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La Heredera Que Debia Morir

La Heredera Que Debia Morir

Status: En proceso
Genre:Época / Brujas / Reencarnación
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: sterlina

interesante

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CAPÍTULO 13-Sombras que despierta.

Cuando los duques llegaron al ducado, no hubo descanso ni formalidades.

Apenas cruzaron las puertas, se dirigieron

directamente al despacho.

Antonio no se contuvo.

Y entonces, la máscara sé le cayó.

Con un movimiento brusco, barrió todo lo que había sobre el escritorio. Papeles, tinta y documentos cayeron al suelo en un estruendo seco.

Su ira llenaba la habitación.

—¿Cómo se le ocurre a esa maldita vieja meter sus narices donde no le corresponde? —escupió con furia—. ¿Por qué está preguntando por esa bastarda?

La duquesa, lejos de calmarlo, respondió con desprecio:

—Como si esa estúpida importara. Mi hija es más bonita y elegante que ella.

Antonio giró hacia ella, con los ojos encendidos.

—¡Cállate tú! —gruñó—. Por haberte hecho caso en ese momento… por mantener a esa niña encerrada para que no hiciera quedar mal a Simone… ¡todo esto puede irse a la mierda!

—¡Ah, no! —replicó la duquesa, ofendida—. No descargues tu ira conmigo. ¿Cómo iba yo a saber que esa mujer tenía tanta influencia? ¡Eso debiste saberlo tú, que viviste años con ella!

El duque apretó los dientes.

—Pues ya ves… la muy maldita lo tenía bien oculto. Si hubiera sabido que tenía contacto con la familia imperial, hace tiempo estaríamos visitando el palacio.

Un silencio tenso se instaló entre ambos.

Luego, la duquesa habló con un tono más calculador:

—Ahora debemos pensar qué hacer. Esa vieja no puede enterarse de que hemos tenido a la niña todo este tiempo como una marginada.

Antonio respiró hondo, tratando de recuperar el control.

—Por eso dije que se la llevó su tía. ¿No escuchaste? Desde que se fue, no ha habido contacto. No tiene forma de saber la verdad.

La duquesa frunció el ceño.

—No por ahora… ¿no viste su cara? No quedó convencida.

El duque entrecerró los ojos,y sonrió con frialdad tomando una decisión.

—Entonces le enviaré la carta. Esa que la hermana de Sara envió en su momento. Si la emperatriz reconoce la letra… no tendrá motivos para dudar.

Acto seguido, llamó al mayordomo.

—Envía esto al emperador —ordenó, entregándole el documento—. Y añade una nota.

La nota decía:

"Sé que anoche no quedaron muy convencidos del paradero de mi hija. Por eso le envío esta carta, para que comprueben que no miento."

Detrás de la puerta de madera, en silencio absoluto, Simone lo había escuchado todo.

Cada palabra.

Cada desprecio.

cada mentirá.

Cada verdad.

algo dentro de ella se quebró.

Desilusión.

Desesperación.

Y una nueva emoción que comenzaba a crecer… protección.

—No puede ser… —susurró, llevándose una mano al pecho—. ¿Por qué mis padres hablan así?

Su voz tembló.

—Pobre de mi hermana…

Ahora lo veía con claridad.

El odio de sus padres no tenía fundamento.

No era justicia… era crueldad.

—Lo único que les importa es el poder… y el dinero…

Se apartó lentamente de la puerta, sintiendo que el mundo que conocía comenzaba a desmoronarse.

Subió a su habitación con el corazón pesado.

Siempre habían ocultado a su hermana.

Y ni siquiera ella entendía por qué.

Sacha vivía aislada, en silencio, sin buscar conflictos… y aun así, era tratada peor que una plebeya.

Mientras tanto, en el ala oeste de la mansión…

Sofía y Sacha ya no ignoraban la presencia constante del guardia.

Era inquietante.

Lo habían notado.

Su vigilancia era persistente.

