NovelToon NovelToon
El DIARIO DE ALGUIEN MÁS

El DIARIO DE ALGUIEN MÁS

Status: Terminada
Genre:Romance / Reencuentro / Amor-odio / Completas
Popularitas:8.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Daniela escalante Jiménez

Israel Martínez creía que su vida por fin estaba cambiando.
Una beca, una nueva ciudad y un futuro prometedor parecían ser el comienzo perfecto. Pero todo cambia cuando encuentra un viejo diario olvidado que perteneció a Lucía Escalante, una mujer cuya historia está llena de secretos, mentiras y heridas que jamás sanaron.
Mientras avanza entre sus páginas, Israel descubre que algunas historias no se quedan en el pasado.
Y mucho menos cuando aparece Mateo Escalante.
El heredero de un imperio.
El hombre que parece tenerlo todo.
Y la última persona de la que debería enamorarse.
Entre secretos familiares, orgullo, ambición y una constante guerra entre el corazón y la razón, Israel descubrirá que a veces el amor más peligroso nace de las personas que juraste odiar.
Porque algunas historias terminan en un diario. Otras apenas comienzan cuando alguien lo abre.

NovelToon tiene autorización de Daniela escalante Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 14

"A veces crecer significa despedirte de personas que amas para convertirte en la persona que soñaste ser."

El lunes 6 de septiembre llegó más rápido de lo que imaginaba.

Abrí los ojos antes de que sonara la alarma.

Por unos segundos me quedé acostada observando el techo vacío del departamento.

No quedaba nada.

Ni la mesa.

Ni el sillón.

Ni el librero.

Ni mis maquetas.

Ni los cuadros.

Solo mis maletas alineadas junto a la pared como soldados esperando una orden.

Era extraño.

Durante años aquel lugar había sido mi hogar.

Había llorado ahí.

Había estudiado ahí.

Había leído el diario de Lucía ahí.

Y ahora estaba a punto de dejarlo para siempre.

Me levanté lentamente.

Me puse ropa cómoda.

Un conjunto deportivo beige que acababa de comprar.

Tenis blancos completamente nuevos.

Una chamarra ligera.

Mi cabello rubio caía en ondas suaves sobre mis hombros.

Todavía no me acostumbraba a verlo así.

Tomé aire frente al espejo.

—Bueno, Israel... llegó el momento.

A las nueve de la mañana Cristian llegó.

Miró el departamento vacío y soltó un silbido.

—Bueno... ahora sí parece escena de crimen.

Me reí.

—Gracias por tus palabras tan emotivas.

—Estoy intentando procesar que realmente te vas.

—Yo también.

Cristian observó las maletas.

—¿Cuántas llevas?

—Cuatro.

—¿Cuatro?

—Sí.

—¿Y estás segura de que dentro no escondiste un cadáver?

—Todavía no.

—Perfecto, entonces vamos bien.

Los dos comenzamos a bajar las maletas.

Mientras cargábamos las cosas seguíamos hablando.

Era extraño.

Sabíamos que era una despedida.

Pero ninguno quería tratarla como una despedida.

Como si ignorarlo hiciera más fácil el momento.

Cuando terminamos, subimos al taxi.

Los primeros minutos fueron silenciosos.

Yo observaba las calles.

Las personas caminando.

Los puestos.

Los semáforos.

Todo se veía diferente cuando sabías que ibas a dejarlo atrás.

Entonces Cristian habló.

—¿Tienes miedo?

Lo miré.

—Un poco.

—¿Solo un poco?

—Bueno... bastante.

Se rio.

—Eso suena más creíble.

—Nunca he vivido en otro país.

Nunca he estado completamente sola.

Nunca he trabajado con alguien tan importante.

—Israel.

—¿Qué?

—Tú sobreviviste cosas mucho más difíciles.

Lo miré.

—¿Crees?

—Estoy seguro.

Se acomodó en el asiento.

—Llegaste sola a una ciudad que no conocías.

Trabajaste años.

Estudiaste mientras trabajabas.

Te graduaste como la mejor de tu generación.

¿Y me estás diciendo que le tienes miedo a California?

Me reí.

—Cuando lo dices así suena ridículo.

—Porque lo es.

—Gracias por tu apoyo emocional.

—Para eso estoy.

Nos quedamos callados unos segundos.

Después Cristian suspiró.

Uno largo.

Como si estuviera reuniendo valor.

—Israel.

—¿Sí?

—Hay algo que quiero decirte antes de que te vayas.

Lo miré.

Y por primera vez lo vi nervioso.

Realmente nervioso.

—¿Qué pasa?

—Prométeme que me dejarás terminar.

—Eso suena peligroso.

