"El Renacer de Beaumont" no es simplemente una historia de fantasía y romance; es una deconstrucción profunda del tropo de la "villana de novela" que desafía la idea del destino prefijado. La trama sigue a Elena Vega, una estratega brillante de nuestro mundo moderno que despierta en el cuerpo de Elaria de Beaumont, la antagonista destinada a morir en una serie de eventos trágicos dentro de un universo ficticio. En la narrativa original, Elaria estaba condenada a ser una marioneta sacrificable en un juego de poder, destinada a caer ante la "heroína", una chica llamada Aria que, obsesionada con los tropos de las novelas de romance, intentaba forzar un guion que no existía en la realidad.
La historia comienza con la transición de Elaria. A diferencia de otras protagonistas que aceptan su destino con resignación, Elaria de Beaumont utiliza su mente analítica, propia de una experta en teoría de juegos y estrategia, para diseccionar el imperio de Heliodor. Se da cuenta rápidamente
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CAPÍTULO 19: La Sección Prohibida y Labios Sellados
Mientras el campus de la Academia Real de Magia dormía bajo el manto plateado de la medianoche, las sombras del imponente edificio de la Gran Biblioteca se alargaban. El plan de Elaria estaba en marcha: Aria pasaba las tardes rodeada de Valen de Roselawn y sus caballeros, atrayendo la atención de los espías del Emperador, quienes reportaban diligentemente que la "villana" estaba perdiendo los estribos por culpa de los plebeyos.
Pero la verdadera acción no ocurría a la luz del día. Ocurría en el rincón más oscuro del ala restringida, donde los secretos del Imperio de Heliodor permanecían encadenados.
Infiltración a Medianoche
Las gigantescas puertas de madera de roble negro de la sección prohibida estaban protegidas por un intrincado laberinto de runas de alarma de nivel imperial. Un solo paso en falso alertaría directamente a los magos de la corte de Saint Valerius.
Elaria de Beaumont, vistiendo una capa negra que camuflaba su silueta, se arrodilló frente a la cerradura mística. Sus ojos oscuros brillaron cuando activó una sutil vibración de su Magia Universal.
—Las runas están conectadas por hilos de maná pasivos —susurró una voz peligrosamente cerca de su oído.
Elaria no se sobresaltó; conocía perfectamente ese aroma a menta y escarcha. Lysander emergió de las sombras a su lado, con su capa imperial ligeramente entreabierta, mostrando una sonrisa de pura expectación.
—Llegas tarde, mi príncipe —replicó Elaria en un susurro, sin desviar la mirada de la cerradura—. Pensé que la realeza no rompía el toque de queda.
—No podía perderme el espectáculo —bromeó Lysander, inclinándose para observar cómo los dedos de Elaria flotaban sobre las runas—. Si nos atrapan aquí, mi padre tendrá la excusa perfecta para encarcelarte. ¿Cómo piensas burlar un sello de sangre real?
—Fácil. Usando a la misma realeza.
Aprovechando la cercanía, Elaria tomó la mano enguantada de Lysander con suavidad pero con firmeza. El príncipe arqueó una ceja, pero no se resistió. Canalizando su energía universal a través del cuerpo de Lysander, Elaria "tomó prestada" la firma genética de la sangre Valerius que corría por las venas del príncipe, fusionándola con su propio maná.
Al tocar el sello, las runas brillaron con un tono azul pacífico, reconociendo la autoridad imperial. Las pesadas puertas se abrieron sin emitir un solo crujido.
Lysander miró sus manos entrelazadas y luego a Elaria, con sus ojos azules destellando con una intensidad oscura y adictiva.
—Eres aterradoramente brillante, Elaria. Manipular mi propio maná biológico en mi cara... Cada día me convences más de que el trono estará a salvo solo si estás sentada a mi lado.
—Ahorra tus elogios para cuando salgamos vivos de aquí —sonrió ella, soltándolo y adentrándose en el pasillo polvoriento.
