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Destinada A Un Amor Inmortal - Temporada 3

Destinada A Un Amor Inmortal - Temporada 3

Status: En proceso
Genre:Romance paranormal / Romance / Vampiro
Popularitas:484
Nilai: 5
nombre de autor: Liz Eliana Cera

Bajo los gélidos e imponentes paisajes de Alaska, el amor inmortal de Adam y Bibiana se enfrenta a su prueba más difícil al verse presionados a contraer matrimonio por Marcelo, el despiadado padre de Adam; Una unión forzada que desentierra los peores dolores del pasado, llevando a Bibiana a tomar una decisión definitiva. Cargada de una indignación inquebrantable, la joven está decidida a confrontar cara a cara a su familia por haberle ocultado la verdad sobre el oscuro pacto secreto que su padre tejió en el ayer con su ahora suegro. Ella ya no será una pieza en el juego de nadie; luchará con valentía y con toda su fuerzas para romper de una vez por todas las cadenas del pasado y salvar su propio destino al lado del hombre que ama con el alma.

NovelToon tiene autorización de Liz Eliana Cera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

T3 Capítulo 13 - El silencio antes de la tormenta

Una hora después, en la habitación de la cabaña...

La tormenta emocional finalmente había amainado. En la penumbra del cuarto, iluminados apenas por el tenue resplandor de la luna que se filtraba por la ventana, Adam y Bibiana permanecían abrazados bajo las sábanas, disfrutando del silencio protector del lugar.

Bibiana se acomodó contra el pecho de su esposo, dibujando una pequeña y sincera sonrisa en sus labios.

—A pesar de todo el horror que viví en la fiesta... pude olvidarlo todo por un momento con solo estar nuevamente en tus brazos.

Adam ensanchó su sonrisa, rodeándola con más fuerza mientras acariciaba suavemente su hombro, cuidando de no lastimar la herida del ritual del altar.

—Esa era justamente mi idea, Bibi. Quería que te olvidaras de todos esos momentos amargos que has pasado en la mansión. Lo único que realmente me importa en este mundo es tu felicidad.

Bibiana levantó la mirada, encontrándose con sus ojos oscuros llenos de devoción.

—Mi felicidad eres tú —declaró con absoluta certeza, antes de incorporarse ligeramente para sellar sus palabras con un dulce beso en los labios.

Adam se separó apenas unos centímetros, mirándola con un rastro de timidez y esperanza.

—Bibi... ¿de verdad ya me perdonaste por haberte mentido sobre mi muerte?

Ella soltó una pequeña risa suave, acariciándole la mejilla con ternura.

—Mi amor, yo ya te perdoné desde hace mucho tiempo. El amor que te tengo es más grande que cualquier secreto.

—Gracias, mi vida —respondió Adam, sintiendo que un peso inmenso se desprendía de su pecho. Le plantó un beso tierno en la frente—. Te prometo que, de ahora en adelante, nunca más volveré a ocultarte nada.

Bibiana lo miró con una chispa de picardía y diversión en los ojos.

—Solo te creeré por completo cuando nos vayamos de este horrible lugar, muy lejos del control de tu padre.

—Si es por eso, no tienes de qué preocuparte —aseguró Adam, contagiado por su alegría—. Mañana mismo nos subiremos a un avión rumbo a Finlandia. Dejaremos atrás Alaska y a los Soler para siempre.

—Ahora sí te creo —exclamó Bibiana, feliz.

Sin esperar más, se abalanzó sobre él, uniéndose en un beso apasionado que Adam correspondió de inmediato, recorriendo su rostro con caricias y besos cargados de una entrega total. Sin embargo, en medio del idilio, un repentino pensamiento hizo que Bibiana se detuviera, un poco apenada.

—Mi amor... ¿y qué tal si tu abuela Clara regresa en este momento y nos encuentra en su habitación? —preguntó, mirando de reojo hacia la puerta de madera.

Adam soltó una carcajada baja, atrapándola por la cintura para que no se alejara.

