días posteriores al funeral transcurrieron en una penumbra anestésica. Valeria se refugiaba en el departamento temporal que Clara le había conseguido, un espacio neutral donde las paredes no olían a discusiones ni a recuerdos infantiles truncados. El rostro aún guardaba los estragos de la golpiza, con tonalidades verdosas y amarillentas desvaneciéndose lentamente en su piel, pero el verdadero daño estaba confinado en lo más profundo del pecho. Aquella joven risueña, de metro setenta y cinco y pasos ligeros, se había convertido en un espectro silencioso que vagaba por las habitaciones buscando a tientas una manito pequeña que ya no existía.

​El abogado de Clara no perdió tiempo. La denuncia por violencia de género, lesiones graves y abandono con resultado fatal avanzaba en los tribunales, respaldada por los informes médicos del hospital y los testimonios de los vecinos que tantas veces habían escuchado los gritos de prepotencia de Fabricio. Sin embargo, el acoso no cesó. El exmarido, acorralado por la justicia pero alimentado por un orgullo herido y rencoroso, comenzó a merodear los alrededores del refugio. Dejaba notas amenazantes bajo la puerta, enviaba mensajes intimidatorios a través de conocidos comunes y exigía, con una descarada sangre fría, que retirara los cargos o atenerse a las consecuencias de "arruinarle la vida a un hombre trabajador".

​La presión psicológica era asfixiante. A las noches de insomnio, donde el eco del llanto de su hija competía con el silencio de la madrugada, se sumaba el miedo latente de cruzarse de nuevo con la furia desmedida de un hombre que se sentía impune.

​La Propuesta de Salvación

​Fue entonces cuando Clara intervino con la contundencia de una madre adoptiva. Una tarde, sentada frente a ella en la pequeña mesa de la cocina con dos tazas de café humeante que ninguna de las dos se atrevía a tocar, Clara le tendió un sobre de manila.

​—Valeria, aquí no tienes futuro. Ese cobarde no va a parar hasta verte quebrada del todo, y yo no voy a permitir que te destruya lo poco que te queda de alma —le dijo Clara con voz firme, aunque los ojos se le anegaban de ternura y preocupación—. Tengo contactos en Francia. Una de las casas de moda más exclusivas de París busca asistentes de diseño con talento. He pagado los trámites de tu pasaporte y los pasajes de avión. Te vas en tres días.

​Valeria miró el sobre con incredulidad. ¿Irse a París? La ciudad de la luz, el sueño dorado de cualquier diseñadora novata, se le presentaba ahora como una tabla de salvación lanzada en medio de un naufragio. Pero el miedo pesaba más que la ilusión. ¿Cómo iba a cruzar el océano con el corazón hecho trizas? ¿Cómo se enfrentaría a un idioma nuevo, a una cultura distinta, cuando apenas tenía fuerzas para sostener un lápiz de bocetos?

​No puedo, Clara... no tengo dinero, no tengo fuerzas, allá estaré completamente sola, balbuceó Valeria, sintiendo que las lágrimas amenazaban con regresar.

​No estarás sola porque llevas tu talento en las manos, y yo estaré a un océano de distancia vigilando que ese infeliz pague en la cárcel lo que hizo, respondió Clara, tomándola de las manos con fuerza—. Prométeme que lo vas a intentar. Por ti, y por la memoria de tu pequeña.

​La Llegada a la Ciudad Luz

​Tres días después, con una maleta ligera que apenas contenía un par de abrigos oscuros y su libreta de dibujos más preciada, Valeria abordó el vuelo rumbo a Europa. Mirar por la ventanilla del avión cómo las luces de su tierra natal se disolvían entre las nubes fue como cerrar la tapa de un ataúd definitivo.

​La llegada a París no fue el cuento de hadas que pintaban las revistas. La inmensa y fría capital francesa la recibió con una llovizna persistente y un idioma que le sonaba a un murmullo ajeno. El diminuto apartamento que pudo alquilar en las afueras olía a humedad y encierro. Trabajaba jornadas interminables en el taller parisino donde Clara la había recomendado, pero el ambiente era gélido, competitivo y exigente. Sus compañeros la veían como una extranjera silenciosa, de mirada impenetrable y modales esquivos.

​El Umbral de la Oscuridad

​En los momentos de mayor soledad, cuando el insomnio se convertía en una losa insoportable y el eco de la ausencia de su hija resonaba con fuerza en las cuatro paredes de su habitación, la oscuridad mental la consumía. Una noche, abrumada por el peso insostenible de la culpa y el dolor, Valeria abrió el cajón de la cocina y extrajo un objeto filoso, convencida de que su sufrimiento había llegado al límite y que ya no valía la pena respirar en un mundo tan injusto. Se acercó al baño, con las manos temblando descontroladamente, mirando su reflejo demacrado en el espejo.

​Colocó el filo contra su piel, cerrando los ojos y esperando encontrar el valor para acabar con su tormento de una vez por todas. Pero en ese preciso instante, como un destello fugaz en medio de la negrura, la imagen de su pequeña Irene sonriéndole con sus tirabuzones dorados cruzó por su mente. Una voz infantil, clara y dulce, pareció susurrarle al oído desde el fondo del alma: "Mamá, sé fuerte".

​Valeria soltó el objeto al suelo con un grito ahogado, cayendo de rodillas sobre las baldosas frías, abrazándose a sí misma y llorando con una desesperación tan limpia que por primera vez en meses sintió que el aire volvía a entrar en sus pulmones. Comprendió que quitarse la vida no era un reencuentro; era una rendición.

​Se puso de pie con el rostro bañado en lágrimas, pero con una chispa nueva encendida en las entrañas. Ya no se dejaría vencer. Si el destino le había arrebatado lo que más amaba, consagraría cada segundo de su existencia a sobrevivir y a demostrar que su nombre no sería sinónimo de derrota. Esa misma madrugada, sentada en la pequeña mesa de madera con una lámpara de escritorio parpadeante, abrió su libreta de diseño y comenzó a trazar líneas furiosas, elegantes y revolucionarias. Había nacido la armadura de una mujer dispuesta a conquistar el mundo a través del arte y del dolor transformado en alta costura.

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Märyoli Paülino
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