Los Secretos del Halcón
El aire dentro de la sección prohibida era denso, impregnado del olor a pergamino antiguo y magia estancada. Tras unos minutos de búsqueda minuciosa entre estanterías prohibidas, Elaria localizó un tomo encuadernado en cuero de quimera con el sello personal del Emperador Saint Valerius.
Al abrirlo, las páginas revelaron lo que Elena Vega ya sospechaba gracias a su conocimiento del juego, pero que ahora se confirmaba con crudeza política.
—Aquí está... —murmuró Elaria, señalando los diagramas mágicos—. El Grillete de Frecuencia Pasiva que llevo en el cuello no es solo para vigilarme. Está diseñado para sintonizarse con el Orbe de Helos de la academia.
Lysander se acercó, leyendo por encima de su hombro. Su expresión angelical se borró por completo, reemplazada por la mirada fría de un estratega militar.
—Mi padre planea activar una resonancia masiva durante el Festival de Caza de la academia —analizó el príncipe, con voz gélida—. El grillete absorberá el maná excedente de todos los estudiantes de alto rango que lo lleven... y lo redirigirá a la tesorería imperial para alimentar las barreras fronterizas del palacio. Quiere debilitar a los herederos de los ducados autónomos para obligar a las familias a someterse por completo a la corona.
—Y usará a Aria para encubrirlo —añadió Elaria, cerrando el libro de golpe—. El Emperador sabe que la magia de luz de Aria es inestable. Si ocurre un incidente mágico masivo, le echará la culpa al "descontrol" de la plebeya, ocultando el hecho de que él drenó nuestra energía. Es un plan maestro.
—Pero cometió un error —sentenció Lysander, acortando la distancia entre ellos hasta que la espalda de Elaria chocó suavemente contra la estantería de madera—. Te dio el grillete a ti. No sabe que la villana de su historia ya descifró el truco.
Complicidad en la Oscuridad
La cercanía en el estrecho pasillo de la biblioteca se volvió palpable. Los ojos azules de Lysander brillaban en la penumbra, fijos en los labios de Elaria, desprovistos de cualquier máscara o fachada de cortesía. En esta oscuridad, eran simplemente dos mentes maestras compartiendo el mismo secreto peligroso.
—¿Cómo planeas reescribir este escenario, Lady Elaria? —susurró el príncipe, su mano apoyándose en la estantería, justo al lado de la cabeza de ella.
—Haremos lo que mejor sabemos hacer, Lysander —respondió Elaria, sin apartar la mirada, sintiendo la adrenalina correr por sus venas—. Le daremos al Emperador el espectáculo que quiere. Dejaremos que crea que su trampa funciona, pero en el momento de la resonancia, invertiremos el flujo del grillete. En lugar de que él nos drene a nosotros, usaremos la Magia Universal para vaciar la tesorería mágica del palacio imperial. Lo dejaremos indefenso en su propio trono.
Lysander soltó una risa baja, una llena de una oscura devoción.
—Un jaque mate absoluto. Me pregunto qué cara pondrá mi padre cuando descubra que su propia nuera lo dejó en la quiebra espiritual.
Justo en ese instante, el eco de unos pasos pesados resonó en la entrada principal de la biblioteca. El vigilante nocturno místico de la academia había comenzado su ronda antes de tiempo.
Elaria reaccionó por instinto, tomando a Lysander por las solapas de su uniforme para jalarlo más hacia el fondo de la sombra de la estantería, ocultándose detrás de una pesada cortina de terciopelo. Sus cuerpos quedaron completamente presionados el uno contra el otro, respirando al mismo ritmo en un silencio absoluto mientras la luz del candil del guardia pasaba de largo por el pasillo principal.
Cuando el peligro pasó, Lysander no se movió. Miró a Elaria con una sonrisa ladina y un brillo divertido en los ojos.
—Si pasamos más tiempo así, la gente va a empezar a pensar que nuestros celos públicos son reales, mi querida prometida.
—Cállate, Lysander —susurró Elaria con una sonrisa traviesa, empujándolo levemente para salir de la cortina—. Tenemos la información. Es hora de volver antes de que la verdadera villana de esta historia pierda el toque de queda.