Han pasado muchos años desde que las almas gemelas salvaron Arturias y devolvieron la paz al reino. El rey Carlos y la reina Miranda disfrutan de ver a sus hijos, Edward, Laura, Patrik y Fernanda, convertidos en grandes líderes y formando familias unidas. Mientras tanto, sus hijos han crecido y se han preparado para seguir el legado de sus padres.
Pero la tranquilidad llega a su fin cuando una poderosa amenaza resurge para intentar destruir Arturias. Ante el peligro, toda la familia real volverá a unirse en una misma batalla. Padres e hijos lucharán hombro a hombro, demostrando que la fuerza de su unión es mayor que cualquier enemigo.
Los nuevos herederos no solo deberán enfrentarse a un destino incierto, sino también aprender a dominar el extraordinario don que distingue a su linaje: la capacidad de comunicarse y luchar junto a los animales. Con ellos como sus más fieles aliados, descubrirán que el verdadero poder nace de la confianza, el valor y el amor por la familia.
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Ataque al hospital de Barú
El silbido que había resonado en el Bosque de Pachamama seguía dando vueltas en la mente de Edward.
Antes de regresar al Centro de Arturias, decidió dejar a Patrik, Lorena y Rocafox al mando de la vigilancia del Norte. Una parte del Grupo Élite permanecería allí investigando los túneles antiguos, mientras otro volvería al castillo para informar al rey Carlos.
Aquella misma tarde, una paloma mensajera cruzó el mar rumbo a Barú.
No llevaba un mensaje de Arturias.
Era una advertencia enviada por un comerciante que había presenciado movimientos sospechosos cerca del puerto.
Sin embargo, la paloma nunca llegó al palacio.
En Barú, la vida continuaba con normalidad.
El rey Frederik presidía una reunión con sus consejeros mientras la reina Sofía visitaba el Hospital Real, un lugar construido años atrás para atender gratuitamente a todo el pueblo.
Emilia y Dalila recorrían las salas acompañando a los médicos, estas habían vuelto del norte de Asturias porque era una misión muy peligrosa.
Entregaban alimentos, conversaban con los pacientes y ayudaban a los niños internados.
—Siempre me gusta venir aquí —dijo Emilia mientras sostenía la mano de una pequeña niña.
—Mi madre dice que un reino también se gobierna cuidando a su gente —respondió Dalila.
En ese momento, uno de los guardias abrió apresuradamente las puertas.
—¡Majestad!
Sofía se voltio de inmediato.
—¿Qué ocurre?
—Hay hombres armados dentro del hospital.
El rostro de la reina cambió por completo.
—¡Protejan a los pacientes!
Cinco hombres encapuchados aparecieron por el pasillo principal.
No gritaban ni amenazaban.
Avanzaban directamente hacia el archivo del hospital.
Dos guardias intentaron detenerlos.
El choque de espadas resonó por todo el edificio.
Uno de los atacantes lanzó varias dagas para obligarlos a retroceder, mientras otro disparaba flechas contra las columnas para impedir que más soldados se acercaran.
Frederik que acababa de llegar desenvainó su espada y se interpuso entre los encapuchados y las salas de los pacientes.
—¡No darán un paso más!
El combate comenzó.
Sofía ayudó a evacuar a los enfermos junto con los médicos.
Emilia y Dalila guiaban a los niños hacia una salida trasera mientras los guardias protegían el corredor.
Uno de los atacantes logró llegar hasta la sala de archivos.
Comenzó a revisar rápidamente antiguos pergaminos y mapas.
—¡Aquí no está! —gritó a sus compañeros.
El líder encapuchado golpeó con fuerza una estantería.
—¡Retirada!
Los cinco hombres comenzaron a escapar.
Frederik alcanzó a herir a uno de ellos en la pierna, pero sus compañeros lograron sacarlo del hospital antes de desaparecer entre las calles de Barú.
Cuando todo terminó, el edificio estaba dañado, pero ningún paciente había perdido la vida.
Frederik respiró aliviado.
Sofía se acercó a él.
—No buscaban matar...
El rey asintió.
—Buscaban información.
Horas después, una paloma mensajera partió desde Barú con destino al Centro de Arturias.
El mensaje era breve.
"Han atacado el Hospital Real. Buscaban antiguos archivos. Esto está relacionado con los ataques en Arturias. Necesitamos reunirnos cuanto antes."
Mientras la paloma desaparecía en el horizonte, el misterioso hombre encapuchado observaba el mar desde un acantilado.
Sonrió al saber que, una vez más, sus hombres habían logrado sembrar incertidumbre.
Pero esta vez, también habían dejado una nueva pista.
Continuará...