En un mundo donde los dragones eligen a sus jinetes y los reinos se sostienen sobre alianzas forzadas. El amor es un lujo que nadie puede permitirse en tiempos de guerra. Elian Kovács siempre supo que su destino no le pertenecía al nacer enfermizo. Principe Omega del reino nórdico, y pieza clave en la guerra que se aproxima, su vida queda sellada cuando es prometido en matrimonio al heredero del poderoso Dominium Sárkányvér, un alfa al que jamás ha visto… y al que está destinado a obedecer como su futura esposa. Pelear en contra del clan del desierto. Pero ambos antes de rendirse al deber cometen un error. Lo que debía ser un escape sin consecuencias… Se convierte en un secreto imposible de ocultar. Porque semanas después, Elian descubre que lleva dentro algo más que culpa. Lleva un hijo concebido fuera del pacto. Una verdad que, de salir a la luz, podría significar la caída de su clan o su exterminio. Porque en un mundo donde el deber lo es todo. El amor puede ser la guerra más letal.
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Mente confusa
Dávid lo ayudó a incorporarse lentamente. El alfa estuvo demasiado cerca. El príncipe podía sentir un aroma suave incluso bajo la tinta.
Y eso lo estaba volviendo loco.
—No lo creo señor.
—Deberías cambiarte antes de congelarte —murmuró sin dejar de observarlo.
— Príncipe regresemos, sus padres deben estar esperándolo para el banquete— interrumpe su amigo.
— Ya tengo que irme...— le dice al Omega al soltarlo.
Elian asintió rápidamente.
—¿Príncipe? Es con quién me voy a casar— piensa el Omega echo un lío en su mente. Sin atreverse a mirarlo demasiado. Porque su corazón estaba golpeando peligrosamente rápido.
—Ya vámonos su alteza.
—Lo siento por causar problemas… —susurró el omega.
Y luego… se alejó apresuradamente por el pasillo. Dávid lo observó irse en silencio. Con el ceño fruncido. Algo no encajaba.
—Maldita sea… Me estoy volviendo loco. Algo definitivamente no encajaba.
Miklós apareció detrás de él.
—¿Qué pasó? ¿Te volviste a enamorar?
Dávid siguió mirando el callejón vacío.
—…Nada. No inventes babosadas.
Pero incluso él supo que estaba mintiendo.
Elian cerró la puerta de su habitación con seguro apenas entró. El corazón seguía golpeándole demasiado rápido.
Se quedó inmovil unos segundos apoyado contra la madera mientras la tinta negra seguía aferrada a su cabello.
—No puede ser él… —murmuró respirando agitado.
Su mente volvía una y otra vez a esos ojos dorados. A esa voz grave. A esas manos enormes sosteniéndolo por la cintura. El omega caminó nervioso por la habitación mientras se quitaba la ropa.
—El príncipe húngaro jamás pasaría una taberna de borrachos antes de su boda… Se que es un mujeriego pero no saldría con mujeres de la vida alegre. Saldría con doncellas, hijas de nobles... Mi mente debe estar jugandome una mala jugada. Deben ser mis nervios.
Intentaba convencerse. De verdad lo intentaba. La situación no podía ponerse peor ¿Cierto?
—Además el alfa que conocí dijo que era un rastreador… y usaba máscara para proteger su identidad del bando contrario… y su familia lo había botado de su casa. Nadie podría botar a un príncipe de su palacio.
Se detuvo. Porque la excusa sonaba ridícula incluso para él. Su mano bajó lentamente hasta su vientre aún plano. Y el miedo regresó.
—No… no puedes ser tú… debo concentrarme. Por lo menos ya me había tomado la posición... No me habrá olido las hormonas de embarazo, ya habría echo efecto la posición ¿Cierto?
Pero en el fondo… Nada era lo que parecía.
Mientras tanto…
El gran salón del castillo de Skjaldheim brillaba bajo cientos de antorchas azules.
El banquete diplomático había comenzado oficialmente. Las largas mesas estaban llenas de carne asada, frutas salvajes, hidromiel y especias traídas desde el sur. La nieve golpeaba los enormes ventanales mientras las familias reales cenaban.
En la mesa principal… el rey nórdico Leif Ragnarsson levantó su copa. Su enorme presencia imponía silencio incluso sentado. Cabello rubio largo. Ojos azul hielo. Y una energía salvaje imposible de ignorar.
—Por la unión de Skjaldheim y Dominium Sárkányvér.
Las copas chocaron. La reina húngara, Ilona Farkas, sonrió elegantemente.
—Nuestros enemigos no esperaban esta alianza.
El consejero Benedek Kovács acomodó varios pergaminos sobre la mesa.
—Precisamente por eso debemos actuar rápido. El Clan del Desierto ya comenzó a moverse.
El ambiente cambió de inmediato. Más frío. Más tenso.
Harald Bjornsson, el gigantesco guerrero nórdico, soltó un gruñido mientras desgarraba un trozo de carne.
—Deberíamos aplastarlos antes de que crucen las montañas.
Astrid Eiriksdóttir negó con la cabeza.
