Luciano creía ser un arqueólogo común, hasta que unas ruinas antiguas lo transportaron a un mundo de magia, monstruos y profecías. Allí, el Vigilante del Sello ve en él al gemelo perdido de una leyenda. Para sobrevivir, Luciano deberá dominar una magia ligada a sus emociones y forjar alianzas inesperadas. Pero su regreso ha despertado un viejo rencor: Blake Kane, su propio hermano gemelo, lo busca consumido por el odio y los celos. Mientras una antigua calamidad amenaza con destruirlo todo, ambos hermanos avanzan hacia un reencuentro que podría salvar el mundo... o reducirlo a cenizas. ¿Podrá Luciano reclamar su verdadero destino?
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CAPÍTULO 14 - Concordancia basal
Luciano despertó con media montaña apoyada sobre Estrato.
La lanza se había desplegado durante la caída y había quedado atravesada entre dos bloques. El asta soportaba una losa inclinada a pocos centímetros de su pecho. Cada nueva vibración doblaba una de las articulaciones.
Luciano comprobó sus piernas, sus brazos y la espina de cristal de Vaelira. Seguía roja. No estaba muerto ni completamente aislado de Savia Carmesí.
—Excelente comienzo —murmuró.
Intentó moverse. La losa descendió.
Permaneció inmóvil hasta que el polvo dejó de caer. A su derecha había una cavidad estrecha; a la izquierda, una pared cubierta por la veta ámbar. El derrumbe había expuesto un núcleo mineral del tamaño de un puño, rodeado por capas de piedra que se contraían y expandían como una respiración lenta.
Piedra viva.
Estrato vibró bajo el peso. La ranura basal estaba vacía, pero su recipiente reconocía la proximidad del material.
Un golpe atravesó la pared.
Tres pulsos. Pausa. Dos pulsos.
Luciano apoyó los dedos sobre la roca.
Kargan.
Respondió golpeando con el extremo de su libreta: uno, pausa, uno. No sabía si significaba algo, pero la vibración exterior cambió. Un momento después, una línea de Tierra recorrió las grietas sin cerrarlas. La voz de Edran llegó deformada por la piedra.
—No... te... muevas.
—Era mi plan principal.
La respuesta no atravesó el muro. Luciano sintió otro pulso, esta vez más preciso. Edran estaba utilizando el Nexo de Kargan como canal, pero la montaña interfería entre ambos.
—Salida... bloqueada. Cámara... cede.
Luciano observó la losa sobre su cuerpo.
—Información confirmada.
Estrato crujió.
No podían retirar las piedras desde fuera sin descargar el peso sobre él. Tampoco podía arrastrarse mientras el arma sostuviera la losa. La única energía disponible estaba dentro del núcleo de Tierra.
Luciano abrió el compartimento de su cinturón. Dorga había incluido un recipiente de repuesto, una lámina catalizadora calibrada con su pulso y herramientas para extraer muestras. Componentes para fabricar un Nexo bajo supervisión, no atrapado dentro de un derrumbe.
La voz de Edran regresó.
—No... Concordancia... solo.
—Entonces entre rápido.
Un golpe de Bastión hizo temblar la cámara. La losa descendió otro dedo.
—No hay tiempo —dijo Luciano, aunque nadie pudiera oírlo.
Tocó la piedra viva.
La cantera desapareció.
Luciano se encontró bajo un cielo inmóvil, de pie sobre una planicie formada por bloques perfectamente alineados. No existían grietas, desniveles ni caminos. Todo permanecía en su sitio.
Una sensación de seguridad le rodeó el pecho.
No era calma. Era certeza.
La Tierra le ofrecía un mundo donde nada podía caer porque nada estaba autorizado a moverse. Luciano pensó en Cava Rossa cerrada durante décadas, preservada y estéril. Pensó en Paolo reparando objetos para que siguieran funcionando, en Elena permitiendo que sus hijos cambiaran sin confundir cuidado con encierro.
Una voz sin palabras le preguntó qué deseaba sostener.
Luciano vio a los Grignani congelados alrededor de la mesa. Bellini permanecía en la cámara central, a salvo porque la brecha nunca se había abierto. Kargan sostenía eternamente el techo de la cantera. Nyra, Vaelira y Edran ocupaban posiciones exactas, incapaces de alejarse o morir.
Podía conservarlos a todos.
Solo debía impedir que cambiaran.
La piedra comenzó a cubrir sus pies.
Luciano comprendió por qué Kargan temía abandonar una posición. Si la seguridad dependía de sostenerlo todo, cualquier movimiento parecía una traición.
El mineral alcanzó sus rodillas.