—Promételo.

—Está bien.

Cristian se quedó observando sus manos unos segundos.

—Creo que llevo años enamorado de ti.

El taxi siguió avanzando.

Yo permanecí en silencio.

Y él soltó una pequeña risa.

—Sabía que ibas a poner esa cara.

—¿Qué cara?

—La de "¿cómo respondo a esto sin herir sentimientos?"

Me reí.

—Un poco.

—No tienes que decir nada.

Solo déjame hablar.

Asentí.

—Cuando llegué al supermercado pensé que eras la persona más seria del mundo.

Siempre estabas ocupada.

Siempre estudiando.

Siempre corriendo.

Y pensé que probablemente ni siquiera sabías quién era yo.

Pero después comenzamos a hablar.

Y me di cuenta de algo.

—¿Qué?

—Que eres la persona más fuerte que he conocido.

Bajé la mirada.

—No soy tan fuerte.

—Claro que sí.

Lo eres.

Mucho más de lo que crees.

Cristian sonrió.

—Me gustaba verte emocionarte cuando hablabas de arquitectura.

Cuando decías que tendrías tu propia empresa.

Cuando explicabas tus proyectos.

Era imposible no admirarte.

Sentí un pequeño nudo en la garganta.

—No te estoy diciendo esto para que te quedes.

Ni para que me elijas.

Ni para que me des una oportunidad.

Sé que tu camino está en otro lugar.

Solo...

No quería quedarme con las palabras guardadas.

Quería que lo supieras.

Porque las personas siempre se arrepienten de lo que no dicen.

Y yo no quería vivir con ese arrepentimiento.

Lo observé varios segundos.

Y terminé sonriendo.

—Gracias.

—¿Solo gracias?

—¿Qué esperabas?

—No sé.

Tal vez una declaración dramática.

—No la tendrás.

—Lo sospechaba.

Y ambos nos echamos a reír.

Cuando llegaron al aeropuerto, Cristian me ayudó con todo.

Documentar equipaje.

Papeles.

Pasaporte.

Revisar horarios.

Prácticamente parecía más nervioso que yo.

Cuando llegó el momento de despedirnos nos quedamos frente a frente.

Ninguno decía nada.

Hasta que lo abracé.

Fuerte.

Sincero.

—Gracias por todo.

—No tienes que agradecer.

—Claro que sí.

—Entonces de nada.

Sonreí.

Me separé lentamente.

Pero él todavía tenía las manos sobre mi cintura.

Nuestros ojos se encontraron.

Y por un segundo el mundo pareció quedarse en silencio.

Entonces se acercó.

Y me besó.

Un beso suave.

Breve.

Inesperado.

Cuando terminó ninguno habló.

Solo nos miramos.

Y después él sonrió.

—Te irá bien, arquitecta.

—A ti también.

—No olvides llamarme.

—Lo haré.

—Y si te vuelves millonaria...

—No te prestaré dinero.

—Qué mala amiga.

Y finalmente se alejó.

Lo vi desaparecer entre la multitud.

Y después caminé hacia mi puerta de embarque.

1
Elizabeth Gárate
te entiendo tanto chica, me pasa lo mismo y cuando me piden que explique no sé como hacerlo😭
Ma Lourdes Arroyo de Anda
Excelente novela pero tengo una duda, cómo fue a parar el diario en el almacén donde trabajaba Israel?
MTZ£: Muchos me preguntaron qué pasó con el diario. La verdad es que nunca tuvo un dueño. Fue un puente entre dos almas rotas. Esperó el momento indicado para llegar a las manos correctas y reunir a una madre con su hijo. Porque algunas cosas no ocurren por casualidad, sino porque el destino sabe exactamente dónde debe ponerlas para que las personas destinadas a encontrarse finalmente lo hagan cada lector le puede dar un lindo significado ese es el mío.........
total 1 replies
Alejandra Sanchez
tremendo excelente autora gracias 🙂
Yolanda Vaca
hRepiten el capítulo para alargar la novela !!!🤮🤮
Yolanda Vaca
Y.....Sol , también estaba en el antro, que pasó???🤭
Dach Chavez
Es una excelente novela me encantó
Dach Chavez
Esta excelente está novela no puedo parar de leerla
Veronica Estrada
Me encantó, Muchas felicidades escritora 🥰
Elizabeth Gárate
voy a comenzar a leer esta historia y darle una oportunidad 🥰, besos para ti escritora 💖
Blanca Estela Morales Vázquez
hasta ahora me parece excelente, me intriga q paso o pasa con Lucia
MTZ£: hola blanca soy la Autora muchas gracias por leer esta novela te lo agradezco
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play