—No conocemos el tamaño real de sus tropas.
Miklós Báthory habló entonces con calma militar.
—Y pelear sin información sería un suicidio.
Dávid permanecía en silencio. Sentado junto a su general. Pero claramente distraído. Miklós lo notó inmediatamente. Y suspiró cansado.
—Ni se te ocurra salir con una excusa del banquete.
Dávid levantó una ceja.
—¿Qué?
—Pensar en ese omega de la taberna otra vez.
András Varga soltó una carcajada a su lado.
—¿Todavía sigue obsesionado con la misteriosa amante? Los rumores corren rápido, por eso desapareciste por semanas para soltar una cana al aire mi querido amigo.
Varios generales a sus costados soltaron pequeñas risas. Dávid lo fulminó con la mirada.
—Cállate.
László Horváth, el maestro de armas, cruzó los brazos divertido.
—Nunca pensé ver al príncipe perder la cabeza por alguien.
Ilona observó a su hijo atentamente. Demasiado atentamente.
—¿Hay algo que debamos saber, Dávid?— preguntó cuando los reyes se levantaron para bailar.
El príncipe casi se atraganta con el vino. Miklós intervino rápido.
—Solo estrés prematrimonial.
—Claro… —murmuró la reina claramente sin creerle.
Del lado nórdico…
Soren Valkyr permanecía de pie cerca de la pared.
Tenso. Callado. Y evitando mirar demasiado a Dávid.
Porque ahora que sabía lo del Omega … cada vez que veía al príncipe húngaro sentía deseos de atravesarlo con una espada y evitarle el dolor y el sufrimiento a Elian de ser descubierto y humillado.
Freyja Valkyr, su hermana menor, se acercó discretamente.
—¿Qué te pasa?
—Nada.
—Tienes cara de funeral. ¿No deberías estar con tu amor platónico?
Soren bebió de golpe intentando ignorar el caos dentro de su cabeza.
En ese momento… la espía húngara Réka Szabó entró al salón cubierta de nieve. Todos voltearon inmediatamente.
—Tengo noticias del sur.
El salón quedó en silencio. Réka caminó hasta la mesa principal. Y dejó un pequeño saco ensangrentado sobre el piso. Astrid frunció el ceño.
—¿Qué es eso?
La espía abrió lentamente el saco. Y varios presentes apartaron la mirada. Era una cadena hecha con dientes de dragón.
—Encontramos esto en una aldea destruida.
El silencio se volvió pesado.
—¿Cuántos muertos? —preguntó Harald.
Réka tragó saliva.
—No quedaron suficientes cuerpos para contarlos.
Ilona cerró lentamente los ojos.
—Animales…
Pero entonces Benedek habló con voz grave.
—No. Peor que animales.
Todos lo miraron.
El anciano acomodó el mapa señalando varias marcas rojas.
—Anubis Khaemwaset no busca simplemente expandirse. Busca la aniquilación.
El nombre hizo tensarse a varios generales.
Miklós frunció el ceño.
—¿Entonces qué quiere si destruye a todos a su paso?
Réka respondió esta vez.
Más bajo.
—Dragones jóvenes salvajes para alimento, mujeres y niños para formar su ejército. Lo demás le estorba.
El fuego de las antorchas pareció apagarse un poco.
—Zahur Malik fue visto cazando dragones jóvenes cerca de las montañas orientales —continuó la espía—. Les arrancan el corazón mientras siguen vivos.
Freyja sintió náuseas.
Harald golpeó la mesa furioso.
—¡Entonces vayamos y arranquemos la cabeza de Anubis!
—No funciona así —dijo Astrid secamente—. El desierto pelea distinto.
Dávid finalmente habló.
Su voz grave silenció nuevamente la mesa.
—Necesitamos infiltrarnos. Luego de esta unión personalmente guíaré una escuadrilla pequeña.
Todos voltearon hacia él. El príncipe apoyó ambos brazos sobre la mesa. Sus ojos dorados brillaban peligrosamente.
—Quiero saber cuántos son. Dónde se esconden. Qué están planeando. Para así estar preparados.
Miklós asintió lentamente.
—Puedo enviar hombres. No necesitas ir.
—Yo también iré—agregó Astrid.
Leif Ragnarsson se levantó lentamente de su asiento.
Imponente.
—No bastará con soldados normales.
El rey nórdico observó el mapa unos segundos. Y luego habló con voz helada.
—Anubis está buscando algo específico.
El salón entero guardó silencio.
—¿Qué cosa? —preguntó Ilona.
Leif levantó lentamente la mirada.
—Un vínculo alfa-omega capaz de controlar dragones antiguos. Y posiblemente este buscando al único dragón capaz de derrotar a los demás dragones. Es Nieve, el último dragón de hielo.
El corazón de Soren se detuvo un segundo. Y sin darse cuenta… miró directamente a Dávid. Elian era el jinete de Nieve, si completaban el pacto del matrimonio, Dàvid sería aceptado por el dragón más codiciado de toda su era. Nadie más lo pudo domar solo Elian a la edad de seis años.