—No quiero una tumba perfectamente organizada.
El mundo no respondió.
Luciano empujó una de las figuras de piedra. No se movió. Empujó con más fuerza hasta que una grieta cruzó su superficie.
La certeza se transformó en miedo.
Si soltaba, algo podía romperse. Alguien podía irse. Una decisión podía resultar equivocada.
—Seguridad no significa que nada cambie —dijo—. Significa tener dónde apoyarse cuando cambia.
Abrió la mano.
La planicie tembló.
Los bloques dejaron de estar perfectamente alineados. Algunos descendieron, otros se elevaron y entre ellos apareció un camino irregular. La piedra que cubría sus piernas retrocedió.
La Concordancia no le entregó control.
Le pidió paciencia para escuchar qué podía sostener y qué debía permitir que se moviera.
Luciano regresó a la cantera con la mano cerrada alrededor de un fragmento ámbar.
El núcleo mayor seguía dentro de la pared. Solo una porción se había separado, suficiente para fabricar el Nexo sin matar la veta.
La voz de Edran llegó más clara.
—Recipiente. Catalizador. Ahora.
Luciano colocó el fragmento dentro de la cápsula de Estrato. La lámina calibrada se plegó alrededor del mineral y reconoció su pulso. El recipiente se cerró. Las tres piezas vibraron sin unirse todavía.
—Falta el Anclaje —dijo Edran a través de la roca—. Elige el arma.
—Solo tengo una.
—No es una elección entre objetos. Acepta que si Estrato se rompe, el vínculo te herirá. Si la abandonas, perderás parte de lo que construyas con ella.
Luciano sostuvo el asta doblada.
Estrato había nacido de sus dibujos, de manos enanas y mecanismos goblins. No era el arma de su madre ni una reliquia heredada. Era la primera cosa de Elyndra que había elegido crear.
—La elijo.
El Nexo se abrió.
Una línea ocre recorrió las articulaciones, entró por las manos de Luciano y se asentó bajo sus pies. El peso de la losa dejó de ser una amenaza invisible. Podía sentir cómo descendía desde un bloque hacia otro, dónde se concentraba y qué piedra no soportaría un pulso adicional.
Estrato Basal despertó.
Luciano endureció el asta y ancló la hoja contra el suelo. La losa dejó de bajar, pero la resonancia trató de fijar también sus piernas. El miedo regresó convertido en una orden: permanece, controla, no permitas que nada se mueva.
—No —dijo Luciano—. Solo el tiempo necesario.
Utilizó el sondeo de Tierra.
La cámara apareció en su mente como capas de presión. Detrás de la veta ámbar existía un vacío estrecho que ascendía hacia el nivel superior. Las marcas circulares de las ruinas antiguas no eran decorativas: indicaban un conducto de ventilación sellado cuando la cantera amplió sus túneles.
Luciano proyectó la hoja de Estrato. El cable nodal entró por una fisura y se ancló al conducto. Liberó el sostén de la losa en el mismo instante en que tiró de sí mismo.
La roca cayó detrás de sus botas.
Luciano atravesó la abertura, trepó por el conducto y golpeó una rejilla cubierta de sedimento. Bastión respondió al otro lado. Kargan arrancó la placa y lo sujetó por el antebrazo.
—Formaste el Nexo —gruñó.
—También encontré una salida.
—Formaste el Nexo solo.
Edran apareció detrás del orco.
—No estuvo solo —dijo—. Estuvo mal supervisado, que es diferente.
Vaelira empujó a ambos y examinó a Luciano con Savia Carmesí.
—Pulso irregular, saturación muscular y principios de petrificación en las piernas.
—Pero sigo teniendo piernas.
—No conviertas mis logros médicos en una invitación al optimismo.
Nyra levantó diez thalen frente a su rostro.
—Sobreviviste. Me debes una apuesta.
—Tú apostaste que moriría.
—Y tú tuviste la descortesía de demostrar que estaba equivocada.
Mientras Luciano permanecía separado, Edran y Nyra habían localizado a los dos trabajadores restantes en una galería lateral. Los extrajeron por la ruta marcada con Doble Rastro antes de que el segundo nivel terminara de cerrarse.
Horas después, cuando los once trabajadores estuvieron fuera y la cantera quedó sellada, una representante de la Red del Umbral examinó Estrato, el informe de rescate y los mapas que Luciano había dibujado del nivel antiguo.
—No está registrado —dijo al mirar al nuevo Cazador.
—Todavía no —respondió Edran.
La representante entregó una placa provisional.
—Entonces que se registre. La Red ofrece a su equipo un contrato de evaluación. Si lo completan, él podrá ingresar como aventurero.