—No lo creo, Bibi. Si tuviera pensado volver esta noche, ya lo habría hecho hace muchas horas. Conozco sus rutinas.

—Aun así... a mí me daría muchísima vergüenza que abriera la puerta y nos encontrara en plena intimidad —admitió ella, sintiendo que las mejillas se le encendían de la pena.

Adam la miró con profunda ternura, acomodándole un mechón de cabello detrás de la oreja.

—No te preocupes por eso ahora, mi amor. Olvídate del mundo exterior por hoy. Vamos a seguir disfrutando este momento juntos, solo tú y yo.

Bibiana asintió, dejando ir el último rastro de timidez.

—Está bien... —cedió con una sonrisa radiante.

Se entregó nuevamente a sus brazos, uniéndose en un último beso apasionado que borró cualquier rastro de duda, listos para devorar las pocas horas de libertad que les quedaban antes de que el sol —y el peligro de la mansión— volviera a reclamarlos.

Al día siguiente, en el Pueblo Finlandés...

La luz del día no lograba disipar la densa bruma que envolvía la casa de los Anderson. En la sala, el ambiente seguía siendo asfixiante. Ignacio caminaba de un lado a otro, con las manos entrelazadas tras la espalda y el rostro demacrado por el insomnio.

—Hijo... ¿has tenido alguna noticia de Melissa? —preguntó Ignacio, deteniéndose frente a Diego con una mirada cargada de súplica.

Diego suspiró, dejando a un lado la taza de café que sostenía.

—Aún no, papá. Tenemos que seguir siendo pacientes. Ella está en terreno peligroso, pero va a regresar en cualquier momento, te lo prometo.

Desde el umbral de la cocina, Elena se cruzó de brazos, observándolos con una sonrisa despectiva llena de cinismo.

—Ustedes dos solo están perdiendo el tiempo —escupió con frialdad—. Esa vampira jamás va a regresar. Se largó y los dejó con sus ilusiones.

Diego se puso de pie de inmediato, clavándole una mirada cargada de desprecio.

—No le hagas caso a sus palabras, papá. Ya la conoces, Elena es venenosa y solo quiere vernos caer.

Ignacio no respondió. Se limitó a bajar la cabeza, sumido en una profunda preocupación, mientras el silencio volvía a reinar en la casa.

Mientras tanto, en la Mansión Soler, Alaska...

Las pesadas puertas de madera se abrieron, dejando pasar el gélido aire de la mañana. Adam y Bibiana cruzaron el umbral tomados firmemente de la mano, con la cabeza en alto. Ya no vestían las ropas de gala de la noche anterior, sino sus abrigos de viaje.

En el centro de la gran sala, esperándolos como un depredador que vigila su territorio, se encontraba Marcelo. Al verlos entrar, sus labios se curvaron en una sonrisa malvada y cargada de ironía.

—Por fin llegan los recién casados —anunció Marcelo, arrastrando las palabras con falsa cortesía—. Díganme... ¿disfrutaron bien de su noche de bodas lejos de la fiesta?

Adam dio un paso al frente, interponiéndose sutilmente entre su padre y Bibiana. Apretó el agarre de la mano de su esposa, encontrando en ella la fuerza que necesitaba para lo que estaba a punto de hacer.

—Mi esposa y yo tomamos una decisión definitiva, papá —sentenció Adam con una voz tan firme y gélida que resonó en cada rincón de la estancia.

Marcelo arqueó una ceja, manteniendo su postura de superioridad. —¿Qué decisión? Si se puede saber, claro.

Adam sostuvo la mirada implacable de su padre sin parpadear.

—Bibi y yo regresamos hoy mismo a Finlandia. Nos vamos de esta mansión ahora.

Al escuchar la declaración de rebeldía de su hijo, la sonrisa de Marcelo se desvaneció por completo. Su rostro se transformó en una máscara de piedra y se quedó completamente callado, mirándolos con unos ojos fijos y oscuros que amenazaban con desatar una tormenta de sangre en cualquier segundo.

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