Sus pasos… demasiado frecuentes.

Sus miradas… demasiado curiosas.

Incluso había intentado acercarse más de lo permitido.

Intentar ver.

Entender.

Porque algo no encajaba.

El guardia no dejaba de preguntarse cómo era posible.

Aquel lugar estaba lleno de objetos que nunca había visto antes.

Detalles refinados.

Cosas imposibles de conseguir… para alguien sin recursos.

Porque lo sabía bien:

Esa niña no tenía el favor del duque.

No tenía dinero.

Y nadie entraba en esa ala.

Entonces… ¿cómo lo conseguía todo?

Su mente encontró una única respuesta.

Oscura.

Peligrosa.

Convincente.

Retorcida.

—Es una bruja…

La idea se arraigó en él con fuerza.

Magia.

Pactos.

Oscuridad.

Recordó lo que había visto.

Aquella figura.

Aquella escena imposible.

—La vi… —murmuró—. Volando… lanzando una maldición sobre la mansión…

Que realizaba rituales.

Que ocultaba secretos prohibidos.

Su respiración se volvió agitada.

Ya no había dudas en su mente.

Debía probarlo.

Debía denunciarla.

Debía desenmascarar la.

Y entonces…

La enviaría al templo.

Le avisaria al emperador.

Para que fuera ejecutada.

Por hereje.

Sacha, por su parte, sabía que estaba siendo observada.

Sentía su presencia.

La incomodidad constante.

Pero no imaginaba…

Lo que aquel hombre estaba dispuesto a hacer.

En el castillo imperial, la calma era solo

aparente.

Cada miembro de la familia imperial estaba sumido en sus propios pensamientos.

El príncipe Edward tenía la firme intención de hablar con el emperador.

Necesitaba decirle de su sentimientos por simone.

La emperatriz y la ex emperatriz discutían en privado.

Sus voces eran suaves… pero sus palabras, afiladas.

El comportamiento de los duques no había pasado desapercibido.

Y la desaparición de la hija de Sara…

Era una herida abierta.

Dominic, en silencio, analizaba cada detalle.

No solo la tensión del duque.

Las miradas de la duquesa.

Pero, sobre todo…

El nerviosismo de Simone.

Eso no era normal en ella.

No encajaba.

Y él lo sabía.

En su despacho, el emperador permanecía de pie frente a la ventana.

A su lado, su mano derecha.

Y frente a él…

Uno de sus hombres más eficientes.

Un especialista en investigación y espionaje.

El emperador habló sin rodeos:

—El duque oculta algo.

Su voz era firme.

Decidida.

—Quiero que te infiltras en el ducado.

El soldado inclinó la cabeza.

—Investiga todo —continuó—. Desde lo más

insignificante… hasta lo más importante.

Sus ojos se endurecieron.

—No quiero errores. Ni filtraciones.

Un silencio pesado llenó la habitación.

—Solo me informarás a mí.

El hombre asintió.

—Sé discreto. Sé invisible… pero no dejes nada sin descubrir.

El soldado inclinó la cabeza.

-Si, majestad.

El emperador volvió la mirada hacia la ventana.

Su intuición no solía fallar.

Y esta vez…

Le gritaba que algo estaba profundamente mal.

Además…

Había otro motivo.

Uno que no podía ignorar.

Sus hijos.

Sabía que el interés de los príncipes por la hija del duque no era superficial.

Y antes de permitir que ese vínculo avanzara…

Necesitaba conocer toda la verdad.

Porque en ese juego…

Las apariencias podían costar demasiado caro.

Y quizás...

El destino de esa niña olvidada.

1
Stephani Rivera
me gusta que estas hermanastras se lleven bien y no como en algunas obras que solo es envidia y odio🥰
Ana Tello
Hermosa historia
Ana Fernandez
el comienzo es interesante, aunque bastante cliché a ver cómo sigue
Stephani Rivera
bueno tiene un comienzo algo peculiar
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